Fuente: Canal YouTube Sporting Club de Huelva
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jueves, 1 de febrero de 2018
domingo, 28 de enero de 2018
El culebrón de Jesús Garay
Artículo publicado por Jon Rivas en www.fiebrerojiblanca.com el 28/01/2018
La temporada 1959/60 acabó con más pena que gloria para el Athletic a pesar del tercer puesto liguero, aunque a mucha distancia del Barcelona y el Real Madrid, que empataron a puntos aunque el campeonato se lo llevaron los azulgrana por el gol cociente. En la Copa, los bilbainos llegaron a semifinales y después del partido de ida frente al Real Madrid, albergaban fundadas esperanzas de llegar a la Final. El Athletic ganó 3-0 en San Mamés. Sin embargo, en el partido de vuelta en Chamartín, los blancos arrollaron a los rojiblancos por un resultado incontestable: 8-1.
Fue un desastre de partido para finalizar la temporada. Para el descanso el Real Madrid ya había igualado la eliminatoria; a los 7 minutos de la segunda parte, estaba por delante.
Así que, entre críticas, los jugadores del Athletic se marcharon de vacaciones. Los periódicos pedían soluciones para la siguiente temporada: “El Atlético necesita modernizarse”, decía La Gaceta del Norte, “con la creación de una célula técnica que asesore al entrenador”.
Pero esas críticas comenzaron a difuminarse cuando apenas tres días después del último partido de la temporada, comemenzó un culebrón que iba a durar casi dos meses. “El Barcelona ha pedido precio por Garay”, informó la prensa bilbaina. Se decía incluso que Miró Sans, el presidente del Barcelona, acompañado por un directivo, había estado en Bilbao sondeando la posibilidad de fichar al central internacional del Athletic.
No fue así, pero casi, ya que Miró Sans estuvo en Madrid, presenciando la semifinal de Copa, y solicitó oficialmente el traspaso de Garay. La respuesta fue que se estudiaría la petición. En principio, la respuesta iba a ser “no”. Mientras, Garay descansaba en Bakio, a punto de tomar el avión que llevaría a la selección española de gira por Sudamérica. Desde su retiro decía que no sabía nada, aunque confesaba que, años atrás, sí había recibido una oferta del Barcelona que rechazó. Por cierto, Garay terminaba contrato con el Athletic que sin embargo, podía ejecutar el derecho de retención.
A principios de julio, mientras Garay estaba a punto de irse de gira, el Athletic anunció que suspendía definitivamente la excursión que tenía programada también a Sudamérica con varios partidos, y que le iba a reportar unos beneficios de cuatro millones de pesetas. Sin embargo, pese a que tenía todos los contratos firmados, la Federación se inmiscuyó y obligó a la suspensión para que los partidos del club bilbaino no interfirieran en los que jugaba la selección española. En Bilbao, como es lógico, la prohibición cayó muy mal, aunque no eran tiempos para protestar demasiado.
Tal vez por ese revés económico, el Athletic empezó a dejarse querer en el tema de Garay. Mientras el jugador posaba en la escalerilla del avión de KLM en el que iba a atravesar el Atlántico, se filtraba que el Barcelona ofrecía una importante cantidad de dinero y además a Areta III, el jugador osasunista que estaba a punto de fichar por los azulgrana.
A mediados de julio, el diario deportivo Dicen de Barcelona entrevistó al presidente del Athletic, Javier Prado, que no negó las conversaciones con el Barça. Además, los periódicos hablaban también de que el club bilbaino había pedido que enviase una carta con la petición formal. Se hablaba incluso de que con el dinero se podría construir la nueva tribuna que proyectaba el Athletic. No iban desencaminadas las informaciones. Sin embargo decían también que la oferta era más baja de lo esperado.
Como en todos los tiras y aflojas, el 20 de julio apareció otra noticia para contrarrestar las pretensiones de unos y de otros. “El Barcelona se interesa por un defensa central de color”, decía El Mundo Deportivo, que también apuntaba que Garay se iría al Real Madrid: “Hay una oferta escrita de Santiago Bernabéu”. Unos días más tarde, mientras se especulaba con una posible fusión entre el Athletic y el Águilas, el equipo de baloncesto bilbaino que militaba en la máxima categoría, se esperaba el regreso de Garay a Bilbao, mientras se aseguraba que no había novedad sobre su posible traspaso. El 27 de julio, Jesús Garay, caballero de la Órden de Isabel la Católica, llegó a Madrid con dos horas de retraso y se enteró de que nadie le había reservado el billete de tren para regresar a Bilbao. Habló con los periodistas: “Sé sólo lo que ha dicho la prensa. Yo estoy al margen de las negociaciones. Quiero llegar a Bilbao para aclarar todo esto”.
Al día asiguiente llegó a Bilbao y lo primero que hizo fue visitar el club, en la calle Bertendona. Pretendía charlar con el entrenador, Martim de Francisco, y su ayudante, Pachi Garate, pero se quedó con las ganas, porque los dos se habían marchado de peregrinación a Lourdes. La postura de Garay al volver era la misma, pero no era idéntica. Aclaremos: “Habiendo finalizado mi compromiso, espero volver a firmar por el Athletic un buen contrato, que haga factibles mis dos ilusiones, quedarme en Bilbao y jugar en el Athletic”.
Sin embargo, las cosas empezaron a moverse. Primero salió a la luz la oferta del Barcelona: cinco millones de pesetas y Areta. Unos días más tarde, Garay recibió permiso del Athletic para negociar con el Barcelona. Viajaron dos embajadas a Bilbao, una para hablar con el jugador, con el que llegaron a un acuerdo rápido –”la vida del futbolista es corta y se me presenta una gran oportunidad–, y otra para hacerlo con el club bilbaino. En este caso, las cosas se alargaron.
El 20 de agosto, los clubes llegaron a un acuerdo. El día 23, a las 13.00 horas, Garay ya era jugador del Barcelona. A las 18.00 horas fue presentado. El Athletic se llevó cinco millones y a Areta; el Barcelona jugó un amistoso en San Mamés y en el campo se construyó una tribuna nueva. La tribuna Garay se le llamó en Bilbao.
La temporada 1959/60 acabó con más pena que gloria para el Athletic a pesar del tercer puesto liguero, aunque a mucha distancia del Barcelona y el Real Madrid, que empataron a puntos aunque el campeonato se lo llevaron los azulgrana por el gol cociente. En la Copa, los bilbainos llegaron a semifinales y después del partido de ida frente al Real Madrid, albergaban fundadas esperanzas de llegar a la Final. El Athletic ganó 3-0 en San Mamés. Sin embargo, en el partido de vuelta en Chamartín, los blancos arrollaron a los rojiblancos por un resultado incontestable: 8-1.
Fue un desastre de partido para finalizar la temporada. Para el descanso el Real Madrid ya había igualado la eliminatoria; a los 7 minutos de la segunda parte, estaba por delante.
Así que, entre críticas, los jugadores del Athletic se marcharon de vacaciones. Los periódicos pedían soluciones para la siguiente temporada: “El Atlético necesita modernizarse”, decía La Gaceta del Norte, “con la creación de una célula técnica que asesore al entrenador”.
Pero esas críticas comenzaron a difuminarse cuando apenas tres días después del último partido de la temporada, comemenzó un culebrón que iba a durar casi dos meses. “El Barcelona ha pedido precio por Garay”, informó la prensa bilbaina. Se decía incluso que Miró Sans, el presidente del Barcelona, acompañado por un directivo, había estado en Bilbao sondeando la posibilidad de fichar al central internacional del Athletic.
No fue así, pero casi, ya que Miró Sans estuvo en Madrid, presenciando la semifinal de Copa, y solicitó oficialmente el traspaso de Garay. La respuesta fue que se estudiaría la petición. En principio, la respuesta iba a ser “no”. Mientras, Garay descansaba en Bakio, a punto de tomar el avión que llevaría a la selección española de gira por Sudamérica. Desde su retiro decía que no sabía nada, aunque confesaba que, años atrás, sí había recibido una oferta del Barcelona que rechazó. Por cierto, Garay terminaba contrato con el Athletic que sin embargo, podía ejecutar el derecho de retención.
A principios de julio, mientras Garay estaba a punto de irse de gira, el Athletic anunció que suspendía definitivamente la excursión que tenía programada también a Sudamérica con varios partidos, y que le iba a reportar unos beneficios de cuatro millones de pesetas. Sin embargo, pese a que tenía todos los contratos firmados, la Federación se inmiscuyó y obligó a la suspensión para que los partidos del club bilbaino no interfirieran en los que jugaba la selección española. En Bilbao, como es lógico, la prohibición cayó muy mal, aunque no eran tiempos para protestar demasiado.
Tal vez por ese revés económico, el Athletic empezó a dejarse querer en el tema de Garay. Mientras el jugador posaba en la escalerilla del avión de KLM en el que iba a atravesar el Atlántico, se filtraba que el Barcelona ofrecía una importante cantidad de dinero y además a Areta III, el jugador osasunista que estaba a punto de fichar por los azulgrana.
A mediados de julio, el diario deportivo Dicen de Barcelona entrevistó al presidente del Athletic, Javier Prado, que no negó las conversaciones con el Barça. Además, los periódicos hablaban también de que el club bilbaino había pedido que enviase una carta con la petición formal. Se hablaba incluso de que con el dinero se podría construir la nueva tribuna que proyectaba el Athletic. No iban desencaminadas las informaciones. Sin embargo decían también que la oferta era más baja de lo esperado.
Como en todos los tiras y aflojas, el 20 de julio apareció otra noticia para contrarrestar las pretensiones de unos y de otros. “El Barcelona se interesa por un defensa central de color”, decía El Mundo Deportivo, que también apuntaba que Garay se iría al Real Madrid: “Hay una oferta escrita de Santiago Bernabéu”. Unos días más tarde, mientras se especulaba con una posible fusión entre el Athletic y el Águilas, el equipo de baloncesto bilbaino que militaba en la máxima categoría, se esperaba el regreso de Garay a Bilbao, mientras se aseguraba que no había novedad sobre su posible traspaso. El 27 de julio, Jesús Garay, caballero de la Órden de Isabel la Católica, llegó a Madrid con dos horas de retraso y se enteró de que nadie le había reservado el billete de tren para regresar a Bilbao. Habló con los periodistas: “Sé sólo lo que ha dicho la prensa. Yo estoy al margen de las negociaciones. Quiero llegar a Bilbao para aclarar todo esto”.
Al día asiguiente llegó a Bilbao y lo primero que hizo fue visitar el club, en la calle Bertendona. Pretendía charlar con el entrenador, Martim de Francisco, y su ayudante, Pachi Garate, pero se quedó con las ganas, porque los dos se habían marchado de peregrinación a Lourdes. La postura de Garay al volver era la misma, pero no era idéntica. Aclaremos: “Habiendo finalizado mi compromiso, espero volver a firmar por el Athletic un buen contrato, que haga factibles mis dos ilusiones, quedarme en Bilbao y jugar en el Athletic”.
Sin embargo, las cosas empezaron a moverse. Primero salió a la luz la oferta del Barcelona: cinco millones de pesetas y Areta. Unos días más tarde, Garay recibió permiso del Athletic para negociar con el Barcelona. Viajaron dos embajadas a Bilbao, una para hablar con el jugador, con el que llegaron a un acuerdo rápido –”la vida del futbolista es corta y se me presenta una gran oportunidad–, y otra para hacerlo con el club bilbaino. En este caso, las cosas se alargaron.
El 20 de agosto, los clubes llegaron a un acuerdo. El día 23, a las 13.00 horas, Garay ya era jugador del Barcelona. A las 18.00 horas fue presentado. El Athletic se llevó cinco millones y a Areta; el Barcelona jugó un amistoso en San Mamés y en el campo se construyó una tribuna nueva. La tribuna Garay se le llamó en Bilbao.
sábado, 27 de enero de 2018
viernes, 26 de enero de 2018
La vida se abre camino
Artículo publicado por Julen Guerrero en el diario El Correo el 26//01/2018
Hoy visita San Mamés el Eibar, curiosamente con 28 puntos el mejor equipo vasco en la clasificación a estas alturas del campeonato. No empezó bien la temporada, con muchas lesiones y algunos jugadores fuera de su mejor forma, pero en la jornada duodécima despertó y solo ha perdido un partido de los últimos nueve disputados. Cierto es que seis de esos nueve encuentros, los ha jugado en Ipurua, donde se siente más fuerte.
El Athletic debe aprovechar este partido para seguir escalando posiciones en la clasificación. Lograr los tres puntos supone pasar al Eibar, además de ganar el golaverage particular con un rival directo en estos momentos, al que en la primera vuelta se consiguió ganar en su campo.
Pero parece que la actualidad del Athletic viene marcada más por las renovaciones y la próxima marcha de Laporte al City que por el encuentro de hoy. En la actualidad rojiblanca, el verde deja paso a los despachos.
Dentro de las renovaciones, dos han destacado por encima del resto. Las de Williams y Kepa. Dos formas muy diferentes de renovar, pero al final con un mismo objetivo: los dos son jóvenes, con gran presente pero sobre todo son la base del Athletic que se esta construyendo para el futuro.
Estos contratos les debe dar tranquilidad y una estabilidad para poder progresar centrándose en lo realmente importante, pero a su vez vienen cargados de una enorme responsabilidad especialmente en el inconsciente colectivo. A partir de ahora puede que el nivel de exigencia que tengan que asumir sea mayor. Y no sólo en el campo, también en todo lo que rodea en el día a día en el club. Pasan a ser referencia dentro de la estructura rojiblanca. Saber transmitir la pasión con la que se vive este club y defendería, tanto ante las nuevas generaciones como ante todos los aficionados, forma parte del peso que llevan estos contratos. También mostrar ambición y no ser conformistas. Que haya objetivos valientes e ilusionantes por los que pelear cada temporada y que hagan soñar, tiene que ser parte de su lenguaje cotidiano. Esperemos que ese peso no suponga una carga.
Sin embargo, parece que siempre hay algo que atenta contra estos momentos de felicidad y que impide que ésta sea completa. La marcha de Laporte cuando el City pague la cláusula será un golpe directo a la linea de flotación del equipo. No se espera en estos momentos.
Pero el Athletic debe estar preparado para estos imprevistos. Lezama siempre ha respondido cuando se ha necesitado, y estoy convencido de que en esta ocasión también lo hará. Unai Núñez es un claro ejemplo en este aspecto. La baja de Yeray ha permitido que conozcamos a un central que ofrece garantías y ha sabido ganarse un sitio en la primera plantilla. El relevo generacional inmediato es una seña de identidad de este club. La filosofía tan diferente que tenemos pero de la que nos sentimos orgullosos, nos hace vivir en una necesidad constante que estimula a nuestra institución a permanecer siempre alerta.
Sería importante que la salida de Laporte no se convierta en otro culebrón y el equipo sufra un desgaste que le despiste de sus objetivos. Es fácil caer en la tentación del chismorreo, las intrigas palaciegas... algo que este club no merece ni necesita. Quizá seria bueno que presidente y jugador dieran una rueda de prensa juntos con naturalidad, para dar las gracias al futbolista por su compromiso en los años que ha estado y dejando la puerta abierta para una posible vuelta, eso si, si es que su puesto no está entonces bien ocupado. El Athletic trabaja su cantera para ello y los nuevos valores (que los hay), piden abrirse paso y tener su oportunidad.
65 millones de euros son muchos millones, y es un buen pellizco que hay que recibir con los brazos abiertos. Pero también saber como gestionarlos, en el campo y en la estructura del club. El Athletic es un ser vivo que tiene que estar en continuo progreso y crecimiento.
Hoy visita San Mamés el Eibar, curiosamente con 28 puntos el mejor equipo vasco en la clasificación a estas alturas del campeonato. No empezó bien la temporada, con muchas lesiones y algunos jugadores fuera de su mejor forma, pero en la jornada duodécima despertó y solo ha perdido un partido de los últimos nueve disputados. Cierto es que seis de esos nueve encuentros, los ha jugado en Ipurua, donde se siente más fuerte.
El Athletic debe aprovechar este partido para seguir escalando posiciones en la clasificación. Lograr los tres puntos supone pasar al Eibar, además de ganar el golaverage particular con un rival directo en estos momentos, al que en la primera vuelta se consiguió ganar en su campo.
Pero parece que la actualidad del Athletic viene marcada más por las renovaciones y la próxima marcha de Laporte al City que por el encuentro de hoy. En la actualidad rojiblanca, el verde deja paso a los despachos.
Dentro de las renovaciones, dos han destacado por encima del resto. Las de Williams y Kepa. Dos formas muy diferentes de renovar, pero al final con un mismo objetivo: los dos son jóvenes, con gran presente pero sobre todo son la base del Athletic que se esta construyendo para el futuro.
Estos contratos les debe dar tranquilidad y una estabilidad para poder progresar centrándose en lo realmente importante, pero a su vez vienen cargados de una enorme responsabilidad especialmente en el inconsciente colectivo. A partir de ahora puede que el nivel de exigencia que tengan que asumir sea mayor. Y no sólo en el campo, también en todo lo que rodea en el día a día en el club. Pasan a ser referencia dentro de la estructura rojiblanca. Saber transmitir la pasión con la que se vive este club y defendería, tanto ante las nuevas generaciones como ante todos los aficionados, forma parte del peso que llevan estos contratos. También mostrar ambición y no ser conformistas. Que haya objetivos valientes e ilusionantes por los que pelear cada temporada y que hagan soñar, tiene que ser parte de su lenguaje cotidiano. Esperemos que ese peso no suponga una carga.
Sin embargo, parece que siempre hay algo que atenta contra estos momentos de felicidad y que impide que ésta sea completa. La marcha de Laporte cuando el City pague la cláusula será un golpe directo a la linea de flotación del equipo. No se espera en estos momentos.
Pero el Athletic debe estar preparado para estos imprevistos. Lezama siempre ha respondido cuando se ha necesitado, y estoy convencido de que en esta ocasión también lo hará. Unai Núñez es un claro ejemplo en este aspecto. La baja de Yeray ha permitido que conozcamos a un central que ofrece garantías y ha sabido ganarse un sitio en la primera plantilla. El relevo generacional inmediato es una seña de identidad de este club. La filosofía tan diferente que tenemos pero de la que nos sentimos orgullosos, nos hace vivir en una necesidad constante que estimula a nuestra institución a permanecer siempre alerta.
Sería importante que la salida de Laporte no se convierta en otro culebrón y el equipo sufra un desgaste que le despiste de sus objetivos. Es fácil caer en la tentación del chismorreo, las intrigas palaciegas... algo que este club no merece ni necesita. Quizá seria bueno que presidente y jugador dieran una rueda de prensa juntos con naturalidad, para dar las gracias al futbolista por su compromiso en los años que ha estado y dejando la puerta abierta para una posible vuelta, eso si, si es que su puesto no está entonces bien ocupado. El Athletic trabaja su cantera para ello y los nuevos valores (que los hay), piden abrirse paso y tener su oportunidad.
65 millones de euros son muchos millones, y es un buen pellizco que hay que recibir con los brazos abiertos. Pero también saber como gestionarlos, en el campo y en la estructura del club. El Athletic es un ser vivo que tiene que estar en continuo progreso y crecimiento.
lunes, 22 de enero de 2018
Liga Genuine
Fuente: Canal YouTube TVAthleticClub
Acto inaugural
La expedición ya está en Tarragona
Primer día Liga Genuine en Tarragona
Segundo día Liga Genuine en Tarragona
Acto inaugural
La expedición ya está en Tarragona
Primer día Liga Genuine en Tarragona
Segundo día Liga Genuine en Tarragona
viernes, 19 de enero de 2018
Un brasileño en San Mamés
Artículo publicado por Arnau Segura en www.panenka.org el 19/01/2018
El Athletic es algo singular, es algo que se desvía completamente de los estándares actuales del balompié. Quizás suene exagerado, pero para muchos es así: están todos los clubes y luego está el Athletic. De hecho, por su peculiar idiosincrasia y por su particular política deportiva, hinchas de todos los rincones del universo futbolístico lo adoptan como su segundo o su tercer equipo. En algunos casos lo hacen de cara a la galería; en otros, por la necesidad de sentirse parte de una institución que, al contrario de lo que hacen la mayoría, no maltrata su pasado.
Con todo, tal y como asegura Eduardo Rodrigálvarez en Un soviético en la Catedral, un libro escrito en pasado que sirve perfectamente para explicar el presente, “la condición de aficionado del Athletic no venía única y necesariamente por vía vaginal, no era fruto del placer, primero, y del dolor, después; sino que podía ser adquirida como se aprende a hablar inglés”. “Aprendimos que había gente que no había nacido en Bilbao, ni vivía en Bilbao, y sin embargo era del Athletic”, añade unas líneas antes, retratando, con nostalgia, cómo vivieron la expansión del conjunto de San Mamés los aficionados de toda la vida.
En definitiva, “el Athletic no es diferente para ser diferente sino porque es diferente desde el principio”. Para ser más exactos, el cuadro bilbaíno empezó a ser diferente del resto en 1912, cuando dejaron el Athletic los últimos británicos que todavía permanecían en el club que habían ayudado a fundar catorce años antes, en 1898. A partir de entonces, se adoptó una costumbre que terminó convirtiéndose en una política -más o menos- inequívoca: la camiseta rojiblanca tan solo podía ser defendida por futbolistas vascos o por jugadores formados en equipos de Euskadi o Navarra.
Aun así, la norma no siempre se ha aplicado con la misma rigurosidad, provocando así una interminable serie de polémicas que, como apunta el periodista de El Correo Jon Agiriano, se condensan en una expresión: “¿Pero ese puede jugar en el Athletic?”. En este sentido, hace cincuenta años, hubiera sido impensable el fichaje de Cristian Ganea, un lateral izquierdo nacido en Rumanía y criado en Bizkaia que se incorporará al club en el próximo verano.
Pero lo cierto es que Ganea no será el primer foráneo en jugar con los leones. Antes que él, ya lo hicieron los franceses Bixente Lizarazu y Aymeric Laporte -aún en el equipo-, el mexicano Javier Iturriaga, el venezolano Fernando Amorebieta… y el portero brasileño José Vicente Fernández Biurrun, el primero de los seis jugadores que desde 1912 han cuestionado aquel eslogan, extremadamente desacertado, que se podía escuchar en los bares de Bilbao hace unas décadas: “Dios solo creó un equipo perfecto, a los demás los llenó de extranjeros”.
Como sugiere su nombre, Vicente Biurrun nació en tierras brasileñas -en Sao Paulo, concretamente- de forma circunstancial, ya que sus padres, inmigrantes vascos, se habían trasladado allí por motivos de trabajo. De hecho, a principios de los 60, cuando él tan solo tenía cinco años, la familia regresó a Guipúzcoa y se estableció en San Sebastián. “Cada uno nace donde le echan… No tengo más recuerdos que alguna foto que me enseñan. Ni he vuelto a Brasil”, recordaba el propio Biurrun en una entrevista en El Correo Vasco.
Como tantos otros niños de San Sebastián, Biurrun empezó a forjarse como futbolista en las playas donostiarras. Y, en 1981, tras pasar por el Danak y el Sanse, el joven guardameta cumplió el sueño de llegar al primer equipo de la Real Sociedad. En Anoeta, el guardameta pudo disfrutar de la época más brillante del conjunto ‘txuri-urdin’, ganó sus dos únicos títulos, una liga (81-82) y una Supercopa de España (82), y alcanzó las semifinales en la Copa de Europa. Pero Biurrun no estaba contento. “Se me convirtió en una especie de cárcel, muy bonita porque éramos un equipo campeón, pero aquello no me satisfacía”, reconocía en 2016.
El problema del arquero brasileño tenía nombre y apellidos: Luis Miguel Arconada. Y es que, cuando Biurrun llegó a la Real con la intención de comerse el mundo, se topó de frente con uno de los mejores porteros de la década de los 80 en Europa y no pudo disputar ni un solo partido oficial en dos cursos que debieron hacérsele eternos. “Arconada… es Arconada”, respondía, con resignación, en una entrevista en el Mundo Deportivo del año 1982 en la que le preguntaban por qué todavía no había debutado como ‘txuri-urdin’. Y añadía: “Soy una persona ambiciosa y lo que tengo muy claro es que acabaré triunfando en la Real… o en cualquier otro sitio. Tengo todo el tiempo del mundo por delante”. En la misma línea, hace poco más de un año, admitía en El Correo Vasco que lo que “necesitaba era jugar y no era satisfactorio estar sin poder hacerlo. Aprendí mucho al lado de aquellos jugadores excepcionales y me llevé una lección muy bien aprendida. Pero mi camino iba por otro lado”.
La siguiente parada del camino de Biurrun fue Pamplona, donde encontró una oportunidad para demostrar la valía que se le presuponía. Ciertamente, para el Osasuna era una apuesta muy arriesgada, ya que, tras dos temporadas sin tener minutos, el rendimiento del guardameta era toda una incógnita. Aun así, el mero hecho de haber vivido a la sombra de Arconada -y de Pedro Ochotorena- le dio el crédito suficiente para convencer a los dirigentes de El Sadar.
El día 6 de setiembre de 1983, en un encuentro contra el Salamanca que terminó con empate a cero, Biurrun volvió sonreír. Por fin había podido cumplir otra meta: estrenarse en Primera División. Sin embargo, parecía que, de nuevo, la felicidad no podía durar demasiado en la vida de este donostiarra nacido en Sao Paulo y, tras seis jornadas en el once del Iván Brzić, un grave error le hizo perder la titularidad en beneficio de Francisco Vicuña.
Finalmente, en el curso 84-85 Biurrun pudo conseguir la regularidad y se consolidó como uno de los mejores guardametas de la escena nacional. No empezó la temporada de titular, pero una grave lesión de Vicuña permitió que Pitinho, el sobrenombre con el que los osasunistas conocían a Biurrun por haberle parado un penalti al exjugador brasileño del Sevilla y por su buen dominio del juego con los pies, regresara a los esquemas del técnico serbio y que, con sus paradas, contribuyera decisivamente a que el Osasuna pudiera clasificarse por primera vez por una competición europea al terminar en el sexto lugar de la tabla.
Después de tres campañas en El Sadar, en 1986, Biurrun cambió el Osasuna por el Athletic Club como fruto de una operación rocambolesca. Tal y como explicaba el protagonista en El Correo Vasco: “Estaba a punto de irme al Atlético de Madrid y, de repente, [Fermín] Ezcurra me dice que tenemos que ir a Zaragoza a negociar mi fichaje por el Athletic. Yo le dije que no quería porque estaba Zubizarreta y me podía pasar como en la Real con Arconada, que no jugara un partido. Pero allí estuvimos los tres clubes y el Barça se llevó a [Andoni] Zubizarreta desde Bilbao y yo entré en el Athletic”.
El origen de todo el embrollo fue que el Barcelona quería incorporar a Zubi al precio que hiciese falta. Pero para dejarle marchar, aparte de una gran suma de dinero, el Athletic quería que el conjunto culé le proporcionara un sustituto de garantías. Este, además, tenía que cumplir con los complejos parámetros de la entidad bilbaína en materia de fichajes. El hecho de que Vicente Biurrun fuese el elegido complicó aún más las cosas, ya que cuando la Real traspasó al guardameta a Osasuna en 1983 se acordó que los ‘txuri-urdin’ tendrían derecho a cobrar el 50% de un futuro traspaso. Por lo tanto, la operación, más típica de la NBA que de la Primera División española de los 80, tenía la difícil tarea de contentar hasta cuatro equipos diferentes, incluidos los tres grandes del fútbol de Euskadi y Navarra.
Con todo, a pesar de las protestas de la Real Sociedad por haber recibido menos dinero del que correspondía, San Mamés encontró un digno sustituto de Zubi en Vicente Biurrun, “un portero potente de piernas y con buenos reflejos, un tanto alejado del paradigma de metas clásicos de la historia del Athletic”, destaca Ángel Iturriaga en el extenso Diccionario de jugadores del Athletic Club. El arquero brasileño debutó con la casaca rojiblanca con una derrota contra el Sporting de Gijón, pero en Bilbao vivió los mejores años de su carrera futbolística.
De hecho, en tan solo cuatro campañas, Biurrun llegó a disputar hasta 173 encuentros con el Athletic, una cifra significativa teniendo en cuenta los fantasmas que, según subraya Eduardo Rodrigálvarez en Un soviético en la Catedral, rodean a los guardametas del Athletic: “Desde que se retiró Iribar, cada nuevo portero es recibido con aplausos, pero en su primer fallo, en su primera duda, en su primer asomo de inseguridad, el runrún corre por La Catedral como un botafumeiro de incienso revenido. Todos y cada uno de los porteros que han sucedido a Iribar lo han sufrido en mayor o menor medida”. En este sentido, uno de los que salió bien parado de este “estricto control de calidad” fue, precisamente, el brasileño.
Al término de la temporada 89-90, el portero se despidió de San Mamés y firmó por el Espanyol con el propósito de relevar a un referente de la afición blanquiazul como el camerunés Thomas N’Kono, que había fichado por el Sabadell. Según cuenta la leyenda, el Athletic vendió a Biurrun porque necesitaba dinero para financiar la incorporación del barcelonista Ernesto Valverde. En todo caso, los caminos de uno y otro se unieron al cabo de unos años, cuando, tras su retirada, el portero fundó una empresa de representación de jugadores y entrenadores que ahora trabaja, entre otros, con el actual técnico del Barcelona.
En sus dos primeros cursos en Sarriá, Biurrun fue un fijo para Luis Aragonés, Ljubomir Petrovic, Jaume Sabaté y Javier Clemente, los cuatro técnicos que se sucedieron en el banquillo del Espanyol. Sin embargo, en las dos campañas siguientes perdió la titularidad y decidió volver a cambiar de ciudad. En un bello giro de los acontecimientos, once años después de salir de la Real Sociedad, le salió la opción de regresar y retirarse en su equipo. “Me llamó [John Benjamin] Toshack y me dijo que necesitaba tenerme en el equipo, porque no sé si se fiaba en aquel momento con Alberto [López Fernández] y [Javier] Yubero, pero la verdad es que luego Alberto lo hizo fenomenal y sólo jugué seis partidos”, reconocía en 2016.
Ciertamente, tan solo disputó seis encuentros oficiales con la Real antes de retirarse en 1995, pero tampoco debió importarle demasiado a un tipo que, a los 34 años, alcanzó aquello con lo que soñaba cuando regresó de Brasil y empezó a jugar a fútbol en las playas de San Sebastián: disputar un partido con el primer equipo ‘txuri-urdin’.
Para muchos, quizás José Vicente Fernández Biurrun fue un jugador más de los 80 y los 90. Pero, cuando se arroja un poco de luz sobre su figura, se descubre que, además de destacar por disputar hasta 296 en Primera División y por los coloridos jerséis que le cosía a mano su tía Pauli, Biurrun es alguien diferente y que forma parte de dos grupos extraordinariamente selectos: el de los extranjeros que han jugado con los leones y el de los futbolistas que han defendido las camisetas del Athletic, con la Real y con el Osasuna. Y además, como admitía en 2017 en las páginas del Mundo Deportivo, guarda buen recuerdo de los tres: “Soy de la Real, pero el equipo que más me tira es el Athletic. En Bilbao viví los mejores años de mi carrera y allí, todavía hoy, me siento querido y apreciado. A Osasuna siempre le agradeceré que me diera la oportunidad de debutar y jugar en Primera”.
El Athletic es algo singular, es algo que se desvía completamente de los estándares actuales del balompié. Quizás suene exagerado, pero para muchos es así: están todos los clubes y luego está el Athletic. De hecho, por su peculiar idiosincrasia y por su particular política deportiva, hinchas de todos los rincones del universo futbolístico lo adoptan como su segundo o su tercer equipo. En algunos casos lo hacen de cara a la galería; en otros, por la necesidad de sentirse parte de una institución que, al contrario de lo que hacen la mayoría, no maltrata su pasado.
Con todo, tal y como asegura Eduardo Rodrigálvarez en Un soviético en la Catedral, un libro escrito en pasado que sirve perfectamente para explicar el presente, “la condición de aficionado del Athletic no venía única y necesariamente por vía vaginal, no era fruto del placer, primero, y del dolor, después; sino que podía ser adquirida como se aprende a hablar inglés”. “Aprendimos que había gente que no había nacido en Bilbao, ni vivía en Bilbao, y sin embargo era del Athletic”, añade unas líneas antes, retratando, con nostalgia, cómo vivieron la expansión del conjunto de San Mamés los aficionados de toda la vida.
En definitiva, “el Athletic no es diferente para ser diferente sino porque es diferente desde el principio”. Para ser más exactos, el cuadro bilbaíno empezó a ser diferente del resto en 1912, cuando dejaron el Athletic los últimos británicos que todavía permanecían en el club que habían ayudado a fundar catorce años antes, en 1898. A partir de entonces, se adoptó una costumbre que terminó convirtiéndose en una política -más o menos- inequívoca: la camiseta rojiblanca tan solo podía ser defendida por futbolistas vascos o por jugadores formados en equipos de Euskadi o Navarra.
Aun así, la norma no siempre se ha aplicado con la misma rigurosidad, provocando así una interminable serie de polémicas que, como apunta el periodista de El Correo Jon Agiriano, se condensan en una expresión: “¿Pero ese puede jugar en el Athletic?”. En este sentido, hace cincuenta años, hubiera sido impensable el fichaje de Cristian Ganea, un lateral izquierdo nacido en Rumanía y criado en Bizkaia que se incorporará al club en el próximo verano.
Pero lo cierto es que Ganea no será el primer foráneo en jugar con los leones. Antes que él, ya lo hicieron los franceses Bixente Lizarazu y Aymeric Laporte -aún en el equipo-, el mexicano Javier Iturriaga, el venezolano Fernando Amorebieta… y el portero brasileño José Vicente Fernández Biurrun, el primero de los seis jugadores que desde 1912 han cuestionado aquel eslogan, extremadamente desacertado, que se podía escuchar en los bares de Bilbao hace unas décadas: “Dios solo creó un equipo perfecto, a los demás los llenó de extranjeros”.
Como sugiere su nombre, Vicente Biurrun nació en tierras brasileñas -en Sao Paulo, concretamente- de forma circunstancial, ya que sus padres, inmigrantes vascos, se habían trasladado allí por motivos de trabajo. De hecho, a principios de los 60, cuando él tan solo tenía cinco años, la familia regresó a Guipúzcoa y se estableció en San Sebastián. “Cada uno nace donde le echan… No tengo más recuerdos que alguna foto que me enseñan. Ni he vuelto a Brasil”, recordaba el propio Biurrun en una entrevista en El Correo Vasco.
Como tantos otros niños de San Sebastián, Biurrun empezó a forjarse como futbolista en las playas donostiarras. Y, en 1981, tras pasar por el Danak y el Sanse, el joven guardameta cumplió el sueño de llegar al primer equipo de la Real Sociedad. En Anoeta, el guardameta pudo disfrutar de la época más brillante del conjunto ‘txuri-urdin’, ganó sus dos únicos títulos, una liga (81-82) y una Supercopa de España (82), y alcanzó las semifinales en la Copa de Europa. Pero Biurrun no estaba contento. “Se me convirtió en una especie de cárcel, muy bonita porque éramos un equipo campeón, pero aquello no me satisfacía”, reconocía en 2016.
El problema del arquero brasileño tenía nombre y apellidos: Luis Miguel Arconada. Y es que, cuando Biurrun llegó a la Real con la intención de comerse el mundo, se topó de frente con uno de los mejores porteros de la década de los 80 en Europa y no pudo disputar ni un solo partido oficial en dos cursos que debieron hacérsele eternos. “Arconada… es Arconada”, respondía, con resignación, en una entrevista en el Mundo Deportivo del año 1982 en la que le preguntaban por qué todavía no había debutado como ‘txuri-urdin’. Y añadía: “Soy una persona ambiciosa y lo que tengo muy claro es que acabaré triunfando en la Real… o en cualquier otro sitio. Tengo todo el tiempo del mundo por delante”. En la misma línea, hace poco más de un año, admitía en El Correo Vasco que lo que “necesitaba era jugar y no era satisfactorio estar sin poder hacerlo. Aprendí mucho al lado de aquellos jugadores excepcionales y me llevé una lección muy bien aprendida. Pero mi camino iba por otro lado”.
La siguiente parada del camino de Biurrun fue Pamplona, donde encontró una oportunidad para demostrar la valía que se le presuponía. Ciertamente, para el Osasuna era una apuesta muy arriesgada, ya que, tras dos temporadas sin tener minutos, el rendimiento del guardameta era toda una incógnita. Aun así, el mero hecho de haber vivido a la sombra de Arconada -y de Pedro Ochotorena- le dio el crédito suficiente para convencer a los dirigentes de El Sadar.
El día 6 de setiembre de 1983, en un encuentro contra el Salamanca que terminó con empate a cero, Biurrun volvió sonreír. Por fin había podido cumplir otra meta: estrenarse en Primera División. Sin embargo, parecía que, de nuevo, la felicidad no podía durar demasiado en la vida de este donostiarra nacido en Sao Paulo y, tras seis jornadas en el once del Iván Brzić, un grave error le hizo perder la titularidad en beneficio de Francisco Vicuña.
Finalmente, en el curso 84-85 Biurrun pudo conseguir la regularidad y se consolidó como uno de los mejores guardametas de la escena nacional. No empezó la temporada de titular, pero una grave lesión de Vicuña permitió que Pitinho, el sobrenombre con el que los osasunistas conocían a Biurrun por haberle parado un penalti al exjugador brasileño del Sevilla y por su buen dominio del juego con los pies, regresara a los esquemas del técnico serbio y que, con sus paradas, contribuyera decisivamente a que el Osasuna pudiera clasificarse por primera vez por una competición europea al terminar en el sexto lugar de la tabla.
Después de tres campañas en El Sadar, en 1986, Biurrun cambió el Osasuna por el Athletic Club como fruto de una operación rocambolesca. Tal y como explicaba el protagonista en El Correo Vasco: “Estaba a punto de irme al Atlético de Madrid y, de repente, [Fermín] Ezcurra me dice que tenemos que ir a Zaragoza a negociar mi fichaje por el Athletic. Yo le dije que no quería porque estaba Zubizarreta y me podía pasar como en la Real con Arconada, que no jugara un partido. Pero allí estuvimos los tres clubes y el Barça se llevó a [Andoni] Zubizarreta desde Bilbao y yo entré en el Athletic”.
El origen de todo el embrollo fue que el Barcelona quería incorporar a Zubi al precio que hiciese falta. Pero para dejarle marchar, aparte de una gran suma de dinero, el Athletic quería que el conjunto culé le proporcionara un sustituto de garantías. Este, además, tenía que cumplir con los complejos parámetros de la entidad bilbaína en materia de fichajes. El hecho de que Vicente Biurrun fuese el elegido complicó aún más las cosas, ya que cuando la Real traspasó al guardameta a Osasuna en 1983 se acordó que los ‘txuri-urdin’ tendrían derecho a cobrar el 50% de un futuro traspaso. Por lo tanto, la operación, más típica de la NBA que de la Primera División española de los 80, tenía la difícil tarea de contentar hasta cuatro equipos diferentes, incluidos los tres grandes del fútbol de Euskadi y Navarra.
Con todo, a pesar de las protestas de la Real Sociedad por haber recibido menos dinero del que correspondía, San Mamés encontró un digno sustituto de Zubi en Vicente Biurrun, “un portero potente de piernas y con buenos reflejos, un tanto alejado del paradigma de metas clásicos de la historia del Athletic”, destaca Ángel Iturriaga en el extenso Diccionario de jugadores del Athletic Club. El arquero brasileño debutó con la casaca rojiblanca con una derrota contra el Sporting de Gijón, pero en Bilbao vivió los mejores años de su carrera futbolística.
De hecho, en tan solo cuatro campañas, Biurrun llegó a disputar hasta 173 encuentros con el Athletic, una cifra significativa teniendo en cuenta los fantasmas que, según subraya Eduardo Rodrigálvarez en Un soviético en la Catedral, rodean a los guardametas del Athletic: “Desde que se retiró Iribar, cada nuevo portero es recibido con aplausos, pero en su primer fallo, en su primera duda, en su primer asomo de inseguridad, el runrún corre por La Catedral como un botafumeiro de incienso revenido. Todos y cada uno de los porteros que han sucedido a Iribar lo han sufrido en mayor o menor medida”. En este sentido, uno de los que salió bien parado de este “estricto control de calidad” fue, precisamente, el brasileño.
Al término de la temporada 89-90, el portero se despidió de San Mamés y firmó por el Espanyol con el propósito de relevar a un referente de la afición blanquiazul como el camerunés Thomas N’Kono, que había fichado por el Sabadell. Según cuenta la leyenda, el Athletic vendió a Biurrun porque necesitaba dinero para financiar la incorporación del barcelonista Ernesto Valverde. En todo caso, los caminos de uno y otro se unieron al cabo de unos años, cuando, tras su retirada, el portero fundó una empresa de representación de jugadores y entrenadores que ahora trabaja, entre otros, con el actual técnico del Barcelona.
En sus dos primeros cursos en Sarriá, Biurrun fue un fijo para Luis Aragonés, Ljubomir Petrovic, Jaume Sabaté y Javier Clemente, los cuatro técnicos que se sucedieron en el banquillo del Espanyol. Sin embargo, en las dos campañas siguientes perdió la titularidad y decidió volver a cambiar de ciudad. En un bello giro de los acontecimientos, once años después de salir de la Real Sociedad, le salió la opción de regresar y retirarse en su equipo. “Me llamó [John Benjamin] Toshack y me dijo que necesitaba tenerme en el equipo, porque no sé si se fiaba en aquel momento con Alberto [López Fernández] y [Javier] Yubero, pero la verdad es que luego Alberto lo hizo fenomenal y sólo jugué seis partidos”, reconocía en 2016.
Ciertamente, tan solo disputó seis encuentros oficiales con la Real antes de retirarse en 1995, pero tampoco debió importarle demasiado a un tipo que, a los 34 años, alcanzó aquello con lo que soñaba cuando regresó de Brasil y empezó a jugar a fútbol en las playas de San Sebastián: disputar un partido con el primer equipo ‘txuri-urdin’.
Para muchos, quizás José Vicente Fernández Biurrun fue un jugador más de los 80 y los 90. Pero, cuando se arroja un poco de luz sobre su figura, se descubre que, además de destacar por disputar hasta 296 en Primera División y por los coloridos jerséis que le cosía a mano su tía Pauli, Biurrun es alguien diferente y que forma parte de dos grupos extraordinariamente selectos: el de los extranjeros que han jugado con los leones y el de los futbolistas que han defendido las camisetas del Athletic, con la Real y con el Osasuna. Y además, como admitía en 2017 en las páginas del Mundo Deportivo, guarda buen recuerdo de los tres: “Soy de la Real, pero el equipo que más me tira es el Athletic. En Bilbao viví los mejores años de mi carrera y allí, todavía hoy, me siento querido y apreciado. A Osasuna siempre le agradeceré que me diera la oportunidad de debutar y jugar en Primera”.
Marcar terreno
Artículo publicado por Julen Guerrero en el diario El Correo el 19//01/2018
El Athletic comienza hoy la segunda vuelta frente al Getafe sumergido en una buena racha de resultados. Con cinco empates y tres victorias son ya ocho partidos sin perder y da la sensación de que el equipo está encontrando el equilibrio, sobre todo basado en una buena estructura defensiva. Solo ha encajado cinco goles en este período. Encontrar ahora una mayor fluidez ofensiva será clave para seguir escalando posiciones en la clasificación y empezar a conjugar resultados y juego.
Para poder pelear por algo importante, estos primeros partidos de la segunda vuelta resultarán claves a fin de situarse en la pelea por los puestos europeos. Todo está muy igualado. Tan solo nueve puntos separan al cuarto clasificado, que da acceso a la Champions, con el decimoquinto. Son 12 equipos implicados, cada uno con diferentes aspiraciones, pero seguro que una buena racha en las próximas jornadas dará posibilidades a cualquiera que lo consiga de pelear por entrar en Europa.
Por eso, el Athletic tiene que mostrar esa ambición empezando hoy mismo. En este momento, el Athletic es un rival directo en esa pelea y todo lo que no sea seguir sumando daría cierta ventaja a un equipo que se está mostrando muy fiable y regular desde el inicio de la temporada. Recordemos además que el resultado final del partido de la primera vuelta en San Mamés fue de empate a cero, con lo que queda en juego también el golaverage particular.
De los diez partidos que ha jugado hasta ahora en casa el Getafe solo Sevilla, Barça y Real Madrid, sufriendo y por la mínima, han conseguido llevarse los tres puntos. 19 de los 26 logrados los ha conseguido en el Coliseum Alfonso Pérez, donde únicamente ha encajado siete goles hasta el momento. Su campo es su fortaleza.
El Getafe es un equipo que te hace el partido incómodo. Su juego está basado en ser un bloque compacto, con las lineas muy juntas y preparado para salir al contraataque. En absoluto les importa que el desarrollo del mismo sea trabado y pasen los minutos sin que ocurran cosas trascendentes. Ahí se sienten cómodos. Si se pone por delante es un equipo contra el que es muy difícil dar la vuelta al marcador, pero no tiene prisa en ir a buscar la portería contraria si esto le supone asumir demasiados riesgos. Tiene la paciencia suficiente como para esperar su oportunidad.
Para contrarrestar su solidez defensiva, el Athletic necesitará tener un juego menos previsible. La movilidad entre lineas y la incorporación de los laterales se antojan fundamentales para romper su estructura defensiva. Se muestran fuertes contra equipos que practican un fútbol directo y sufren si tienen enfrente jugadores dinámicos, que aparecen y no están estáticos.
Dotar de continuidad al juego será fundamental para que el Athletic pueda encontrar el ritmo adecuado y dejar su seña de identidad. No entrar en parones sin sentido, por muchas faltas que haya, que descentren al equipo de un desarrollo fluido del encuentro e impidan continuidad dará mas posibilidades de éxito al equipo rojiblanco.
En el partido de hoy se verán las intenciones del Athletic para esta temporada. Quizá ésta sea la más igualada de los últimos años en la parte central de la clasificación a estas alturas del campeonato. En los momentos decisivos, la historia y experiencia deben aparecer y el Athletic acostumbra a dar un zarpazo cuando lo necesita. Hoy toca marcar territorio.
El Athletic comienza hoy la segunda vuelta frente al Getafe sumergido en una buena racha de resultados. Con cinco empates y tres victorias son ya ocho partidos sin perder y da la sensación de que el equipo está encontrando el equilibrio, sobre todo basado en una buena estructura defensiva. Solo ha encajado cinco goles en este período. Encontrar ahora una mayor fluidez ofensiva será clave para seguir escalando posiciones en la clasificación y empezar a conjugar resultados y juego.
Para poder pelear por algo importante, estos primeros partidos de la segunda vuelta resultarán claves a fin de situarse en la pelea por los puestos europeos. Todo está muy igualado. Tan solo nueve puntos separan al cuarto clasificado, que da acceso a la Champions, con el decimoquinto. Son 12 equipos implicados, cada uno con diferentes aspiraciones, pero seguro que una buena racha en las próximas jornadas dará posibilidades a cualquiera que lo consiga de pelear por entrar en Europa.
Por eso, el Athletic tiene que mostrar esa ambición empezando hoy mismo. En este momento, el Athletic es un rival directo en esa pelea y todo lo que no sea seguir sumando daría cierta ventaja a un equipo que se está mostrando muy fiable y regular desde el inicio de la temporada. Recordemos además que el resultado final del partido de la primera vuelta en San Mamés fue de empate a cero, con lo que queda en juego también el golaverage particular.
De los diez partidos que ha jugado hasta ahora en casa el Getafe solo Sevilla, Barça y Real Madrid, sufriendo y por la mínima, han conseguido llevarse los tres puntos. 19 de los 26 logrados los ha conseguido en el Coliseum Alfonso Pérez, donde únicamente ha encajado siete goles hasta el momento. Su campo es su fortaleza.
El Getafe es un equipo que te hace el partido incómodo. Su juego está basado en ser un bloque compacto, con las lineas muy juntas y preparado para salir al contraataque. En absoluto les importa que el desarrollo del mismo sea trabado y pasen los minutos sin que ocurran cosas trascendentes. Ahí se sienten cómodos. Si se pone por delante es un equipo contra el que es muy difícil dar la vuelta al marcador, pero no tiene prisa en ir a buscar la portería contraria si esto le supone asumir demasiados riesgos. Tiene la paciencia suficiente como para esperar su oportunidad.
Para contrarrestar su solidez defensiva, el Athletic necesitará tener un juego menos previsible. La movilidad entre lineas y la incorporación de los laterales se antojan fundamentales para romper su estructura defensiva. Se muestran fuertes contra equipos que practican un fútbol directo y sufren si tienen enfrente jugadores dinámicos, que aparecen y no están estáticos.
Dotar de continuidad al juego será fundamental para que el Athletic pueda encontrar el ritmo adecuado y dejar su seña de identidad. No entrar en parones sin sentido, por muchas faltas que haya, que descentren al equipo de un desarrollo fluido del encuentro e impidan continuidad dará mas posibilidades de éxito al equipo rojiblanco.
En el partido de hoy se verán las intenciones del Athletic para esta temporada. Quizá ésta sea la más igualada de los últimos años en la parte central de la clasificación a estas alturas del campeonato. En los momentos decisivos, la historia y experiencia deben aparecer y el Athletic acostumbra a dar un zarpazo cuando lo necesita. Hoy toca marcar territorio.
miércoles, 17 de enero de 2018
La primera final europea del Athletic Club: derrota en blanco y negro
Artículo publicado por Igor Santos Salazar en www.losotros18.com el 17/01/2018
Si caminando por las calles de Bilbao preguntáis por la primera final europea del Athletic, el caudal de memoria que habréis evocado terminará por confluir, con total seguridad, en el recuerdo de los partidos jugados en la primavera de 1977 contra la Juventus. El 1-0 del Olímpico al que siguió, dos semanas después, un 2-1 en San Mamés (entonces las finales no eran a partido único). Un resultado insuficiente para que el conjunto rojiblanco pudiese levantar su primer título continental. Como si de una oración se tratase muchos os recitarán Iribar, Villar, Irureta, Dani, Rojo… Santos laicos que no pudieron contrarrestar al equipo del abogado Agnelli, aquel formado por buena parte de la selección italiana: Zoff, Gentile, Cabrini, Scirea, Tardelli, Bettega…
Los más jóvenes, sin embargo, dirán que de aquella final conservan pocas imágenes, todas filtradas a través de una televisión o de un vídeo colgado en internet. Y quizás prefieran compartir con vosotros sus recuerdos de otra final europea. De otra derrota. Bucarest 2012.
Muy pocos, casi ninguno, habrán respondido correctamente a vuestra pregunta inicial. Pues la primera final europea del Athletic no coincide en el calendario con el año 1977. Es necesario escalar por las paredes del tiempo y hollar el amarillo que tiñe las páginas de viejos cotidianos y de antiguas fotos para llegar a las alturas de oxígeno enrarecido de una España triste, en blanco y negro; para adentrarse en la aventura de la primera final europea del conjunto bilbaino: la Copa Latina disputada en Milán un 3 de julio de 1956, pocos meses después de la concesión del Premio Nobel de Literatura a Juan Ramón Jiménez, poeta en el exilio.
Una copa en la posguerra
La Copa Latina fue creada en 1949 tras alcanzar un acuerdo las federaciones de fútbol de Portugal, España, Francia e Italia – la Uefa nacía como institución solo en 1954. A la nueva competición debían concurrir los campeones nacionales que, con la temporada de sus respectivos países concluída, se enfrentaban en el campo de uno de los cuatro equipos participantes siguiendo la fórmula de dos semifinales y final, como en la actual Euroliga de Basket. Además cada cuatro años se proclamaba a la federación ganadora en base a los puntos conseguidos por sus equipos durante los años anteriores (cada temporada el campeón recibía 4, el subcampeón 3 etc.).
La Copa se caracterizó muy pronto por desajustes organizativos. A la renuncia de algunos campeones a participar en ella, como la Juventus, el Inter o el Benfica en las ediciones de los años 1950, 1953 y 1955 se unió su suspensión en 1954. Un parón justificado por la coincidencia en el calendario con el Mundial de Suecia. La creación de la Copa de Europa en la temporada 1955/56 iba a representar su condena a muerte, y ello a pesar de que durante dos años (56 y 57) se disputó de forma conjunta, siendo el Real Madrid campeón en la edición de 1957. El conjunto blanco se hacía así con un curioso doblete, Copa de Europa – Copa Latina. Como muchos ya habían intuido, tras la pausa provocada por la celebración del Mundial de 1958, la Copa Latina dejó de existir, confluyendo definitivamente todas las federaciones europeas en la Copa de Europa.
Se seguía así la voluntad de agregación institucional y competitiva que caracterizó la acción política del secretario de la Uefa, Henry Delaunay. Una historia en parte diferente a la que vivió la más veterana Mitropa Cup, creada en 1927 entre los países de la Europa Central e Italia. Suspendida tras 1940 por el caos en el que sumió al continente la II Guerra Mundial, motivaciones políticas dictadas al calor de la Guerra Fría provocaron su refundación en 1955. Nunca pudo sostener la competencia de la nueva Copa de Europa a pesar de mantenerse con vida, si bien con un prestigio muy menor, hasta 1992, año de su definitiva supresión.
En el caso de la Copa Latina, repasar su palmarés basta para demostrar la importancia relativa de la competición: los equipos que se alzaron con ella siguen siendo protagonistas del fútbol europeo (Barcelona, Milan, Real Madrid…) y muchos de sus participantes, desde el Torino inmediatamente posterior al desastre de Superga, al Athletic o al Stade de Reims, han escrito páginas épicas de la historia del balompié europeo.
Arena Cívica, 3 de julio de 1956. El inicio de una tradición
Tras una temporada triunfal en la que el Athletic dirigido por Ferdinand Daučík había ganado la Liga y la Copa, el equipo rojiblanco llegó a una Milán sumergida en el bochorno estival tras 33 horas de viaje ferroviario (vía Barcelona y Niza). Al menos esto es cuanto relata José María Unibaso Landa (en arte Joma), el periodista deportivo de la Gaceta del Norte que acompañó al equipo durante buena parte de aquel viaje a Italia. Tras el sorteo de las semifinales, la tropa bilbaina supo que debía eliminar en la semifinal al Niza, en busca de una final en la que su oponente saldría del encuentro entre el Milan (la Fiorentina, campeona de Italia, había renunciado) y el Benfica (el Oporto, campeón luso, había hecho lo mismo). Es interesante observar como la prensa italiana consideraba entonces al Athletic como principal favorito para alzarse con la victoria en el torneo. Periodistas que veían también en Maguregi al “mejor medio del continente”.
El escenario elegido no fue San Siro, terreno de juego entonces propiedad del Milan. Los partidos se jugaron en la Arena Cívica, dotada de iluminación para los partidos nocturnos. Era, y aún es, un espectacular anfiteatro neoclásico inaugurado por Napoleón Bonaparte el 18 agosto de 1807. Un espacio en el que se desarrollaban multitud de actividades deportivas, desde los partidos del Inter al lanzamiento de jabalina, y que a veces había servido también para disputar naumaquias en la más pura tradición de la Roma clásica. Una pieza fundamental en el horizonte futbolístico de la ciudad de San Ambrosio que pasa siempre inadvertido a las multitudes turísticas que cada año invaden las calles de Milán y que aún hoy es sede de los partidos como local del Brera Calcio.
En aquellos días la Arena fue testigo de todos los partidos de la competición. Ya en las seminifinales, los presagios de la prensa se fueron confirmando con la victoria del Milan sobre el Benfica (4-2) y del marcador (2-0) con el que el Athletic se impuso al conjunto francés, goles de Marcaida y Arieta, en una primera parte de juego sensacional (la crítica fue unánime) de los “leones”.
De este modo se llegó al día de la final. El encuentro entre los rossoneri y los zurigorri, previsto para las 21.30 de la noche, se retrasó hasta las 22.20 para dar espacio a la prórroga que dilucidó el tercer puesto del Benfica. Solo entonces el once inicial del Athletic compuesto por Carmelo, Orue, Garay, Canito, Mauri, Maguregi, Artetxe, Marcaida, Arieta, Uribe y Gaínza entró en el terreno de juego para enfrentarse al equipo anfitrión ante más de 40.000 espectadores. A pesar de un relativo dominio territorial del conjunto vasco, el Milan marcó primero, por obra de Bagnoli, el mismo a quien el tiempo tenía reservado un lugar especial en la historia del “calcio”: conseguiría sorprendentemente el “scudetto” en 1984 como entrenador del Hellas-Verona.
Ya iniciada la segunda mitad, Artetxe empató el partido. Parecía que el equipo bilbaino iba a confirmar los pronósticos. Nada más lejos de la realidad. Un ordenado Milan consiguió primero el 2-1 mediante Dalmonte y a cinco minutos de la conclusión Schiaffino batió de nuevo a Carmelo para situar el definitivo 3-1 en el marcador. El Milan de Maldini padre, Liedholm y el portero Buffon (Lorenzo, no Gianluigi) se adornaba con la segunda Copa Latina de su historia.
Tras la derrota, los jugadores, técnicos y directiva del Athletic continuaron su viaje por Italia: destino Roma. En el Vaticano iban a ser recibidos en audiencia privada por papa Pío XII. Aquella bendición apostólica no iba a impedir que el Athletic inaugurase en un verano en blanco y negro una pequeña, desafortunada tradición. La de la derrota en las finales europeas. En las tres finales europeas: 1956, 1977, 2012.
Antes o después las tradiciones terminan. La utopía rojiblanca continúa.
Si caminando por las calles de Bilbao preguntáis por la primera final europea del Athletic, el caudal de memoria que habréis evocado terminará por confluir, con total seguridad, en el recuerdo de los partidos jugados en la primavera de 1977 contra la Juventus. El 1-0 del Olímpico al que siguió, dos semanas después, un 2-1 en San Mamés (entonces las finales no eran a partido único). Un resultado insuficiente para que el conjunto rojiblanco pudiese levantar su primer título continental. Como si de una oración se tratase muchos os recitarán Iribar, Villar, Irureta, Dani, Rojo… Santos laicos que no pudieron contrarrestar al equipo del abogado Agnelli, aquel formado por buena parte de la selección italiana: Zoff, Gentile, Cabrini, Scirea, Tardelli, Bettega…
Los más jóvenes, sin embargo, dirán que de aquella final conservan pocas imágenes, todas filtradas a través de una televisión o de un vídeo colgado en internet. Y quizás prefieran compartir con vosotros sus recuerdos de otra final europea. De otra derrota. Bucarest 2012.
Muy pocos, casi ninguno, habrán respondido correctamente a vuestra pregunta inicial. Pues la primera final europea del Athletic no coincide en el calendario con el año 1977. Es necesario escalar por las paredes del tiempo y hollar el amarillo que tiñe las páginas de viejos cotidianos y de antiguas fotos para llegar a las alturas de oxígeno enrarecido de una España triste, en blanco y negro; para adentrarse en la aventura de la primera final europea del conjunto bilbaino: la Copa Latina disputada en Milán un 3 de julio de 1956, pocos meses después de la concesión del Premio Nobel de Literatura a Juan Ramón Jiménez, poeta en el exilio.
Una copa en la posguerra
La Copa Latina fue creada en 1949 tras alcanzar un acuerdo las federaciones de fútbol de Portugal, España, Francia e Italia – la Uefa nacía como institución solo en 1954. A la nueva competición debían concurrir los campeones nacionales que, con la temporada de sus respectivos países concluída, se enfrentaban en el campo de uno de los cuatro equipos participantes siguiendo la fórmula de dos semifinales y final, como en la actual Euroliga de Basket. Además cada cuatro años se proclamaba a la federación ganadora en base a los puntos conseguidos por sus equipos durante los años anteriores (cada temporada el campeón recibía 4, el subcampeón 3 etc.).
La Copa se caracterizó muy pronto por desajustes organizativos. A la renuncia de algunos campeones a participar en ella, como la Juventus, el Inter o el Benfica en las ediciones de los años 1950, 1953 y 1955 se unió su suspensión en 1954. Un parón justificado por la coincidencia en el calendario con el Mundial de Suecia. La creación de la Copa de Europa en la temporada 1955/56 iba a representar su condena a muerte, y ello a pesar de que durante dos años (56 y 57) se disputó de forma conjunta, siendo el Real Madrid campeón en la edición de 1957. El conjunto blanco se hacía así con un curioso doblete, Copa de Europa – Copa Latina. Como muchos ya habían intuido, tras la pausa provocada por la celebración del Mundial de 1958, la Copa Latina dejó de existir, confluyendo definitivamente todas las federaciones europeas en la Copa de Europa.
Se seguía así la voluntad de agregación institucional y competitiva que caracterizó la acción política del secretario de la Uefa, Henry Delaunay. Una historia en parte diferente a la que vivió la más veterana Mitropa Cup, creada en 1927 entre los países de la Europa Central e Italia. Suspendida tras 1940 por el caos en el que sumió al continente la II Guerra Mundial, motivaciones políticas dictadas al calor de la Guerra Fría provocaron su refundación en 1955. Nunca pudo sostener la competencia de la nueva Copa de Europa a pesar de mantenerse con vida, si bien con un prestigio muy menor, hasta 1992, año de su definitiva supresión.
En el caso de la Copa Latina, repasar su palmarés basta para demostrar la importancia relativa de la competición: los equipos que se alzaron con ella siguen siendo protagonistas del fútbol europeo (Barcelona, Milan, Real Madrid…) y muchos de sus participantes, desde el Torino inmediatamente posterior al desastre de Superga, al Athletic o al Stade de Reims, han escrito páginas épicas de la historia del balompié europeo.
Arena Cívica, 3 de julio de 1956. El inicio de una tradición
Tras una temporada triunfal en la que el Athletic dirigido por Ferdinand Daučík había ganado la Liga y la Copa, el equipo rojiblanco llegó a una Milán sumergida en el bochorno estival tras 33 horas de viaje ferroviario (vía Barcelona y Niza). Al menos esto es cuanto relata José María Unibaso Landa (en arte Joma), el periodista deportivo de la Gaceta del Norte que acompañó al equipo durante buena parte de aquel viaje a Italia. Tras el sorteo de las semifinales, la tropa bilbaina supo que debía eliminar en la semifinal al Niza, en busca de una final en la que su oponente saldría del encuentro entre el Milan (la Fiorentina, campeona de Italia, había renunciado) y el Benfica (el Oporto, campeón luso, había hecho lo mismo). Es interesante observar como la prensa italiana consideraba entonces al Athletic como principal favorito para alzarse con la victoria en el torneo. Periodistas que veían también en Maguregi al “mejor medio del continente”.
El escenario elegido no fue San Siro, terreno de juego entonces propiedad del Milan. Los partidos se jugaron en la Arena Cívica, dotada de iluminación para los partidos nocturnos. Era, y aún es, un espectacular anfiteatro neoclásico inaugurado por Napoleón Bonaparte el 18 agosto de 1807. Un espacio en el que se desarrollaban multitud de actividades deportivas, desde los partidos del Inter al lanzamiento de jabalina, y que a veces había servido también para disputar naumaquias en la más pura tradición de la Roma clásica. Una pieza fundamental en el horizonte futbolístico de la ciudad de San Ambrosio que pasa siempre inadvertido a las multitudes turísticas que cada año invaden las calles de Milán y que aún hoy es sede de los partidos como local del Brera Calcio.
En aquellos días la Arena fue testigo de todos los partidos de la competición. Ya en las seminifinales, los presagios de la prensa se fueron confirmando con la victoria del Milan sobre el Benfica (4-2) y del marcador (2-0) con el que el Athletic se impuso al conjunto francés, goles de Marcaida y Arieta, en una primera parte de juego sensacional (la crítica fue unánime) de los “leones”.
De este modo se llegó al día de la final. El encuentro entre los rossoneri y los zurigorri, previsto para las 21.30 de la noche, se retrasó hasta las 22.20 para dar espacio a la prórroga que dilucidó el tercer puesto del Benfica. Solo entonces el once inicial del Athletic compuesto por Carmelo, Orue, Garay, Canito, Mauri, Maguregi, Artetxe, Marcaida, Arieta, Uribe y Gaínza entró en el terreno de juego para enfrentarse al equipo anfitrión ante más de 40.000 espectadores. A pesar de un relativo dominio territorial del conjunto vasco, el Milan marcó primero, por obra de Bagnoli, el mismo a quien el tiempo tenía reservado un lugar especial en la historia del “calcio”: conseguiría sorprendentemente el “scudetto” en 1984 como entrenador del Hellas-Verona.
Ya iniciada la segunda mitad, Artetxe empató el partido. Parecía que el equipo bilbaino iba a confirmar los pronósticos. Nada más lejos de la realidad. Un ordenado Milan consiguió primero el 2-1 mediante Dalmonte y a cinco minutos de la conclusión Schiaffino batió de nuevo a Carmelo para situar el definitivo 3-1 en el marcador. El Milan de Maldini padre, Liedholm y el portero Buffon (Lorenzo, no Gianluigi) se adornaba con la segunda Copa Latina de su historia.
Tras la derrota, los jugadores, técnicos y directiva del Athletic continuaron su viaje por Italia: destino Roma. En el Vaticano iban a ser recibidos en audiencia privada por papa Pío XII. Aquella bendición apostólica no iba a impedir que el Athletic inaugurase en un verano en blanco y negro una pequeña, desafortunada tradición. La de la derrota en las finales europeas. En las tres finales europeas: 1956, 1977, 2012.
Antes o después las tradiciones terminan. La utopía rojiblanca continúa.
martes, 16 de enero de 2018
Erika, la catalizadora
Artículo publicado por Iñaki Martín Abraldes en www.fiebrerojiblanca.com el 16/01/2018
Trece temporadas, 340 partidos y 246 goles es el impresionante balance de la jugadora rojiblanca
Como el paladio en la química orgánica, Erika cataliza un porcentaje altísimo de las jugadas de peligro del Athletic, pues prácticamente no hay ocasión de gol de las leonas en las que el balón no haya pasado por sus botas. Sin ir más lejos, el domingo pasado frente al Santa Teresa, las ocasiones más claras llegaron por el sector izquierdo, el perfil del campo que domina Erika, y en el que tiene a Nekane, su mejor socia, que tanto es así que se pasan los partidos corrigiéndose y dándose soluciones la una a la otra.
En la química también ocurre que sin metal de por medio no ocurre lo que uno quiere o espera, los átomos no se buscan porque no hay nadie que los presente para que se conozcan y formen una relación que nadie pueda romper. Y es que la temporada en la que Erika sufrió una lesión que se fue complicando y que, a priori, no parecía grave, al equipo le costaba un mundo encontrar las vías de escape de las rivales. Y la que más sufría esa orfandad era Nekane.
13 temporadas lleva Erika en el primer equipo, 340 partidos y 246 goles, que se dice pronto, pues ya formaba parte de aquel Athletic que ganó su tercera liga de forma consecutiva en la 2004-05. Y aquí sigue, siendo el eje del juego ofensivo, habiendo tenido que retrasar su posición, de delantera o extremo a interior o mediapunta, ha perdido en velocidad pero ha ganado en comprensión del juego. Lo que en ella se mantiene inalterable son las ganas, el sacrificio, el olfato goleador y las buenas maneras fuera del campo, siempre dispuesta a hablar con una sonrisa, una chica muy muy futbolera que no falla a charlas sobre fútbol, psicología o lo que sea necesario para mejorar y aprender. Es un ejemplo en el que deben mirarse jugadoras como Maite Oroz o Lucía García, encaminadas a ser los metales pesados del equipo rojiblanco.
Trece temporadas, 340 partidos y 246 goles es el impresionante balance de la jugadora rojiblanca
Como el paladio en la química orgánica, Erika cataliza un porcentaje altísimo de las jugadas de peligro del Athletic, pues prácticamente no hay ocasión de gol de las leonas en las que el balón no haya pasado por sus botas. Sin ir más lejos, el domingo pasado frente al Santa Teresa, las ocasiones más claras llegaron por el sector izquierdo, el perfil del campo que domina Erika, y en el que tiene a Nekane, su mejor socia, que tanto es así que se pasan los partidos corrigiéndose y dándose soluciones la una a la otra.
En la química también ocurre que sin metal de por medio no ocurre lo que uno quiere o espera, los átomos no se buscan porque no hay nadie que los presente para que se conozcan y formen una relación que nadie pueda romper. Y es que la temporada en la que Erika sufrió una lesión que se fue complicando y que, a priori, no parecía grave, al equipo le costaba un mundo encontrar las vías de escape de las rivales. Y la que más sufría esa orfandad era Nekane.
13 temporadas lleva Erika en el primer equipo, 340 partidos y 246 goles, que se dice pronto, pues ya formaba parte de aquel Athletic que ganó su tercera liga de forma consecutiva en la 2004-05. Y aquí sigue, siendo el eje del juego ofensivo, habiendo tenido que retrasar su posición, de delantera o extremo a interior o mediapunta, ha perdido en velocidad pero ha ganado en comprensión del juego. Lo que en ella se mantiene inalterable son las ganas, el sacrificio, el olfato goleador y las buenas maneras fuera del campo, siempre dispuesta a hablar con una sonrisa, una chica muy muy futbolera que no falla a charlas sobre fútbol, psicología o lo que sea necesario para mejorar y aprender. Es un ejemplo en el que deben mirarse jugadoras como Maite Oroz o Lucía García, encaminadas a ser los metales pesados del equipo rojiblanco.
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