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jueves, 5 de noviembre de 2020

El león número 14

Artículo publicado por Javier Gamboa, ilustración de Asier en el número de noviembre del diario Bilbao

Markel Susaeta cumplirá 33 años el mes que viene. Ha sido el dueño del perfil diestro del ataque del Athletic durante una década. Casi 550 partidos con la camiseta rojiblanca, cerca de 60 goles, quién sabe cuántas asistencias, seis finales y un título. Tras su paso por el Gamba Osaka y el Melbourne, mantiene la esperanza de seguir calzándose los borceguíes. “La primera vez que fui a San Mamés, vi un Athletic-Barcelona, con Ronaldo Nazario y Joseba Etxeberria; ni mucho menos imaginaba pisar algún día el mismo césped”
El otoño moja los cristales del bar. Markel Susaeta tiene el aspecto del chico que espera su primera cita. Impecablemente peinado a raya, pulcro, con su camiseta, sus tejanos y sus zapatillas, los ojos grandes y claros. Mira de frente y habla con una mezcla de firmeza y cautela. Quien le presuma menudo se llevará una sorpresa, mide metro ochenta.

Nació un 14 de diciembre en Eibar. Creció en un piso desde el que se veía Ipurua, el estadio del club de fútbol local. “Iba a los partidos con mi padre”, relata. Eran los tiempos de Garmendia, Bixente y tantos otros torneros del balón que se dejaron la piel peleando en esa frontera para aventureros que separa la 2º B y la 2º A. Hace ya tiempo que se ha consolidado en La Liga. “El Eibar es un club que hace las cosas bien”, recalca. Y asiente con la cabeza.

“Antes, en Eibar, la afición al fútbol se dividía al 50 % entre Athletic y Real Sociedad. Aparte del Eibar, que éramos todos, había que contar con un equipo en Primera”, desvela. Su padre, Rafa, propietario de una empresa de mecanizado radicada en Berriz, era y es del Athletic. Su madre, Maite, y su hermana mayor, Ane, de la Real. Luego, a fuerza de seguir a Markel, cambiaron de escudo.

El autobús a un sueño

“Nunca me quedé en la residencia o en una casa. Siempre iba y volvía de Lezama en autobús. Pasabamos por Ermua, Zaldibar, Matiena, Durango, Amorebieta… Y al regreso, al revés. Una hora en cada sentido parando por pueblos. Por suerte nos cogieron a cinco de Eibar a la vez en el Alevín B. Íbamos juntos. Conducía Rikar, de Markina”, evoca. Con el tiempo, en ese autobús compartió trayecto con unos aún imberbes Iturraspe, Ustaritz, Amorebieta o Joseba Arriaga, entre otros que alcanzarían la meta de la Liga.

Hasta que fue el 14 siguió acudiendo “a clase todos los días, con los amigos de siempre. Eso me parece muy importante. Sigo teniendo los mismos, los que están siempre. Te conecta a la realidad. En la escuela nunca fui buen estudiante, pero jamás repetí”. Tras el bachiller, optó por un grado en mantenimiento industrial. De este modo, conservaba abierta la puerta a la pequeña empresa de su padre. No terminó el grado; se cruzaron en su camino San Mamés y La Liga. “El primer partido oficial que jugué fue contra el Zaragoza. Empatamos a uno y metí gol de falta. Me hizo mucha ilusión, pero del gol del que mejor recuerdo guardo es de uno en semifinales de Europa League contra el Sporting de Lisboa: Llorente me la dejó con el pecho y rematé con la izquierda”. Al 14 se le ilumina el rostro al rememorar aquel momento.

Asegura que tuvo la suerte de coincidir con uno de los futbolistas más inteligentes que ha conocido. “Debo a Andoni Iraola la mitad de mi carrera. Siempre ponía el balón preciso en el momento perfecto. Me ayudó en todo. Andoni ha sido, seguro, uno de los mejores jugadores de la historia del Athletic. Llama la atención que nunca se le considerara como tal”.

Markel Susaeta habla también de algunos de sus entrenadores. “Joaquín (Caparrós) llegó al Athletic el año siguiente al famoso partido contra el evante, en el que nos jugamos la permanencia; cogió un equipo muerto y logró cosas importantes. Marcelo (Bielsa) nos cambió la mentalidad: hasta que apareció no se nos pasaba por la cabeza que pudiéramos ganar en cualquier campo y a cualquier rival; cada charla era un regalo en la que unía el fútbol y lo humano, sacó lo mejor de muchos de nosotros, pero no entendía que los jugadores pudiéramos cansarnos física o mentalmente. Txingu (Valverde) se puso a los mandos de un grupo bastante cuajado y consiguió grandes cosas; es muy bueno equilibrando ataque y defensa y un genio a la hora de analizar a los rivales”.

Zidane, Etxeberria y Messi

Como sus ídolos destaca a Zidane y a Joseba Etxeberria, “pero habiendo visto a Messi de cerca te das cuenta de que juega a otra cosa”. Entre los estadios, además de San Mamés, conserva “grandes recuerdos de los partidos en Ipurua, porque muchos de mis amigos y la familia se sentaban en la grada. También es especial Old Trafford, el estadio del Manchester United, por el club del que se trata, el propio campo, la historia, el momento; los vestuarios y las instalaciones me parecieron vetustas, pero rezumaban historia: por allí han pasado los mejores y se nota”.

En su trayectoria, destaca una figura principal que nunca le comentó nada referente al balón, tácticas ni preparadores. “Mi padre es la persona que más me ha ayudado. Ha visto todos mis partidos desde pequeñito. Puede que unos mil. Jamás me ha dado ni una sola indicación de fútbol. En lo único que insistía era en que hiciera las cosas con ganas. Échale cojones, me repetía cada vez. Él ha sido quien más ha sufrido y quien más ha disfrutado. Al final, tu familia termina viviendo lo mismo que tú”.

Son las constantes de Markel Susaeta: familia, amigos, fútbol. Nada más. Sin hobbies ni segundos deportes.

La salida del Athletic y el fútbol lejos de San Mamés

“Me fui con la conciencia tranquila. Me hubiera gustado cerrar aquí mi carrera, aunque me di cuenta que ya no era el lugar que me correspondía. Hasta cuatro días antes del último partido en San Mamés de la Liga de 2019 no supe nada de lo que pensaba el club. Tuve que llamar yo. No hubo una oferta por parte del Athletic, ni contraoferta por mi parte, por mucho que se dijera”, expone un Markel Susaeta que muestra esa espina en su garra de león.

Asegura que no quería fichar “por otro club de la Liga después de tantos años en el Athletic. Buscaba experiencias nuevas. Quería un cambio total y deseché las ofertas que llegaron de Europa”.

Por eso optó por el Gamba Osaka. “En Japón, la cultura es totalmente diferente. Estuvimos bien, pero hicieron que me sintiera extranjero, inmigrante”. Después se decantó por el Melbourne australiano. “Una gran experiencia. Tenía que haber ido un año antes a Australia: un club increíble, buena gente, cultura del deporte, un modo de vida agradable”. La aventura antípoda la truncó la dichosa pandemia.

Al contrario que su compañero Iraola, no se ve como entrenador. “A lo mejor me dedico a la representación de futbolistas profesionales. Si considero que puedo contribuir a que ese mundo sea un poco menos turbio, lo intentaré”.

Antes de concluir la charla, insiste. “Debo todo al Athletic. Tanto mi oficio como el de haber vivido momentos únicos en el viejo y el nuevo San Mamés y en otros grandes estadios. Ha sido mucho más que un sueño cumplido”.