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jueves, 16 de noviembre de 2023

¡A mí el pelotón, Sabino!

Fuente: Leyendas del deporte vizcaíno. (1995) Autor: Jon Rivas Albizu

Ese muchachote que asomaba la cabeza sobre la de sus compañeros en las fotografías en blanco y negro del Athletic años veinte era José María Belaustegigoitia. Ni siquiera Ibarreche, el gigantesco portero rojiblanco podía eclipsar en el cuadro pintado por Arrue las magníficas hechuras de uno de los futbolistas que marcaron una época en el primer equipo rojiblanco.
Las biografías de los anuarios deportivos se confunden muchas veces cuando hablan de Belauste. En muchas de ellas se reitera que se retiró del fútbol a los 22 años, pero no es cierto. Nacido en 1889 jugó hasta 1924 en el Athletic, es decir, participó activamente en los triunfos del conjunto rojiblanco hasta los 35 años y sumó seis títulos de Copa en su historial.

Fue, además, uno de los pocos jugadores del Athletic a los que no pudo ensombrecer la enorme figura de Pichichi, con el que compartió numerosos éxitos durante su carrera deportiva.

José Mari Belauste murió en México en 1964. Tuvo que exilarse durante la guerra porque sus posiciones nacionalistas no le hubieran dejado circular con comodidad por la España franquista. No tuvo ningún problema en significarse, ya durante su etapa de futbolista, como defensor a ultranza de una Universidad Vasca, lo cual le costó bastantes problemas con las autoridades, como los tuvo en el campo debido a su fogosidad y entrega. Dos de ellos fueron muy sonados en la época. El primero tuvo lugar el 16 de marzo de 1913. El Athletic jugaba contra el Madrid. Los rojiblancos, según los cronistas de la época, eran "los rivales más odiados por el público madrileño". Era la semifinal de la Copa y el equipo bilbaino vencía al madrileño cuando una carga legal de José Mari Belauste a Rodríguez, que derribó a éste en tierra lesionándose por la dureza y mal estado de aquel terreno, estuvo a punto de producir un buen conflicto. Los socios del Madrid y, al parecer, los donostiarras que presenciaban el partido, querían apelar a la violencia. La cosa no pasó a mayores entre otros, gracias a un tal San Bartolomé, a la sazón juez de línea y jugador del Real Unión irunés, que defendió con energía al Athletic.

El otro incidente en el que se vio implicado Belauste tuvo lugar en Atocha, el 17 de febrero de 1918, frente a la Real. José María Mateos relata así, en la primera historia del Athletic, publicada en 1922, lo que sucedió en el campo donostiarra: "El partido se desarrolló entre incidentes y al terminar la primera parte hubo un jugador bilbaino rodeado en actitud hostil por parte del público. A poco de empezar hizo el Athletic un goal de penalty. Después Pichichi marcó otro. La Real Sociedad había empatado a dos pero a medida que avanzaba el match cada vez dominaban más los bilbainos. Faltaban siete minutos para terminar. Un encontronazo de Belauste con un no menos fuerte jugador donostiarra hizo que éste cayese a tierra. Inmediatamente se lanzó sobre José Mari un jugador hermano del que había caído, agrediéndole. Fue como la señal de la pelea. Saltó el público al campo y con palos y bofetadas y después con piedras se agredió al equipo bilbaino del que resultaron varios lesionados de más o menos importancia".

El jugador donostiarra era Arrate. Después de agredir con un puñetazo a Belauste, un espectador le entregó un bastón y se armó la marimorena. Un niño recibió una pedrada y se encresparon aún más los ánimos. En San Sebastián se comentó incluso que la agresión al pequeño había sido obra de José Mari Belauste.

Como resultado de los incidentes el campo de Atocha fue clausurado por un año por la Federación Norte, de la que se retiró la Real Sociedad. La Española anula los acuerdos y decidió que el partido debe repetirse. El Athletic no acude. Después se fija Santander como escenario del partido y es la Real el equipo que no se presenta. La Asamblea federativa se reune y separa a Bizkaia de Gipuzkoa y el Athletic renuncia al campeonato. Todo comenzó por una carga del fogoso José Mari.

Belauste sólo jugó tres partidos con la selección española, pero en uno de ellos, y gracias a una frase pronunciada por el bilbaino, nació una leyenda. Fue en agosto de 1920, en Amberes, durante los Juegos Olímpicos celebrados en la ciudad belga. Jugaba España ante Suecia, que ganaba gracias a un gol de Dahl, conseguido en la primera mitad. Parecía que poco había que hacer cuando, a falta de quince minutos para el final, el árbitro señaló una falta a favor de España.

Se dispuso a tirarla Sabino Bilbao. Un jugador de corta estatura pero tan aguerrido como el propio Belauste. El medio izquierda del Athletic, nacido en Las Arenas, colocó la pelota para el lanzamiento. En el área esperaban los posibles rematadores. Entre ellos José Mari. Cuando su compañero de línea en el Athletic cogía carrerilla para chutar se oyó el grito de guerra de Belauste mientras entraba como un obús al remate: "A mí el pelotón, Sabino, que los arrollo". José María Belaustegigoitia entró en la portería con el balón pegado al pecho y varios jugadores suecos que intentaban cerrarle el camino. Zuazo, poco después, marcaba el gol de la victoria ante el entusiasmo de unos seguidores que animaban a la selección al grito de "Pa-ga-za-ur-tun-du-a-be-laus-te-gi-goi- tia", es decir, la unión de los dos apellidos más largos de los componentes del equipo. Había nacido la furia española.

José María Belaustegigoitia Landaluce
Es natural de Bilbao (1889). Ingresó en la plantilla del Athletic en 1910 y permaneció en la misma hasta 1924. Fueron catorce años jugando en el único equipo de su vida. Obtuvo seis títulos de Copa, en 1910, 1911, 1914, 1915, 1916 y 1921. Jugó tres partidos con la selección española. Debutó el 28 de agosto de 1920, en Bruselas, con motivo de los Juegos Olímpicos de Amberes, frente a Dinamarca, con triunfo por un gol a cero. Cuatro días después fue autor de un gol frente a Suecia y se despidió en el mismo campeonato, el 6 de septiembre ante Holanda. Comprometido con la causa vasca, tuvo que exiliarse durante la guerra civil y falleció en México el 4 de septiembre de 1964.