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lunes, 12 de septiembre de 2011
miércoles, 7 de septiembre de 2011
Los Inolvidables: Iribar
Los periodistas Jon Agiriano y Miguel González San Martín han reunido bajo el titulo 'Los Inolvidables' un conjunto de entrevistas a jugadores historicos del Athletic Club.
«Siempre quisimos ser ejemplares»
José Ángel Iríbar «En el Athletic vives obsesionado con dar una alegría a la afición porque ella te da tanto que tienes que responderle»

28 de noviembre de 2010 - Diario El Correo
JON AGIRIANO - MIGUEL GONZÁLEZ SAN MARTÍN
El césped de San Mamés ejerce todavía un influjo benéfico en José Ángel Iribar. Cada vez que lo pisa, no puede evitar caminar hacia la portería de Misericordia y detenerse a respirar hondo mientras observa el circo de las gradas, vacías esta mañana de lluvia. «Es como volver a la juventud. Me siento rejuvenecer. Es una sensación muy bonita», dice. También lo es, piensan sus acompañantes, la de pasear por el césped de 'La Catedral', un viejo sueño improbable, con una de las grandes leyendas del Athletic.
Iribar es un hombre imponente -tiene 67 años, pero su figura sigue destilando la misma autoridad majestuosa de siempre-, que comenzó a ser todo lo que es mirándose en el espejo de su padre, el patriarca del caserío Makatza. Aquel 'kale baserri' que todavía se levanta en la Plaza de la Música de Zarautz era, en los años de la postguerra, un hogar multitudinario en el que José Ángel Iribar convivía con un abuelo cascarrabias, sus padres, sus cuatro hermanas pequeñas y la legión que formaban sus nueve tíos paternos. La playa quedaba a 100 metros, lo mismo que el colegio La Salle, los dos escenarios en los que se forjó el que, con el paso del tiempo, se convertiría en uno de los mejores porteros de la historia del fútbol. Marcelino Iribar gobernaba dando ejemplo aquel universo familiar de euskaldunes sencillos, trabajadores y temerosos de Dios. Su primogénito nunca dejó de admirarle.
- Yo, a aita le tenía en un pedestal. Era una persona muy querida en el pueblo, un hombre pacífico, trabajador, tranquilo, conciliador... Para mí era un hombre ejemplar. Uno de los objetivos de mi vida ha sido parecerme a mi padre. Para mí el respeto es algo fundamental y eso me viene de aita.
- Su padre murió cuando usted tenía 19 años. Seguro que siempre le ha pesado no poder compartir con él sus éxitos, sentir que estaba orgulloso de usted.
- Por supuesto. Pero al menos pude darle la alegría de fichar por el Athletic, que era su equipo de toda la vida. Uno de los días grandes del año para nosotros era cuando el Athletic iba a jugar a Atotxa. Los autobuses de la afición pasaban por delante de casa y había un ambientazo tremendo. Era un día grande. Aita, además, era un gran deportista. Había hecho sus pinitos como portero y le encantaban todos los deportes. De niño me gustaba mucho abrir su gran baúl de las herramientas y mirar las fotos de sus ídolos que tenía allí pegadas, de Zamora, de Joe Louis, de Zatopek...
- Su carrera en el fútbol comenzó de verdad con su fichaje por el Baskonia. ¿Cómo lo recuerda?
- Fue a finales de julio, principios de agosto. Estaba con aita descargando la hierba en el portal de casa y vino a vernos Salvador Etxabe, un futbolista de Zarautz que había fichado por el Athletic y estaba cedido en el Baskonia. Nos dijo que estaban buscando porteros y me preguntó si quería hacer una prueba.
- Y usted, encantado.
- Claro, era un equipo de Segunda. Pedí permiso en casa y me fui a Basauri. Era la primera vez que iba a Vizcaya. Estuve 15 días en la pensión Ibarrondo, que llevaba un matrimonio de Zeberio, euskaldunes, muy majos. De hecho, me quedé viviendo con ellos hasta que me casé. Aún estando en el Athletic vivía en esa pensión.
- Aquella prueba fue un éxito gracias a Piru Gainza.
- Sí. Que me quedara en el Baskonia fue cosa de Piru, que estaba allí de asesor. En la primera prueba solo jugué medio tiempo y tuve poco trabajo, pero él insistió en que, al día siguiente, fuese al entrenamiento. La vida es así. Tuve la suerte de encontrarme en el momento oportuno con la persona adecuada.
La novatada
- El Athletic no tardó mucho en fijarse en usted.
- Teníamos la suerte de que en el Baskonia hacíamos muchas veces de 'sparring' del Athletic. Por lo menos una vez al mes jugábamos contra ellos en San Mamés.
- Le impondría mucho enfrentarse a aquellos grandes jugadores: Carmelo, Orue, Artetxe, Markaida, Uribe, Arieta...
- Pues no. Me sentía de maravilla al tenerlos enfrente. Hombre, cuando les tuve de compañeros, mejor que mejor, pero me encantaba jugar contra ellos y que me dieran trabajo.
- ¿Cómo le recibieron?
- Muy bien. Hombre, la primera vez que entras al vestuario del Athletic tienes que pagar la novatada. No sabes dónde sentarte y siempre hay alguno que te dice: 'Ponte allí, en aquella percha'. Y, cuando te pones, aparece el veterano al que has quitado el sitio y te pregunta a ver quién te crees que eres. A mí la bronca me la echó Eneko Arieta.
- Usted también habrá hecho novatadas.
- No. No he sido de hacer novatadas, quizá porque yo pasé un mal rato, quizá por timidez...
- Se reconoce tímido, lo que contrasta, en cierto modo, con el hecho de que estuviera encantado jugando contra grandes jugadores, algo que denota una gran confianza en sí mismo, una enorme seguridad.
- Es que yo en el campo me transformaba. Era otro. Allí estaba en mi medio. Cuanto más ruido hubiese, mejor. Me metía por completo en el partido.
- Nunca le ha podido la ansiedad, el vértigo.....
- No. Para estar ahí lo más importante, sobre todo si eres portero, es la fuerza mental. Si no la tienes, ya puedes tener todo lo demás, que no te sirve de nada.
- Fue titular durante 18 temporadas. En esos años, vio desfilar a un buen número de compañeros que se eternizaban como suplentes suyos. Tuvo que ser muy competitivo defendiendo su puesto.
- Lo fui, claro, pero es que no tenía otro remedio. No hay que olvidar que algunos de los suplentes que tuve fueron internacionales. Deusto, por ejemplo. Siempre pensé que eran muy buenos y que me podían quitar el puesto en cualquier momento. Por eso siempre entrené muy fuerte.
- Nunca se acomodó, creyendo que el puesto era suyo en propiedad.
- Nunca. Trabajé para merecerlo todos los días.
Delante de Puskas
- Hablemos de sus mejores momentos en el Athletic. Su debut, por ejemplo.
- Más que mi debut, que fueron unos minutos en Málaga, recuerdo mi primer partido en San Mamés, contra el Madrid de Di Stéfano, Puskas y Gento. Bueno, Gento no pudo jugar aquel día. Le sustituyó Manolín Bueno. Faltaban dos o tres partidos para el final de temporada y Zubieta me dijo que iba a jugar. Me hizo mucha ilusión, también por lo inesperado, porque Carmelo seguía siendo internacional y, viéndole entrenar, yo pensaba que lo iba a tener muy difícil. Vinieron a verme todos mis amigos de Zarautz. Nos iban ganado 0-1 y, en una falta de Orue a Manolín Bueno tres metros fuera del área, el árbitro pitó penalti. Se armó una escandalera tremenda. No paraban de caer almohadillas y a Puskas no le dejaban tirar el penalti. Recuerdo que me fui hacia él, haciéndome el veterano, y le dije que lo lanzase fuera porque, si no, se iba a armar una gorda. Él me dijo: 'Sí, sí, claro que sí, hijoputa'. Creo que lo de 'hijoputa' fue lo primero que aprendió del castellano. Lo utilizaba mucho. Cuando ya éramos amigos, me saludaba siempre igual: 'Hombre, Iribar, hijoputa'. Tiró aquel penalti y me lo clavó, claro. Nadie me ha chutado como Puskas.
- Su amigo Iñaki Sáez dijo una vez que no hay nada como ganar una Copa con el Athletic.
- Y es verdad. Lo que viví con los dos títulos no lo cambio por nada. Compartes la alegría con tanta gente&hellip En el Athletic vives obsesionado con dar una alegría a la afición porque ella te da tanto que tienes que responderle. Ese es el 'leit motiv' de siempre en la caseta. Cuando yo llegué al vestuario, por ejemplo, percibí la inquietud de que llevábamos mucho tiempo sin lograr un título. ¡Y solo eran cuatro temporadas!
- Perdió su primera final, contra el Zaragoza, pero en ese partido se consagró. Aquel día surgió la canción de que 'Iribar es cojonudo, como Iribar no hay ninguno'.
- Aquel día la afición me ganó para siempre. Habíamos perdido contra un gran equipo que nos había dado un repaso. Tuve mucho trabajo y estuve bien. Pero que te hagan una canción y te saquen a hombros... ¡Porque a mí me sacaron a hombros! «Bajadme, que hemos perdido», les decía. Y nada. Ni caso. ¡Hasta me pusieron una txapela! No hay otra afición que haga eso. Ese día supe que nunca saldría del Athletic.
- Hablemos de los peores momentos.
- Sin duda, las tifoideas, que no me llevaron al otro mundo de milagro. Yo puedo decir que sé lo que es estar con un pie en el otro lado. En las crisis de fiebre, levitaba. Tenía tales convulsiones que me levantaba.
- ¿Tuvo miedo a la muerte?
- ¿Miedo? Pues no. En ese momento, estás resistiendo, luchando por la vida. No piensas en otra cosa. Es cuando te recuperas cuando te pones a pensar en muchas cosas.
Aquella maldita final
- ¿Es usted religioso?
- En aquella época, sí. Yo venía de una familia muy religiosa. Teníamos la parroquia muy cerca de casa y fui cantor del coro. Luego vas perdiendo algunas de esas creencias, pero supongo que siempre queda algo.
- Se hicieron rogativas por usted.
- Yo no me enteraba, pero es verdad. Recuerdo que, cuando me dieron el alta, el padre Scheifler, de los jesuitas, me llevó a rezar un rosario por todas las rogativas que habían hecho.
- Otro momento duro fueron las dos finales perdidas en 1977.
- Sin duda. Sobre todo, la del Betis. Contra la Juventus fue distinto. Hicimos méritos y solo nos faltó suerte. Lo del Betis fue peor. Nos dejó tocados durante mucho tiempo. Se acababa de legalizar la ikurriña y el campo era nuestro. Nunca he visto un ambiente semejante. Éramos superiores al Betis, pero aquel día tuvimos dos factores en contra. Por un lado, el calor, 38 grados. Por otro, que fuimos más individualistas, no hicimos el fútbol que habíamos hecho hasta ese momento. Llegamos muy tocados a los penaltis, incluso yo. Fue demoledor.
- Colgó las botas en 1980, después de 18 temporadas. ¿Fue una decisión traumática?
- La verdad es que no. Lo tenía asumido. Ya en diciembre tomé la decisión de dejarlo. En el club me ofrecieron la renovación y se enfadaron cuando les dije que no seguía, pero es que no podía rendir al nivel que yo me exigía. No estaba bien físicamente. Tenía muchos problemas de espalda, en el nervio ciático.
-¿Cómo ha llevado la popularidad, el vivir siendo una leyenda viviente? Iribar, ni más ni menos.
- Ahora lo llevo bien. Lo tengo asumido y mentiría si dijera que no me gusta que la gente me reconozca por la calle. Hubo un momento, al dejar de jugar al fútbol, en el que decidí entrar en el anonimato y empezar otra vida. Tuve una empresa de coloniales e hice mis escarceos de representante. Incluso me dejé barba. Pero no tardé en darme cuenta de que el anonimato era imposible, y más si continuaba metido en el fútbol.
- Que es lo que hizo.
- Sí. Continué en el Athletic entrenando a la base. Me lo ofreció Duñabeitia y acepté porque me hacía ilusión y porque siempre he pensado, y sigo convencido de ello, que es bueno que los chavales de Lezama tengan referencias.
- Aparte de entrenar muchos años en categorías inferiores y ser técnico de porteros, en la temporada 1986-87 dirigió al primer equipo. Fue al año del play-off del descenso. Menuda angustia.
- La verdad es que yo siempre confíé en el equipo, pero es cierto que fue una temporada dura. En el club se vivía una convulsión muy fuerte, la plantilla comenzaba una transición, perdimos a Zubizarreta y a Julio Salinas, se lesionaron varios jugadores importantes... Fue un momento complicado.
- Hablaba antes de referencias para los chavales. Ustedes lo eran también por su forma de comportarse en el campo. Siempre tuvieron un concepto muy alto del juego. No querían trampas, ni picaresca.
- Eso lo hemos mamado en el vestuario. Nosotros teníamos un estilo que era también una moral. Siempre quisimos ser ejemplares. Hay una anécdota que a mí de chaval me dejó una impronta enorme. La escuché en la radio. Fue cuando Telmo Zarra, en Málaga, con toda la portería vacía, tiró el balón fuera porque, sin querer, había golpeado al portero al regatearle y le había lesionado. A mí ese concepto de nobleza se me quedó grabado.
- Ahora al que hace eso le llamarían tonto, como mínimo.
- Son otros tiempos. Nosotros íbamos siempre a pecho descubierto, a jugar sin trampas ni chorradas. Además, nunca hemos sabido hacer eso. Alguna vez alguno intentaba alguna cosa y enseguida quedaba en evidencia. 'Pero tú qué andas', le decíamos.
- ¿Cree que esa actitud se mantiene ahora?
- ¿Me permitís que no conteste a esta pregunta?
- Albert Camus, que también fue portero, dijo que todo lo que sabía sobre la moral y las obligaciones de los hombres lo había aprendido en un campo de fútbol. ¿Comparte esa afirmación?
- Sin duda. El fútbol ha sido una escuela de vida. Un equipo es como una familia. Cada uno tiene su carácter, cada uno piensa de una manera, a veces surgen problemas... Pero estás unido por un sentimiento y por un objetivo común.
- ¿En el Athletic era obligado ser respetable?
- No es que fuese obligado. Tú podías elegir. Pero existía esa tendencia, que la marcaban hombres como Etura, Artetxe, Arieta o José Mari Orue, que para mí siempre fue un ejemplo como profesional y como ser humano. Ellos te inculcaban la necesidad de dar buena imagen, de dejar alto el nombre del Athletic y del país. Yo eso lo he mamado. Probablemente éramos muy idealistas en el concepto del fútbol y en la vida.
«Es indispensable conservar a los futbolistas de más talento»
- Usted siempre ha defendido la filosofía del Athletic. ¿Le sigue pareciendo viable y con futuro?
- Sí. Soy un defensor acérrimo de la filosofía del club. Es más, creo que los tiempos corren a favor de esta filosofía, por la crisis y todo eso. Hoy por hoy, mantenerla me parece algo inteligente viendo cómo está el fútbol y hacia dónde se dirige. Ahora bien, es indispensable conservar a los futbolistas de más talento. Para que la filosofía del Athletic tenga sentido, y sea viable, no se nos pueden marchar los mejores. Hay que poner los medios para conservarlos.
- ¿Económicos?
- No solo económicos. Hay que convencer a los jugadores, tocarles la fibra sensible, hacerles ver lo mucho que ganan estando en el Athletic. Ya he comentado antes cómo me convencieron a mí para siempre, en aquella final contra el Zaragoza.
- Pero también ha dicho usted que ustedes eran muy idealistas. Los jóvenes de ahora no lo parecen tanto.
- Hay de todo, como había en mi época. No creo que ahora todos sean más egoístas. Igual lo es el que menos te lo piensas. Tenemos que ser capaces de pagarles y de convencerles.
- Le veo optimista.
- Lo soy. Es que merece la pena ser del Athletic. Para cualquier familia de Vizcaya es muy grande que un hijo o un sobrino entrene en Lezama. En las últimas semanas ha venido gente de Alemania, Inglaterra e Italia interesándose por nuestra filosofía. Ahora, además, tenemos una cosa buena y es que los chavales tienen referencias. ¡Tenemos dos campeones del mundo! Eso es un tirón muy importante que hay que aprovechar. Que los niños puedan decir que quieren ser como Llorente, como Iraola o Javi Martínez. Eso tiene un valor increíble. Por eso soy optimista. Más que nunca.
- Hablando de los campeones mundiales, usted fue 49 veces internacional con España y campeón de Europa en 1964. ¿Cómo vivió su paso por la selección española un nacionalista como usted?
- Sin problemas. No politizas el tema. Te dedicas a cumplir con tu obligación e intentar hacerlo lo mejor posible. El tema político ni te lo planteas. Estás metido en una dictadura, no tienes libertad, no puedes elegir... Lo que intentas es disfrutar haciendo lo que te gusta, disfrutar del fútbol y de la amistad de tus compañeros.
Seleccionador de Euskadi
- Es usted seleccionador de Euskadi. ¿Cómo ha llevado que, en los últimos años, no se haya jugado el partido de Navidad?
- No lo he llevado bien, claro. No es que Etxarri y yo seamos seleccionadores. En realidad nos invitan en cada partido y lo hacemos por amistad, y porque para nosotros es un honor. Me gustaría que Euskadi tuviese una selección oficial. Yo estoy por esa labor. Pero eso hay que trabajarlo, empezando por el partido de Navidad. Aunque algunos lo traten de folclórico, es muy importante para que la gente se vaya concienciando. Tiene ese valor y me alegro de que este año vaya a recuperarse.
- Hablando de entendimiento y de política. ¿Está de acuerdo con que el Athletic está por encima de las ideologías y que es uno de los pocos lugares de verdadera cohesión en nuestra sociedad?
- Por supuesto. El Athletic es aglutinador. Yo siempre lo he visto como una gran familia. En el Athletic hay todo tipo de personas y de ideologías. El vestuario también ha sido así. El Athletic somos todos nosotros. Tenemos que tener claro que el club está por encima de todo, de coyunturas, de ideas, de polémicas...
El hombre de negro
- Uno juega como es, dijo una vez. Usted fue el paradigma del portero seguro, sobrio, siempre bien colocado, que nunca se permitía una sobreactuación. ¿Le salía de dentro o se inspiró en alguien?
- Yo admiré a muchos porteros, empezando por Edmundo, el portero de mi pueblo. Me encantaba su estilo. Sobrio, siempre vestido de negro...
- Un color que hizo suyo.
- En Zarautz no jugaba de negro. Jugaba de rojo, con un jersey de lana buenísima que nos hacían en una mercería. Pero el negro siempre me gustó. Siempre me he sentido bien con él. Nunca me ha gustado el colorín. Pero tampoco era ninguna novedad. Carmelo también jugaba de negro.
- ¿Cómo nace su apelativo de El Chopo?
- Surgió en Basauri, de un tal Etxabe.
- ¿El que le propuso hacer la prueba en el Baskonia?
- No, otro. Antes me llamaban El Pulpo, pero por lo visto una vez salí a un balón muy alto, me elevé muy recto y ese Etxabe debió decir: 'Pero si parece un chopo'. Y me quedé con El Chopo.
- El puesto del portero es el que más ha evolucionado en el fútbol.
- No ha quedado otro remedio. Cada nueva regla que ha entrado en vigor nos lo ha puesto más difícil. A veces de un modo absurdo. Se ha llegado a anular, por ejemplo, una jugada tan importante para los porteros como es la salida a los pies. Ahora ya no puedes salir porque, si no calculas bien, te pitan penalti y te vas a la calle. De esta forma, el portero se convierte en alguien mucho más pasivo. En caso de duda, te quedas parado para ver si te pega el balón.
- Pese a todos los cambios, usted nunca ha dejado de defender que la base del trabajo de un portero sigue siendo el blocaje.
- Sí, pero también eso se ha complicado porque los balones son cada vez más imprevisibles y hacen más extraños. En nuestra época también los hacían, pero era, sobre todo, por la forma de golpear de algunos jugadores extraordinarios, como Valdo, el del Valencia, por ejemplo, o Eusebio, que era tremendo. O Puskas, claro. Estamos hablando de auténticos maestros del golpeo. La clave del blocaje es que te haces con la iniciativa del juego. El balón es tuyo y lo juegas. Dependiendo de la situación, puedes organizar un contraataque casi perfecto.
- Sobre todo, si el portero pasa en largo con la mano como lo hacía usted.
- Lo teníamos ensayado. Fidel Uriarte y Rojo se desmarcaban muy bien y muy rápido. Lo fundamental de esa jugada no es tanto pasar muy largo como ajustar el pase de forma que tu compañero vaya con ventaja y no pierda ni una décima de segundo. En los últimos años, a quien mejor se lo he visto hacer era a Schmeichel. Lo hacía perfecto.
- ¿Cuál es el secreto del blocaje?
- La velocidad de piernas. Para ser seguro tienes que ser rápido de forma multilateral y luego saber frenar. En el equilibrio de tu cuerpo está la seguridad. Si vas desequilibrado, siempre vas a ir mal de manos para parar. Es lo primero que hay que entrenar.
«Siempre quisimos ser ejemplares»
José Ángel Iríbar «En el Athletic vives obsesionado con dar una alegría a la afición porque ella te da tanto que tienes que responderle»

28 de noviembre de 2010 - Diario El Correo
JON AGIRIANO - MIGUEL GONZÁLEZ SAN MARTÍN
El césped de San Mamés ejerce todavía un influjo benéfico en José Ángel Iribar. Cada vez que lo pisa, no puede evitar caminar hacia la portería de Misericordia y detenerse a respirar hondo mientras observa el circo de las gradas, vacías esta mañana de lluvia. «Es como volver a la juventud. Me siento rejuvenecer. Es una sensación muy bonita», dice. También lo es, piensan sus acompañantes, la de pasear por el césped de 'La Catedral', un viejo sueño improbable, con una de las grandes leyendas del Athletic.
Iribar es un hombre imponente -tiene 67 años, pero su figura sigue destilando la misma autoridad majestuosa de siempre-, que comenzó a ser todo lo que es mirándose en el espejo de su padre, el patriarca del caserío Makatza. Aquel 'kale baserri' que todavía se levanta en la Plaza de la Música de Zarautz era, en los años de la postguerra, un hogar multitudinario en el que José Ángel Iribar convivía con un abuelo cascarrabias, sus padres, sus cuatro hermanas pequeñas y la legión que formaban sus nueve tíos paternos. La playa quedaba a 100 metros, lo mismo que el colegio La Salle, los dos escenarios en los que se forjó el que, con el paso del tiempo, se convertiría en uno de los mejores porteros de la historia del fútbol. Marcelino Iribar gobernaba dando ejemplo aquel universo familiar de euskaldunes sencillos, trabajadores y temerosos de Dios. Su primogénito nunca dejó de admirarle.
- Yo, a aita le tenía en un pedestal. Era una persona muy querida en el pueblo, un hombre pacífico, trabajador, tranquilo, conciliador... Para mí era un hombre ejemplar. Uno de los objetivos de mi vida ha sido parecerme a mi padre. Para mí el respeto es algo fundamental y eso me viene de aita.
- Su padre murió cuando usted tenía 19 años. Seguro que siempre le ha pesado no poder compartir con él sus éxitos, sentir que estaba orgulloso de usted.
- Por supuesto. Pero al menos pude darle la alegría de fichar por el Athletic, que era su equipo de toda la vida. Uno de los días grandes del año para nosotros era cuando el Athletic iba a jugar a Atotxa. Los autobuses de la afición pasaban por delante de casa y había un ambientazo tremendo. Era un día grande. Aita, además, era un gran deportista. Había hecho sus pinitos como portero y le encantaban todos los deportes. De niño me gustaba mucho abrir su gran baúl de las herramientas y mirar las fotos de sus ídolos que tenía allí pegadas, de Zamora, de Joe Louis, de Zatopek...
- Su carrera en el fútbol comenzó de verdad con su fichaje por el Baskonia. ¿Cómo lo recuerda?
- Fue a finales de julio, principios de agosto. Estaba con aita descargando la hierba en el portal de casa y vino a vernos Salvador Etxabe, un futbolista de Zarautz que había fichado por el Athletic y estaba cedido en el Baskonia. Nos dijo que estaban buscando porteros y me preguntó si quería hacer una prueba.
- Y usted, encantado.
- Claro, era un equipo de Segunda. Pedí permiso en casa y me fui a Basauri. Era la primera vez que iba a Vizcaya. Estuve 15 días en la pensión Ibarrondo, que llevaba un matrimonio de Zeberio, euskaldunes, muy majos. De hecho, me quedé viviendo con ellos hasta que me casé. Aún estando en el Athletic vivía en esa pensión.
- Aquella prueba fue un éxito gracias a Piru Gainza.
- Sí. Que me quedara en el Baskonia fue cosa de Piru, que estaba allí de asesor. En la primera prueba solo jugué medio tiempo y tuve poco trabajo, pero él insistió en que, al día siguiente, fuese al entrenamiento. La vida es así. Tuve la suerte de encontrarme en el momento oportuno con la persona adecuada.
La novatada
- El Athletic no tardó mucho en fijarse en usted.
- Teníamos la suerte de que en el Baskonia hacíamos muchas veces de 'sparring' del Athletic. Por lo menos una vez al mes jugábamos contra ellos en San Mamés.
- Le impondría mucho enfrentarse a aquellos grandes jugadores: Carmelo, Orue, Artetxe, Markaida, Uribe, Arieta...
- Pues no. Me sentía de maravilla al tenerlos enfrente. Hombre, cuando les tuve de compañeros, mejor que mejor, pero me encantaba jugar contra ellos y que me dieran trabajo.
- ¿Cómo le recibieron?
- Muy bien. Hombre, la primera vez que entras al vestuario del Athletic tienes que pagar la novatada. No sabes dónde sentarte y siempre hay alguno que te dice: 'Ponte allí, en aquella percha'. Y, cuando te pones, aparece el veterano al que has quitado el sitio y te pregunta a ver quién te crees que eres. A mí la bronca me la echó Eneko Arieta.
- Usted también habrá hecho novatadas.
- No. No he sido de hacer novatadas, quizá porque yo pasé un mal rato, quizá por timidez...
- Se reconoce tímido, lo que contrasta, en cierto modo, con el hecho de que estuviera encantado jugando contra grandes jugadores, algo que denota una gran confianza en sí mismo, una enorme seguridad.
- Es que yo en el campo me transformaba. Era otro. Allí estaba en mi medio. Cuanto más ruido hubiese, mejor. Me metía por completo en el partido.
- Nunca le ha podido la ansiedad, el vértigo.....
- No. Para estar ahí lo más importante, sobre todo si eres portero, es la fuerza mental. Si no la tienes, ya puedes tener todo lo demás, que no te sirve de nada.
- Fue titular durante 18 temporadas. En esos años, vio desfilar a un buen número de compañeros que se eternizaban como suplentes suyos. Tuvo que ser muy competitivo defendiendo su puesto.
- Lo fui, claro, pero es que no tenía otro remedio. No hay que olvidar que algunos de los suplentes que tuve fueron internacionales. Deusto, por ejemplo. Siempre pensé que eran muy buenos y que me podían quitar el puesto en cualquier momento. Por eso siempre entrené muy fuerte.
- Nunca se acomodó, creyendo que el puesto era suyo en propiedad.
- Nunca. Trabajé para merecerlo todos los días.
Delante de Puskas
- Hablemos de sus mejores momentos en el Athletic. Su debut, por ejemplo.
- Más que mi debut, que fueron unos minutos en Málaga, recuerdo mi primer partido en San Mamés, contra el Madrid de Di Stéfano, Puskas y Gento. Bueno, Gento no pudo jugar aquel día. Le sustituyó Manolín Bueno. Faltaban dos o tres partidos para el final de temporada y Zubieta me dijo que iba a jugar. Me hizo mucha ilusión, también por lo inesperado, porque Carmelo seguía siendo internacional y, viéndole entrenar, yo pensaba que lo iba a tener muy difícil. Vinieron a verme todos mis amigos de Zarautz. Nos iban ganado 0-1 y, en una falta de Orue a Manolín Bueno tres metros fuera del área, el árbitro pitó penalti. Se armó una escandalera tremenda. No paraban de caer almohadillas y a Puskas no le dejaban tirar el penalti. Recuerdo que me fui hacia él, haciéndome el veterano, y le dije que lo lanzase fuera porque, si no, se iba a armar una gorda. Él me dijo: 'Sí, sí, claro que sí, hijoputa'. Creo que lo de 'hijoputa' fue lo primero que aprendió del castellano. Lo utilizaba mucho. Cuando ya éramos amigos, me saludaba siempre igual: 'Hombre, Iribar, hijoputa'. Tiró aquel penalti y me lo clavó, claro. Nadie me ha chutado como Puskas.
- Su amigo Iñaki Sáez dijo una vez que no hay nada como ganar una Copa con el Athletic.
- Y es verdad. Lo que viví con los dos títulos no lo cambio por nada. Compartes la alegría con tanta gente&hellip En el Athletic vives obsesionado con dar una alegría a la afición porque ella te da tanto que tienes que responderle. Ese es el 'leit motiv' de siempre en la caseta. Cuando yo llegué al vestuario, por ejemplo, percibí la inquietud de que llevábamos mucho tiempo sin lograr un título. ¡Y solo eran cuatro temporadas!
- Perdió su primera final, contra el Zaragoza, pero en ese partido se consagró. Aquel día surgió la canción de que 'Iribar es cojonudo, como Iribar no hay ninguno'.
- Aquel día la afición me ganó para siempre. Habíamos perdido contra un gran equipo que nos había dado un repaso. Tuve mucho trabajo y estuve bien. Pero que te hagan una canción y te saquen a hombros... ¡Porque a mí me sacaron a hombros! «Bajadme, que hemos perdido», les decía. Y nada. Ni caso. ¡Hasta me pusieron una txapela! No hay otra afición que haga eso. Ese día supe que nunca saldría del Athletic.
- Hablemos de los peores momentos.
- Sin duda, las tifoideas, que no me llevaron al otro mundo de milagro. Yo puedo decir que sé lo que es estar con un pie en el otro lado. En las crisis de fiebre, levitaba. Tenía tales convulsiones que me levantaba.
- ¿Tuvo miedo a la muerte?
- ¿Miedo? Pues no. En ese momento, estás resistiendo, luchando por la vida. No piensas en otra cosa. Es cuando te recuperas cuando te pones a pensar en muchas cosas.
Aquella maldita final
- ¿Es usted religioso?
- En aquella época, sí. Yo venía de una familia muy religiosa. Teníamos la parroquia muy cerca de casa y fui cantor del coro. Luego vas perdiendo algunas de esas creencias, pero supongo que siempre queda algo.
- Se hicieron rogativas por usted.
- Yo no me enteraba, pero es verdad. Recuerdo que, cuando me dieron el alta, el padre Scheifler, de los jesuitas, me llevó a rezar un rosario por todas las rogativas que habían hecho.
- Otro momento duro fueron las dos finales perdidas en 1977.
- Sin duda. Sobre todo, la del Betis. Contra la Juventus fue distinto. Hicimos méritos y solo nos faltó suerte. Lo del Betis fue peor. Nos dejó tocados durante mucho tiempo. Se acababa de legalizar la ikurriña y el campo era nuestro. Nunca he visto un ambiente semejante. Éramos superiores al Betis, pero aquel día tuvimos dos factores en contra. Por un lado, el calor, 38 grados. Por otro, que fuimos más individualistas, no hicimos el fútbol que habíamos hecho hasta ese momento. Llegamos muy tocados a los penaltis, incluso yo. Fue demoledor.
- Colgó las botas en 1980, después de 18 temporadas. ¿Fue una decisión traumática?
- La verdad es que no. Lo tenía asumido. Ya en diciembre tomé la decisión de dejarlo. En el club me ofrecieron la renovación y se enfadaron cuando les dije que no seguía, pero es que no podía rendir al nivel que yo me exigía. No estaba bien físicamente. Tenía muchos problemas de espalda, en el nervio ciático.
-¿Cómo ha llevado la popularidad, el vivir siendo una leyenda viviente? Iribar, ni más ni menos.
- Ahora lo llevo bien. Lo tengo asumido y mentiría si dijera que no me gusta que la gente me reconozca por la calle. Hubo un momento, al dejar de jugar al fútbol, en el que decidí entrar en el anonimato y empezar otra vida. Tuve una empresa de coloniales e hice mis escarceos de representante. Incluso me dejé barba. Pero no tardé en darme cuenta de que el anonimato era imposible, y más si continuaba metido en el fútbol.
- Que es lo que hizo.
- Sí. Continué en el Athletic entrenando a la base. Me lo ofreció Duñabeitia y acepté porque me hacía ilusión y porque siempre he pensado, y sigo convencido de ello, que es bueno que los chavales de Lezama tengan referencias.
- Aparte de entrenar muchos años en categorías inferiores y ser técnico de porteros, en la temporada 1986-87 dirigió al primer equipo. Fue al año del play-off del descenso. Menuda angustia.
- La verdad es que yo siempre confíé en el equipo, pero es cierto que fue una temporada dura. En el club se vivía una convulsión muy fuerte, la plantilla comenzaba una transición, perdimos a Zubizarreta y a Julio Salinas, se lesionaron varios jugadores importantes... Fue un momento complicado.
- Hablaba antes de referencias para los chavales. Ustedes lo eran también por su forma de comportarse en el campo. Siempre tuvieron un concepto muy alto del juego. No querían trampas, ni picaresca.
- Eso lo hemos mamado en el vestuario. Nosotros teníamos un estilo que era también una moral. Siempre quisimos ser ejemplares. Hay una anécdota que a mí de chaval me dejó una impronta enorme. La escuché en la radio. Fue cuando Telmo Zarra, en Málaga, con toda la portería vacía, tiró el balón fuera porque, sin querer, había golpeado al portero al regatearle y le había lesionado. A mí ese concepto de nobleza se me quedó grabado.
- Ahora al que hace eso le llamarían tonto, como mínimo.
- Son otros tiempos. Nosotros íbamos siempre a pecho descubierto, a jugar sin trampas ni chorradas. Además, nunca hemos sabido hacer eso. Alguna vez alguno intentaba alguna cosa y enseguida quedaba en evidencia. 'Pero tú qué andas', le decíamos.
- ¿Cree que esa actitud se mantiene ahora?
- ¿Me permitís que no conteste a esta pregunta?
- Albert Camus, que también fue portero, dijo que todo lo que sabía sobre la moral y las obligaciones de los hombres lo había aprendido en un campo de fútbol. ¿Comparte esa afirmación?
- Sin duda. El fútbol ha sido una escuela de vida. Un equipo es como una familia. Cada uno tiene su carácter, cada uno piensa de una manera, a veces surgen problemas... Pero estás unido por un sentimiento y por un objetivo común.
- ¿En el Athletic era obligado ser respetable?
- No es que fuese obligado. Tú podías elegir. Pero existía esa tendencia, que la marcaban hombres como Etura, Artetxe, Arieta o José Mari Orue, que para mí siempre fue un ejemplo como profesional y como ser humano. Ellos te inculcaban la necesidad de dar buena imagen, de dejar alto el nombre del Athletic y del país. Yo eso lo he mamado. Probablemente éramos muy idealistas en el concepto del fútbol y en la vida.
«Es indispensable conservar a los futbolistas de más talento»
- Usted siempre ha defendido la filosofía del Athletic. ¿Le sigue pareciendo viable y con futuro?
- Sí. Soy un defensor acérrimo de la filosofía del club. Es más, creo que los tiempos corren a favor de esta filosofía, por la crisis y todo eso. Hoy por hoy, mantenerla me parece algo inteligente viendo cómo está el fútbol y hacia dónde se dirige. Ahora bien, es indispensable conservar a los futbolistas de más talento. Para que la filosofía del Athletic tenga sentido, y sea viable, no se nos pueden marchar los mejores. Hay que poner los medios para conservarlos.
- ¿Económicos?
- No solo económicos. Hay que convencer a los jugadores, tocarles la fibra sensible, hacerles ver lo mucho que ganan estando en el Athletic. Ya he comentado antes cómo me convencieron a mí para siempre, en aquella final contra el Zaragoza.
- Pero también ha dicho usted que ustedes eran muy idealistas. Los jóvenes de ahora no lo parecen tanto.
- Hay de todo, como había en mi época. No creo que ahora todos sean más egoístas. Igual lo es el que menos te lo piensas. Tenemos que ser capaces de pagarles y de convencerles.
- Le veo optimista.
- Lo soy. Es que merece la pena ser del Athletic. Para cualquier familia de Vizcaya es muy grande que un hijo o un sobrino entrene en Lezama. En las últimas semanas ha venido gente de Alemania, Inglaterra e Italia interesándose por nuestra filosofía. Ahora, además, tenemos una cosa buena y es que los chavales tienen referencias. ¡Tenemos dos campeones del mundo! Eso es un tirón muy importante que hay que aprovechar. Que los niños puedan decir que quieren ser como Llorente, como Iraola o Javi Martínez. Eso tiene un valor increíble. Por eso soy optimista. Más que nunca.
- Hablando de los campeones mundiales, usted fue 49 veces internacional con España y campeón de Europa en 1964. ¿Cómo vivió su paso por la selección española un nacionalista como usted?
- Sin problemas. No politizas el tema. Te dedicas a cumplir con tu obligación e intentar hacerlo lo mejor posible. El tema político ni te lo planteas. Estás metido en una dictadura, no tienes libertad, no puedes elegir... Lo que intentas es disfrutar haciendo lo que te gusta, disfrutar del fútbol y de la amistad de tus compañeros.
Seleccionador de Euskadi
- Es usted seleccionador de Euskadi. ¿Cómo ha llevado que, en los últimos años, no se haya jugado el partido de Navidad?
- No lo he llevado bien, claro. No es que Etxarri y yo seamos seleccionadores. En realidad nos invitan en cada partido y lo hacemos por amistad, y porque para nosotros es un honor. Me gustaría que Euskadi tuviese una selección oficial. Yo estoy por esa labor. Pero eso hay que trabajarlo, empezando por el partido de Navidad. Aunque algunos lo traten de folclórico, es muy importante para que la gente se vaya concienciando. Tiene ese valor y me alegro de que este año vaya a recuperarse.
- Hablando de entendimiento y de política. ¿Está de acuerdo con que el Athletic está por encima de las ideologías y que es uno de los pocos lugares de verdadera cohesión en nuestra sociedad?
- Por supuesto. El Athletic es aglutinador. Yo siempre lo he visto como una gran familia. En el Athletic hay todo tipo de personas y de ideologías. El vestuario también ha sido así. El Athletic somos todos nosotros. Tenemos que tener claro que el club está por encima de todo, de coyunturas, de ideas, de polémicas...
El hombre de negro
- Uno juega como es, dijo una vez. Usted fue el paradigma del portero seguro, sobrio, siempre bien colocado, que nunca se permitía una sobreactuación. ¿Le salía de dentro o se inspiró en alguien?
- Yo admiré a muchos porteros, empezando por Edmundo, el portero de mi pueblo. Me encantaba su estilo. Sobrio, siempre vestido de negro...
- Un color que hizo suyo.
- En Zarautz no jugaba de negro. Jugaba de rojo, con un jersey de lana buenísima que nos hacían en una mercería. Pero el negro siempre me gustó. Siempre me he sentido bien con él. Nunca me ha gustado el colorín. Pero tampoco era ninguna novedad. Carmelo también jugaba de negro.
- ¿Cómo nace su apelativo de El Chopo?
- Surgió en Basauri, de un tal Etxabe.
- ¿El que le propuso hacer la prueba en el Baskonia?
- No, otro. Antes me llamaban El Pulpo, pero por lo visto una vez salí a un balón muy alto, me elevé muy recto y ese Etxabe debió decir: 'Pero si parece un chopo'. Y me quedé con El Chopo.
- El puesto del portero es el que más ha evolucionado en el fútbol.
- No ha quedado otro remedio. Cada nueva regla que ha entrado en vigor nos lo ha puesto más difícil. A veces de un modo absurdo. Se ha llegado a anular, por ejemplo, una jugada tan importante para los porteros como es la salida a los pies. Ahora ya no puedes salir porque, si no calculas bien, te pitan penalti y te vas a la calle. De esta forma, el portero se convierte en alguien mucho más pasivo. En caso de duda, te quedas parado para ver si te pega el balón.
- Pese a todos los cambios, usted nunca ha dejado de defender que la base del trabajo de un portero sigue siendo el blocaje.
- Sí, pero también eso se ha complicado porque los balones son cada vez más imprevisibles y hacen más extraños. En nuestra época también los hacían, pero era, sobre todo, por la forma de golpear de algunos jugadores extraordinarios, como Valdo, el del Valencia, por ejemplo, o Eusebio, que era tremendo. O Puskas, claro. Estamos hablando de auténticos maestros del golpeo. La clave del blocaje es que te haces con la iniciativa del juego. El balón es tuyo y lo juegas. Dependiendo de la situación, puedes organizar un contraataque casi perfecto.
- Sobre todo, si el portero pasa en largo con la mano como lo hacía usted.
- Lo teníamos ensayado. Fidel Uriarte y Rojo se desmarcaban muy bien y muy rápido. Lo fundamental de esa jugada no es tanto pasar muy largo como ajustar el pase de forma que tu compañero vaya con ventaja y no pierda ni una décima de segundo. En los últimos años, a quien mejor se lo he visto hacer era a Schmeichel. Lo hacía perfecto.
- ¿Cuál es el secreto del blocaje?
- La velocidad de piernas. Para ser seguro tienes que ser rápido de forma multilateral y luego saber frenar. En el equilibrio de tu cuerpo está la seguridad. Si vas desequilibrado, siempre vas a ir mal de manos para parar. Es lo primero que hay que entrenar.
lunes, 29 de agosto de 2011
sábado, 20 de agosto de 2011
De la caseta a la presidencia
El pasado 7 de julio, Josu Urrutia se convirtió en el 31º presidente del Athletic Club de Bilbao al vencer por un amplio margen a su oponente Fernando García Macua.

De esta manera, el que fuera capitán del conjunto rojiblanco a finales de los 90 y comienzos del nuevo siglo, se ha convertido en el primer jugador de la era moderna en dirigir los destinos de la entidad y en el presidente más respaldado de los siete comicios anteriores.

(Ficha como jugador)
A lo largo de la historia de nuestro club esta es la cuarta vez que ocurre un hecho como este.
Tenemos que remontarnos a los albores del club para encontrarnos con los dos antecesores de Josu Urritia en la presidencia que también vistieron la zamarra zurigorri:
Juan Astorquia Landabaso (1902-03) (Ficha como jugador)

Enrique G. de Careaga (1903-06) (Ficha como jugador)

y Alejandro de la Sota (1911-17) (Ficha como jugador)

(Fuente: www.athletic-club.net, www.miathletic.com, www.elmundo.es)

De esta manera, el que fuera capitán del conjunto rojiblanco a finales de los 90 y comienzos del nuevo siglo, se ha convertido en el primer jugador de la era moderna en dirigir los destinos de la entidad y en el presidente más respaldado de los siete comicios anteriores.

(Ficha como jugador)
A lo largo de la historia de nuestro club esta es la cuarta vez que ocurre un hecho como este.
Tenemos que remontarnos a los albores del club para encontrarnos con los dos antecesores de Josu Urritia en la presidencia que también vistieron la zamarra zurigorri:
Juan Astorquia Landabaso (1902-03) (Ficha como jugador)

Enrique G. de Careaga (1903-06) (Ficha como jugador)

y Alejandro de la Sota (1911-17) (Ficha como jugador)

(Fuente: www.athletic-club.net, www.miathletic.com, www.elmundo.es)
viernes, 19 de agosto de 2011
jueves, 18 de agosto de 2011
El milagro del guerrillero
Dani, que jugó su último partido con el Athletic hace 25 años, brilló como cabeceador con 1,70 metros
EDUARDO RODRIGÁLVAREZ - Bilbao - 21/03/2011 (Diario El País)
A las 20.47 de un 15 de marzo, domingo, hace 25 años, el guerrillero colgó su fusil. Había saltado al césped por última vez en un partido oficial (2-1 al Betis) con la camiseta del Athletic siete minutos antes, en sustitución de Julio Salinas. Dani era el goleador nato, pero partiendo probablemente de unas condiciones adversas, sobre todo en el fútbol físico de hace un cuarto de siglo. El milagro de un futbolista de 170 centímetros -"aunque muy fuerte", matiza- que en 402 partidos anotó 199 goles con el equipo bilbaíno -es su tercer máximo realizador, tras Zarra, con 333, y Bata, con 208-, muchísimos de cabeza: "Pero siempre se me recuerda por el penalti que fallé en la final de Copa, ante el Betis, que nos costó el título en 1977. En realidad, el último lo tiró El Txopo Iríbar, pero siempre se recuerda mi error al ser el especialista".
Dani tiraba penaltis y penaltis en el Athletic. Los lanzaba todos iguales, con aquella paradinha que todos los porteros conocían, pero que casi ninguno evitaba: "He lanzado penaltis comprometidos, de esos que valen un partido, pero ese día, en el Calderón, ante Esnaola, lo hice todo mal, absolutamente todo mal". Dani, como especialista, fue designado como el último lanzador de la tanda de cinco. "Mientras tiraban mis compañeros, estaba en cuclillas, con las manos tapándome los ojos. No quería verlo. De pronto, me tocó el turno y el juez de línea me dio el balón y me dijo: 'Toma, que tienes la posibilidad de ganar la Copa'. Entonces me empezaron a temblar las piernas. Iba cagado y lo hice todo mal".
A Dani le apodaban El Guerrillero porque lo suyo era la sorpresa, adelantarse al rival y no rehuir jamás el cuerpo a cuerpo. "Cuando jugaba en el Sodupe, tuve un entrenador que nos enseñó todo el trampeo razonable del fútbol. Por ejemplo, el penalti indirecto, que luego hizo Cruyff en un partido. El árbitro se empeñó en que se lanzara exactamente desde el punto de penalti, que estaba sumergido en un enorme charco de agua. Entonces decidimos lanzar suavemente el balón hacia adelante y que rematara otro compañero. Era legal". Dani comenzó a aprender las artes que todo delantero debe explotar para llegar a su cometido en Regional y las mantuvo hasta el día de su jubilación deportiva. "El objetivo es el gol y yo siempre he sido un goleador, no un extremo, aunque luciera el número 7 en la espalda. Si el defensa me daba un codazo, necesariamente debía responderle con dos. Hay que defender el territorio", afirma.
"El goleador nace, de eso no hay duda", advierte Dani, "aunque luego se puede perfeccionar en las distintas formas de conseguirlo". Y recuerda quizá uno de los goles más valiosos de su carrera, el que le marcó al Madrid en 1984 y que, por efecto del goal average, dio el título al Athletic, a igualdad de puntos, esa temporada. Había saltado al campo en el minuto 77 y 10 después ya había anotado: "Fue un centro de Goikoetxea y yo estaba en el área pequeña. Vi a Miguel Ángel que se preparaba para salir y yo tenía cerca a Bonet. En una décima de segundo pensé: 'Si amago con ir al balón y no voy, quizá estos dos se choquen. Y se chocaron. Solo tuve que empujar el balón a la portería. Eso no se enseña, aunque tampoco sale siempre".
El remate de cabeza era otra asignatura para alguien que quisiera jugar en el área en los años setenta y ochenta. "Me preparaba desde que estuve en el Villosa una hora tras los entrenamientos. Me lo enseñó aquel entrenador, pero luego lo hacía también en la selección española cuando Santillana y yo nos quedábamos a practicar. Kubala nos decía: '¡Vamos, chicos, que mañana hay partido!'. Y nosotros le pedíamos que nos dejara seguir: centraba él, remataba yo; centraba yo, remataba él".
Dani no era un tipo fácil para los árbitros: "En el fútbol hay que jugar todas tus armas legales y yo ni era de los que se callaban ni soportaban injusticias. A veces, es cierto, también les echaba al público encima. Hay muchos caminos para el gol".
El gol siempre estaba en el punto de mira: "No era una obsesión, pero sí una obligación. No te haces egoísta, sino responsable con tu cometido". Muchos los marcó de cabeza, pese a su corta estatura, ante centrales como Migueli, que le sacaban dos cuartas. Pero su gol típico era el de volea: "Reconozco que en el fútbol no hay nada más placentero que el gol de volea. A mí era el que me dejaba siempre más satisfecho. Te sientes como realizado con ese golpeo brutal. Es como si disparases con todo el cuerpo y no solo con la pierna". Y en el recuerdo, San José, el lateral izquierdo del Sevilla, con el que protagonizó sus duelos más épicos. "Era como una obsesión", dice el andaluz; "en el campo pasaba de todo, pero fuera siempre nos llevamos bien. Allí solía ganar él y aquí solía ganar yo". Dani le recuerda con cariño: "Pero no eran menores los duelos con Camacho, fíjese qué jugador, o con Cundi, del Sporting. Pero yo tenía que defender el territorio". Palabra de guerrillero.
EDUARDO RODRIGÁLVAREZ - Bilbao - 21/03/2011 (Diario El País)
A las 20.47 de un 15 de marzo, domingo, hace 25 años, el guerrillero colgó su fusil. Había saltado al césped por última vez en un partido oficial (2-1 al Betis) con la camiseta del Athletic siete minutos antes, en sustitución de Julio Salinas. Dani era el goleador nato, pero partiendo probablemente de unas condiciones adversas, sobre todo en el fútbol físico de hace un cuarto de siglo. El milagro de un futbolista de 170 centímetros -"aunque muy fuerte", matiza- que en 402 partidos anotó 199 goles con el equipo bilbaíno -es su tercer máximo realizador, tras Zarra, con 333, y Bata, con 208-, muchísimos de cabeza: "Pero siempre se me recuerda por el penalti que fallé en la final de Copa, ante el Betis, que nos costó el título en 1977. En realidad, el último lo tiró El Txopo Iríbar, pero siempre se recuerda mi error al ser el especialista".
Dani tiraba penaltis y penaltis en el Athletic. Los lanzaba todos iguales, con aquella paradinha que todos los porteros conocían, pero que casi ninguno evitaba: "He lanzado penaltis comprometidos, de esos que valen un partido, pero ese día, en el Calderón, ante Esnaola, lo hice todo mal, absolutamente todo mal". Dani, como especialista, fue designado como el último lanzador de la tanda de cinco. "Mientras tiraban mis compañeros, estaba en cuclillas, con las manos tapándome los ojos. No quería verlo. De pronto, me tocó el turno y el juez de línea me dio el balón y me dijo: 'Toma, que tienes la posibilidad de ganar la Copa'. Entonces me empezaron a temblar las piernas. Iba cagado y lo hice todo mal".
A Dani le apodaban El Guerrillero porque lo suyo era la sorpresa, adelantarse al rival y no rehuir jamás el cuerpo a cuerpo. "Cuando jugaba en el Sodupe, tuve un entrenador que nos enseñó todo el trampeo razonable del fútbol. Por ejemplo, el penalti indirecto, que luego hizo Cruyff en un partido. El árbitro se empeñó en que se lanzara exactamente desde el punto de penalti, que estaba sumergido en un enorme charco de agua. Entonces decidimos lanzar suavemente el balón hacia adelante y que rematara otro compañero. Era legal". Dani comenzó a aprender las artes que todo delantero debe explotar para llegar a su cometido en Regional y las mantuvo hasta el día de su jubilación deportiva. "El objetivo es el gol y yo siempre he sido un goleador, no un extremo, aunque luciera el número 7 en la espalda. Si el defensa me daba un codazo, necesariamente debía responderle con dos. Hay que defender el territorio", afirma.
"El goleador nace, de eso no hay duda", advierte Dani, "aunque luego se puede perfeccionar en las distintas formas de conseguirlo". Y recuerda quizá uno de los goles más valiosos de su carrera, el que le marcó al Madrid en 1984 y que, por efecto del goal average, dio el título al Athletic, a igualdad de puntos, esa temporada. Había saltado al campo en el minuto 77 y 10 después ya había anotado: "Fue un centro de Goikoetxea y yo estaba en el área pequeña. Vi a Miguel Ángel que se preparaba para salir y yo tenía cerca a Bonet. En una décima de segundo pensé: 'Si amago con ir al balón y no voy, quizá estos dos se choquen. Y se chocaron. Solo tuve que empujar el balón a la portería. Eso no se enseña, aunque tampoco sale siempre".
El remate de cabeza era otra asignatura para alguien que quisiera jugar en el área en los años setenta y ochenta. "Me preparaba desde que estuve en el Villosa una hora tras los entrenamientos. Me lo enseñó aquel entrenador, pero luego lo hacía también en la selección española cuando Santillana y yo nos quedábamos a practicar. Kubala nos decía: '¡Vamos, chicos, que mañana hay partido!'. Y nosotros le pedíamos que nos dejara seguir: centraba él, remataba yo; centraba yo, remataba él".
Dani no era un tipo fácil para los árbitros: "En el fútbol hay que jugar todas tus armas legales y yo ni era de los que se callaban ni soportaban injusticias. A veces, es cierto, también les echaba al público encima. Hay muchos caminos para el gol".
El gol siempre estaba en el punto de mira: "No era una obsesión, pero sí una obligación. No te haces egoísta, sino responsable con tu cometido". Muchos los marcó de cabeza, pese a su corta estatura, ante centrales como Migueli, que le sacaban dos cuartas. Pero su gol típico era el de volea: "Reconozco que en el fútbol no hay nada más placentero que el gol de volea. A mí era el que me dejaba siempre más satisfecho. Te sientes como realizado con ese golpeo brutal. Es como si disparases con todo el cuerpo y no solo con la pierna". Y en el recuerdo, San José, el lateral izquierdo del Sevilla, con el que protagonizó sus duelos más épicos. "Era como una obsesión", dice el andaluz; "en el campo pasaba de todo, pero fuera siempre nos llevamos bien. Allí solía ganar él y aquí solía ganar yo". Dani le recuerda con cariño: "Pero no eran menores los duelos con Camacho, fíjese qué jugador, o con Cundi, del Sporting. Pero yo tenía que defender el territorio". Palabra de guerrillero.
miércoles, 17 de agosto de 2011
Los ecos sin límites de 'La Catedral'
Peñas del Athletic de fuera de Vizcaya narran sus vivencias cuando vibraron en el estadio
JUAN PABLO MARTÍN - 12 de mayo de 2011 (Diario El Correo)
La distancia que les separa de Bilbao provoca que, en muchos de los casos, sus visitas a San Mamés sean contadas a la largo de la temporada. Lo que para la mayoría de los socios es una costumbre cada quince días en Liga, para ellos se convierte en algo excepcional. Por eso, para los integrantes de las peñas rojiblancas alejadas del territorio vizcaíno pisar 'La Catedral' lleva implícita una dosis extra de adrenalina. Entre ellas se puede encontrar de todo. Desde vizcaínos a los que el destino les deparó tener que vivir a cientos de kilómetros y que la lejanía ha hecho que sea más hondo el sentimiento por los colores, hasta seguidores que han descubierto lo que es asistir a un partido del Athletic este año por primera vez con más de 60 años de edad.
Carlos Vicente
Peña La Catedral de León
«La primera vez que acudí a San Mamés fue en un partido de Copa entre el Athletic y el Barça que ganaron con gol de Dani de penalti. Fue en año 1979 o el siguiente. Lo que ocurre es que yo antes vivía en Sestao y heredé el sentimiento rojiblanco por inercia. Cuando acabé de estudiar viví en Madrid y luego en Salamanca, y ya llevo más de 20 año en León. Fue entonces cuando comencé a ver el Athletic de otra manera. Lo que sentí la primera vez que fui al campo me gustó pero no me dejó marcado. Sin embargo, desde que vivo fuera y voy a San Mamés es mucho más emocionante sobre todo cuando suena el himno y saltan los jugadores al campo. El año pasado traje a mi hija por primera vez y cuando ocurrió me remangué para que viera que se me ponían los pelos de punta. Por eso me da un poco de pena que vaya a desaparecer, es más, en la peña ya hemos hablado que la próxima temporada tendremos que ir más veces para despedirnos de 'La Catedral'».
Paco Mañas
Peña Bailén (Jaén)
«La verdad es que no tengo palabras para describir lo que sentí aquella primera vez. Una emoción grandísima. Fue en octubre de 1992, en un partido contra el Tenerife que empatamos a dos goles; marcó uno Julen Guerrero. Me acuerdo que anunciaron el nombre de nuestra peña por megafonía y que todo el campo aplaudió. Desde entonces asistimos una o dos veces al año, dependiendo del calendario. Y tenemos morriña porque el sentimiento hacia el Athletic es mucho más grande desde la distancia, porque no podemos disfrutarlo. Cuando desaparezca este campo lo vamos a echar mucho de menos. Es todo un emblema. Pero el nuevo San Mamés es necesario para los nuevos tiempos porque en algunas ocasiones nos las vemos negras para conseguir entradas. Lo bueno es que prácticamente va a estar en el mismo sitio y seguro que el espíritu que tiene el actual va a crecer».
Juan Estebaranz
Peña rojiblanca de Barbolla (Segovia)
«Es una ilusión muy grande, una cosa tremenda, porque siempre has querido estar en San Mamés. Tengo 52 años y la primera vez que lo pisé fue con 16. Me llevó un primo que también es seguidor rojiblanco. Fue en un partido contra el Real Madrid y ganamos 1-0. En cuanto pude me hice socio y ahora cada quince días trato de estar en Bilbao. La peña hace dos viajes al año y uno coincide con el hermanamiento. El nuevo campo espero que mantenga la cercanía de los jugadores con el público, es algo imprescindible».
Goyo González
Peña La Gabarra (Lepe)
«De niño, cada quince días estaba sentado en los muretes de las banderas al lado del marcador de 'La Catedral' con mi padre. Desde entonces ha pasado bastante tiempo, he acudido a numerosos campos, y lo que se vive aquí no se siente en ningún sitio. Mi mujer y yo somos socios y tratamos de estar cada quince días. El público ha cambiado mucho. Antes cuando existía aquella general corría la bota de vino y cuando se acababa llegaba otra llena. Sin embargo, creo que el campo actual se ha quedado pequeño. No pasa nada. El nuevo mantendrá el mismo espíritu. También será de tipo inglés, con las gradas cercanas a los jugadores y tendrá más aforo para la gente joven, algo que echaba en falta».
Mariano Sanz
Peña Athletic Club de Bilbao Vinarós (Castellón)
«Aquí se vive el Athletic con mucha pasión a pesar de que estamos a 500 kilómetros. Yo subí con mi padre de pequeño y luego con la peña a partir de 1998. Pero conozco un caso de un hombre que con más de 60 años sus dos hijos le llevaron por primera vez esta temporada. Cuando entró estaba en una nube. Es difícil de expresar lo que se siente, sobre todo cuando suena el himno. Y ahora con la televisión es un lujo, porque antes estabas colgado del transistor y con la ilusión de ver el resumen por la noche. La verdad es que cuando llegas al estadio es bastante impactante. San Mamés tiene un espíritu diferente. Basta con ver las declaraciones de jugadores de otros equipos cuando juegan en 'La Catedral'. He estado en el Camp Nou y en el Santiago Bernabéu, pero el calor que transmite el campo del Athletic no tiene comparación».
JUAN PABLO MARTÍN - 12 de mayo de 2011 (Diario El Correo)
La distancia que les separa de Bilbao provoca que, en muchos de los casos, sus visitas a San Mamés sean contadas a la largo de la temporada. Lo que para la mayoría de los socios es una costumbre cada quince días en Liga, para ellos se convierte en algo excepcional. Por eso, para los integrantes de las peñas rojiblancas alejadas del territorio vizcaíno pisar 'La Catedral' lleva implícita una dosis extra de adrenalina. Entre ellas se puede encontrar de todo. Desde vizcaínos a los que el destino les deparó tener que vivir a cientos de kilómetros y que la lejanía ha hecho que sea más hondo el sentimiento por los colores, hasta seguidores que han descubierto lo que es asistir a un partido del Athletic este año por primera vez con más de 60 años de edad.
Carlos Vicente
Peña La Catedral de León
«La primera vez que acudí a San Mamés fue en un partido de Copa entre el Athletic y el Barça que ganaron con gol de Dani de penalti. Fue en año 1979 o el siguiente. Lo que ocurre es que yo antes vivía en Sestao y heredé el sentimiento rojiblanco por inercia. Cuando acabé de estudiar viví en Madrid y luego en Salamanca, y ya llevo más de 20 año en León. Fue entonces cuando comencé a ver el Athletic de otra manera. Lo que sentí la primera vez que fui al campo me gustó pero no me dejó marcado. Sin embargo, desde que vivo fuera y voy a San Mamés es mucho más emocionante sobre todo cuando suena el himno y saltan los jugadores al campo. El año pasado traje a mi hija por primera vez y cuando ocurrió me remangué para que viera que se me ponían los pelos de punta. Por eso me da un poco de pena que vaya a desaparecer, es más, en la peña ya hemos hablado que la próxima temporada tendremos que ir más veces para despedirnos de 'La Catedral'».
Paco Mañas
Peña Bailén (Jaén)
«La verdad es que no tengo palabras para describir lo que sentí aquella primera vez. Una emoción grandísima. Fue en octubre de 1992, en un partido contra el Tenerife que empatamos a dos goles; marcó uno Julen Guerrero. Me acuerdo que anunciaron el nombre de nuestra peña por megafonía y que todo el campo aplaudió. Desde entonces asistimos una o dos veces al año, dependiendo del calendario. Y tenemos morriña porque el sentimiento hacia el Athletic es mucho más grande desde la distancia, porque no podemos disfrutarlo. Cuando desaparezca este campo lo vamos a echar mucho de menos. Es todo un emblema. Pero el nuevo San Mamés es necesario para los nuevos tiempos porque en algunas ocasiones nos las vemos negras para conseguir entradas. Lo bueno es que prácticamente va a estar en el mismo sitio y seguro que el espíritu que tiene el actual va a crecer».
Juan Estebaranz
Peña rojiblanca de Barbolla (Segovia)
«Es una ilusión muy grande, una cosa tremenda, porque siempre has querido estar en San Mamés. Tengo 52 años y la primera vez que lo pisé fue con 16. Me llevó un primo que también es seguidor rojiblanco. Fue en un partido contra el Real Madrid y ganamos 1-0. En cuanto pude me hice socio y ahora cada quince días trato de estar en Bilbao. La peña hace dos viajes al año y uno coincide con el hermanamiento. El nuevo campo espero que mantenga la cercanía de los jugadores con el público, es algo imprescindible».
Goyo González
Peña La Gabarra (Lepe)
«De niño, cada quince días estaba sentado en los muretes de las banderas al lado del marcador de 'La Catedral' con mi padre. Desde entonces ha pasado bastante tiempo, he acudido a numerosos campos, y lo que se vive aquí no se siente en ningún sitio. Mi mujer y yo somos socios y tratamos de estar cada quince días. El público ha cambiado mucho. Antes cuando existía aquella general corría la bota de vino y cuando se acababa llegaba otra llena. Sin embargo, creo que el campo actual se ha quedado pequeño. No pasa nada. El nuevo mantendrá el mismo espíritu. También será de tipo inglés, con las gradas cercanas a los jugadores y tendrá más aforo para la gente joven, algo que echaba en falta».
Mariano Sanz
Peña Athletic Club de Bilbao Vinarós (Castellón)
«Aquí se vive el Athletic con mucha pasión a pesar de que estamos a 500 kilómetros. Yo subí con mi padre de pequeño y luego con la peña a partir de 1998. Pero conozco un caso de un hombre que con más de 60 años sus dos hijos le llevaron por primera vez esta temporada. Cuando entró estaba en una nube. Es difícil de expresar lo que se siente, sobre todo cuando suena el himno. Y ahora con la televisión es un lujo, porque antes estabas colgado del transistor y con la ilusión de ver el resumen por la noche. La verdad es que cuando llegas al estadio es bastante impactante. San Mamés tiene un espíritu diferente. Basta con ver las declaraciones de jugadores de otros equipos cuando juegan en 'La Catedral'. He estado en el Camp Nou y en el Santiago Bernabéu, pero el calor que transmite el campo del Athletic no tiene comparación».
martes, 16 de agosto de 2011
Aquellos viajes por el Viejo Continente
El Athletic esta a punto de iniciar su vigésimo tercera participación en una competición europea, vamos a recordar como se desarrollaron aquellos partidos y recordar aquella final donde se rozó la gloria en 1977.
Marta Hernández - Lunes, 16 de Mayo de 2011 (Diario Deia)
Un viaje por Europa. Los rojiblancos vuelven a viajar, a descubrir lugares recónditos, a tener la opción de toparse en el camino con grandes clubes, a vivir anécdotas... como cuando la nieve cubrió todo San Mamés en un duelo contra el Manchester, allá por 1957. Como cuando una moneda tuvo que servir para desempatar una batalla de treintadosavos de final de la Copa de Ferias de 1968 contra el Liverpool. Como cuando un tal Eddy Merckx hizo un saque de honor en San Mamés. O cuando Yeste decidió celebrar su gol ante el Trabzonspor bajándose los pantalones y luciendo sus calzoncillos rojiblancos... Luego, ese mismo año, llegaría el 1-7 en Lieja... ¡Histórico! Por vigésimo tercera vez en su lumínica historia, el Athletic se muestra en el escaparate europeo. ¿Por qué no llegar a la final de la segunda máxima competición continental como se hizo en 1977?
1956-1970
El estreno y las participaciones en la Copa de Ferias
El Athletic desenmascaró su faceta europea en la Copa de Europa. El primer partido al que hizo frente fue el 20 de septiembre de 1956 ante el Oporto. El 16 de enero de 1957 el gran Manchester aterrizaba en un San Mamés blanco... ¡Y no paraba de nevar! La imagen forma parte de una galería legendaria. Y el partido, también. Un 5-3 en un encuentro de plena vocación ofensiva.
En 1968, en una nueva participación en la Copa de Ferias, los rojiblancos se midieron en primera ronda al Liverpool. 2-1 en San Mamés y 2-1 en Anfield. Así que hubo que desempatar y como por aquel entonces no había ni prórroga ni penaltis... se recurrió a ¡una moneda! La suerte sonrió al equipo capitaneado por Koldo Aguirre y siguió adelante en el torneo llegando hasta los cuartos.
1971-77
Nace la UEFA y llega la gloria para el Athletic
En 1971 nace la UEFA. Una década, la de los setenta, de inmensa gloria para el Athletic. Arrancó con la presencia del mítico Eddy Merckx, ganador de cinco Tour de Francia, en un partido de dieciseisavos de final de la competición europea con el Eintracht Braunschweig. Y se llegó a la gran campaña del Athletic. 1976-77. 'La temporada del casi'. El conjunto de Koldo Aguirre quedó tercero en Liga, subcampeón de Copa tras caer ante el Betis de Iriondo y llegó a la final de la UEFA. La Juventus, por el valor doble de los goles fuera de casa, alzó el trofeo (1-0 en Turín y 2-1 en Bilbao).
1978-1987
Presencia continua en el escaparate europeo
El Athletic continuó viajando de forma continua por Europa. En la temporada 1978-79, los rojiblancos se midieron al Ajax en los treintadosavos de final y el partido fue 'peculiar'. El árbitro dio gol un lanzamiento de Vidal que no entró y los bilbainos vencieron 2-0 en San Mamés. Sin embargo, en Amsterdam cayeron 3-0. Otro de los momentos significativos de esta etapa fue el del 28 de septiembre de 1983. El Athletic se impuso 4-0 al Lech Poznan el día que se conoció que Jon Andoni Goikoetxea era sancionado con 18 partidos por su entrada a Maradona -tras la apelación se quedó en siete-.
1987-1999
Se alcanza la cúspide de la Champions
El Athletic se reencontró con la Juve en 1988 y volvió a caer derrotado. La entrada en los noventa fue complicada para los leones, que desaparecieron del mapa europeo hasta 1994 -con choques como el de Newcastle- y 1997 -con enfrentamientos como ante la Sampdoria-. Pero fue en 1998 cuando llegó el gran éxito del Athletic moderno, pues quedó subcampeón de Liga y se clasificó para la Champions. Juventus, Rosenborg y Galatasaray fueron algunos de los rivales de aquella memorable etapa.
1999-2010
Regreso a Europa, histórico 1-7 y un nuevo retorno
El Athletic volvió a recorrer Europa cinco años después de su periplo por la Champions. Fue la etapa en la que Yeste celebró su gol al Trabzonspor enseñando los calzoncillos, pero sobre todo fue el momentazo del 1-7 al Standard de Lieja.
En el curso 05-06, el club bilbaino se inscribió en la Intertoto y no pasó de la primera ronda ante el Cluj rumano. Y el año pasado los leones volvieron a viajar por Europa gracias a ser subcampeones de Copa. El 4-0 encajado frente al Anderlecht en dieciseisavos aún escuece.
Marta Hernández - Lunes, 16 de Mayo de 2011 (Diario Deia)
Un viaje por Europa. Los rojiblancos vuelven a viajar, a descubrir lugares recónditos, a tener la opción de toparse en el camino con grandes clubes, a vivir anécdotas... como cuando la nieve cubrió todo San Mamés en un duelo contra el Manchester, allá por 1957. Como cuando una moneda tuvo que servir para desempatar una batalla de treintadosavos de final de la Copa de Ferias de 1968 contra el Liverpool. Como cuando un tal Eddy Merckx hizo un saque de honor en San Mamés. O cuando Yeste decidió celebrar su gol ante el Trabzonspor bajándose los pantalones y luciendo sus calzoncillos rojiblancos... Luego, ese mismo año, llegaría el 1-7 en Lieja... ¡Histórico! Por vigésimo tercera vez en su lumínica historia, el Athletic se muestra en el escaparate europeo. ¿Por qué no llegar a la final de la segunda máxima competición continental como se hizo en 1977?
1956-1970
El estreno y las participaciones en la Copa de Ferias
El Athletic desenmascaró su faceta europea en la Copa de Europa. El primer partido al que hizo frente fue el 20 de septiembre de 1956 ante el Oporto. El 16 de enero de 1957 el gran Manchester aterrizaba en un San Mamés blanco... ¡Y no paraba de nevar! La imagen forma parte de una galería legendaria. Y el partido, también. Un 5-3 en un encuentro de plena vocación ofensiva.
En 1968, en una nueva participación en la Copa de Ferias, los rojiblancos se midieron en primera ronda al Liverpool. 2-1 en San Mamés y 2-1 en Anfield. Así que hubo que desempatar y como por aquel entonces no había ni prórroga ni penaltis... se recurrió a ¡una moneda! La suerte sonrió al equipo capitaneado por Koldo Aguirre y siguió adelante en el torneo llegando hasta los cuartos.
1971-77
Nace la UEFA y llega la gloria para el Athletic
En 1971 nace la UEFA. Una década, la de los setenta, de inmensa gloria para el Athletic. Arrancó con la presencia del mítico Eddy Merckx, ganador de cinco Tour de Francia, en un partido de dieciseisavos de final de la competición europea con el Eintracht Braunschweig. Y se llegó a la gran campaña del Athletic. 1976-77. 'La temporada del casi'. El conjunto de Koldo Aguirre quedó tercero en Liga, subcampeón de Copa tras caer ante el Betis de Iriondo y llegó a la final de la UEFA. La Juventus, por el valor doble de los goles fuera de casa, alzó el trofeo (1-0 en Turín y 2-1 en Bilbao).
1978-1987
Presencia continua en el escaparate europeo
El Athletic continuó viajando de forma continua por Europa. En la temporada 1978-79, los rojiblancos se midieron al Ajax en los treintadosavos de final y el partido fue 'peculiar'. El árbitro dio gol un lanzamiento de Vidal que no entró y los bilbainos vencieron 2-0 en San Mamés. Sin embargo, en Amsterdam cayeron 3-0. Otro de los momentos significativos de esta etapa fue el del 28 de septiembre de 1983. El Athletic se impuso 4-0 al Lech Poznan el día que se conoció que Jon Andoni Goikoetxea era sancionado con 18 partidos por su entrada a Maradona -tras la apelación se quedó en siete-.
1987-1999
Se alcanza la cúspide de la Champions
El Athletic se reencontró con la Juve en 1988 y volvió a caer derrotado. La entrada en los noventa fue complicada para los leones, que desaparecieron del mapa europeo hasta 1994 -con choques como el de Newcastle- y 1997 -con enfrentamientos como ante la Sampdoria-. Pero fue en 1998 cuando llegó el gran éxito del Athletic moderno, pues quedó subcampeón de Liga y se clasificó para la Champions. Juventus, Rosenborg y Galatasaray fueron algunos de los rivales de aquella memorable etapa.
1999-2010
Regreso a Europa, histórico 1-7 y un nuevo retorno
El Athletic volvió a recorrer Europa cinco años después de su periplo por la Champions. Fue la etapa en la que Yeste celebró su gol al Trabzonspor enseñando los calzoncillos, pero sobre todo fue el momentazo del 1-7 al Standard de Lieja.
En el curso 05-06, el club bilbaino se inscribió en la Intertoto y no pasó de la primera ronda ante el Cluj rumano. Y el año pasado los leones volvieron a viajar por Europa gracias a ser subcampeones de Copa. El 4-0 encajado frente al Anderlecht en dieciseisavos aún escuece.
domingo, 17 de julio de 2011
El banquillo de San Mamés
En los ciento trece años de vida de nuestro Athletic Club muchos han sido los ocupantes del banquillo de San Mamés, con mayor y menor calado, con mayor y menor éxito etc.

Y es curioso que un equipo que se caracteriza por su filosofía de jugar con gente de la casa, se le acuse que a la hora de buscar inquilino para la dirección del primer equipo la primera opción sea la de buscar un 'mister' extranjero pensando en que lo de fuera es sinónimo de éxito o lo que es lo mismo de títulos.
Estos son los entrenadores extranjeros que han tenido nuestros leones a lo largo de su dilatada historia. Nos encontramos con el siguiente reparto:
1910-11 Mr. Shepherd (Reino Unido)
1911-21 William Edwin Barnes (Reino Unido) Tres C. Regionales y Tres Copas
1921-22 Mr. Burton (Reino Unido)
1922-25 Mr. Pentland (Reino Unido) Dos C. Regionales y Una Copa
1925 Ralf Kirby (Reino Unido)
1926-28 Lippo Hertzka (Hungría)
1929-33 Mr. Pentland (Reino Unido) Tres C. Regionales, Cuatro Copas y Dos Ligas
1936 William Thomas Garbutt (Reino Unido) Una Liga
1947-49 Henry John Bagge (Reino Unido)
1954-57 Ferdinand Daucik (Eslovaquia) Una Copa y Una Liga
1958-61 Martim Francisco (Brasil)
1969-72 Ronnie Allen (Reino Unido)
1972-74 Milorad Pavic (Serbia)
1979-81 Helmut Senekowitsch (Austria) Una Copa
1987-90 Howard Kendall (Reino Unido)
1992-94 Jupp Heynckes (Alemania)
1995-96 Dragoslav Stepanovic (Serbia)
1996-00 Luis Fernández (Francia)
2001-03 Jupp Heynckes (Alemania)
2011-?? Marcelo Bielsa (Argentina)
Pues bien, si hacemos cuentas veremos que de los 47 entrenadores que ha tenido hasta el momento el Athletic Club, 18 son extranjeros frente a 29 nacionales, o lo que es lo mismo un 38% frente a un 62%.
El espíritu británico que siempre ha acompañado al Athletic Club desde su fundación se ve reflejado en la procedencia de los entrenadores que tuvo sobre todo al comienzo de su andadura ya que nueve de ellos procedían de las islas británicas.
Con respecto a los entrenadores nacionales, Bizkaia gana por goleada ya que son 23 los entrenadores bizkainos, 2 gipuzkoanos, 1 cacereño (de nacimiento, alavés de adopción), 1 barcelonés y 1 sevillano
Centrándonos en las competiciones de Liga y Copa tenemos que de sus 24 entorchados coperos 10 se han conseguido bajo la batuta extranjera y de los 8 campeonatos ligueros 3 tuvieron como entrenador a un foráneo.
Al igual que muchos de vosotros, pensaba que la procedencia mas 'exótica' de un entrenador del Athletic Club era la de Marcelo Bielsa procedente de Argentina, pues no, mira tu por donde que a finales de los 50 Martim Francisco procedente de la tierra del 'Jogo Bonito' y la samba se encargó de dirigir al Athletic Club.
Teniendo en cuenta que el último título con entrenador extranjero (Pavic, titulo de Copa) fue allá por 1973, y que ya han pasado por tanto casi cuarenta años, pues no estaría mal reverdecer laureles, que ya va tocando.
Así que señor Bielsa le damos la bienvenida, le deseamos de todo corazón lo mejor y que conste que el párrafo anterior es simplemente por comentar que luego le acusan a uno de meter presión ya desde la pretemporada.
AUPA ATHLETIC!!!

Y es curioso que un equipo que se caracteriza por su filosofía de jugar con gente de la casa, se le acuse que a la hora de buscar inquilino para la dirección del primer equipo la primera opción sea la de buscar un 'mister' extranjero pensando en que lo de fuera es sinónimo de éxito o lo que es lo mismo de títulos.
Estos son los entrenadores extranjeros que han tenido nuestros leones a lo largo de su dilatada historia. Nos encontramos con el siguiente reparto:
1910-11 Mr. Shepherd (Reino Unido)
1911-21 William Edwin Barnes (Reino Unido) Tres C. Regionales y Tres Copas
1921-22 Mr. Burton (Reino Unido)
1922-25 Mr. Pentland (Reino Unido) Dos C. Regionales y Una Copa
1925 Ralf Kirby (Reino Unido)
1926-28 Lippo Hertzka (Hungría)
1929-33 Mr. Pentland (Reino Unido) Tres C. Regionales, Cuatro Copas y Dos Ligas
1936 William Thomas Garbutt (Reino Unido) Una Liga
1947-49 Henry John Bagge (Reino Unido)
1954-57 Ferdinand Daucik (Eslovaquia) Una Copa y Una Liga
1958-61 Martim Francisco (Brasil)
1969-72 Ronnie Allen (Reino Unido)
1972-74 Milorad Pavic (Serbia)
1979-81 Helmut Senekowitsch (Austria) Una Copa
1987-90 Howard Kendall (Reino Unido)
1992-94 Jupp Heynckes (Alemania)
1995-96 Dragoslav Stepanovic (Serbia)
1996-00 Luis Fernández (Francia)
2001-03 Jupp Heynckes (Alemania)
2011-?? Marcelo Bielsa (Argentina)
Pues bien, si hacemos cuentas veremos que de los 47 entrenadores que ha tenido hasta el momento el Athletic Club, 18 son extranjeros frente a 29 nacionales, o lo que es lo mismo un 38% frente a un 62%.
El espíritu británico que siempre ha acompañado al Athletic Club desde su fundación se ve reflejado en la procedencia de los entrenadores que tuvo sobre todo al comienzo de su andadura ya que nueve de ellos procedían de las islas británicas.
Con respecto a los entrenadores nacionales, Bizkaia gana por goleada ya que son 23 los entrenadores bizkainos, 2 gipuzkoanos, 1 cacereño (de nacimiento, alavés de adopción), 1 barcelonés y 1 sevillano
Centrándonos en las competiciones de Liga y Copa tenemos que de sus 24 entorchados coperos 10 se han conseguido bajo la batuta extranjera y de los 8 campeonatos ligueros 3 tuvieron como entrenador a un foráneo.
Al igual que muchos de vosotros, pensaba que la procedencia mas 'exótica' de un entrenador del Athletic Club era la de Marcelo Bielsa procedente de Argentina, pues no, mira tu por donde que a finales de los 50 Martim Francisco procedente de la tierra del 'Jogo Bonito' y la samba se encargó de dirigir al Athletic Club.
Teniendo en cuenta que el último título con entrenador extranjero (Pavic, titulo de Copa) fue allá por 1973, y que ya han pasado por tanto casi cuarenta años, pues no estaría mal reverdecer laureles, que ya va tocando.
Así que señor Bielsa le damos la bienvenida, le deseamos de todo corazón lo mejor y que conste que el párrafo anterior es simplemente por comentar que luego le acusan a uno de meter presión ya desde la pretemporada.
AUPA ATHLETIC!!!
jueves, 7 de julio de 2011
"Nuevo" himno del Athletic Club de Bilbao
Que quede claro que donde este el Altza Gaztiak que se quite cualquier otro, pero como curiosidad no esta mal.
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