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miércoles, 18 de abril de 2018

Resumen Jor. 33ª: Real Madrid - Athletic Club

Fuente: www.athletic-club.eus


Buscando alicientes

Artículo publicado por Julen Guerrero en el diario El Correo el 18/04/2018


El partido del pasado sábado frente al Deportivo de la Coruña fue un golpe duro para todos. Más que por perder, que está dentro de las posibilidades en cualquier encuentro, por la forma en la que sucedió.

En todas las declaraciones post partido se pudieron escuchar a los integrantes del Athletic que el equipo dio todo en la recta final. Es cierto que al final los futbolistas rojiblancos empujaron y arrinconaron al conjunto gallego, que acabó metido con prácticamente todos los jugadores en el área. Pero la pregunta que todo aficionado rojiblanco se ha hecho es: ¿Y por qué no desde el principio? La primera parte fue difícil de entender.

Lo cierto es que esta situación se ha convertido en un 'dejà vu' que hemos ido viviendo con regularidad a lo largo de la presente campaña. La continuidad necesaria para poder luchar por algo importante a nivel clasificatorio se ha convertido en los diferentes momentos de la temporada en efímeras ilusiones que una tras otra han acabado por mermar las esperanzas de todos.

Con la posibilidad de conseguir un puesto para jugar en Europa la temporada que viene ya prácticamente imposible, el equipo rojiblanco tendrá que ir buscando nuevos alicientes para que no se hagan demasiado largos estos seis últimos partidos que quedan.

Quizá uno de ellos sea el de que, siendo el que mayor presupuesto tiene de los cuatro equipos vascos en la primera división, el Athletic debe itentar mantener esa hegemonía también en lo clasificatorio. Una victoria menor, si, pero que delimite el territorio en un plano más inconsciente.

Muniain

Otro aliciente importante será comprobar que la lesión de Muniain es algo que está ya olvidado y se pueda tomar estos últimos partidos, sin la tensión -desgraciadamente- de no tener que jugarte nada en la clasificación, como preparación para empezar la siguiente en las mejores condiciones posibles. Que Iker es un jugador fundamental para el futuro del club es algo que hemos podido comprobar de primera mano esta temporada.

Yeray

También que Yeray pueda jugar con regularidad y acabe con buenas sensaciones. Después de una temporada nada sencilla para el, que pueda terminar disfrutando sería la mejor noticia también de cara a la siguiente temporada.

Aduriz

Con Aduriz estamos viviendo, quizá, uno de los cambios generacionales más complicados y que nunca quieres que llegue, por la dimensión y la importancia que ha alcanzado en todo estos últimos años. Encontrar un sustituto a su altura va ser difícil. Este inevitable cambio generacional en la delantera puede ser uno de los dolores de cabeza en el Club en su día a día mas inmediato. Da la sensación que que el cuerpo técnico esta dando oportunidades a otros jugadores en previsión de ese relevo. Dentro de las muchas dificultades que el mister ha tenido a lo largo de la temporada, esta apuesta por el futuro habrá que reconocérselo de alguna manera.

Bernabéu

A todo esto hoy toca visitar el Bernabéu y enfrentarse al Real Madrid. Un equipo que tampoco se juega nada en Liga, ya que conseguir el título lo tiene imposible. Aun así, seguro que buscará y encontrará alicientes para hacer un buen partido y quedarse con los tres puntos.

Con las semifinales de Champions a la vuelta de la esquina, habrá jugadores que quieren ganarse el puesto para esa cita. Y al igual que el Athletic, pero en la Comunidad de Madrid, el Real Madrid querrá ser el primer equipo madrileño en la clasificación, y mientras la Liga esta llegando a su fin, a día de hoy el Atlético les saca cuatro puntos.

martes, 17 de abril de 2018

Rahm: “No vivir en Bilbao hace que sea más del Athletic”

Artículo publicado por Carlos Zabala en www.mundodeportivo.com el 17/04/2018


Jon Rahm se abraza al trofeo como ganador del Open de España de Golf
(Foto: Victor Lerena / EFE)

Jon Rahm ha sido el gran protagonista del fin de semana después de ganar el Open de España en Madrid ante casi 50.000 personas. El vizcaíno ya acumula cinco títulos como profesional y está haciendo revivir la afición por este deporte. Después de ganar su segundo torneo del año, el de Barrika se acercó hasta los estudios de Televisión Española para ofrecer sus impresiones en la segunda edición del Telediario.

Como no podía ser de otra manera, el joven volvió a hablar con pasión de su Athletic y de la afición de toda su familia por el equipo rojiblanco. “La familia entera es muy del Athletic. Empezando por mi abuelo Sabin, que ha sido delegado casi 35 años. Dio gran parte de su vida al club y él fue el gran forofo. Ha ido pasando de generación en generación y el hecho de que no viva aquí y no esté en Bilbao hace que sea más fan del Athletic, que le quiera más. En nuestra familia y para muchos aficionados en Bilbao es como el ADN, casi como una religión”, dijo.

Además, Rahm no dudó a la hora de confirmar que cambiaría alguno de sus trofeos por un título de los leones. “Sin duda, seguro. Por suerte he ganado cinco y tengo para poder darles, pero de verdad que depende del título. Por un título grande del Athletic seguramente que cambiaría varios míos”, añadió.

El jugador todavía no había tenido tiempo de asimilar su triunfo en el Abierto de España: “Es difícil hacerlo tan rápido porque he venido directo del campo hasta aquí. Poder ganar un Open de España como profesional y ganarlo ante un público español y de la manera que lo he ganado es todo un orgullo. No podía pedir más. Los fans y toda la gente que ha venía a ver el torneo, casi 50.000 personas, ha sido increíble, no me lo esperaba para nada”.

Rahm se ha convertido en un fenómeno de masas y puede servir para lanzar al golf al nivel de seguimiento que tenía en la época de Severiano Ballesteros. Este fin se semana ha logrado un seguimiento que no se veía hace mucho tiempo. El golfista lo comparó con lo que viven los futbolistas. “Es lo más cerca que puedo vivir con golfista a lo que sienten los jugadores de fútbol. Que haya tanta gente siguiéndome y apoyándome tanto y que sea en Madrid, donde estudié dos años en la Residencia Joaquín Blume como deportista de la Federación Española, es increíble. Unir mi nombre a los que han ganado este trofeo es algo inexplicable. Poder ganar aquí para una vez que vuelvo y juego un Open de España es increíble”, señaló.

Ya se le empieza a comparar con Severiano, algo a lo que no “da crédito”. “Me han dicho varias veces que no habían visto un torneo así desde que lo jugó Severiano. Lo ganó en el 95 por tercera vez y que me comparen con él, alguien que es un gran ídolo para mí, es increíble. No doy crédito a lo que oigo. Todavía me cuesta asimilar que se me compare a alguien como él porque yo no he hecho nada comparado con lo que hizo él”, reconoció.

Después de quedar cuarto en un grande como el Master de Augusta y ganar en Madrid, ahora su objetivo es la Ryder Cup que se disputará este año en París. “Hay diferentes maneras de clasificarse. Por suerte ahora estoy el primero por ranking mundial. Esperemos que si físicamente estoy bien, pueda jugar. Desde que sé lo que es la Ryder Cup quiero jugarla. He estado en Estados Unidos, que la ganó el año pasado. Los europeos queremos recuperarla. A ver si puedo ganarla por primera vez como integrante del equipo europeo”.

Jon Rahm es ahora cuarto del mundo. Llegar al número 1 no es algo que le obsesione. “Hay jugadores como Sergio García o Txema Olazabal que no llegaron a número 1. Incluso los mejores de la época no han llegado a número 1. Con que llegue algún día vale, si llega.... No puedo decir cuándo porque es muy complicado”, manifestó.

En cualquier caso, prefiere ganar una Ryder o el Master que llegar a lo más alto del ranking mundial: “Estuve muy cerca este año. Si hubiera ganado algún torneo al principio de año hubiera llegado a número 1. Estoy cuarto, cualquier cosa puede pasar”.

lunes, 16 de abril de 2018

Volver a sentir

Artículo publicado por Arnau Segura en www.panenka.org el 13/04/2018


Decía un buen compañero de la redacción un día que recibimos una de esas biografías, innecesarias e inevitablemente incompletas, de futbolistas que todavía tienen 25 años que era una lástima que se dedicaran tantos libros a cosas de este tipo, más aún sabiendo que hay millones de historias que nunca conoceremos porque siempre se quedan sin espacio en los periódicos y en las editoriales. Y hoy, en medio de la frustración que supone descubrir la exagerada cantidad de artículos superfluos que aún tratan de vender su verdad absoluta acerca de si, cual gato de Schröndiger, el penalti de Mehdi Benatia sobre Lucas Vázquez fue tal o no; estas líneas no pretenden más que intentar caminar a contracorriente y escapar de la polémica, siempre tan aburrida e inacabable, para centrar el foco por unos minutos en la figura de Iker Muniain, que el pasado lunes, después de más de seis meses de baja por culpa de una inoportuna lesión en la rodilla derecha, por fin volvió a sentirse futbolista.

“Volver a sentir…”. Este es, precisamente, el mensaje que el delantero del Athletic Club quiso transmitir a través de sus redes sociales el martes, un día después del duelo contra el Villarreal que supuso su regreso a los terrenos de juego. Había que digerir bien todo lo que había sentido, por esto tardó un día en escribir. Antes de intentar verbalizar lo experimentado, tenía que detenerse a rememorar todas y cada una de las sensaciones que vivió cuando volvió a apreciar el tacto del balón, cuando volvió a notar el sudor en su frente, cuando volvió a oler el césped, cuando volvió a escuchar el griterío de las gradas.

Y es que, después de 193 largos días “en el taller de los sueños rotos”, según palabras del propio Iker, por culpa de una rotura en el ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha, el navarro reapareció de la mejor manera posible. Saltó al campo en el último tramo del encuentro en sustitución de Markel Susaeta, y tan solo necesitó diez minutos para dejar su huella con la enésima muestra de su pillería. En el minuto 87, Muniain, el más listo de la clase, apareció en la frontal del área pequeña para cazar un centro-chut de Raúl García que había rebotado en Denis Cheryshev, anticiparse a toda la defensa local y a Sergio Asenjo, uno de sus grandes ejemplos a seguir durante el proceso de recuperación, y empujar el esférico a la red, culminando la primera victoria del Athletic en suelo castellonense después de 14 años y el mejor partido de la temporada del conjunto del ‘Cuco’ Ziganda. Tras recibir el abrazo de sus compañeros, Iker cerró los ojos y extendió los brazos como si flotara, sintiéndose liberado del peso que le había impedido disfrutar del balompié durante los últimos seis meses.

“Es un momento muy emocionante, tanto tiempo trabajando y deseando volver… Y hacerlo de esta manera, con la victoria del equipo en un campo complicado y marcando un gol… Estoy muy feliz, muy emocionado, y se lo dedico a toda la gente que me ha ayudado y a todos los aficionados. Es una noche para disfrutarla”, afirmaba en la entrevista a pie de campo el joven delantero del barrio pamplonés de la Txantrea, enormemente feliz por su vuelta y por haber podido constatar “el trabajo tiene su recompensa”. Y, tres días después de su brillante regreso a la competición, la alegría seguía presente en el rostro de un Muniain que aseguraba que había soñado “lo que pasó”. “Los sueños son para eso, para soñar a lo grande. He puesto muchas horas y he sacrificado muchas cosas para dar pasos por muy pequeños que fueran, pero ha merecido la pena”, concluía Iker.

Para Iker, todo se quebró el día 28 de septiembre de 2017. Corría el minuto 92 del encuentro contra el Zorya Luhansk ucraniano de la segunda jornada de la fase de grupos de la Europa League, cuando el ’10’ puso un centro a la desesperada para buscar el empate y, tras hacer un mal gesto, cayó al césped de un San Mamés que presenció cómo el que hasta el momento estaba siendo el mejor jugador de la temporada, el que, según escribió el periodista de El País Eduardo Rodrigálvarez, era“la única fuente de imaginación de un conjunto demasiado hidráulico”, abandonaba el campo anímicamente roto, llorando a lágrima viva en una camilla y haciendo evidentes gestos de dolor. El Athletic acabó perdiendo el partido por un sorprendente 0-1 en la que fue una de las primeras noches aciagas de una campaña repleta de ellas, pero no hay ninguna duda de que lo más doloroso de aquel choque fue la lesión de Muniain, que en las horas siguientes vio como se confirmaban sus peores pronósticos.

“Cuando me lesioné estuve dos o tres días hundido”, admitía esta semana el atacante rojiblanco, el mismo que justo después de descubrir el alcance de la lesión remarcaba que le sobraban “los motivos para volver a levantarme”. Después de agradecer las innumerables muestras de cariño, se sobrepuso rápidamente del golpe, comenzó a descontar los días que restaban para volver a calzarse sus botines y se fijó un único e inequívoco objetivo: “Volver esta temporada”, dejando en evidencia a todos los que se habían dado demasiada prisa en reproducir aquello de “se pierde todo lo que queda de curso”. Y es que, a pesar del duro revés encajado, Iker continuaba amando el fútbol. Continuaba necesitándolo para vivir. “Te quiero cuando me destrozas; te quiero con indecisión; te quiero con las alas rotas, aunque no haya explicación”, escribió en Instagram, citando Sincericidio, una de las canciones más conocidas de Leiva, para representar su amor herido hacia el balompié; y el 9 de octubre, tras someterse a la operación, se dispuso a empezar la rehabilitación con un enérgico “¡Empezamos!”.

En 2015, Muniain ya había sufrido la misma lesión en la pierna izquierda. Entonces estuvo de baja durante más de ocho meses, y aprendió “a valorar cosas cotidianas del día a día, como salir con tus compañeros a entrenar, tocar el balón, salir a correr… Son cuestiones que cuando estás bien no las valoras y que cuando estás fuera las echas mucho de menos”, según asentía el propio jugador en una entrevista en la que también dejaba meridianamente claro que “si me toca otra vez, me volveré a levantar”.

Dicho y hecho. Una vez superado el postoperatorio, Iker empezó la rehabilitación con dobles sesiones diarias de unas dos horas durante tres meses y medio, casi sin días de descanso y rodeado de los amigos de infancia, que se volcaron con el futbolista en unas semanas realmente complicadas para él. Todo esto a ritmo de Leiva y Joaquín Sabina, dos cantautores que amenizaron el proceso de recuperación de principio a fin y que, tal y como se puede comprobar en sus redes sociales, se convirtieron en dos auténticos referentes para Muniain mientras trataba de superar el percance que le había provocado un deporte que, parafraseando al artista madrileño, en ocasiones puede ser Terriblemente cruel.

Con todo, el carácter incansable de Iker hizo que la recuperación fuera mucho menos agria de lo que pueden parecer las letras de Leiva y Sabina. “Tras la primera lesión ya trabajó de forma espectacular, pero lo que ha hecho esta vez es una puta barbaridad. Él siempre te pide más. Si era un día de fiesta para el resto él te decía: ‘¡Eh!, que para nosotros no hay días de fiesta’. Le ponen cachondo esos retos de decir: ‘Hoy es día de fiesta, pero yo estoy aquí currando para volver a hacer lo que más me gusta'”, subraya la persona que le ha acompañado durante la recuperación de las dos lesiones, justo antes de recordar entre risas cómo el pamplonés “me venía descojonándose después de que, en las revisiones, el médico les dijera a sus ayudantes: ‘¡Este tío parece yugoslavo! Mirad cómo se recupera y qué calidad muscular'”.

Finalmente, después de varias semanas entrenando con el grupo con absoluta normalidad, los servicios médicos del Athletic Club le dieron el alta el pasado 27 de marzo y el ‘Cuco’ Ziganda pudo volver a contar con el “único jugador de la plantilla que, por el tipo de juego y por sus condiciones, tiene difícil recambio”. “Estoy muy feliz de poder ayudar a mis compañeros en estos partidos que quedan, muy contento por haber superado esta lesión y por estar bien de nuevo. Ha ido todo de maravilla. Ojalá pueda devolver desde el campo todo el cariño que me ha dado la gente”, aseguraba en unas declaraciones distribuidas por el conjunto bilbaíno Iker Muniain; un futbolista que en los últimos años “ha hecho un cambio brutal en su vida”, afirma el fisioterapeuta encargado de supervisar su rehabilitación. Y añade: “Es que cuando salió tenía 16 años, era un crío… La evolución que ha hecho es una barbarie. Después de la primera lesión, el tío maduró un huevo. A partir de ahí, el tío empezó a preocuparse por más cosas y por mejorar. Todos lo veían como una cabra loca, como un tipo al que todo le importa una mierda, y ahora es el que mejor entrena y el que mejor se comporta”.

Ciertamente, poco o nada queda ya de ese Iker Muniain que Eduardo Rodrigálvarez definió cariñosamente como “un mocoso con un desparpajo insultante” o “una lagartija imprevisible dentro y fuera del campo” y que debutó con el primer equipo del Athletic a los 16 años, siete meses y once días, en un encuentro contra el Young Boys suizo de la previa de la Copa de la UEFA de la temporada 08-09. Aquel habilidoso e imberbe muchacho saltó al césped de San Mamés en sustitución de Gaizka Toquero, que aún recuerda aquellos tiempos. “Me acuerdo mucho de cuando empezó a hacer pretemporadas con nosotros. Todavía era un niño, pero ya se veía que tenía muchísimo desparpajo, que era muy difícil quitarle el balón. No recuerdo exactamente qué le dije en ese momento, pero supongo que le di la enhorabuena y le dije que dejara atrás los nervios, que hiciera lo que había hecho para llegar hasta ahí. ‘Disfruta, enano’, o alguna historia de esas le diría”, señala el actual delantero del Zaragoza, que admite que se alegró “muchísimo por él” cuando vio el tanto de Muniain desde su casa porque “Iker es un tío que siempre está ahí, que nunca se esconde. Nunca ha bajado los brazos; ha trabajado y ha peleado día a día para poder volver cuanto antes a los terrenos de juego. El fútbol es su pasión. Él vive por y para el fútbol, y es un grandísimo profesional”.

“Es un puto loco del fútbol, le encanta. Siempre quiere mejorar, está en su mentalidad. Y no porque tenga aspiraciones de ganar más dinero, sino porque le gusta el fútbol y quiere hacerlo bien. Él mismo lo dice: ‘Yo soy un jugador del montón, hay muchísimos mejores que yo, pero a mí me gusta muchísimo esto. Es que sin un puto balón no puedo estar'”, añade, en la misma línea que Gaizka Toquero, el especialista que ha acompañado al futbolista del Athletic Club durante su rehabilitación. Y esta misma persona, que ha preferido no desvelar su identidad, también recuerda que “alguna vez que hablé con ellos, sus compañeros me decían: ‘Hostia, tío… Que vuelva ya, que le necesitamos. Él las pide todas, y está feliz todo el día…'”.

Con todo, debido al liderazgo que ejerce tanto en el terreno de juego como en el vestuario con su carácter extrovertido y luchador, se entiende perfectamente que sus compañeros corrieran a abrazarle cuando Iker anotó el definitivo 1-3 en el Estadio de La Cerámica. “Te mereces todo lo bueno que te pase hermano, que la vida te siga sonriendo. Juntos otra vez”, aseguraba en las redes sociales Iñaki Williams, el que seguramente es el habitante de Bilbao que más ha echado de menos al atacante de Pamplona; “la gente buena y trabajadora se merece todo en este mundo y para ti no iba a ser menos Muniain”, añadía el guardameta Iago Herrerín. Y Mikel San José sentenciaba: “¡Qué grande eres para lo poco que abultas! Te esperábamos”.

Y es que la evolución del pequeño león es una evidencia. Habrá que esperar a confirmar si el balompié, siempre tan caprichoso e impredecible, nos devuelve al mismo Muniain que nos robó hace seis meses, pero si lo hace podremos volver a disfrutar de un futbolista que ya no solo es ese correcaminos eléctrico, escurridizo e inalcanzable para los defensas veteranos, ese ‘19’ rebelde y socarrón que se sentía cómodo en el papel de Bart Simpson y que, cual Peter Pan, amenazaba con no acabar de crecer nunca, con convertirse en una eterna promesa. Ahora, después de dar un firme paso adelante, Iker es un ’10’ talentoso y elegante, el jefe de operaciones que, tras demasiados meses fuera de combate, regresa para volver a ser la brújula de un equipo que ha vagado por los campos de España y de Europa sin rumbo, con el rostro apenado por no poder contar con esa sonrisa valiente e inmarcesible que le hacía diferente.

Con el mismo hambre de fútbol que a los 13 años le hizo dejar atrás el barrio de la Txantrea e irse a vivir a Bilbao para cumplir el sueño de defender la elástica rojiblanca que tanto ha querido siempre, el futbolista más joven en debutar y en marcar un gol con el Athletic Club en Primera División, el mismo que lleva su último título tatuado en su piel, regresa para volver a ser la picaresca y el corazón de una manada que esta temporada se ha mostrado demasiado previsible e insulsa, demasiada fría sin él. Muniain regresa para ser el alfiler que cosa un equipo descosido; vuelve para intentar encandilar a una hinchada hastiada y desilusionada por el fútbol que han ofrecido los suyos en un curso verdaderamente decepcionante.

Porque Iker Muniain ha crecido; las desgracias en forma de lesiones le han obligado a ello. Ayer escuchaba Pereza; pero hoy siente con Leiva. No se engañen, como todos los que nacimos en los 90, seguro que continúa quedándose afónico cuando los altavoces de cualquier fiesta mayor de pueblo escupen Princesas a todo volumen; pero la diferencia es que ahora sabe que la verdad se encuentra en las letras de Leiva. Ahora ya no flipa cuando ve su cara en el As, ya no piensa siempre en que algo malo viene detrás. Consciente de que, Aunque sea un rato, el temporal siempre afloja, Iker Muniain afronta el futuro con la ambición de continuar sumando goles y encuentros como futbolista del Athletic Club, con el convencimiento de querer continuar evolucionando y con la tranquilidad de saber que, tal y como le aseguró su padre cuando se lastimó la rodilla por primera vez, todos los días hay un motivo para sonreír.

Las vivencias de un athletizcale en Angola

Artículo publicado por Gaueko Mateo en bizkaia.eldesmarque.com el 16/04/2018


Los angoleños son feligreses del fútbol. Y los bilbaínos profesan el Athletic Club. Los domingos en Luanda son para ir a la iglesia a rezar en familia, y a la tarde para ver fútbol. Los athleticzales vamos a San Mamés, nuestro templo, nuestra iglesia, nuestra Catedral.

Los días de partido, en cualquier puesto en la calle, en cualquier bar, en los musseques, o en los lugares en que el hombre occidental pasa su tiempo libre, emiten los enfrentamientos. Recorres la calle y ves camisetas de fútbol de la liga angoleña, portuguesa, inglesa... y española. Camisetas de Messi, de Dybala, de Cristiano Ronaldo. Viven más las ligas de fuera que la suya propia.

Difícilmente reconocen a la primera los colores que visto, <<¿Eres Español? ¿Eres del Barcelona o del Madrid? ¿Messi o Ronaldo?>>... me suelen preguntar los angoleños. La mayoría de mis amigos españoles que siguen el fútbol, son forofos del Madrid. Todos responden que son hinchas del Real Madrid. Los angoleños sonríen; las altas instituciones angoleñas son seguidores del equipo de la capital española. También es sinónimo de glamour, de riqueza y exuberancia. Y es lo que más anhelan los angoleños: la imagen de éxito, de triunfo, de opulencia, de fama y de adoración. Es sinónimo de poder. Y para la sociedades desiguales, exhibir riqueza es poder. Es superación personal.

Recuerdo una entrevista con el Ministro de Transportes Marítimos Angoleño, Victor de Alexandra Carvalho. Sonrió cuando mi compañero burgalés dijo que era seguidor del Real Madrid, lo mismo que el analista de mercado que nos acompañaba. El Ministro vivió en Madrid, y tiene a su hijo mayor estudiando en una universidad privada en Madrid. <<¿Tú también eres del Madrid?>> me preguntó, al ver que yo no contestaba. <> <<¿Del Atlético de Madrid? ¿Simeone?>> <>.

Aquel nombre no le estimulaba, no le decía nada. Lo conocía, pero era un equipo más. Una mediocridad. Nos habló del partido contra el Paris Saint Germain. La entrevista fue días antes del partido de ida, y temía la derrota del Madrid, pero confiaba en Ronaldo y los jugadores del equipo de la capital. También me pasó lo mismo en la escuela de idiomas. Un angoleño, que vivió casi toda su vida entre el Congo y Bélgica, reconoció mi camiseta. <<¿Es del Sevilla?>> me dijo. Por lo menos alguien que conocía un equipo más allá de los tres grandes. A Alex se le hubiese iluminado la cara.

Alex es un expatriado sevillista de Triana. Orgullo de ser andaluz, que últimamente muestra su descontento con la directiva sevillista. <>. Ni la victoria sobre el Manchester United en Champions le hizo cambiar su opinión. Pero apoya al Athletic. Le gusta el equipo. Es curioso cómo se le reconoce el mérito al equipo bilbaíno. Incluso en Europa; cualquier persona que le guste el fútbol conoce al Athletic y su gesta. Son capaces de decir, por lo menos, tres jugadores del equipo; Aduriz siempre se cuela en sus nombres. Se sorprenden por su filosofía, y la aplauden, sobre todo en los países más nacionalistas.

En Angola apenas lo conocen. Cada vez que alguien me pregunta por el equipo, demuestro ese orgullo bilbaíno. Saco el athleticzale que habita en mí. Sobre su importancia en épocas pasadas y su filosofía. En la gesta de desafiar a los grandes con jugadores de la región. De una región con un quinto de la población de Luanda. De la lección que es sentir los colores, de la afición conectada con el equipo. Con SU equipo. Del romanticismo del fútbol, de la belleza del pasado, cuando no había millones, ni tanta fama.

Y me miran raro. No entienden por qué no estoy con un equipo ganador. <> les digo.

Intento hablarles de Iñaki Williams. <>

Por las calles, los jóvenes juegan a fútbol. Los domingos por la mañana, los niños invaden las calles y cortan las carreteras para jugar. Sacan porterías bajas y oxidadas, con la red rota. Y ríen, y sueñan con los grandes jugadores. Visten sus equipaciones. Muchas veces desgastadas. Para ellos, es un trofeo, un bien que hay que guardar pues sus padres se han hipotecado varios meses para regalarselas.

Las terrazas de los chiringuitos de barrios marginales, de casas estrechas de adobe y hojalata, se abarrotan. El bar que tiene televisión de plasma, aunque sea una barra con cervezas y sin congelador, es lugar para reunirse y disfrutar del partido del Real Madrid o del Barcelona, o de la Liga portuguesa. Estos bares son remolques o contenedores. No tiran cerveza, sino que enfrían las latas en bidones repletos de hielos.

Camino por la calle, viajo y hago mi vida como uno más con mi camiseta; solamente me diferencio de ellos por dos motivos: por el color de piel y por la camiseta de mi Athletic.

Un Athletic que lo dan en abierto; el paquete de televisión ofrece un canal que emite solamente partidos de la liga española. Algunos incluso repetidos. Un martes por la tarde, haciendo el deporte moderno del zapping, encontré la remontada del Athletic al Osasuna del 2004. Ese partido con un 0-3 en contra en San Mamés en el minuto 60 y que terminó el Athletic ganando 4-3, con gol del gran Julen Guerrero en el descuento. Fútbol en mayúscula. Fútbol que no ofrece este año el Athletic. Pero aún así, todos los fines de semana me conecto a la televisión, con alguna de mis camisetas.

El fútbol es parte de su cultura de ocio, pero apenas hay espacio para el Athletic. Porque, aunque no queramos reconocerlo, el Athletic no es un grande; y en África importa la opulencia y el éxito inmediato. No empatizan con él.

<<¿Sabes?>>, me dice el chófer de nuestra oficina: <>.

Y es que todo Athleticzale es un misionero. Es un religioso propagando el culto deportivo más bello del mundo. El Athleticzalismo.

domingo, 15 de abril de 2018

Rafa Escudero: Un héroe para todos los tiempos

Reportaje publicado en el número 57 de la revista Athletic Club (Marzo 2018)

Con el paso de los años, la historia de Rafa Escudero cada vez resultará más difícil de contar y aun de comprender, y, sin embargo, es de esas historias rojiblancas que en ningún caso deberían caer en el olvido.


Lámina coloreada del diario Marca en la que figura Escudero,
interior derecho del Athletic Club

Rafael Escudero nació en Bilbao en 1919 y únicamente jugó un año en el Athletic Club, la temporada 1943/44, en la que disputó 13 partidos de Liga 10 de Copa, marcando 8 y 6 goles respectivamente, una media de 0’61 goles por partido que en aquel entonces resultó decisiva. Pero lo verdaderamente fabuloso de aquel delantero no podría, de ninguna de las maneras, reducirse a porcentajes o números. Rafa Escudero fue el último futbolista amateur del que se tiene constancia en el Athletic. Contribuyó de manera crucial a la salvación de la categoría en uno de los momentos más delicados de la historia del Club. Corría el mes de noviembre de 1943 y, tras siete jornadas ligueras, el Athletic compartía el farolillo rojo de una tabla clasificatoria de 14 equipos con tan solo 4 puntos en su casillero. Pero lo peor era el mal momento que atravesaban sus principales artilleros, Zarra y Gainza, lastrados por las lesiones. En esa tesitura, la directiva del Club se acordó de un joven jugador aficionado, a veces interior, a veces media punta o ariete, que llevaba más de cien partidos con el Indautxu y que destacaba sobremanera por sus dotes goleadoras: Rafa Escudero.

Desde la perspectiva de hoy en día resulta inaudito que el delantero, en primera instancia, declinara el ofrecimiento que el presidente Roberto de Arteche le hizo para unirse a la plantilla del Athletic. A fin de cuentas, Escudero era socio del Club y fiel seguidor de los leones, y también su tío Germán, apodado ‘Maneras’, había vestido la zamarra rojiblanca. Sin embargo, Rafa Escudero era un convencido futbolista amateur, un defensor a conciencia del espíritu deportivo del juego que recelaba del profesionalismo y desconfiaba del dinero, cuya injerencia consideraba que solo podía enturbiar la nobleza del deporte. Tan convencido se hallaba de sus creencias que él mismo había refundado el Indautxu junto a un grupo de amigos para poder disfrutar del fútbol de la manera que a él más feliz le hacía, junto a su hermano y sus amigos y compitiendo en buena lid. Una felicidad que para él no tenía precio y a la que no quería renunciar ni siquiera para enrolarse en el equipo del que era socio.

Precisamente, solo cuando el presidente Roberto de Arteche se olvidó de los emolumentos de su ficha y apeló al sentimiento rojiblanco del jugador y al de sus propios amigos del Indautxu, incluido el de su presidente Jaime Olaso, Rafa Escudero cambió de parecer y aceptó el reto, pero con una condición innegociable: defendería la camiseta rojiblanca únicamente por su amor al Athletic, sin recibir dinero alguno a cambio, y solo hasta final de temporada, cuando de nuevo regresaría al Indautxu junto a sus amigos.

La aportación de Escudero no pudo ser más oportuna. En su primer partido de rojiblanco, en la jornada 8 y después de 3 derrotas consecutivas, la última frente al Espanyol por 4-0, el Athletic se impuso al Celta por 5-1 y Escudero anotó dos goles. Los leones también ganaron los 6 siguientes encuentros, es decir, 7 de manera consecutiva, incluyendo un triunfo ante el Real Madrid en Chamartín por 1-3 con otro gol de Escudero.

Una vez enderezado el rumbo en Liga, el Athletic se centró en la Copa, donde en ningún caso figuraba entre los favoritos. Tras superar al Barakaldo, al Arenas y al Granada en las rondas previas, en semifinales tocó un hueso: el Atlético de Madrid, a la sazón, Club Atlético de Aviación. Los madrileños vencieron 3-1 en el Metropolitano y perdieron 2-0 en San Mamés, y como en aquel entonces no valían doble los goles a domicilio, hubo de celebrarse un partido de desempate en Barcelona en el que los leones ganaron por 3-2, con un gol anotado en el minuto 90 por Rafa Escudero.

La final contra el Valencia también se disputó en la ciudad condal, en el estadio de Montjuïc, y los leones vencieron por 2-0 con goles de Zarra y, nuevamente, Escudero. Suponía el decimosexto título de campeón de Copa del Athletic Club. El primero y último de Rafa Escudero como jugador del primer equipo porque, tal y como había prometido, al término de la temporada desestimó la renovación en el equipo de sus amores y regresó al club de sus amigos y familiares, el Indautxu de Tercera. En su despedida, el Athletic, en señal de reconocimiento y gratitud, regaló a Escudero un reloj; el único objeto material que el último futbolista amateur habría aceptado.

Escudero regresó al césped de San Mamés en una última ocasión un año después, con el Indautxu y en la final del Campeonato de España de Aficionados contra el Barcelona. Lo que sucedió aquella tarde del 29 de junio de 1945 supuso una de las páginas más borrosas escritas por la afición bilbaína. Según cuentan las crónicas, cuando Escudero recogió el trofeo de campeones recibió los abucheos de una parte considerable de los congregados. ¿Por qué? Al parecer, no aceptaron que cambiara al Athletic por un club de aficionados, aunque se debiera a motivos personales tan legítimos como honrosos.

“En los vestuarios Rafa permanecía sentado tapando su rostro con sus manos, mientras lloraba desconsoladamente”, escribió Jaime Olaso sobre aquel momento.

La historia de Rafa Escudero se cierra de la manera más triste posible, ocho años después, en 1953, al fallecer el delantero en un accidente aéreo ocurrido tras estrellarse un Bristol de Aviaco en Somosierra, a la edad de 34 años.

Cuando murió, Rafa Escudero era directivo del Athletic Club.

Resumen Jor. 32ª: Athletic Club - RC Deportivo

Fuente: www.athletic-club.eus


sábado, 14 de abril de 2018

Resumen Jor. 26ª: Rayo Vallecano - Athletic Club

Fuente: Canal YouTube TVAthleticClub


Gustarse

Artículo publicado por Julen Guerrero en el diario El Correo el 14/04/2018


Posiblemente, el pasado lunes frente al Villarreal el Athletic jugó su mejor partido de la temporada. Si fue fruto de la casualidad o la causalidad será algo que iremos viendo en las próximas jornadas. Con gran ritmo de juego, una presión alta mucho mejor estructurada y organizada y siendo valientes -dando pasos hacia adelante incluso con el marcador a favor- podemos decir que el Athletic se empezó a reconocer y a gustarse a sí mismo.

Este nivel de intensidad necesita frescura en varios jugadores, en especial en las línias más adelantadas, que son las que marcan la altura y el momento de la presión. Luego, además de esta presión alta, es necesaria una importante condición física porque al hacho del robo hay que añadirle la posterior acción ofensiva. Es evidente que para poder realizar todas estas características necesitas jugadores que las puedan aportar al desarrollo del juego.

Al Athletic nunca le han asustado los cambios generacionales. Otra cosa es que la asimilación de conceptos, adaptarse a la categoría e ir asumiendo cada vez más responsabilidades les lleva más tiempo a unos que a otros. En Villarreal todos estuvieron muy bien. El equipo en general rayó a una gran altura, pero el paso hacia adelante que dieron Iñigo Córdoba y Williams con su desparpajo, movilidad, velocidad, asumiendo retos y metiendo una gran intensidad en sus acciones, tanto en la presión defensiva como en sus acciones en ataque, es fundamental para que el Athletic pueda seguir creciendo a través de esta forma de jugar.

Al Athletic le ha costado mucho poder realizar todo esto a lo largo de esta temporada. Quizá porque no haya encontrado los jugadores adecuados, quizá porque no ha sido valiente a la hora de hacer un pequeño cambio generacional. Puede que tampoco estos jugadores estuviesen preparados para asumir ese rol, o que el equipo no se ha encontrado en condiciones de poder hacerlo. Quién sabe. Múltiples explicaciones, ninguna respuesta.

Lo que está claro es que el lunes en Villarreal el Athletic se encontró, se divirtió y se gustó a si mismo. La tierra de nadie en la que se encontraba hizo virar la nave rojiblanca. Jugar en Primera implica convivir con la clasificación. Ahora que ésta parece no ser una carga, da la sensación que sale lo mejor de cada uno y del equipo. Esperemos que no sea de manera aislada.

Lo del lunes fue un paso hacia adelante, y no solo en lo que al resultado se refiere. Sirvió para ver la mejor versión de algunos jugadores, pero sobre todo la del equipo. Esperemos que para esta nueva camada de futbolistas jugar en el Athletic, además de ser un privilegio, suponga un reto. Un reto hecho de protagonismo responsabilidad y liderazgo. Este club necesita la frescura e innovación de la juventud y el reposo y tradición de los más veteranos para seguir agrandando una historia que empezó hace ha 120 años. Hoy frente al Dépor hay que seguir gustándose y dando paso hacia adelante.