Artículo publicado por Unai Larrea* en el diario Deia el 09/09/2013
Txetxu Rojo y Johan Cruyff reviven las mil y una batallas que libraron durante la década de los setenta en el viejo San Mamés para 'Un siglo y 90 minutos', el documental que repasa su historia
Johan Cruyff esquiva la mano que le tiende Txetxu Rojo y le propina uno de esos abrazos que, por sinceros y rotundos, permiten incluso al testigo menos avezado percatarse de que un vínculo muy estrecho conecta a quienes lo protagonizan: es el fútbol, claro, pero no observado desde su cada vez más marcado perfil mercantilista, sino desde una perspectiva mucho más angulosa. La juventud, el esplendor y la fama de los 70 han mutado hoy en recuerdos, madurez, nostalgia... Llevan años sin verse, pero acabado el abrazo, la conversación brota como si el tiempo no hubiese corrido, aún luciesen los dorsales 14 y 11, y estuviesen a punto de saltar al césped.
Es 30 de mayo y al viejo campo de San Mamés apenas le queda una semana de vida. Un compromiso de última hora impide a Cruyff desplazarse hasta Bilbao, como tenía previsto. Por fortuna, Rojo accede a viajar a Barcelona, consciente del valor añadido, infinito, que su reencuentro con el holandés aportará a Un siglo y 90 minutos, el documental que aspira a perpetuar la mística de La Catedral.
Txetxu Rojo. Empecé a ir a ver al Athletic a San Mamés con 11 o 12 años. Con esas edades ya se te queda grabado lo que es el Athletic, pero no entendías la extensión que tenía en todos los aspectos. Y muy pronto empecé a jugar. Yo antes jugué en el Firestone, con 16 años, y nos tocó jugar a una selección de Bizkaia la Copa allí, en San Mamés, con el Firestone. Y luego ya fiché con 17 años por el Athletic juvenil, y al año siguiente ya jugué en el equipo profesional. Ahí es donde empiezas a ver las cosas de otra forma, aprendiendo, escuchando a los jugadores que son veteranos y que te transmiten una serie de valores... Recuerdo mi primer partido, que fue contra el Atlético de Madrid, y mi salida al campo, porque entonces salíamos por un lateral del campo, y nada más salir los chavales echaban unos balones, y la gente empezaba a aplaudir y a rugir... Recuerdo que, aquel día, lo primero que pensé cuando los chavales me vinieron a tirar el balón fue: 'Joder, que esté yo aquí, cuando hace seis años empecé a venir a verlos...'. Me queda el recuerdo aquel, y luego el de toda la gente, por supuesto, que conocí en los 17 años que estuve de profesional.
Johan Cruyff. De las primeras veces que vine a San Mamés, me sorprendió, y es lo que recuerdo más claramente, la escalera, la escalera de acceso al campo, tan empinada... Y, en segundo lugar, que te encuentras en lo que nosotros, los holandeses, llamamos un campo inglés: que la gente está encima, con esas tribunas tan verticales... Y cuando sales... ostras.
T. R. Sí, incluso a nosotros nos impresionaba... San Mamés transmitía algo a todo el mundo, a todos les gustaba jugar allí...
J. C. Sí, sí, sí...
T. R. Y empiezan a gritar, y te centras en el partido... En cambio, esos campos vacíos no transmiten nada.
J. C. Jugar en un campo lleno da calidad al fútbol. Y si el campo está lleno, y la gente está encima, y la gente canta, y está haciendo ruido...
T. R. Eso lo sientes dentro.
J. C. La presión te hace mejor. Mira a Stoitchkov, él lo tenía. No tiene nada que ver con ser listo o no, es cómo eres por dentro.
T. R. Con corazón.
J. C. Hablando de corazón y de San Mamés... Este es uno de los detalles que tiene el fútbol, y una de las cosas más emocionantes que he vivido. Siendo yo entrenador, el Barça ganó 0-6 en San Mamés, pero yo no me senté ese día en el banquillo, porque yo tenía la operación... Fue justo esa semana que me operaron del corazón, un by pass, angina de pecho creo que se llama esto. Y estaba yo operado en el hospital, y estaba medio atontado... Entonces, y esto me lo ha contado mi mujer porque yo estaba pero no estaba, llega Hristo al hospital, con el que siempre tuve una relación muy buena, muy emocionante. 'No, no, yo quiero hablar un momento con el mister', ha dicho Hristo. Y los médicos: 'No se puede, no, no'. 'Eh, yo tengo que hablar con él'. Tú ya sabes cómo es Hristo...
T. R. Sí, sí, cómo es él (risas).
J. C. Al final, no sé cómo, Hristo llega a mi habitación. De repente, entra. Yo estaba medio tocado, y me dice: Psssstttt, mister. Este domingo hay un partido importante contra el Bilbao, pero tú no te preocupes: Hristo arregla el partido. Eh, no pienses, no te preocupes: Hristo arregla el partido. No te preocupes, eh... No te preocupes ni un minuto. El partido lo va a arreglar el Hristo. Como te digo yo. Vete a dormir y recupérate. Adiós, y se ha ido. ¡Resulta que el chico ha jugado como un angelito, ha marcado cuatro goles y ha arreglado el partido!
T. R. El mejor partido de su vida.
J. C. Creo que ha hecho su mejor partido, porque le ha salido de dentro. Y estas son las cosas tan bonitas de la gente, del esfuerzo, de lo que cada uno es capaz... No es un recuerdo feliz para el Athletic por el resultado, pero es una de esas cosas que te marcan en la vida. Y para mí, en mi relación con Bilbao, es una cosa especial. Una vez más ves la calidad humana. Esas son las cosas más bonitas de la vida, pienso yo.
T. R. Y tú, Johan, el primer partido que jugaste en San Mamés, ¿cómo lo recuerdas?
J. C. Ostras, ves un campo diferente al resto. Ves un clima diferente... Yo lo conocía de la televisión y lo relacionaba con el fútbol inglés. Yo ya había jugado muchos partidos, y ya había ganado tres Copas de Europa... pero ese campo era diferente. Era totalmente diferente. Parecía un campo inglés. Me había pasado varias veces, sobre todo en Inglaterra, ser aplaudido cuando he salido del campo sustituido, lesionado o lo que sea. Y la gente de Bilbao, los vascos en sí, cuando me fui del campo, siempre me han aplaudido, y esto es una grandeza, creo yo, de un pueblo, de la gente, porque son capaces, aunque son de Bilbao y aunque es el contrario, de expresar su admiración o respeto por el futbolista que lo ha hecho bien.
T. R. En San Mamés siempre ha gustado la deportividad y los buenos jugadores.
J. C. Y la calidad futbolística. Muchas veces aprecian la labor que uno hace. Por eso me cae bien el público de San Mamés. Es uno de los detalles que siempre me quedará grabado, de San Mamés, del campo: el aplauso que me dieron cada vez que he salido del campo.
T. R. San Mamés ha sabido diferenciar varios aspectos, sobre todo si hay un gran futbolista que lo demuestra. El público lo demuestra.
[En su primer partido en San Mamés, el 24 de marzo de 1974, Johan Cruyff es agredido por Ángel María Villar, que es expulsado por el árbitro, Soto Montesinos. En este momento, el entrevistador le pide que recuerde aquel episodio].
J. C. Yo jugaba allí, y hacía mis cosas... Yo tenía el balón, imagino que un quiebro, y él [Villar] se cabreaba, o llegaba tarde...
T. R. Sí, fue cerca de los banquillos. Un giro, hiciste un giro para un sitio, para otro...
J. C. Y, de repente, viene Villar y me dio una... Y yo en el suelo, aturdido: ¿Pero qué pasa aquí? Pero, bueno, nosotros después de ese momento, ostras, nos hemos visto cien veces, y Villar siempre me ha dicho: Lo siento, no sé qué me pasaba, perdona, era una reacción que hice acumulando un poco la presión de todo lo que escriben los diarios y todo esto.... No pasa nada. Se ha fallado un día, pero desde ese momento nos llevamos muy bien en todos los sentidos. Y son detalles bonitos de comentar...
T. R. Nos vamos a acordar todos.
J. C. Sí, sí, sí.
T. R. Me acuerdo que Ángel, al entrar al vestuario, nos comentó: Joder, no sé lo que me ha pasado. Porque Villar era un jugador que nunca había hecho nada de eso, ni lo volvería a hacer. Él tampoco se explicaba lo que sucedió: estabais ahí, al tensión del partido y... ¡pomba!
J. C. Durante una hora, yo tuve que soportar ciertas cosas... Pero no hay rencor. En el deporte no hay rencor, porque no hay malicia... No, en serio, siempre me han tratado bien en Bilbao. Allí a la gente le gusta la deportividad, la entrega... Me gusta esta mentalidad, es un poco como el rugby, ¿no? En el campo te pegas castañazos en todas partes, pero después te tomas unas cervezas. Es un poco inglés este espíritu de San Mamés. Y este accidente con Villar... Cuando él fue a jugar a Barcelona, me pidió perdón... y ya está, olvidado.
J. C. Txetxu, ¿cuál fue tu momento más emocionante en San Mamés?
T. R. Tengo dos: cuando debuté, en plena juventud; y el otro cuando me retiré, el día de mi homenaje, que fue contra Inglaterra. Fue justo antes del Mundial de 1982. Inglaterra nunca se había enfrentado a un club, solo contra selecciones, y para mí fue un gran recuerdo. Aquello fue en San Mamés. Quedaban varios partidos para acabar la temporada y yo podría haber seguido algún año más, pero lo dejé. Aquello fue muy emotivo. Se te queda grabado para siempre.
J. C. Eso lo recuerda todo el mundo que estuvo ese día en el campo. No es solo la felicidad de uno, es la felicidad de mucha gente. Se te quedó grabado no solo a ti, sino a mucha gente.
J. C. Fíjate que estamos comentando algo de hace casi 40 años, ¿eh?
T. R. Más de 30 años, sí.
J. C. Es como el año pasado, el Athletic, lo que había conseguido [se refiere Cruyff a las eliminatorias contra el Manchester United, el Schalke 04 y el Sporting de Portugal, y a la disputa de las finales de la Europa League y de la Copa del Rey en la temporada 2011-2012]. Era una cosa fantástica, y eso quedará para las próximas generaciones.
T. R. Son vivencias muy positivas.
J. C. En el fondo, estamos hablando de un campo de tantos años, de tanta memoria que tiene este campo, y es por algo. Es porque este campo es así. Porque si es cualquier otro campo, no estaríamos aquí hablando.
T. R. Ya la próxima semana desaparece, pero hay algo que no desaparecerá nunca, que son estos recuerdos que hemos comentado.
J. C. ¡Ahí está!
T. R. Tanto los positivos como los negativos...
J. C. Este campo es mucho más que un partido. No es un partido que ganes o pierdas, ni siquiera es un jugador que juega bien o mal: este campo es el sentir por dentro que ha tenido todo un pueblo: todo un pueblo. Es lo bonito del fútbol. Hoy, la gente, que paga, dice: "Esos son profesionales, solo piensan en el dinero, son millonarios...". No, no: son emociones, todo son emociones.
T. R. Emociones y sentimiento, sí.
J. C. Y es al final lo que te queda. Después, uno tiene dos duros más que el otro, sí, pero eso es igual. Pero la emoción, lo que conlleva este campo... Ostras, este campo tiene más memoria que todos nosotros juntos.
T. R. A mí me va a dar una tristeza su ausencia, porque ha sido toda mi vida.
J. C. Yo he vivido hace poco esa experiencia con el Ajax, que de un campo pequeñito pasó a un campo muy grande, el Amsterdam Arena, y es un paso peligroso.
T. R. Sí, yo jugué antes de que lo derribarais en el viejo campito del Ajax, y luego ya he estado en el nuevo. Ahora nos toca a nosotros trasladar todos nuestros valores al nuevo campo, que sea una continuidad de San Mamés. Que sea un San Mamés nuevo, pero que sea el mismo de siempre.
J. C. La gente que dirige el club tiene ahora un papel importantísimo. El Ajax, cuando se fue al nuevo estadio, a una casa nueva, a un centro de educación nuevo... Fíjate cómo le ha ido, ¿eh? Para abajo. Lo moderno no es lo más importante, no. Sentimiento y fútbol, esa es la clave, eso era San Mamés. El peor ejemplo que podría utilizar el Athletic es el del Ajax, que fue una cosa fantástica hasta que se fue del viejo campo al nuevo, con muchos directivos, con muchos directores, mucho de esto, lo otro, para allá, muy moderno todo... Y luego nada. Y ahora hemos establecido otra vez las normas. ¿Qué es esto? ¿Un club de fútbol? Vale, pues que lo dirijan los futbolistas. Así de sencillo.
T. R. Esperemos que el nuevo campo transmita las mismas sensaciones.
J. C. Esperamos que sí.
* Unai Larrea es periodista y director de Un siglo y 90 minutos, documental que recoge la historia del campo de San Mamés y que DEIA pondrá a la venta el próximo domingo, 15 de septiembre, en formato DVD.
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martes, 10 de septiembre de 2013
La estación del AVE, hincha del Athletic de Bilbao
Artículo publicado en diarioinformacion.com el 10/09/2013
Los pasajeros de la línea de alta velocidad entre Alicante y Madrid, sorprendidos por una loseta con el escudo del equipo bilbaino en la terminal

En la base de una de las columnas de la terminal del AVE hay una loseta con el escudo del Athletic. PILAR CORTÉS
Cuenta un chiste que los de Bilbao nacen donde quieren, que para eso son de Bilbao. Pues en Alicante no sólo habrán nacido muchos bilbainos, sino que, ni cortos ni perezosos, los hinchas de los «leones» de San Mamés, se han autoapropiado de la estación del AVE, y no porque ambas capitales estén conectadas por la alta velocidad, algo por lo que suspira el sector turístico de la Costa Blanca, sino porque en el corazón de la nueva terminal de la línea de alta velocidad Alicante-Madrid, alguien ha colocado, con el beneplácito del Ministerio de Fomento, un escudo del Athletic, icono de referencia de los bilbainos, tanto si les gusta como si no les gusta el fútbol.
Y es que muchos de los pasajeros que utilizan desde el pasado junio el AVE no dejan de sorprenderse, día a día, por la aparición en la terminal de una loseta grabada con el escudo del Athletic de Bilbao. Fuentes de Adif apuntaron ayer que anécdotas de este tipo no son infrecuentes, ya que es habitual que en las obras públicas el autor del proyecto deje su sello particular, normalmente el escudo del colegio profesional al que pertenece.
En el caso de Alicante, sin embargo, los autores del proyecto (ingenieros de Caminos, Canales y Puertos cuyo escudo se puede ver en el pavimento del hall principal de la estación), añadieron el escudo del Athletic de Bilbao, con el visto bueno de Fomento.
Lo cierto es que nadie sabía muy bien ayer en la terminal el porqué de la presencia del escudo del club de fútbol en un lugar discreto, y sólo fuentes del colectivo que trabajó en el trazado de la línea entre Alicante y Madrid apuntaron que quizá se debiera la afición de un alto técnico de la empresa adjudicataria por los colores rojiblancos.
De momento, ni el Hércules, ni el Real Madrid se han quejado, ni tampoco el jefe de Obra de Adif, natural de Albacete, a 650 kilómetros de Bilbao.
Los pasajeros de la línea de alta velocidad entre Alicante y Madrid, sorprendidos por una loseta con el escudo del equipo bilbaino en la terminal

En la base de una de las columnas de la terminal del AVE hay una loseta con el escudo del Athletic. PILAR CORTÉS
Cuenta un chiste que los de Bilbao nacen donde quieren, que para eso son de Bilbao. Pues en Alicante no sólo habrán nacido muchos bilbainos, sino que, ni cortos ni perezosos, los hinchas de los «leones» de San Mamés, se han autoapropiado de la estación del AVE, y no porque ambas capitales estén conectadas por la alta velocidad, algo por lo que suspira el sector turístico de la Costa Blanca, sino porque en el corazón de la nueva terminal de la línea de alta velocidad Alicante-Madrid, alguien ha colocado, con el beneplácito del Ministerio de Fomento, un escudo del Athletic, icono de referencia de los bilbainos, tanto si les gusta como si no les gusta el fútbol.
Y es que muchos de los pasajeros que utilizan desde el pasado junio el AVE no dejan de sorprenderse, día a día, por la aparición en la terminal de una loseta grabada con el escudo del Athletic de Bilbao. Fuentes de Adif apuntaron ayer que anécdotas de este tipo no son infrecuentes, ya que es habitual que en las obras públicas el autor del proyecto deje su sello particular, normalmente el escudo del colegio profesional al que pertenece.
En el caso de Alicante, sin embargo, los autores del proyecto (ingenieros de Caminos, Canales y Puertos cuyo escudo se puede ver en el pavimento del hall principal de la estación), añadieron el escudo del Athletic de Bilbao, con el visto bueno de Fomento.
Lo cierto es que nadie sabía muy bien ayer en la terminal el porqué de la presencia del escudo del club de fútbol en un lugar discreto, y sólo fuentes del colectivo que trabajó en el trazado de la línea entre Alicante y Madrid apuntaron que quizá se debiera la afición de un alto técnico de la empresa adjudicataria por los colores rojiblancos.
De momento, ni el Hércules, ni el Real Madrid se han quejado, ni tampoco el jefe de Obra de Adif, natural de Albacete, a 650 kilómetros de Bilbao.
lunes, 9 de septiembre de 2013
"Somos casi hermanos"
Artículo publicado por Unai Larrea* en el diario Deia el 08/09/2013
Iribar y Dino Zoff evocan para el documental 'Un siglo y 90 minutos' el Athletic-Juventus de 1977
Con Iribar a su izquierda y Zoff a su derecha, el periodista no sabe muy bien qué hacer, si formular la primera pregunta o tirar la tablet y correr a rogarles un autógrafo, una foto, un abrazo, algo, lo que sea. Pero la majestuosidad del Estadio Olímpico de Roma, donde Zoff ha concertado la cita, y la meticulosidad del equipo técnico desplazado hasta la capital italiana no invitan a dar rienda suelta a la mitomanía. Toca aplicarse al máximo para que la entrevista esté (si es que es posible) a la altura de los dos colosos que se han reunido esta fría mañana de febrero para honrar la memoria del viejo campo de San Mamés, al que en ese momento aún le quedaban unos pocos meses de vida.
Es 26 de febrero y faltan dos días para que Zoff festeje su 71º cumpleaños, y tres para que Iribar cumpla los 70. No es su única analogía. Uno contempla la imagen de Zoff dando la vuelta de honor al campo de San Mamés embutido en la camiseta negra de Iribar y el parecido resulta sorprendente. Ocurrió en 1977. El Athletic derrotó a la Juventus, 2-1, pero el gol de Bettega y el 1-0 de la ida privaron a los leones de alzar la Copa de la UEFA en el que, para muchos, es el partido cumbre en la historia del ya desaparecido San Mamés. Un campo cuya memoria pretende honrar Un siglo y 90 minutos, el documental que logró unir a dos de los mejores porteros de todos los tiempos.
Dino Zoff. Cuando me dijeron que venía Iribar a Italia, me produjo un gran placer. Porque a nosotros, que tenemos una cierta edad, nos encanta revivir aquellos recuerdos, ya sean más o menos felices.
José Ángel Iribar. Es un placer que nos veamos después de tanto tiempo, solamente esta conversación tiene un valor incalculable. Los porteros tenemos una química, quizás porque nos sentimos muy solos ahí atrás, y nos tenemos que identificar con nuestra soledad y con nuestros problemas.
D. Z. En cuanto empieza el partido estás solo, tienes demasiado tiempo para pensar.
J. Á. I. Más tiempo para pensar que los demás, sí.
D. Z. En mi época, siempre jugaban de portero aquellos que peor jugaban en el campo. Pero en mi caso fueron los chicos mayores los que me colocaron en la portería, porque yo era bueno.
J. Á. I. Yo las pruebas las hice en el Basconia, filial del Athletic, de Segunda División, ya con 18 años. Les parecí "bravo", como decís vosotros los italianos. Hice una buena temporada y me fichó el Athletic. Tenía propuestas del Barcelona, del Valencia, del Atlético de Madrid... pero me decidí por el Athletic porque era mi equipo, el equipo de mi familia, de mi padre, de mis tíos, de todo mi entorno.
D. Z. Mi debut con el primer equipo fue desastroso, porque encajé cinco goles en Florencia. Me dio miedo, pero poco a poco todo fue a mejor. Pero antes de irme al Udinese, jugando aún en mi pueblo, yo trabajaba. Estudié en una escuela profesional la carrera de tornero, un mecánico especializado. Trabajaba y hacía dos o tres entrenamientos a la semana en Udine. Antes de debutar como profesional, yo trabajé en un taller. Fue una escuela de vida. Trabajé porque en mi casa decían: "Si eres bueno, acabarás siendo jugador profesional, pero mientras tanto debes aprender un oficio porque no se puede vivir sin trabajar". Lógicamente, cuando me hice profesional, dejé de trabajar.
J. Á. I. Es un poco mi misma historia, porque yo también cursé mis estudios en la Escuela de Maestría. Hice Mecánica. ¡Yo también iba especializado en el tema de tornero! Era una carrera de cinco años, e hice solo los tres primeros porque entonces fiché por el Basconia. Pero el tema de la familia era el mismo: "Si eres bueno en el fútbol, vas a seguir, pero si no hay que estudiar, hay que tener un oficio".
D. Z. ¡Tenemos la misma vida! Nos parecemos físicamente, tenemos más o menos la misma edad, aunque yo soy algo más viejo, nuestra fecha del cumpleaños es casi, casi la misma... Ja, ja, ja.
J. Á. I. Yo recuerdo que hasta nos confundían un poco... La primera vez que jugamos en el Comunale, siendo los dos capitanes, ¿quién es quién no?
D. Z. Tenemos mucha afinidad en nuestra vida: nuestros comienzos, en la escuela, el trabajo, porteros... Somos como hermanos, somos casi hermanos.
J. Á. I. Podíamos pasar como hermanos.
D. Z. Yo te envidio porque tú has permanecido, y permaneces, muy ligado al Athletic de Bilbao, porque has vivido allí toda tu vida. Yo he sido querido por buena parte de Italia, Juventus, Nápoles, incluso la Lazio como entrenador... pero no tengo una identificación como la tuya por haber pasado toda una vida en un mismo club. Tú te has identificado con el pueblo, con la ciudad. Yo carezco de ese afecto.
J. Á. I. Tú eres más internacional que yo.
D. Z. Más nacional, ja, ja.
J. Á. I. Yo me retiré antes, en el 80, con 37 años y con muchos problemas en la espalda. Perdí mucha flexibilidad. Querían que continuara, pero dije que no, porque estaba sufriendo y me iba a desprestigiar a mí mismo.
D. Z. Yo tenía 41 años y estaba todavía bien, pero... Fue el año después del Mundial. Teníamos una gran ilusión por ganar la final de la Copa de Europa de Atenas, Hamburgo-Juventus. Era la Juventus más grande de siempre, con Platini, Boniek... Perdimos 1-0.
J. Á. I. Eso fue duro. Las finales, cuando se pierden, te dejan un poso.
D. Z. La final del 77, ja, ja.
J. Á. I. La famosa final del 77, en San Mamés. Para mí, para nosotros, San Mamés, si ha acogido algo importante, ha sido esa final. Posiblemente, la gente, todo el estamento del Athletic, considera ese partido como el más importante que se ha jugado allí en cien años de historia.
D. Z. El partido de Turín fue muy equilibrado. El gol nos sabía a poco, porque ir a Bilbao, con un público muy caliente y un público muy cercano, nos preocupaba mucho. Los momentos previos al partido, fuera del estadio, fueron un poco extraños por cuestiones políticas, pero en el campo el público estuvo correctísimo, muy gentil con mi mujer, con todos los italianos... pero muy caliente. El partido fue un infierno para mí. Los últimos 20 minutos, y los últimos 10 minutos especialmente, con el público que gritaba tras de mí, el Athletic que nos acorraló en nuestro área, esos balones que llegaban de todos lados... Verdaderamente, fue el momento más caliente de mi carrera, el momento de mayor preocupación. No había pasado tanto miedo antes. No veíamos el modo de llevar a casa un resultado que deseábamos tanto, porque el Athletic estaba fuerte y nos creó mil dificultades. Cuando acabó el partido, yo me sentí feliz por el resultado, pero yo, de un modo particular, como portero, porque había logrado salir de un infierno. San Mamés es un recuerdo muy presente para mí: los aficionados detrás, todos allí en el área, yo allí aterrorizado... Pero estas no son cosas que se dicen porque hablamos para un documental, ni porque seamos colegas. Realmente he pasado un cuarto de hora, diez minutos, que recordaré toda la vida.
J. Á. I. Yo tengo el recuerdo de los previos del partido. Estábamos realmente preocupados por que no nos hicierais gol. El entrenador pensaba que no podíamos atacar de una manera desordenada porque el gol nos perjudicaba mucho. Pero se nos trastocaron todos nuestros planes porque Bettega nos marcó pronto, de cabeza. Era un gran goleador Bettega, sobre todo jugando desde la banda tenía una diagonal muy buena, y era un gran rematador, muy fuerte físicamente. Y ahí tuvimos que cambiar nuestra mentalidad, y yo creo que ahí empezamos a soltar un poco nuestros nervios, esa contracción que teníamos en ese momento, y empezamos a dominar el partido. Cuando conseguimos empatar a uno nos animamos mucho, y conseguimos el 2-1 a falta de diez minutos, y el final fue... Yo era un mero espectador, estaba animando a la gente, al equipo... El ambiente era increíble, cómo nos animó la afición al equipo, de una manera increíble... Tú, no sé, pero creo que te tienes que acordar de los momentos finales.
D. Z. No esperábamos sufrir así. Fue el público el que aportó al Athletic esa energía que nos puso en dificultades. Los últimos minutos fueron terribles. San Mamés dio a su equipo la energía. Por suerte, fuimos capaces de aguantar el 2-1 que nos dio la Copa. Acabado el partido, todos nosotros estábamos felices, pero el nuestro no fue un gran fútbol, es lo que realmente recuerdo. Ni siquiera soñábamos con hacer un gol a los siete minutos. La verdad es que fuimos algo afortunados. Mientras en Turín el partido fue bastante tranquilo, aquí vosotros quizás merecisteis algo más. Pero el fútbol es así, el gol de Bettega pesó mucho, condicionó la final.
J. Á. I. En Bilbao se recuerda mucho al árbitro, a Linemayer, el austriaco que pitó aquel partido. En el segundo tiempo hubo un gol que nos anularon que podía haber sido clave.
D. Z. Yo no lo tengo tan claro, pero tampoco quiero tenerlo, ja, ja. Acabó así y ya está. Honestamente, no recuerdo. Creo que el árbitro estuvo extraordinario, ja, ja. Al final del partido nosotros estábamos contentísimos. Habíamos logrado la primera Copa internacional de la Juventus. Aunque el Athletic se sumió en el abatimiento, se comportó muy deportivamente. Cambiamos todas las camisetas, dimos la vuelta al campo...
J. Á. I. Para mí fue un honor que dieras la vuelta al campo con mi camiseta.
D. Z. El público fue extraordinario, pero también vosotros fuisteis extraordinarios. Perder una final en casa es muy duro. Y sin embargo dimos la vuelta al campo, cambiamos las camisetas... Fue importante para el deporte, para el fútbol.
J. Á. I. Yo recuerdo un detalle. Una semana después de esa final, recibí una carta de una persona italiana, sería de la Juventus. Era una carta personal, para mí, felicitándonos por nuestro comportamiento. Me llamó la atención. No la conservo, pero recuerdo ese detalle, la percepción que tuvo la gente de Turín.
D. Z. Te lo estoy diciendo todo el rato, pero es así: fue un comportamiento verdaderamente deportivo, de gran hospitalidad. Esa carta, sin duda, la recibisteis porque merecíais esa felicitación. Son cosas bellas para el deporte. Espero que se repita, aunque es difícil que se repita.
J. Á. I. No desde luego en aquel campo. Yo tengo una sensación, ahora que van a derribar el campo, muy triste, muy dura. No quiero pensar demasiado en ese derribo. Sé que va a haber un campo nuevo, que se va a incrustar en lo que es el vetusto y viejo San Mamés... pero cada vez que me hablan de ese derribo me entra un poco de nostalgia y tristeza. Son muchos años allí. El día que ocurra eso, va a ser un día muy duro para mí.
D. Z. Yo te entiendo porque ha sido tu casa durante muchos años. Aunque la casa nueva sea muy bella, tú recordarás la vieja, la casa de tu juventud. En nosotros, que tenemos una edad, los recuerdos de la juventud están muy presentes. Además, una casa vivida con tanta intensidad, que ha acogido el mejor fútbol de la época, yo creo que verdaderamente es para sentirse triste. Por mucho que el mundo tenga que seguir adelante, y que el nuevo estadio sea muy bello, está la tradición, y es normal que sientas esa tristeza. Incluso yo la voy a sentir un poco, porque ha sido allí donde he conseguido mi primer trofeo internacional, en San Mamés, y no va a existir más.
J. Á. I. Nosotros tenemos un reto grande ahora: trasladar todo ese espíritu tan bravo, como decís vosotros, al nuevo campo. Va a ser un estadio más grande y más cómodo, pero tenemos que trabajar para que, dentro de un tiempo, tenga también ese sabor del viejo campo.
D. Z. Que sepáis transportar esa tradición a vuestros hijos.
J. Á. I. Yo entiendo que necesitábamos hacer un campo nuevo. Necesitábamos más localidades, porque nosotros tenemos problemas de entradas al tener muchos socios. Es un paso necesario, pero a la vez...
D. Z. Nosotros, que tenemos una edad, tenemos esos recuerdos, pero el mundo avanza y habrá que trasladar el espíritu del viejo San Mamés al nuevo estadio.
J. Á. I. Cuando juguemos la próxima final en el nuevo San Mamés, espero verte. Estás invitado cuando quieras visitarnos, a alguna final o algún partido que te apetezca, para que pruebes el nuevo estadio.
D. Z. Está bien. Si la salud se mantiene, allí iré.
* Unai Larrea es periodista y director de Un siglo y 90 minutos, documental que recoge la historia del campo de San Mamés y que DEIA pondrá a la venta el próximo domingo, 15 de septiembre, en formato DVD.
Iribar y Dino Zoff evocan para el documental 'Un siglo y 90 minutos' el Athletic-Juventus de 1977
Con Iribar a su izquierda y Zoff a su derecha, el periodista no sabe muy bien qué hacer, si formular la primera pregunta o tirar la tablet y correr a rogarles un autógrafo, una foto, un abrazo, algo, lo que sea. Pero la majestuosidad del Estadio Olímpico de Roma, donde Zoff ha concertado la cita, y la meticulosidad del equipo técnico desplazado hasta la capital italiana no invitan a dar rienda suelta a la mitomanía. Toca aplicarse al máximo para que la entrevista esté (si es que es posible) a la altura de los dos colosos que se han reunido esta fría mañana de febrero para honrar la memoria del viejo campo de San Mamés, al que en ese momento aún le quedaban unos pocos meses de vida.
Es 26 de febrero y faltan dos días para que Zoff festeje su 71º cumpleaños, y tres para que Iribar cumpla los 70. No es su única analogía. Uno contempla la imagen de Zoff dando la vuelta de honor al campo de San Mamés embutido en la camiseta negra de Iribar y el parecido resulta sorprendente. Ocurrió en 1977. El Athletic derrotó a la Juventus, 2-1, pero el gol de Bettega y el 1-0 de la ida privaron a los leones de alzar la Copa de la UEFA en el que, para muchos, es el partido cumbre en la historia del ya desaparecido San Mamés. Un campo cuya memoria pretende honrar Un siglo y 90 minutos, el documental que logró unir a dos de los mejores porteros de todos los tiempos.
Dino Zoff. Cuando me dijeron que venía Iribar a Italia, me produjo un gran placer. Porque a nosotros, que tenemos una cierta edad, nos encanta revivir aquellos recuerdos, ya sean más o menos felices.
José Ángel Iribar. Es un placer que nos veamos después de tanto tiempo, solamente esta conversación tiene un valor incalculable. Los porteros tenemos una química, quizás porque nos sentimos muy solos ahí atrás, y nos tenemos que identificar con nuestra soledad y con nuestros problemas.
D. Z. En cuanto empieza el partido estás solo, tienes demasiado tiempo para pensar.
J. Á. I. Más tiempo para pensar que los demás, sí.
D. Z. En mi época, siempre jugaban de portero aquellos que peor jugaban en el campo. Pero en mi caso fueron los chicos mayores los que me colocaron en la portería, porque yo era bueno.
J. Á. I. Yo las pruebas las hice en el Basconia, filial del Athletic, de Segunda División, ya con 18 años. Les parecí "bravo", como decís vosotros los italianos. Hice una buena temporada y me fichó el Athletic. Tenía propuestas del Barcelona, del Valencia, del Atlético de Madrid... pero me decidí por el Athletic porque era mi equipo, el equipo de mi familia, de mi padre, de mis tíos, de todo mi entorno.
D. Z. Mi debut con el primer equipo fue desastroso, porque encajé cinco goles en Florencia. Me dio miedo, pero poco a poco todo fue a mejor. Pero antes de irme al Udinese, jugando aún en mi pueblo, yo trabajaba. Estudié en una escuela profesional la carrera de tornero, un mecánico especializado. Trabajaba y hacía dos o tres entrenamientos a la semana en Udine. Antes de debutar como profesional, yo trabajé en un taller. Fue una escuela de vida. Trabajé porque en mi casa decían: "Si eres bueno, acabarás siendo jugador profesional, pero mientras tanto debes aprender un oficio porque no se puede vivir sin trabajar". Lógicamente, cuando me hice profesional, dejé de trabajar.
J. Á. I. Es un poco mi misma historia, porque yo también cursé mis estudios en la Escuela de Maestría. Hice Mecánica. ¡Yo también iba especializado en el tema de tornero! Era una carrera de cinco años, e hice solo los tres primeros porque entonces fiché por el Basconia. Pero el tema de la familia era el mismo: "Si eres bueno en el fútbol, vas a seguir, pero si no hay que estudiar, hay que tener un oficio".
D. Z. ¡Tenemos la misma vida! Nos parecemos físicamente, tenemos más o menos la misma edad, aunque yo soy algo más viejo, nuestra fecha del cumpleaños es casi, casi la misma... Ja, ja, ja.
J. Á. I. Yo recuerdo que hasta nos confundían un poco... La primera vez que jugamos en el Comunale, siendo los dos capitanes, ¿quién es quién no?
D. Z. Tenemos mucha afinidad en nuestra vida: nuestros comienzos, en la escuela, el trabajo, porteros... Somos como hermanos, somos casi hermanos.
J. Á. I. Podíamos pasar como hermanos.
D. Z. Yo te envidio porque tú has permanecido, y permaneces, muy ligado al Athletic de Bilbao, porque has vivido allí toda tu vida. Yo he sido querido por buena parte de Italia, Juventus, Nápoles, incluso la Lazio como entrenador... pero no tengo una identificación como la tuya por haber pasado toda una vida en un mismo club. Tú te has identificado con el pueblo, con la ciudad. Yo carezco de ese afecto.
J. Á. I. Tú eres más internacional que yo.
D. Z. Más nacional, ja, ja.
J. Á. I. Yo me retiré antes, en el 80, con 37 años y con muchos problemas en la espalda. Perdí mucha flexibilidad. Querían que continuara, pero dije que no, porque estaba sufriendo y me iba a desprestigiar a mí mismo.
D. Z. Yo tenía 41 años y estaba todavía bien, pero... Fue el año después del Mundial. Teníamos una gran ilusión por ganar la final de la Copa de Europa de Atenas, Hamburgo-Juventus. Era la Juventus más grande de siempre, con Platini, Boniek... Perdimos 1-0.
J. Á. I. Eso fue duro. Las finales, cuando se pierden, te dejan un poso.
D. Z. La final del 77, ja, ja.
J. Á. I. La famosa final del 77, en San Mamés. Para mí, para nosotros, San Mamés, si ha acogido algo importante, ha sido esa final. Posiblemente, la gente, todo el estamento del Athletic, considera ese partido como el más importante que se ha jugado allí en cien años de historia.
D. Z. El partido de Turín fue muy equilibrado. El gol nos sabía a poco, porque ir a Bilbao, con un público muy caliente y un público muy cercano, nos preocupaba mucho. Los momentos previos al partido, fuera del estadio, fueron un poco extraños por cuestiones políticas, pero en el campo el público estuvo correctísimo, muy gentil con mi mujer, con todos los italianos... pero muy caliente. El partido fue un infierno para mí. Los últimos 20 minutos, y los últimos 10 minutos especialmente, con el público que gritaba tras de mí, el Athletic que nos acorraló en nuestro área, esos balones que llegaban de todos lados... Verdaderamente, fue el momento más caliente de mi carrera, el momento de mayor preocupación. No había pasado tanto miedo antes. No veíamos el modo de llevar a casa un resultado que deseábamos tanto, porque el Athletic estaba fuerte y nos creó mil dificultades. Cuando acabó el partido, yo me sentí feliz por el resultado, pero yo, de un modo particular, como portero, porque había logrado salir de un infierno. San Mamés es un recuerdo muy presente para mí: los aficionados detrás, todos allí en el área, yo allí aterrorizado... Pero estas no son cosas que se dicen porque hablamos para un documental, ni porque seamos colegas. Realmente he pasado un cuarto de hora, diez minutos, que recordaré toda la vida.
J. Á. I. Yo tengo el recuerdo de los previos del partido. Estábamos realmente preocupados por que no nos hicierais gol. El entrenador pensaba que no podíamos atacar de una manera desordenada porque el gol nos perjudicaba mucho. Pero se nos trastocaron todos nuestros planes porque Bettega nos marcó pronto, de cabeza. Era un gran goleador Bettega, sobre todo jugando desde la banda tenía una diagonal muy buena, y era un gran rematador, muy fuerte físicamente. Y ahí tuvimos que cambiar nuestra mentalidad, y yo creo que ahí empezamos a soltar un poco nuestros nervios, esa contracción que teníamos en ese momento, y empezamos a dominar el partido. Cuando conseguimos empatar a uno nos animamos mucho, y conseguimos el 2-1 a falta de diez minutos, y el final fue... Yo era un mero espectador, estaba animando a la gente, al equipo... El ambiente era increíble, cómo nos animó la afición al equipo, de una manera increíble... Tú, no sé, pero creo que te tienes que acordar de los momentos finales.
D. Z. No esperábamos sufrir así. Fue el público el que aportó al Athletic esa energía que nos puso en dificultades. Los últimos minutos fueron terribles. San Mamés dio a su equipo la energía. Por suerte, fuimos capaces de aguantar el 2-1 que nos dio la Copa. Acabado el partido, todos nosotros estábamos felices, pero el nuestro no fue un gran fútbol, es lo que realmente recuerdo. Ni siquiera soñábamos con hacer un gol a los siete minutos. La verdad es que fuimos algo afortunados. Mientras en Turín el partido fue bastante tranquilo, aquí vosotros quizás merecisteis algo más. Pero el fútbol es así, el gol de Bettega pesó mucho, condicionó la final.
J. Á. I. En Bilbao se recuerda mucho al árbitro, a Linemayer, el austriaco que pitó aquel partido. En el segundo tiempo hubo un gol que nos anularon que podía haber sido clave.
D. Z. Yo no lo tengo tan claro, pero tampoco quiero tenerlo, ja, ja. Acabó así y ya está. Honestamente, no recuerdo. Creo que el árbitro estuvo extraordinario, ja, ja. Al final del partido nosotros estábamos contentísimos. Habíamos logrado la primera Copa internacional de la Juventus. Aunque el Athletic se sumió en el abatimiento, se comportó muy deportivamente. Cambiamos todas las camisetas, dimos la vuelta al campo...
J. Á. I. Para mí fue un honor que dieras la vuelta al campo con mi camiseta.
D. Z. El público fue extraordinario, pero también vosotros fuisteis extraordinarios. Perder una final en casa es muy duro. Y sin embargo dimos la vuelta al campo, cambiamos las camisetas... Fue importante para el deporte, para el fútbol.
J. Á. I. Yo recuerdo un detalle. Una semana después de esa final, recibí una carta de una persona italiana, sería de la Juventus. Era una carta personal, para mí, felicitándonos por nuestro comportamiento. Me llamó la atención. No la conservo, pero recuerdo ese detalle, la percepción que tuvo la gente de Turín.
D. Z. Te lo estoy diciendo todo el rato, pero es así: fue un comportamiento verdaderamente deportivo, de gran hospitalidad. Esa carta, sin duda, la recibisteis porque merecíais esa felicitación. Son cosas bellas para el deporte. Espero que se repita, aunque es difícil que se repita.
J. Á. I. No desde luego en aquel campo. Yo tengo una sensación, ahora que van a derribar el campo, muy triste, muy dura. No quiero pensar demasiado en ese derribo. Sé que va a haber un campo nuevo, que se va a incrustar en lo que es el vetusto y viejo San Mamés... pero cada vez que me hablan de ese derribo me entra un poco de nostalgia y tristeza. Son muchos años allí. El día que ocurra eso, va a ser un día muy duro para mí.
D. Z. Yo te entiendo porque ha sido tu casa durante muchos años. Aunque la casa nueva sea muy bella, tú recordarás la vieja, la casa de tu juventud. En nosotros, que tenemos una edad, los recuerdos de la juventud están muy presentes. Además, una casa vivida con tanta intensidad, que ha acogido el mejor fútbol de la época, yo creo que verdaderamente es para sentirse triste. Por mucho que el mundo tenga que seguir adelante, y que el nuevo estadio sea muy bello, está la tradición, y es normal que sientas esa tristeza. Incluso yo la voy a sentir un poco, porque ha sido allí donde he conseguido mi primer trofeo internacional, en San Mamés, y no va a existir más.
J. Á. I. Nosotros tenemos un reto grande ahora: trasladar todo ese espíritu tan bravo, como decís vosotros, al nuevo campo. Va a ser un estadio más grande y más cómodo, pero tenemos que trabajar para que, dentro de un tiempo, tenga también ese sabor del viejo campo.
D. Z. Que sepáis transportar esa tradición a vuestros hijos.
J. Á. I. Yo entiendo que necesitábamos hacer un campo nuevo. Necesitábamos más localidades, porque nosotros tenemos problemas de entradas al tener muchos socios. Es un paso necesario, pero a la vez...
D. Z. Nosotros, que tenemos una edad, tenemos esos recuerdos, pero el mundo avanza y habrá que trasladar el espíritu del viejo San Mamés al nuevo estadio.
J. Á. I. Cuando juguemos la próxima final en el nuevo San Mamés, espero verte. Estás invitado cuando quieras visitarnos, a alguna final o algún partido que te apetezca, para que pruebes el nuevo estadio.
D. Z. Está bien. Si la salud se mantiene, allí iré.
* Unai Larrea es periodista y director de Un siglo y 90 minutos, documental que recoge la historia del campo de San Mamés y que DEIA pondrá a la venta el próximo domingo, 15 de septiembre, en formato DVD.
sábado, 7 de septiembre de 2013
Perdónales, San Mamés
(Artículo publicado por Jon Uriarte en el diario El Correo el 07/09/13)
Hay gente para quien 100 años no es nada. Valen más unos puntos de 'share' y un subidón en el 'rating'
"Yo estuve allí". Esa será la frase que muchos dirán cuando se hable de la inauguración de San Mamés. Del nuevo, que en el fondo, al menos un cachito, es el de siempre. Porque habrán vivido lo que vivieron sus antepasados hace un siglo. Y eso es algo que cualquiera valoraría. Pero hay gente para quien 100 años no es nada. Valen más unos puntos de 'share' y un subidón en el 'rating'. Por eso, muchos, al ser preguntados por ese día, que ya nunca volverá, dirán "yo no estuve allí". Y lo soltarán con la rabia que provoca sufrir tamaña falta de sensibilidad. Llegados a este punto he de advertir dos cosas. Hace tiempo que dejé de creer en el ratoncito Pérez y sí, soy uno de los afectados, que no podrá acudir. Lo digo para que quede claro. Pero aún así, más allá de la subjetividad, hay datos y una experiencia en los medios, incluida la televisión, que me permiten asegurar algunas cosas sin ruborizarme. Por eso, desde ahora, pido a San Mamés que les perdone. Me refiero a los que han decidido que el primer partido en la historia de nuestro nuevo campo tenga lugar un lunes de septiembre a las diez de la noche.
Perdónales San Mamés, porque no entienden que estás siendo construido sobre los restos de ti mismo. Buscando que el tiempo, el Athletic y la afición vuelvan a convertirte en leyenda. Por eso, en vez de retransmitir otro encuentro, te han elegido. No son tontos. Salvo Real Madrid y Barcelona, somos de los equipos que generan más interés y audiencia. Pero tampoco a estas alturas de la temporada un Athletic-Celta va a provocar que la gente se quede clavada ante la tele. Argumentan que como no estamos en Champions ni en Europa League, nos toca jugar el lunes. De hecho, nos vamos a chupar tres lunes de fútbol nocturno en un mes. Nada que decir del resto. Pero el primero... Ruego a los prácticos que lo razonan todo, que eviten recordarnos que esto es un negocio, que la tele tiene derecho a hacerlo y que para eso pagan. Sepan estos videntes de lo evidente que le hacen eso al Madrid o al Barca y tienen que emigrar a otro país.
Perdónales San Mamés, porque no entienden que nos indigne la decisión. ¡Pero si vamos a dar el partido porque es un gran acontecimiento! Traducido: que debemos estar agradecidos ante tal deferencia, trato y gesto. Perfecto. Entonces no entiendo el poco hueco que ocupó en televisión el adiós al viejo San Mamés. Y en Cuatro, Telecinco y TVE ni tan mal. Porque lo de Antena 3 es para hacérselo mirar. Ni un segundo. Nada. Manu Sánchez prefería dedicar los minutos a hablar de si Mourinho tenía tos. Lo de Iribar y los capitanes saltando al campo, la gente emocionada y el arco entre fuegos artificiales le importó lo mismo que un partido de petanca en un hogar de jubilados. Y no es la primera vez que esta cadena nos obvia. Qué diría si viviera el padre de Matías Prats, al ver que ese equipo, que no era el suyo pero sí de su amigo Zarra, es ninguneado de esa manera. Porque no pedimos imposibles. Ni siquiera más eco. El justo y necesario para un hecho como que se cierre el único campo en el que se han jugado todas las temporadas de la Liga Española. Esa que llaman 'de las estrellas' y con razón. Porque solo hay un puñado. Y están en dos equipos. El resto somos asteroides. De hecho, no tenemos ni nombre. Me gustaría conocer a la brillante mente culpable de que se anunciara este partido en Cuatro como 'Bilbao-Celta'. Por abrazarle, más que nada.
Perdónales San Mamés a los de la LFP, por ceder ante los deseos de la tele. Porque de haber puesto el partido el sábado o el domingo, hubiese sido una fiesta. Con oportunidad para que las peñas puedan desplazarse, los socios que viven fuera acercarse y, sobre todo, los niños y niñas asistir en un horario más humano. No olvidemos que son los futuros clientes de este negocio que llaman fútbol. Pero explica tú eso a los cortoplacistas directivos de la Liga y de la tele. Hasta el viernes hubiese sido mejor opción. Menos 'rating', pero tampoco muy diferente.
Y sobre todo, perdónanos San Mamés. La culpa es nuestra. No es que hayamos vendido el alma al diablo. Eso puede tener hasta su gracia. Lo peor es que no era nuestra. Sino de las generaciones que vendrán. Nos pagaron cifras indecentes y ahora toca quitarse la ropa y poner la cama. Aunque esté sin terminar y falte un lado. Ya se que eso no te importa. Tú lo aguantas todo. Sabes que somos imperfectos. Por eso no te enfadaste cuando te giramos 180 grados. Ni cuando te derribamos. Ni cuando renaces ahora y te falta un pedazo. Porque sabes que es el precio de la modernidad. Pero que tu bautizo sea en lunes y entre tinieblas es como para negarnos la entrada a todos. No lo merecemos. Hemos colaborado en la transformación de un deporte que daba espectáculo, en un espectáculo que utiliza el deporte. Ya todo vale. Ahora es el fútbol. Espera que sigan con el resto. Este año la Nochevieja pasa del 31 martes al 30 lunes. Así perfecto. Partido de fútbol y luego uvas y campanadas. Pedazo de audiencia. Por cierto, me encanta el fútbol. Pero yo los lunes, a las 11 como muy tarde, apago la tele y me voy a la cama.Si es que te quitan hasta la afición. Por eso, perdónales San Mamés, porque yo no les voy a perdonar jamás.
Hay gente para quien 100 años no es nada. Valen más unos puntos de 'share' y un subidón en el 'rating'
"Yo estuve allí". Esa será la frase que muchos dirán cuando se hable de la inauguración de San Mamés. Del nuevo, que en el fondo, al menos un cachito, es el de siempre. Porque habrán vivido lo que vivieron sus antepasados hace un siglo. Y eso es algo que cualquiera valoraría. Pero hay gente para quien 100 años no es nada. Valen más unos puntos de 'share' y un subidón en el 'rating'. Por eso, muchos, al ser preguntados por ese día, que ya nunca volverá, dirán "yo no estuve allí". Y lo soltarán con la rabia que provoca sufrir tamaña falta de sensibilidad. Llegados a este punto he de advertir dos cosas. Hace tiempo que dejé de creer en el ratoncito Pérez y sí, soy uno de los afectados, que no podrá acudir. Lo digo para que quede claro. Pero aún así, más allá de la subjetividad, hay datos y una experiencia en los medios, incluida la televisión, que me permiten asegurar algunas cosas sin ruborizarme. Por eso, desde ahora, pido a San Mamés que les perdone. Me refiero a los que han decidido que el primer partido en la historia de nuestro nuevo campo tenga lugar un lunes de septiembre a las diez de la noche.
Perdónales San Mamés, porque no entienden que estás siendo construido sobre los restos de ti mismo. Buscando que el tiempo, el Athletic y la afición vuelvan a convertirte en leyenda. Por eso, en vez de retransmitir otro encuentro, te han elegido. No son tontos. Salvo Real Madrid y Barcelona, somos de los equipos que generan más interés y audiencia. Pero tampoco a estas alturas de la temporada un Athletic-Celta va a provocar que la gente se quede clavada ante la tele. Argumentan que como no estamos en Champions ni en Europa League, nos toca jugar el lunes. De hecho, nos vamos a chupar tres lunes de fútbol nocturno en un mes. Nada que decir del resto. Pero el primero... Ruego a los prácticos que lo razonan todo, que eviten recordarnos que esto es un negocio, que la tele tiene derecho a hacerlo y que para eso pagan. Sepan estos videntes de lo evidente que le hacen eso al Madrid o al Barca y tienen que emigrar a otro país.
Perdónales San Mamés, porque no entienden que nos indigne la decisión. ¡Pero si vamos a dar el partido porque es un gran acontecimiento! Traducido: que debemos estar agradecidos ante tal deferencia, trato y gesto. Perfecto. Entonces no entiendo el poco hueco que ocupó en televisión el adiós al viejo San Mamés. Y en Cuatro, Telecinco y TVE ni tan mal. Porque lo de Antena 3 es para hacérselo mirar. Ni un segundo. Nada. Manu Sánchez prefería dedicar los minutos a hablar de si Mourinho tenía tos. Lo de Iribar y los capitanes saltando al campo, la gente emocionada y el arco entre fuegos artificiales le importó lo mismo que un partido de petanca en un hogar de jubilados. Y no es la primera vez que esta cadena nos obvia. Qué diría si viviera el padre de Matías Prats, al ver que ese equipo, que no era el suyo pero sí de su amigo Zarra, es ninguneado de esa manera. Porque no pedimos imposibles. Ni siquiera más eco. El justo y necesario para un hecho como que se cierre el único campo en el que se han jugado todas las temporadas de la Liga Española. Esa que llaman 'de las estrellas' y con razón. Porque solo hay un puñado. Y están en dos equipos. El resto somos asteroides. De hecho, no tenemos ni nombre. Me gustaría conocer a la brillante mente culpable de que se anunciara este partido en Cuatro como 'Bilbao-Celta'. Por abrazarle, más que nada.
Perdónales San Mamés a los de la LFP, por ceder ante los deseos de la tele. Porque de haber puesto el partido el sábado o el domingo, hubiese sido una fiesta. Con oportunidad para que las peñas puedan desplazarse, los socios que viven fuera acercarse y, sobre todo, los niños y niñas asistir en un horario más humano. No olvidemos que son los futuros clientes de este negocio que llaman fútbol. Pero explica tú eso a los cortoplacistas directivos de la Liga y de la tele. Hasta el viernes hubiese sido mejor opción. Menos 'rating', pero tampoco muy diferente.
Y sobre todo, perdónanos San Mamés. La culpa es nuestra. No es que hayamos vendido el alma al diablo. Eso puede tener hasta su gracia. Lo peor es que no era nuestra. Sino de las generaciones que vendrán. Nos pagaron cifras indecentes y ahora toca quitarse la ropa y poner la cama. Aunque esté sin terminar y falte un lado. Ya se que eso no te importa. Tú lo aguantas todo. Sabes que somos imperfectos. Por eso no te enfadaste cuando te giramos 180 grados. Ni cuando te derribamos. Ni cuando renaces ahora y te falta un pedazo. Porque sabes que es el precio de la modernidad. Pero que tu bautizo sea en lunes y entre tinieblas es como para negarnos la entrada a todos. No lo merecemos. Hemos colaborado en la transformación de un deporte que daba espectáculo, en un espectáculo que utiliza el deporte. Ya todo vale. Ahora es el fútbol. Espera que sigan con el resto. Este año la Nochevieja pasa del 31 martes al 30 lunes. Así perfecto. Partido de fútbol y luego uvas y campanadas. Pedazo de audiencia. Por cierto, me encanta el fútbol. Pero yo los lunes, a las 11 como muy tarde, apago la tele y me voy a la cama.Si es que te quitan hasta la afición. Por eso, perdónales San Mamés, porque yo no les voy a perdonar jamás.
lunes, 2 de septiembre de 2013
viernes, 30 de agosto de 2013
Colores rojiblancos sobre el cielo de Seúl
Artículo publicado en la revista Athletic Club de junio de 2013
Con tan sólo 34 años, Min Kyun Kim, primer violín de la Korean Simphony Orchestra, ha logrado llegar a lo más alto como músico, pero sueña con tocar el himno del Athletic con su violín en el nuevo San Mamés y llegar algún día a recibir la Insignia de Oro de un Club al que ama con pasión desde que una vez, siendo niño, visitó Bilbao
Sabemos que el Athletic Club es un caso único en el fútbol mundial. No es que lo digamos nosotros, a miles de kilómetros de San Mamés, en Corea del Sur, la forma de ser rojiblanca ha conquistado a un destacado violinista y a su hijo de seis años, los cuales se han hecho socios Barria y siguen puntualmente la marcha de nuestro equipo
“Con sólo nueve o diez años, haciendo turismo por la Península con mi familia, llegué a Bilbao”, nos comenta Min Kyun Kim, afamado violinista coreano de 34 años, como queriendo dar una explicación racional de cómo nació su pasión por el Athletic y por todo lo que el Club rojiblanco significa. Rememorando aquel viaje añade, “recuerdo una cosa, me impactó la ciudad. La vi desde una zona alta y aquella imagen se me quedó grabada en la memoria. Simplemente me gustó”. Según Min, quizá el hecho de ser originario de Busan, la gran ciudad portuaria de Corea del Sur, de haberse criado frente al mar, tuviese algo que ver con la gran impresión que le causó el ‘Botxo’.
Pero las cosas no se quedaron ahí. Una vez en Bilbao, lo que tampoco olvida es aquella vuelta que se dio por los alrededores de La Catedral, campo que ya le sonaba porque en aquel entonces vivía en Madrid, cerca del Bernabéu, y el fútbol ya despertaba su interés. Contempló San Mamés, los colores rojiblancos del escudo, y se dio cuenta de que ya no era sólo la ciudad, sino también su equipo de fútbol lo que, como un imán, atraía fuertemente su atención. Reflexionando sobre el por qué de todo esto él dice que quizá se deba, en parte, a otra segunda “casualidad”, al hecho de que siempre haya tenido una predilección (que no acierta a explicar de dónde puede venirle) por los colores rojo y blanco. Sea la razón que fuese, Min se marchó de Bilbao convencido de que más pronto que tarde volvería. Y así fue. Unos pocos años después, en 1991, volvió y además para entrar por primera vez en San Mamés para ver un partido de arranque de Liga, el choque Athletic Club-Sevilla.
“Ganaron los leones 2-0”, nos dice, casi seguro de que Valverde marcó uno de los goles y de que Clemente entrenaba al equipo. Los años han pasado y no tiene ninguna duda al respecto, aquel primer contacto con el Athletic Club le marcó. De hecho, añade que aquella tarde salió del campo pensando en cómo podría arreglárselas para hacerse socio del Club. Y aunque por el tema de sus estudios se marchó más lejos todavía, a Canadá y a los Estados Unidos, desde allí empezó a seguir el día a día, la marcha de un equipo que en este momento, aunque viva en la otra punta del mundo, es el suyo. ¿Pero, de entre todo el potente mundo futbolístico europeo, por qué el Athletic? A esta pregunta, el que es actualmente primer concertino de la Orquesta Sinfónica de Corea, nos dice: “Soy coreano y para mí la filosofía de este Club de alinear solamente jugadores de casa, mimarles desde pequeños, crearles, me parece fascinante y no sólo eso, que además el equipo sea capaz de mantenerse, temporada tras temporada en Primera… eso me emociona”.
Aunque actualmente Min Kyun Kim vive y trabaja en Corea del Sur, su hijo Sebastián y él se han hecho socios Barria porque, como no podía ser menos, su vástago de seis años, también “es del Athletic”. De hecho, los dos viajaron expresamente hasta el ‘Botxo’ hace unos meses para hacerse socios. “Pienso que quizá sea uno de los más jóvenes del Club. Ahora aquí en Seúl enseña a sus amigos la tarjeta que nos dieron en Ibaigane y cuando le preguntan sus amigos que por qué no es de algún otro equipo, quizá más conocido, él les contesta: ‘yo como mi padre, del Athletic’”.
El fútbol es un fenómeno a nivel global, también en Corea del Sur, potencia asiática de este deporte, y los grandes equipos de la Premier League o la Liga tienen allí cada vez más seguidores. Sin embargo, Min nos dice que él, cuando charla con sus amigos sobre el Athletic, siempre va más allá, “yo les hablo de la ciudad, del país, de su cultura y de una filosofía que se mantiene tan viva ahora como cuando surgió. Todo eso les impresiona”. Ya de entrada y debido al Museo Guggenheim, Bilbao es una ciudad que “suena” en Corea, lo que no saben es cómo es este Club, cómo se hacen aquí las cosas, añade Min. “Por eso cuando empiezo a hablarles sobre la filosofía del Club, que jugamos únicamente con gente de casa, resulta que lo entienden y no sólo eso, percibo claramente que es una forma de hacer que es del agrado de los coreanos, que está en sintonía con nuestra mentalidad como pueblo”. Sobre este particular, Min añade que mientras en una nación vecina, Japón, son capaces de alinear jugadores brasileños nacionalizados en su selección, hacer algo parecido en Corea sería impensable, es implanteable ahora mismo. Y subraya el hecho de que en su combinado nacional sólo puedes llegar a jugar si al menos uno de tus progenitores, el padre o la madre, es del país. Por eso, remarca, “la gente no tiene ningún problema para asimilar y llegar a entender muy bien cómo y por qué se hacen las cosas de esta manera en el Athletic”.
De cara al verano, Min está preparando su próximo viaje a Euskal Herria. Aprovechará su visita para desplazarse a varias capitales europeas, pero en cuanto llegue a Bilbao piensa visitar las obras del nuevo San Mamés y recabar cuanta información sea posible sobre la estructura del campo, sus características y en qué zona tendrán las localidades su hijo y él. Consciente de que vive muy lejos, deja claro que su idea es ir con Sebastián a San Mamés todas las veces que sea posible “y cuantos más partidos veamos, mejor”. A renglón seguido subraya que como sus dos asientos van a quedar libres muchas jornadas, le gustaría donarlos a niños que por problemas económicos o del tipo que sea no puedan ir al campo.
Como violinista profesional, Min lleva una vida atareada, intensa. Compagina su trabajo en la Sinfónica con labores de catedrático de violín en la Universidad Nacional de las Artes de Corea y en la Universidad Hanyang de la capital. Gracias a su esfuerzo, ha logrado muchos objetivos en su vida profesional, pero tiene un sueño por cumplir. “He trabajado mucho, toda la vida, para llegar a ser violinista. Mi sueño ahora mismo es, algún día, poder llegar a interpretar el himno del Athletic en el nuevo San Mamés con mi violín. Bueno, eso y algo más, vivir el día en el que me pongan la Insignia de Oro del Club”.
UNA VIDA ENTREGADA A LA MÚSICA
Nacido en Corea del Sur, Min Kyun Kim comenzó sus estudios de violín a los diez años de edad, durante su estancia en la capital española, Madrid. Posteriormente se trasladó a Canadá, donde prosiguió su carrera musical. En la vecina Estados Unidos, en el año 1998, logró uno de los premios del Concurso Internacional de Violín de California. Posteriormente se trasladó a Indiana (Estados Unidos), en cuya universidad estatal siguió estudiando, llegando a ser primer ayudante del
profesor Mauricio Fuks, entre 2000 y 2007. En la Escuela de Música Jacobs de este centro universitario se hizo con el Máster en Interpretación de Violín.
Como profesional, ha actuado en varios países bajo la batuta de directores consagrados, como Lorin Maazel, Jukka Pekka Saraste o Sergiu Commissiona. Residente en Seúl, Min Kyun Kim es primer concertino de la Orquesta Sinfónica de Corea y de la orquesta residente de la Seúl Arts Center, labor que compagina con la educativa, ya que también trabaja como profesor adjunto en dos centros universitarios de la citada ciudad.
Con tan sólo 34 años, Min Kyun Kim, primer violín de la Korean Simphony Orchestra, ha logrado llegar a lo más alto como músico, pero sueña con tocar el himno del Athletic con su violín en el nuevo San Mamés y llegar algún día a recibir la Insignia de Oro de un Club al que ama con pasión desde que una vez, siendo niño, visitó Bilbao
Sabemos que el Athletic Club es un caso único en el fútbol mundial. No es que lo digamos nosotros, a miles de kilómetros de San Mamés, en Corea del Sur, la forma de ser rojiblanca ha conquistado a un destacado violinista y a su hijo de seis años, los cuales se han hecho socios Barria y siguen puntualmente la marcha de nuestro equipo
“Con sólo nueve o diez años, haciendo turismo por la Península con mi familia, llegué a Bilbao”, nos comenta Min Kyun Kim, afamado violinista coreano de 34 años, como queriendo dar una explicación racional de cómo nació su pasión por el Athletic y por todo lo que el Club rojiblanco significa. Rememorando aquel viaje añade, “recuerdo una cosa, me impactó la ciudad. La vi desde una zona alta y aquella imagen se me quedó grabada en la memoria. Simplemente me gustó”. Según Min, quizá el hecho de ser originario de Busan, la gran ciudad portuaria de Corea del Sur, de haberse criado frente al mar, tuviese algo que ver con la gran impresión que le causó el ‘Botxo’.
Pero las cosas no se quedaron ahí. Una vez en Bilbao, lo que tampoco olvida es aquella vuelta que se dio por los alrededores de La Catedral, campo que ya le sonaba porque en aquel entonces vivía en Madrid, cerca del Bernabéu, y el fútbol ya despertaba su interés. Contempló San Mamés, los colores rojiblancos del escudo, y se dio cuenta de que ya no era sólo la ciudad, sino también su equipo de fútbol lo que, como un imán, atraía fuertemente su atención. Reflexionando sobre el por qué de todo esto él dice que quizá se deba, en parte, a otra segunda “casualidad”, al hecho de que siempre haya tenido una predilección (que no acierta a explicar de dónde puede venirle) por los colores rojo y blanco. Sea la razón que fuese, Min se marchó de Bilbao convencido de que más pronto que tarde volvería. Y así fue. Unos pocos años después, en 1991, volvió y además para entrar por primera vez en San Mamés para ver un partido de arranque de Liga, el choque Athletic Club-Sevilla.
“Ganaron los leones 2-0”, nos dice, casi seguro de que Valverde marcó uno de los goles y de que Clemente entrenaba al equipo. Los años han pasado y no tiene ninguna duda al respecto, aquel primer contacto con el Athletic Club le marcó. De hecho, añade que aquella tarde salió del campo pensando en cómo podría arreglárselas para hacerse socio del Club. Y aunque por el tema de sus estudios se marchó más lejos todavía, a Canadá y a los Estados Unidos, desde allí empezó a seguir el día a día, la marcha de un equipo que en este momento, aunque viva en la otra punta del mundo, es el suyo. ¿Pero, de entre todo el potente mundo futbolístico europeo, por qué el Athletic? A esta pregunta, el que es actualmente primer concertino de la Orquesta Sinfónica de Corea, nos dice: “Soy coreano y para mí la filosofía de este Club de alinear solamente jugadores de casa, mimarles desde pequeños, crearles, me parece fascinante y no sólo eso, que además el equipo sea capaz de mantenerse, temporada tras temporada en Primera… eso me emociona”.
Aunque actualmente Min Kyun Kim vive y trabaja en Corea del Sur, su hijo Sebastián y él se han hecho socios Barria porque, como no podía ser menos, su vástago de seis años, también “es del Athletic”. De hecho, los dos viajaron expresamente hasta el ‘Botxo’ hace unos meses para hacerse socios. “Pienso que quizá sea uno de los más jóvenes del Club. Ahora aquí en Seúl enseña a sus amigos la tarjeta que nos dieron en Ibaigane y cuando le preguntan sus amigos que por qué no es de algún otro equipo, quizá más conocido, él les contesta: ‘yo como mi padre, del Athletic’”.
El fútbol es un fenómeno a nivel global, también en Corea del Sur, potencia asiática de este deporte, y los grandes equipos de la Premier League o la Liga tienen allí cada vez más seguidores. Sin embargo, Min nos dice que él, cuando charla con sus amigos sobre el Athletic, siempre va más allá, “yo les hablo de la ciudad, del país, de su cultura y de una filosofía que se mantiene tan viva ahora como cuando surgió. Todo eso les impresiona”. Ya de entrada y debido al Museo Guggenheim, Bilbao es una ciudad que “suena” en Corea, lo que no saben es cómo es este Club, cómo se hacen aquí las cosas, añade Min. “Por eso cuando empiezo a hablarles sobre la filosofía del Club, que jugamos únicamente con gente de casa, resulta que lo entienden y no sólo eso, percibo claramente que es una forma de hacer que es del agrado de los coreanos, que está en sintonía con nuestra mentalidad como pueblo”. Sobre este particular, Min añade que mientras en una nación vecina, Japón, son capaces de alinear jugadores brasileños nacionalizados en su selección, hacer algo parecido en Corea sería impensable, es implanteable ahora mismo. Y subraya el hecho de que en su combinado nacional sólo puedes llegar a jugar si al menos uno de tus progenitores, el padre o la madre, es del país. Por eso, remarca, “la gente no tiene ningún problema para asimilar y llegar a entender muy bien cómo y por qué se hacen las cosas de esta manera en el Athletic”.
De cara al verano, Min está preparando su próximo viaje a Euskal Herria. Aprovechará su visita para desplazarse a varias capitales europeas, pero en cuanto llegue a Bilbao piensa visitar las obras del nuevo San Mamés y recabar cuanta información sea posible sobre la estructura del campo, sus características y en qué zona tendrán las localidades su hijo y él. Consciente de que vive muy lejos, deja claro que su idea es ir con Sebastián a San Mamés todas las veces que sea posible “y cuantos más partidos veamos, mejor”. A renglón seguido subraya que como sus dos asientos van a quedar libres muchas jornadas, le gustaría donarlos a niños que por problemas económicos o del tipo que sea no puedan ir al campo.
Como violinista profesional, Min lleva una vida atareada, intensa. Compagina su trabajo en la Sinfónica con labores de catedrático de violín en la Universidad Nacional de las Artes de Corea y en la Universidad Hanyang de la capital. Gracias a su esfuerzo, ha logrado muchos objetivos en su vida profesional, pero tiene un sueño por cumplir. “He trabajado mucho, toda la vida, para llegar a ser violinista. Mi sueño ahora mismo es, algún día, poder llegar a interpretar el himno del Athletic en el nuevo San Mamés con mi violín. Bueno, eso y algo más, vivir el día en el que me pongan la Insignia de Oro del Club”.
UNA VIDA ENTREGADA A LA MÚSICA
Nacido en Corea del Sur, Min Kyun Kim comenzó sus estudios de violín a los diez años de edad, durante su estancia en la capital española, Madrid. Posteriormente se trasladó a Canadá, donde prosiguió su carrera musical. En la vecina Estados Unidos, en el año 1998, logró uno de los premios del Concurso Internacional de Violín de California. Posteriormente se trasladó a Indiana (Estados Unidos), en cuya universidad estatal siguió estudiando, llegando a ser primer ayudante del
profesor Mauricio Fuks, entre 2000 y 2007. En la Escuela de Música Jacobs de este centro universitario se hizo con el Máster en Interpretación de Violín.
Como profesional, ha actuado en varios países bajo la batuta de directores consagrados, como Lorin Maazel, Jukka Pekka Saraste o Sergiu Commissiona. Residente en Seúl, Min Kyun Kim es primer concertino de la Orquesta Sinfónica de Corea y de la orquesta residente de la Seúl Arts Center, labor que compagina con la educativa, ya que también trabaja como profesor adjunto en dos centros universitarios de la citada ciudad.
jueves, 29 de agosto de 2013
Hasta siempre viejo amigo
(Artículo publicado por Jon Uriarte en el diario El Correo el 23/05/13)
Ha llegado la hora de partir. 31 años pesan, pero tenemos que despedir. Al fin y al cabo hemos sido uno. No recuerdo cuándo nos conocimos. Dice el carnet que fue allá por 1982. Disculpa la falta de concreción, pero uno siempre prestó en el fútbol más interés por la horizontalidad que por la verticalidad. Y entonces sólo miraba hacia el verde. Por eso, aquí y ahora, quiero agradecerte estas tres décadas de amistad. Llegaste un día con tus 39.999 familiares. Frecuenté a algunos de ellos durante estos años. Pero siempre te recordaré en pareja. Tú con tu hermano y yo con el mío. Alguien dirá que sólo sois asientos. pero hacéis familia. Por eso estas líneas y por eso esta pena.
Llevamos despidiéndonos como lo hacen quienes se quieren en las estaciones. Apurando los segundos antes de que suene el silbato y salga el tren. Porque tú y yo, viejo amigo, hemos vivido lo nuestro. Vimos cómo empezábamos a ganar la Liga en el 83 y cómo la cerrábamos en el 84. ¿Recuerdas cómo sacaron el córner desde nuestra derecha? ¿Y el que lanzaron desde la izquierda, cuando nos jugabamos la vida y el descenso? Si, ya sé que las preguntas ofenden. Que lo recuerdas todo. Como el recibimiento al Athletic campeón o las Ligas de nuestro equipo femenino. Días de gloria y también de derrota. Tres veces te traicioné, porque tres veces me marché. Pero no fue por tí, sino por el partido. No podía más. Tú, en cambio, allí seguiste. Solo. Rodeado de otros asientos y de otra gente. Por eso te pido perdón. Porque tú nunca lo hiciste. Y nunca lo harías.
113. Ese es tu nombre. Sin apellido. Cuando se es importante, sobra. Tú lo eres. Aunque nunca te diste importancia. Guardaste bajo tu sombra, con humildad, el bocadillo preparado por ama. Y sabías cuando no era casero, sino comprado precipitadamente en algún rincón de Pozas. También escondiste la lata de Kas, y la de cerveza años después, cuando la metía furtiva los días de cita importante que exigía cacheo previo. A cambio, yo te dejaba el cuadernillo que repartian en la puerta para que echases un vistazo a la clasificación y a la pinta del rival. Siempre fue así. Y no solo entre nosotros. Observa la fotografía que te saqué. Estás con tu hermano 112. Un puñado de esos cuadernillos asoma bajo él. Y retales de un periódico y un cigarrillo nervioso, tras el compañero que tenéis detrás. Restos olvidados tras la batalla.

Jon Uriarte ilustra su artículo con una foto de su asiento. Me he tomado la libertad de sustituirla con la foto del que ha sido durante más de veinte años mi compañero fiel. Es el número 35
Nunca había sacado una foto en San Mamés. Me refiero en nuestro sitio. Daba por hecho que sería eterno. Y a lo cotidiano rara vez se le inmortaliza. Pero todo tiene su fin. Por eso hoy recuerdo los días de vino y bota, recorriendo el pellejo la tribuna. Los rostros del fútbol. Gentes cuyos nombres quizá olvide. Pero jamás sus abrazos en goles y victorias. Tú tampoco los olvidarás. Ni a quienes fueron de mi parte a visitarte. Familia, amigos y conocidos. Unos ya se fueron, otros seguirán cuando nos hayamos ido. Pero sobre todo, acogiste a nuestra hermana. La que quiso ser socia desde el biberón y hoy es barria. Todo es barria ahora. Por eso el sábado 11 de mayo, pasadas las seis y cuando todos partían hacia las calles de Bilbao, me quedé a tu lado. Y te toqué por última vez. Creía que lloraría, pero no fue así. No había suficiente lágrima para tanta emoción.
Además, hubiese sido una zafia despedida. Reconozco que estuve a punto de robarte. Queria liberarte de la destrucción. Ya sabes que pedí comprarte para que, de ser esclavo, pasaras a ser libre. Pero no recibí contestación. Quizá, al final, alguien comprenda que nuestra amistad es especial. Que no eres sólo un asiento. Sino un compañero que me dejó subir sobre él para tocar el cielo con nuestra bandera y agitar la bufanda ante el mundo. Porque no hablarás, pero escuchas. No aplaudirás, pero aúpas. Has aguantado arrebatos en las victorias y golpes tras las derrotas. Como si tuvieras culpa de algo. Si de algo te podemos acusar es de ser parte de todo. De ese mundo llamado San Mamés. 'La Catedral' del fútbol. La que es tan grande y diferente que no tiene bancos, sino asientos. A veces blancos, como la honra. Casi siempre rojos, como la pasión. Y como tú. Ya estás viejo y descolorido, pero sigues siendo mi fiel compañero. Mi sitio. Mi asiento. Hasta siempre viejo amigo. Nunca te olvidaré. Quizá no pueda salvarte, quizá termines entre escombros, pero nadie podrá derribar los momentos que vivimos en el viejo San Mamés.
Ha llegado la hora de partir. 31 años pesan, pero tenemos que despedir. Al fin y al cabo hemos sido uno. No recuerdo cuándo nos conocimos. Dice el carnet que fue allá por 1982. Disculpa la falta de concreción, pero uno siempre prestó en el fútbol más interés por la horizontalidad que por la verticalidad. Y entonces sólo miraba hacia el verde. Por eso, aquí y ahora, quiero agradecerte estas tres décadas de amistad. Llegaste un día con tus 39.999 familiares. Frecuenté a algunos de ellos durante estos años. Pero siempre te recordaré en pareja. Tú con tu hermano y yo con el mío. Alguien dirá que sólo sois asientos. pero hacéis familia. Por eso estas líneas y por eso esta pena.
Llevamos despidiéndonos como lo hacen quienes se quieren en las estaciones. Apurando los segundos antes de que suene el silbato y salga el tren. Porque tú y yo, viejo amigo, hemos vivido lo nuestro. Vimos cómo empezábamos a ganar la Liga en el 83 y cómo la cerrábamos en el 84. ¿Recuerdas cómo sacaron el córner desde nuestra derecha? ¿Y el que lanzaron desde la izquierda, cuando nos jugabamos la vida y el descenso? Si, ya sé que las preguntas ofenden. Que lo recuerdas todo. Como el recibimiento al Athletic campeón o las Ligas de nuestro equipo femenino. Días de gloria y también de derrota. Tres veces te traicioné, porque tres veces me marché. Pero no fue por tí, sino por el partido. No podía más. Tú, en cambio, allí seguiste. Solo. Rodeado de otros asientos y de otra gente. Por eso te pido perdón. Porque tú nunca lo hiciste. Y nunca lo harías.
113. Ese es tu nombre. Sin apellido. Cuando se es importante, sobra. Tú lo eres. Aunque nunca te diste importancia. Guardaste bajo tu sombra, con humildad, el bocadillo preparado por ama. Y sabías cuando no era casero, sino comprado precipitadamente en algún rincón de Pozas. También escondiste la lata de Kas, y la de cerveza años después, cuando la metía furtiva los días de cita importante que exigía cacheo previo. A cambio, yo te dejaba el cuadernillo que repartian en la puerta para que echases un vistazo a la clasificación y a la pinta del rival. Siempre fue así. Y no solo entre nosotros. Observa la fotografía que te saqué. Estás con tu hermano 112. Un puñado de esos cuadernillos asoma bajo él. Y retales de un periódico y un cigarrillo nervioso, tras el compañero que tenéis detrás. Restos olvidados tras la batalla.
Jon Uriarte ilustra su artículo con una foto de su asiento. Me he tomado la libertad de sustituirla con la foto del que ha sido durante más de veinte años mi compañero fiel. Es el número 35
Nunca había sacado una foto en San Mamés. Me refiero en nuestro sitio. Daba por hecho que sería eterno. Y a lo cotidiano rara vez se le inmortaliza. Pero todo tiene su fin. Por eso hoy recuerdo los días de vino y bota, recorriendo el pellejo la tribuna. Los rostros del fútbol. Gentes cuyos nombres quizá olvide. Pero jamás sus abrazos en goles y victorias. Tú tampoco los olvidarás. Ni a quienes fueron de mi parte a visitarte. Familia, amigos y conocidos. Unos ya se fueron, otros seguirán cuando nos hayamos ido. Pero sobre todo, acogiste a nuestra hermana. La que quiso ser socia desde el biberón y hoy es barria. Todo es barria ahora. Por eso el sábado 11 de mayo, pasadas las seis y cuando todos partían hacia las calles de Bilbao, me quedé a tu lado. Y te toqué por última vez. Creía que lloraría, pero no fue así. No había suficiente lágrima para tanta emoción.
Además, hubiese sido una zafia despedida. Reconozco que estuve a punto de robarte. Queria liberarte de la destrucción. Ya sabes que pedí comprarte para que, de ser esclavo, pasaras a ser libre. Pero no recibí contestación. Quizá, al final, alguien comprenda que nuestra amistad es especial. Que no eres sólo un asiento. Sino un compañero que me dejó subir sobre él para tocar el cielo con nuestra bandera y agitar la bufanda ante el mundo. Porque no hablarás, pero escuchas. No aplaudirás, pero aúpas. Has aguantado arrebatos en las victorias y golpes tras las derrotas. Como si tuvieras culpa de algo. Si de algo te podemos acusar es de ser parte de todo. De ese mundo llamado San Mamés. 'La Catedral' del fútbol. La que es tan grande y diferente que no tiene bancos, sino asientos. A veces blancos, como la honra. Casi siempre rojos, como la pasión. Y como tú. Ya estás viejo y descolorido, pero sigues siendo mi fiel compañero. Mi sitio. Mi asiento. Hasta siempre viejo amigo. Nunca te olvidaré. Quizá no pueda salvarte, quizá termines entre escombros, pero nadie podrá derribar los momentos que vivimos en el viejo San Mamés.
lunes, 26 de agosto de 2013
sábado, 24 de agosto de 2013
El derby desde otro punto de vista
Tiras cómicas publicadas por Asier en su blog 'Athletic Risas Club' (Click en la imágen para ampliar)
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