La pieza regalada por el expresidente del Deportivo Alavés, Juan Arregui, se puede contemplar en el AC Museoa
Hay animales que forman parte de una colección y animales que, con el paso del tiempo, terminan convirtiéndose en historia. El león que descansa en el Athletic Club Museoa pertenece a los segundos. Allí, junto a los recuerdos que cuentan la historia del Athletic, permanece inmóvil, con la mirada perdida y la solemnidad de quien lleva más de cuatro décadas siendo testigo de la memoria rojiblanca. Pero su presencia en Bilbao no responde a una tradición ancestral ni a un trofeo conquistado sobre el césped. Llegó por una apuesta, una de esas apuestas que nacen entre amigos, se pronuncian casi a modo de broma y terminan con la palabra cumplida.
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viernes, 18 de septiembre de 2026
El león que llegó por una apuesta
Fuente: Boletín del partido Athletic Club - Deportivo Alavés (19/09/2026)
El protagonista de aquella historia fue Juan Arregi Garay, el que presidente del Deportivo Alavés en tres etapas diferentes (1958/59, 1974-76, 1989-98). Arregi, natural de Aretxabaleta, mantenía una buena relación con los dirigentes del Athletic y, además, era un gran aficionado a la caza. En su casa conservaba varias piezas de caza mayor, entre ellas algunos leones disecados. Con ese particular sentido del humor que acompaña a muchas rivalidades deportivas, acostumbraba a bromear con el presidente del Athletic, Pedro Aurtenetxe. Decía que al Club le faltaba algo: un león de verdad. Uno que pudiera ocupar un lugar destacado y representar físicamente aquella garra que identifica a los futbolistas rojiblancos.
La ocasión para convertir la broma en una apuesta llegó en 1983. El Athletic acababa de proclamarse campeón de Liga y Arregi felicitó a Aurtenetxe, aunque no pudo evitar añadir una dosis de ironía. Aquel título, vino a decirle, había sido poco menos que una casualidad y resultaba difícil imaginar que los rojiblancos pudieran repetir la hazaña. La conversación acabó convirtiéndose en un desafío: si el Athletic volvía a ganar un título, Arregi regalaría un león al Athletic. Parecía una apuesta arriesgada, pero quizá no tanto como él imaginaba, porque aquel Athletic no estaba dispuesto a conformarse con un solo campeonato. La temporada siguiente, la de 1983/84, el equipo dirigido por Javier Clemente volvió a conquistar la Liga y, además, levantó la Copa, por lo que se adjudicó también la Supercopa.
Arregi cumplió su palabra. En 1984, el león llegó a Bilbao como la consecuencia de aquella apuesta y fue entregado al Athletic Club. Durante años ocupó un lugar privilegiado en el antepalco del viejo San Mamés, donde contempló desde una posición de honor el ir y venir de jugadores, directivos, entrenadores, periodistas y aficionados. Mientras el fútbol cambiaba a su alrededor, él permanecía inmóvil. Era una presencia silenciosa, casi enigmática, que terminó formando parte del paisaje sentimental de La Catedral. Para muchos aficionados, aquel animal dejó de ser simplemente una pieza disecada para convertirse en otro de los habitantes de San Mamés, un símbolo más de aquel estadio que durante generaciones fue mucho más que un campo de fútbol.
Con la desaparición del antiguo San Mamés, también cambió de escenario el viejo león. Dejó atrás el antepalco que durante tantos años había sido su hogar y encontró un nuevo lugar en el Athletic Club Museoa, donde hoy comparte espacio con camisetas, trofeos, fotografías y otros objetos que forman parte de la historia del Club.
