Fuente: www.athletic-club.eus
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lunes, 9 de marzo de 2020
sábado, 7 de marzo de 2020
El eterno guardián de San Mamés
Artículo publicado por Javier Siñeriz en spherasports.com el 28/02/2019
Cuando oímos algo sobre San Mamés tendemos a pensar en una de las siguientes cosas. Los más religiosos pensarán en aquel santo que consiguió amansar a los leones a los que fue entregado. Otros muchos, los apasionados por el fútbol, pensarán en el mítico estadio del Athletic Club. En las siguientes líneas podría referirme al león que siempre aparece junto a San Mamés en la mayoría de las representaciones de este santo. Sin embargo, este texto va dedicado a un mito del fútbol español. Aunque el estadio actual no sea el mismo en el que él brilló, José Ángel Iribar siempre será el guardián de San Mamés.
Iribar es, sin duda alguna, uno de los mejores porteros de la historia de España y un gran referente para muchos que hemos querido ocupar esta posición. ‘El Chopo’, como era conocido, jugó 614 partidos con la camiseta del Athletic, se mantuvo 18 temporadas en la disciplina del conjunto rojiblanco y ganó dos Copas. Con la selección española disputó 49 partidos, manteniendo el récord de internacionalidades durante varios años, y ganó una Eurocopa.
Originario de Zarauz, José Ángel comenzó a jugar al fútbol en la playa, lo que le ayudo a no tener miedo de tirarse al suelo. Pronto destacó como guardameta, eso hizo que pasara por las categorías inferiores del club de su pueblo hasta llegar al Basconia, club convenido con el Athletic. Su buen papel en el conjunto asociado al gigante bilbaíno le sirvió para dar el salto al equipo rojiblanco, no sin antes haber interesado a otro grande de España como el Fútbol Club Barcelona.
Como guardameta, Iribar destacaba por diferentes aspectos. Transmitía una seguridad bárbara a su defensa al estar siempre bien colocado. Del mismo modo, tenía unos reflejos increíbles que le permitían hacer paradas inverosímiles. Otra de sus grandes cualidades era la facilidad que tenía para blocar balones complicados, por lo que era habitual ver cómo hacía una ‘palomita’ espectacular al mismo tiempo que blocaba la pelota, algo que hoy en día no se suele ver. También era muy reconocido su saque con la mano. Ponía en ventaja a sus compañeros y comenzaba de esa manera los ataques de su equipo.
El cariño que le tiene la afición del Athletic Club es increíble. El cántico más famoso dedicado al guardameta se creó después de una final de Copa perdida. El equipo bilbaíno perdió la final del campeonato copero de 1966 frente al Real Zaragoza. Pese a esto, la afición compuso el famoso “Iribar, Iribar, Iribar es cojonudo, como Iribar no hay ninguno”, cántico estrella en la afición de los leones. Esa canción nos hace tomar conciencia de lo que José Ángel Iribar supone para toda la afición del Athletic. El cariño de los aficionados también se vio de forma clara cuando ‘El Chopo’ estuvo a punto de morir en 1973 por culpa de unas fiebres tifoideas.
Iribar ha reconocido en multitud de ocasiones su respeto y admiración por sus semejantes. Siempre ha mantenido que su gran ídolo fue Lev Yashin, conquien mantuvo una gran amistad. De hecho, en 2012 visitó la tumba de su ídolo y amigo en Moscú, devolviéndole así la visita que Yashin le hizo con motivo de su homenaje. Además, Iribar ha dicho en alguna ocasión que Gordon Banks fue el culpable de que él comenzara a utilizar guantes de portero. De hecho, el portero español viajó a Londres para conseguir los mismos que utilizaba el mítico portero inglés que falleció hace dos semanas.
La influencia de Iribar va mucho más allá de sus habilidades como portero. La afición del Athletic siempre le ha guardado un respeto enorme por su compromiso, ya que, pese a tener ofertas en multitud de ocasiones, Iribar siempre se negó a irse del club que le dio todo. Todos los aficionados del Athletic Club conocen a José Ángel ‘El Chopo’ Iribar. Los más vetustos porque le vieron jugar y los más jóvenes porque han conocido sus hazañas a través de los testimonios de sus padres y sus abuelos. Eso magnifica la figura de Iribar, un hombre al que siempre se recordará como el eterno guardián de San Mamés.
Cuando oímos algo sobre San Mamés tendemos a pensar en una de las siguientes cosas. Los más religiosos pensarán en aquel santo que consiguió amansar a los leones a los que fue entregado. Otros muchos, los apasionados por el fútbol, pensarán en el mítico estadio del Athletic Club. En las siguientes líneas podría referirme al león que siempre aparece junto a San Mamés en la mayoría de las representaciones de este santo. Sin embargo, este texto va dedicado a un mito del fútbol español. Aunque el estadio actual no sea el mismo en el que él brilló, José Ángel Iribar siempre será el guardián de San Mamés.
Iribar es, sin duda alguna, uno de los mejores porteros de la historia de España y un gran referente para muchos que hemos querido ocupar esta posición. ‘El Chopo’, como era conocido, jugó 614 partidos con la camiseta del Athletic, se mantuvo 18 temporadas en la disciplina del conjunto rojiblanco y ganó dos Copas. Con la selección española disputó 49 partidos, manteniendo el récord de internacionalidades durante varios años, y ganó una Eurocopa.
Originario de Zarauz, José Ángel comenzó a jugar al fútbol en la playa, lo que le ayudo a no tener miedo de tirarse al suelo. Pronto destacó como guardameta, eso hizo que pasara por las categorías inferiores del club de su pueblo hasta llegar al Basconia, club convenido con el Athletic. Su buen papel en el conjunto asociado al gigante bilbaíno le sirvió para dar el salto al equipo rojiblanco, no sin antes haber interesado a otro grande de España como el Fútbol Club Barcelona.
Como guardameta, Iribar destacaba por diferentes aspectos. Transmitía una seguridad bárbara a su defensa al estar siempre bien colocado. Del mismo modo, tenía unos reflejos increíbles que le permitían hacer paradas inverosímiles. Otra de sus grandes cualidades era la facilidad que tenía para blocar balones complicados, por lo que era habitual ver cómo hacía una ‘palomita’ espectacular al mismo tiempo que blocaba la pelota, algo que hoy en día no se suele ver. También era muy reconocido su saque con la mano. Ponía en ventaja a sus compañeros y comenzaba de esa manera los ataques de su equipo.
El cariño que le tiene la afición del Athletic Club es increíble. El cántico más famoso dedicado al guardameta se creó después de una final de Copa perdida. El equipo bilbaíno perdió la final del campeonato copero de 1966 frente al Real Zaragoza. Pese a esto, la afición compuso el famoso “Iribar, Iribar, Iribar es cojonudo, como Iribar no hay ninguno”, cántico estrella en la afición de los leones. Esa canción nos hace tomar conciencia de lo que José Ángel Iribar supone para toda la afición del Athletic. El cariño de los aficionados también se vio de forma clara cuando ‘El Chopo’ estuvo a punto de morir en 1973 por culpa de unas fiebres tifoideas.
Iribar ha reconocido en multitud de ocasiones su respeto y admiración por sus semejantes. Siempre ha mantenido que su gran ídolo fue Lev Yashin, conquien mantuvo una gran amistad. De hecho, en 2012 visitó la tumba de su ídolo y amigo en Moscú, devolviéndole así la visita que Yashin le hizo con motivo de su homenaje. Además, Iribar ha dicho en alguna ocasión que Gordon Banks fue el culpable de que él comenzara a utilizar guantes de portero. De hecho, el portero español viajó a Londres para conseguir los mismos que utilizaba el mítico portero inglés que falleció hace dos semanas.
La influencia de Iribar va mucho más allá de sus habilidades como portero. La afición del Athletic siempre le ha guardado un respeto enorme por su compromiso, ya que, pese a tener ofertas en multitud de ocasiones, Iribar siempre se negó a irse del club que le dio todo. Todos los aficionados del Athletic Club conocen a José Ángel ‘El Chopo’ Iribar. Los más vetustos porque le vieron jugar y los más jóvenes porque han conocido sus hazañas a través de los testimonios de sus padres y sus abuelos. Eso magnifica la figura de Iribar, un hombre al que siempre se recordará como el eterno guardián de San Mamés.
viernes, 6 de marzo de 2020
jueves, 5 de marzo de 2020
El Pájaro Rojo del Athletic
Publicado en el blog "Conoce Bilbao con Esme" el 05/12/2016
Los jugadores del Athletic, como los de tantos clubs de fútbol, utilizan para desplazarse en recorridos cortos un autobús que, hoy en día, dispone de muchas comodidades, pero no siempre fue así.
Entre 1894 y 1910 se jugaba al fútbol en las campas de Lamiako y hasta allí, tanto los futbolistas como los aficionados, debían llegar en tren. Lo curioso no es el medio, sino lo que debían hacer cuando alcanzaban su destino.
Deportistas y espectadores debían tirarse de los vagones en marcha porque no existía apeadero. Afortunadamente, el maquinista siempre reducía la velocidad; aunque no por ello aquel acto tan arriesgado dejaba de tener su peligro. Pero no siempre podían utilizar el tren como medio de transporte para sus desplazamientos. A veces debían alquilar automóviles.
En 1948, los hermanos Arechederra, empresarios vizcainos emigrantes en Méjico y grandes aficionados al deporte rey, regalaron al Club un autobús con todas las prestaciones de aquella época, que enviaron por barco desde Méjico. Se llevó a la fábrica SEIDA de Zorroza para que, allí, se le pusiera la carrocería convenida roja y blanca.
En su interior acomodaron diecisiete butacas grandes, cuatro más normales y, hasta una cama reversible. Tras cinco meses de montaje, el "Pájaro rojo", como ya se le conocia, fue bendecido por el capellán del Club, Cesáreo Urgoiti y, tras el aperitivo ofrecido por el presidente José María Larrea al que asistieron los hermanos Arechederra entre otras personalidades, se realizó el primer viaje hasta Munguía y Plencia. Dos días después era el momento de ponerlo a prueba con un traslado más largo. Debían ir a Oviedo a disputar un partido.
Salieron a las ocho de la mañana, comieron en Torrelavega y, a las siete de la tarde, llegaron a la capital asturiana. Todo un día de viaje debió hacer mella en los deportistas, ya que perdieron por 6-3.
José Luis Huesca era el chófer de aquel autobús en el que tantas historias durante tantas horas, se vivieron. José Luis era una institución en el club y conocedor de muchos secretos y jugosas anécdotas, pero era un hombre bueno y discreto que gozaba de la confianza de todos.
Dos semanas después el "Pajaro rojo" se puso de nuevo en marcha, esta vez para arribar a tierras gallegas.
Entre las historias que se cuentan destaca el cenicero siempre lleno en el asiento de Venancio, que Carmelo era el que siempre subia el primero y que Uribe era el más rezagado. El navarro Serafín Arteta deleitaba a sus compañeros cantando jotas de su tierra. José Luis Artetxe ponía la nota de humor contando chistes que hacía desternillar de risa a sus colegas. En tantas horas les daba tiempo para todo, incluso para las apuestas. En sus viajes a Madrid instauraron dos premios de dos y de cinco duros para quien adivinara cuántos burros encontrarían en la zona de Pancorbo y cúanto tiempo le llevaría al "Pajaro rojo" subir el puerto de Orduña. Se dice que Piru Gainza era el que frecuentemente acertaba con el tiempo porque se aliaba con el chófer y este sincronizaba bien la aceleración o la frenada para llevarse las ganancias a medias.
También pasaron visicitudes más duras como la fuerte tormenta que se desató durante media hora camino de Alcoy. El transporte del equipo bilbaino no se detuvo y se portó como un campeón digno de nuestro club.
Una cosa que les entretenia y que, en aquella época, era un lujo, fue la radio y los dos altavoces colocados en el interior del "Pajaro rojo".
Mucho ha cambiado la manera de trasladar jugadores pero, quizá, esta fue mucho más entrañable.
Los jugadores del Athletic, como los de tantos clubs de fútbol, utilizan para desplazarse en recorridos cortos un autobús que, hoy en día, dispone de muchas comodidades, pero no siempre fue así.
Entre 1894 y 1910 se jugaba al fútbol en las campas de Lamiako y hasta allí, tanto los futbolistas como los aficionados, debían llegar en tren. Lo curioso no es el medio, sino lo que debían hacer cuando alcanzaban su destino.
Deportistas y espectadores debían tirarse de los vagones en marcha porque no existía apeadero. Afortunadamente, el maquinista siempre reducía la velocidad; aunque no por ello aquel acto tan arriesgado dejaba de tener su peligro. Pero no siempre podían utilizar el tren como medio de transporte para sus desplazamientos. A veces debían alquilar automóviles.
En 1948, los hermanos Arechederra, empresarios vizcainos emigrantes en Méjico y grandes aficionados al deporte rey, regalaron al Club un autobús con todas las prestaciones de aquella época, que enviaron por barco desde Méjico. Se llevó a la fábrica SEIDA de Zorroza para que, allí, se le pusiera la carrocería convenida roja y blanca.
En su interior acomodaron diecisiete butacas grandes, cuatro más normales y, hasta una cama reversible. Tras cinco meses de montaje, el "Pájaro rojo", como ya se le conocia, fue bendecido por el capellán del Club, Cesáreo Urgoiti y, tras el aperitivo ofrecido por el presidente José María Larrea al que asistieron los hermanos Arechederra entre otras personalidades, se realizó el primer viaje hasta Munguía y Plencia. Dos días después era el momento de ponerlo a prueba con un traslado más largo. Debían ir a Oviedo a disputar un partido.
Salieron a las ocho de la mañana, comieron en Torrelavega y, a las siete de la tarde, llegaron a la capital asturiana. Todo un día de viaje debió hacer mella en los deportistas, ya que perdieron por 6-3.
José Luis Huesca era el chófer de aquel autobús en el que tantas historias durante tantas horas, se vivieron. José Luis era una institución en el club y conocedor de muchos secretos y jugosas anécdotas, pero era un hombre bueno y discreto que gozaba de la confianza de todos.
Dos semanas después el "Pajaro rojo" se puso de nuevo en marcha, esta vez para arribar a tierras gallegas.
Entre las historias que se cuentan destaca el cenicero siempre lleno en el asiento de Venancio, que Carmelo era el que siempre subia el primero y que Uribe era el más rezagado. El navarro Serafín Arteta deleitaba a sus compañeros cantando jotas de su tierra. José Luis Artetxe ponía la nota de humor contando chistes que hacía desternillar de risa a sus colegas. En tantas horas les daba tiempo para todo, incluso para las apuestas. En sus viajes a Madrid instauraron dos premios de dos y de cinco duros para quien adivinara cuántos burros encontrarían en la zona de Pancorbo y cúanto tiempo le llevaría al "Pajaro rojo" subir el puerto de Orduña. Se dice que Piru Gainza era el que frecuentemente acertaba con el tiempo porque se aliaba con el chófer y este sincronizaba bien la aceleración o la frenada para llevarse las ganancias a medias.
También pasaron visicitudes más duras como la fuerte tormenta que se desató durante media hora camino de Alcoy. El transporte del equipo bilbaino no se detuvo y se portó como un campeón digno de nuestro club.
Una cosa que les entretenia y que, en aquella época, era un lujo, fue la radio y los dos altavoces colocados en el interior del "Pajaro rojo".
Mucho ha cambiado la manera de trasladar jugadores pero, quizá, esta fue mucho más entrañable.
martes, 3 de marzo de 2020
El pícaro del gol
Artículo publicado por Asier y Javier en el periódico Bilbao (Marzo)
Daniel Ruiz-Bazán se dejó los apellidos y parte del nombre en cientos de campos de fútbol de arena. Expresivo, locuaz, inquieto, nadie diría que frisa las siete décadas. Nació y creció a orillas del Kadagua y lleva una docena de años viviendo en Orozko pero se siente de Bilbao. Y Bilbao le siente suyo. No en vano Dani es una de las leyendas de la historia del Athletic Club. El Gran Capitán. El último rojiblanco que levantó la Liga y la Copa
Dani ríe con ganas. Bromea con su voz grave. Es un hombre menudo que a los pocos minutos se vuelve gigante. Igual que cuando entraba en el área. Se quita y se pone las gafas de lectura, mueve las manos, gesticula sin parar. Es dinamismo puro. Y derrocha simpatía a pesar de su voz grave. Ha
dejado fuera su maxiscooter Honda 300.
“Siempre me han gustado las motos. Cuando era jugador profesional no podía tener, por contrato. Pero al día siguiente del finiquito, me compré una, con Javi Clemente. Una BMW 600. Javi cogió la misma. Después tuve una Kawasaki 750, otra Kawasaki 1.100, una Honda CBR. Todas se las he comprado a José Ángel Mendivil”.
Nació en Sopuerta. Pero a los pocos años la familia se mudó a Sodupe. Después, ha vivido en Las Arenas y en varios sitios de Bilbao. “Ahora vivo en Orozko. Desde hace doce años. Cuando yo jugaba al fútbol, viajábamos mucho en autobús y, al salir o volver por el puerto de Dima solía ver a los aldeanos en sus caseríos. Me prometí que algún día tendría uno. Así que, primero compré el terreno y después construí uno muy chulo. Corto la hierba, arreglo las cosas... hago de todo menos podar los frutales, porque no sé. Eso se lo dejo a José Mari ‘El Podador’. Esta tarde he quedado con él para que me pode los ciruelos. Me llama Capitán”.
Partidos de quince contra quince
El padre de Dani, Amancio, falleció con 100 años; su madre, con 99, vive. Eran tres hermanos, de los que uno falleció. Dani era el más joven. En Sodupe creció, fue a la escuela y jugaba todos los días al fútbol en el frontón.
“Eran partidos de quince contra quince y chavales de diez hasta dieciocho años. Yo era de los más pequeños. Y ahí fui aprendiendo la gramática del fútbol. También empecé a tener problemas porque volvía a casa a las diez de la noche y completamente sudado”.
En el Sodupe empezó a darle patadas a un balón como federado, aunque con su picardía. “El juvenil solía jugar los domingos por la mañana, con catorce años íbamos siempre otro amigo, Luis Mari, y yo a ver los partidos. Allí nos poníamos, apoyados en una valla. Hubo un partido en el que no sé si por enfermedad, lesiones, o no me acuerdo, el Sodupe juvenil solo contaba con nueve futbolistas. El entrenador, le llamaban ‘Botella’ porque tenía un bar, salió de la caseta y nos metió a Luis Mari y a mí dentro. “Ahí tenéis la equipación, vestíos, que salís”. Tuvieron que falsificar mi ficha, no tenía ni carnet ni edad para jugar en juveniles. Jugué de extremo derecho y corrí más que nunca en mi vida”, evoca Dani. Algo hizo bien. Siguió toda la liga con aquella ficha falsa. Manolo Larrubia, el entrenador del Sodupe mayor de la época, que estaba en regional, le subió al equipo absoluto siendo un mocoso. “Con dieciséis o diecisiete años. Yo no tenía más ilusión que jugar en el Sodupe, te conocían en el pueblo. Todo se paraba para ver los partidos. No recuerdo grandes ambiciones. Además, después de aprobar sexto de Bachiller y Reválida me contrataron para trabajar en el Banco Guipuzcoano”. El Gran Capitán se pudo perder en un infinito de pagarés, talones y letras de cambio.
El Athletic
Aquello lo arregló otra picardía. “Había un directivo del club, se llamaba Pozas, que trabajaba en Zaragoza. Le soltó a un periodista del Hierro que el Zaragoza estaba interesado en mí. Era mentira. A las 48 horas llamó el Athletic. Venancio y Julio Lamana me esperaban en el restaurante del padre del periodista Jon Uriarte, que tenía un altillo con mesas. No hubo ni negociación, ni discusión ni nada. Me plantaron delante el contrato tipo de los jugadores del Bilbao Athletic: cien mil ‘pelas’ por el primer año y 125.000 por el segundo”. Y ahí empezó la leyenda.
“Firmé, me cedieron al Sodupe, donde estaba jugando, y después di más vueltas que los de la isla esa de la tele. Estuve en el Getxo, el Barakaldo, el Villosa y el Bilbao Athletic. Jugando en el Villosa, que era el equipo de una fábrica de vidrio de Llodio, conocí a Anabel”. La esposa de Dani, que está sentada junto a nosotros, asiente. Le llama ‘Aita’.
Eso sucedió hace cincuenta años. Llevan 43 casados. “Estando en el Villosa nuestro entrenador era Martín Susilla Párraga, un fenómeno del fútbol. En sus tarjetas de visita ponía: entrenador de fútbol, primero de su promoción. Al terminar cada entrenamiento, decía: Dani, quédese. Y se lo pedía también al tercer portero. Y él centraba por la derecha, cien veces. Luego, por la izquierda, otras cien. Piensa en el balón de 1970 y el campo del Villosa, que era de arena, que se pegaba a la pelota. Doscientos impactos con la frente. Me metía a la ducha con la cabeza hecha un cirio. Pero aprendí”.
Máximo goleador
En el Barakaldo consiguió dos años seguidos ser máximo goleador con dieciocho tantos. Y en el Athletic siempre transformó entre catorce y dieciocho “bacalaos” por temporada. “Esa regularidad es importante en el fútbol de élite”, recalca. Un detalle: a pesar de que mide 171 centímetros, transformó la mitad de sus “chicharros” con la cabeza. Los doscientos centros por entrenamiento en el Villosa tuvieron que ver. “Pero es una cuestión de actitud, de anticipación y potencia de piernas. Esa décima de segundo en la que intuyes dónde te va a poner el balón el extremo”.
De los tiempos del Barakaldo se acuerda mucho de un lateral izquierdo del Racing. “Se llamaba Sistiaga y era muy duro. En el primer córner me abrió un párpado entero. Juanjo Campa, que también estaba en el Barakaldo, me vendó la cabeza y seguí jugando. En el descanso me cosió el párpado, me vendaron otra vez y terminé el partido”.
Un tipo duro. Pero con miedo al dentista. En cierta ocasión se sentó a que le realizaran un empaste; cuando estaba con la boca abierta, le pidió un minuto al dentista, se puso en pie, se marchó y no ha vuelto. Las radiografías de la boca le salen movidas. “No consigo quedarme quieto, es la ansiedad”, reconoce. Anabel se ríe con ganas.
“Para un delantero, el gol es la mayor satisfacción. Es tu meta. Supone materializar el trabajo del resto de los compañeros. Me acuerdo de uno que metí al Real Madrid, que supuso el 2-1 y tuvo su importancia para ganar la Liga; otro que le metí de vaselina a Dalessandro; y una jugada en la que terminé asistiendo a Noriega en Valencia para conquistar otra Liga.
Guarda buena memoria de quienes trabajaban para que el gol no llegara. “Me acuerdo de Panadero Díaz, Ovejero… Y Benito, qué duro, eso sí, fuera del campo un fenómeno. Íbamos de vacaciones juntos a Ibiza. San José, un lateral del Sevilla, muy fuerte, me molía a palos en el Pizjuán y yo le decía: ya vendrás a San Mamés. Hace tres años me llamó el presidente del Sevilla para contarme que le hacían un homenaje, el Sevilla homenajea cada temporada a una de sus leyendas. Fui con Anabel. Yo estaba sentado en primera fila. Cuando salió San José a pronunciar sus palabras de agradecimiento, me vio, se sorprendió, bajó y me dio un gran brazo. Nos emocionamos mucho los dos”.
No deja a un lado al rival por excelencia. “El mejor portero al que me he enfrentado ha sido Arconada; bravo, listo, siempre te jodía. Estudiaba mucho al contrario. Guardaba anotaciones con datos y estadísticas de zonas de disparo”.
Mira algo en su teléfono. Tropieza con una foto. Es un niño vestido con la equipación del Athletic. Golpea un balón con cara de pícaro. “Es Xabi, uno de mis nietos. Es un fenómeno. Este va a ser mejor que yo”. Se despide. Y sale saludando a todo el mundo en compañía de Anabel.
“No soy de Bilbao, pero soy de Bilbao”
“No soy de Bilbao, pero soy de Bilbao. Llevo toda la vida en esta ciudad. El 99 % de mis amigos son de Bilbao, mis hijos…”. Dani remacha que es de Bilbao. Y que no se quiso ir a Barcelona. “El Barça me quiso fichar cuando Duñabeitia. El presidente no quería y yo tampoco: tenía esa cosa de empezar y acabar en el Athletic”. Esa cosa debe ser Bilbao. Que ha cambiado. “Ha cambiado la vida y el mundo. El Athletic mantiene sus cualidades y su filosofía. No es que hayan cambiado los jugadores y la afición, es que ha cambiado la juventud. A mí me gusta la afición de ahora, está identificada con el Athletic”.
Asegura Dani que un nuevo título llevaría aparejada una gran celebración. “La afición es igual o mayor que entonces. Una celebración futura será más multitudinaria que la nuestra de cuando la gabarra, pero no podrá ser igual. Por motivos de seguridad. Yo fui preocupado durante todo el recorrido. Hay que pensar que hubo invasión de pista en el aeropuerto de Sondika; que en el tramo que hicimos en camión había que parar porque la gente se metía debajo de las ruedas; con personas subidas en las grúas al paso de la gabarra, monjas en las ventanas, zodiacs cruzando entre el remolcador y la gabarra. Habrá gabarra, pero todo será más seguro”.
Daniel Ruiz-Bazán se dejó los apellidos y parte del nombre en cientos de campos de fútbol de arena. Expresivo, locuaz, inquieto, nadie diría que frisa las siete décadas. Nació y creció a orillas del Kadagua y lleva una docena de años viviendo en Orozko pero se siente de Bilbao. Y Bilbao le siente suyo. No en vano Dani es una de las leyendas de la historia del Athletic Club. El Gran Capitán. El último rojiblanco que levantó la Liga y la Copa
Dani ríe con ganas. Bromea con su voz grave. Es un hombre menudo que a los pocos minutos se vuelve gigante. Igual que cuando entraba en el área. Se quita y se pone las gafas de lectura, mueve las manos, gesticula sin parar. Es dinamismo puro. Y derrocha simpatía a pesar de su voz grave. Ha
dejado fuera su maxiscooter Honda 300.
“Siempre me han gustado las motos. Cuando era jugador profesional no podía tener, por contrato. Pero al día siguiente del finiquito, me compré una, con Javi Clemente. Una BMW 600. Javi cogió la misma. Después tuve una Kawasaki 750, otra Kawasaki 1.100, una Honda CBR. Todas se las he comprado a José Ángel Mendivil”.
Nació en Sopuerta. Pero a los pocos años la familia se mudó a Sodupe. Después, ha vivido en Las Arenas y en varios sitios de Bilbao. “Ahora vivo en Orozko. Desde hace doce años. Cuando yo jugaba al fútbol, viajábamos mucho en autobús y, al salir o volver por el puerto de Dima solía ver a los aldeanos en sus caseríos. Me prometí que algún día tendría uno. Así que, primero compré el terreno y después construí uno muy chulo. Corto la hierba, arreglo las cosas... hago de todo menos podar los frutales, porque no sé. Eso se lo dejo a José Mari ‘El Podador’. Esta tarde he quedado con él para que me pode los ciruelos. Me llama Capitán”.
Partidos de quince contra quince
El padre de Dani, Amancio, falleció con 100 años; su madre, con 99, vive. Eran tres hermanos, de los que uno falleció. Dani era el más joven. En Sodupe creció, fue a la escuela y jugaba todos los días al fútbol en el frontón.
“Eran partidos de quince contra quince y chavales de diez hasta dieciocho años. Yo era de los más pequeños. Y ahí fui aprendiendo la gramática del fútbol. También empecé a tener problemas porque volvía a casa a las diez de la noche y completamente sudado”.
En el Sodupe empezó a darle patadas a un balón como federado, aunque con su picardía. “El juvenil solía jugar los domingos por la mañana, con catorce años íbamos siempre otro amigo, Luis Mari, y yo a ver los partidos. Allí nos poníamos, apoyados en una valla. Hubo un partido en el que no sé si por enfermedad, lesiones, o no me acuerdo, el Sodupe juvenil solo contaba con nueve futbolistas. El entrenador, le llamaban ‘Botella’ porque tenía un bar, salió de la caseta y nos metió a Luis Mari y a mí dentro. “Ahí tenéis la equipación, vestíos, que salís”. Tuvieron que falsificar mi ficha, no tenía ni carnet ni edad para jugar en juveniles. Jugué de extremo derecho y corrí más que nunca en mi vida”, evoca Dani. Algo hizo bien. Siguió toda la liga con aquella ficha falsa. Manolo Larrubia, el entrenador del Sodupe mayor de la época, que estaba en regional, le subió al equipo absoluto siendo un mocoso. “Con dieciséis o diecisiete años. Yo no tenía más ilusión que jugar en el Sodupe, te conocían en el pueblo. Todo se paraba para ver los partidos. No recuerdo grandes ambiciones. Además, después de aprobar sexto de Bachiller y Reválida me contrataron para trabajar en el Banco Guipuzcoano”. El Gran Capitán se pudo perder en un infinito de pagarés, talones y letras de cambio.
El Athletic
Aquello lo arregló otra picardía. “Había un directivo del club, se llamaba Pozas, que trabajaba en Zaragoza. Le soltó a un periodista del Hierro que el Zaragoza estaba interesado en mí. Era mentira. A las 48 horas llamó el Athletic. Venancio y Julio Lamana me esperaban en el restaurante del padre del periodista Jon Uriarte, que tenía un altillo con mesas. No hubo ni negociación, ni discusión ni nada. Me plantaron delante el contrato tipo de los jugadores del Bilbao Athletic: cien mil ‘pelas’ por el primer año y 125.000 por el segundo”. Y ahí empezó la leyenda.
“Firmé, me cedieron al Sodupe, donde estaba jugando, y después di más vueltas que los de la isla esa de la tele. Estuve en el Getxo, el Barakaldo, el Villosa y el Bilbao Athletic. Jugando en el Villosa, que era el equipo de una fábrica de vidrio de Llodio, conocí a Anabel”. La esposa de Dani, que está sentada junto a nosotros, asiente. Le llama ‘Aita’.
Eso sucedió hace cincuenta años. Llevan 43 casados. “Estando en el Villosa nuestro entrenador era Martín Susilla Párraga, un fenómeno del fútbol. En sus tarjetas de visita ponía: entrenador de fútbol, primero de su promoción. Al terminar cada entrenamiento, decía: Dani, quédese. Y se lo pedía también al tercer portero. Y él centraba por la derecha, cien veces. Luego, por la izquierda, otras cien. Piensa en el balón de 1970 y el campo del Villosa, que era de arena, que se pegaba a la pelota. Doscientos impactos con la frente. Me metía a la ducha con la cabeza hecha un cirio. Pero aprendí”.
Máximo goleador
En el Barakaldo consiguió dos años seguidos ser máximo goleador con dieciocho tantos. Y en el Athletic siempre transformó entre catorce y dieciocho “bacalaos” por temporada. “Esa regularidad es importante en el fútbol de élite”, recalca. Un detalle: a pesar de que mide 171 centímetros, transformó la mitad de sus “chicharros” con la cabeza. Los doscientos centros por entrenamiento en el Villosa tuvieron que ver. “Pero es una cuestión de actitud, de anticipación y potencia de piernas. Esa décima de segundo en la que intuyes dónde te va a poner el balón el extremo”.
De los tiempos del Barakaldo se acuerda mucho de un lateral izquierdo del Racing. “Se llamaba Sistiaga y era muy duro. En el primer córner me abrió un párpado entero. Juanjo Campa, que también estaba en el Barakaldo, me vendó la cabeza y seguí jugando. En el descanso me cosió el párpado, me vendaron otra vez y terminé el partido”.
Un tipo duro. Pero con miedo al dentista. En cierta ocasión se sentó a que le realizaran un empaste; cuando estaba con la boca abierta, le pidió un minuto al dentista, se puso en pie, se marchó y no ha vuelto. Las radiografías de la boca le salen movidas. “No consigo quedarme quieto, es la ansiedad”, reconoce. Anabel se ríe con ganas.
“Para un delantero, el gol es la mayor satisfacción. Es tu meta. Supone materializar el trabajo del resto de los compañeros. Me acuerdo de uno que metí al Real Madrid, que supuso el 2-1 y tuvo su importancia para ganar la Liga; otro que le metí de vaselina a Dalessandro; y una jugada en la que terminé asistiendo a Noriega en Valencia para conquistar otra Liga.
Guarda buena memoria de quienes trabajaban para que el gol no llegara. “Me acuerdo de Panadero Díaz, Ovejero… Y Benito, qué duro, eso sí, fuera del campo un fenómeno. Íbamos de vacaciones juntos a Ibiza. San José, un lateral del Sevilla, muy fuerte, me molía a palos en el Pizjuán y yo le decía: ya vendrás a San Mamés. Hace tres años me llamó el presidente del Sevilla para contarme que le hacían un homenaje, el Sevilla homenajea cada temporada a una de sus leyendas. Fui con Anabel. Yo estaba sentado en primera fila. Cuando salió San José a pronunciar sus palabras de agradecimiento, me vio, se sorprendió, bajó y me dio un gran brazo. Nos emocionamos mucho los dos”.
No deja a un lado al rival por excelencia. “El mejor portero al que me he enfrentado ha sido Arconada; bravo, listo, siempre te jodía. Estudiaba mucho al contrario. Guardaba anotaciones con datos y estadísticas de zonas de disparo”.
Mira algo en su teléfono. Tropieza con una foto. Es un niño vestido con la equipación del Athletic. Golpea un balón con cara de pícaro. “Es Xabi, uno de mis nietos. Es un fenómeno. Este va a ser mejor que yo”. Se despide. Y sale saludando a todo el mundo en compañía de Anabel.
“No soy de Bilbao, pero soy de Bilbao”
“No soy de Bilbao, pero soy de Bilbao. Llevo toda la vida en esta ciudad. El 99 % de mis amigos son de Bilbao, mis hijos…”. Dani remacha que es de Bilbao. Y que no se quiso ir a Barcelona. “El Barça me quiso fichar cuando Duñabeitia. El presidente no quería y yo tampoco: tenía esa cosa de empezar y acabar en el Athletic”. Esa cosa debe ser Bilbao. Que ha cambiado. “Ha cambiado la vida y el mundo. El Athletic mantiene sus cualidades y su filosofía. No es que hayan cambiado los jugadores y la afición, es que ha cambiado la juventud. A mí me gusta la afición de ahora, está identificada con el Athletic”.
Asegura Dani que un nuevo título llevaría aparejada una gran celebración. “La afición es igual o mayor que entonces. Una celebración futura será más multitudinaria que la nuestra de cuando la gabarra, pero no podrá ser igual. Por motivos de seguridad. Yo fui preocupado durante todo el recorrido. Hay que pensar que hubo invasión de pista en el aeropuerto de Sondika; que en el tramo que hicimos en camión había que parar porque la gente se metía debajo de las ruedas; con personas subidas en las grúas al paso de la gabarra, monjas en las ventanas, zodiacs cruzando entre el remolcador y la gabarra. Habrá gabarra, pero todo será más seguro”.
Dios solo creó un equipo único, el Athletic
Artículo publicado por Tomás Ondarra en el periódico Bilbao (Marzo)
Los de Bilbao tenemos el privilegio de poder nacer donde queramos, e Iñaki Aranzamendi lo llevó al pie de la letra. Su aita José Antonio Villares, de Bilbao de toda la vida, se trasladó por motivos de trabajo al Puerto de la Cruz (Tenerife) y allí nació el bilbaino Iñaki.
“Soy del Athletic desde que estaba en la barriga de mi amatxu. Dios solo creó un equipo único, el Athletic, y yo lo amo con todo mi corazón”, palabra de Aranzamendi. Su aita, muy amigo de Beti Duñabeitia, Pedro Aurtenetxe y Javier Clemente le inculcó a Iñaki sus dos sentimientos más importantes: su amor por Bilbao y la pasión por el Athletic.
Iñaki cumple los deseos de su aita al pie de la letra, incluso supera con creces su sentimiento y pasión hacia el club rojiblanco. Para Iñaki “el Athletic es lo más grande, una religión, no hay palabras…” así lo define emocionado y dando las gracias a Dios por ver ganar a su equipo en San Mamés contra el Barcelona. Vino a verle ganar desde Tenerife y ganó. Se perdió por las calles de su Bilbao y el de su aita, visitó a su familia en Lekeitio donde nació su aitite Antonio Aranzamendi Galdós.
Aún no se lo cree, y lo recuerda con voz entrecortada, poder saludar y compartir unos minutos con su presidente Aitor Elizegi en Ibaigane al día siguiente de eliminar al Barcelona.
Cuando el Athletic ganó la Liga de 1983 en Las Palmas, Iñaki tenía ocho años. Su aita José Antonio se trasladó con él desde Tenerife para ver el partido y poder celebrar el título de Liga. Y se ganó, lo celebró y se le quedó grabado fotográficamente todo lo que ocurrió aquella noche de celebración dentro del hotel Santa Isabel donde Pedro Aurtenetxe les invitó a compartir la celebración con los jugadores, técnicos y directiva, unos momentos únicos y esperados por toda la afición. “Las sillas eran de madera y paja…” recuerda Iñaki.
Al año siguiente volvió a viajar, esta vez a Madrid, para ver con su aita a su lado alzar la Copa a Dani.
A todos los jugadores y exjugadores los considera sus ídolos, pero hay uno por el que le tiene adoración: Andoni Goikoetxea. “Fue mi ídolo como jugador y ahora es mi ídolo como persona. Hace cinco años vino a Tenerife de vacaciones y me llamó por teléfono para conocerme, Goiko es único, el mejor, el más grande”.
En 2011 Iñaki, muy aficionado a la comunicación, creó el blog “Sentimiento Athletic” para escribir desde la distancia de su mayor pasión. En el blog podemos leer sus sentimientos, sus crónicas, sus entrevistas y emocionarnos con sus textos.
Iñaki camina desde el Puerto de la Cruz hasta la Candelaria, para dar gracias a la Virgen de Nuestra Señora de la Candelaria y cumplir sus promesas. La semana pasada volvió a caminar por la victoria contra el Barcelona… esperemos que Iñaki tenga que volver pronto a caminar, nos queda Granada y la Final en Sevilla. Aranzamendi está convencido de que todo lo bueno ocurrirá y la Gabarra volverá a navegar por la Ría de Bilbao.
Así sea.
Los de Bilbao tenemos el privilegio de poder nacer donde queramos, e Iñaki Aranzamendi lo llevó al pie de la letra. Su aita José Antonio Villares, de Bilbao de toda la vida, se trasladó por motivos de trabajo al Puerto de la Cruz (Tenerife) y allí nació el bilbaino Iñaki.
“Soy del Athletic desde que estaba en la barriga de mi amatxu. Dios solo creó un equipo único, el Athletic, y yo lo amo con todo mi corazón”, palabra de Aranzamendi. Su aita, muy amigo de Beti Duñabeitia, Pedro Aurtenetxe y Javier Clemente le inculcó a Iñaki sus dos sentimientos más importantes: su amor por Bilbao y la pasión por el Athletic.
Iñaki cumple los deseos de su aita al pie de la letra, incluso supera con creces su sentimiento y pasión hacia el club rojiblanco. Para Iñaki “el Athletic es lo más grande, una religión, no hay palabras…” así lo define emocionado y dando las gracias a Dios por ver ganar a su equipo en San Mamés contra el Barcelona. Vino a verle ganar desde Tenerife y ganó. Se perdió por las calles de su Bilbao y el de su aita, visitó a su familia en Lekeitio donde nació su aitite Antonio Aranzamendi Galdós.
Aún no se lo cree, y lo recuerda con voz entrecortada, poder saludar y compartir unos minutos con su presidente Aitor Elizegi en Ibaigane al día siguiente de eliminar al Barcelona.
Cuando el Athletic ganó la Liga de 1983 en Las Palmas, Iñaki tenía ocho años. Su aita José Antonio se trasladó con él desde Tenerife para ver el partido y poder celebrar el título de Liga. Y se ganó, lo celebró y se le quedó grabado fotográficamente todo lo que ocurrió aquella noche de celebración dentro del hotel Santa Isabel donde Pedro Aurtenetxe les invitó a compartir la celebración con los jugadores, técnicos y directiva, unos momentos únicos y esperados por toda la afición. “Las sillas eran de madera y paja…” recuerda Iñaki.
Al año siguiente volvió a viajar, esta vez a Madrid, para ver con su aita a su lado alzar la Copa a Dani.
A todos los jugadores y exjugadores los considera sus ídolos, pero hay uno por el que le tiene adoración: Andoni Goikoetxea. “Fue mi ídolo como jugador y ahora es mi ídolo como persona. Hace cinco años vino a Tenerife de vacaciones y me llamó por teléfono para conocerme, Goiko es único, el mejor, el más grande”.
En 2011 Iñaki, muy aficionado a la comunicación, creó el blog “Sentimiento Athletic” para escribir desde la distancia de su mayor pasión. En el blog podemos leer sus sentimientos, sus crónicas, sus entrevistas y emocionarnos con sus textos.
Iñaki camina desde el Puerto de la Cruz hasta la Candelaria, para dar gracias a la Virgen de Nuestra Señora de la Candelaria y cumplir sus promesas. La semana pasada volvió a caminar por la victoria contra el Barcelona… esperemos que Iñaki tenga que volver pronto a caminar, nos queda Granada y la Final en Sevilla. Aranzamendi está convencido de que todo lo bueno ocurrirá y la Gabarra volverá a navegar por la Ría de Bilbao.
Así sea.
lunes, 2 de marzo de 2020
domingo, 1 de marzo de 2020
ZORIONAK TXOPO!!!
Fuente: Twitter Athletic Club
Fuente: Canal YouTube Athletic Club
🧤🥅 Nuestro mito de la portería cumple años. ¡¡Qué note todo el cariño que le tenemos!! 😍
— Athletic Club (@AthleticClub) March 1, 2020
🎶 Iribar, Iribar, Iribar es... como Iribar no hay ninguno... Todos a cantar en el minuto 1 ‼#ZorionakIribar #AthleticClub 🦁 pic.twitter.com/XwzGhI5xxJ
Fuente: Canal YouTube Athletic Club
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