Fuente: Jon Loidi Begoña @JLadventures
Jor. 9ª: Levante UD - Athletic Club ("Gol fantasma" 1-2 Erika Vázquez)
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martes, 8 de noviembre de 2016
Domador de leones
Artículo publicado por Asier y Javier en el periodico Bilbao, noviembre 2016
A sus 66 años, Javier Clemente conserva cara de adolescente travieso. De chaval zurdo y rubio capaz de esconderle las tizas de la pizarra a un Hermano de la Salle, de aquellos del Colegio El Carmen de Barakaldo. Quien dice a un Hermano de La Salle, dice al presidente de la federación de fútbol de Serbia o Camerún. Acaba de dejar de ser seleccionador de Libia y piensa en nuevas aventuras futbolísticas que le lleven de África a Oriente. Hizo campeones a los leones del Athletic, se puso al mando de los leones indomables de Camerún, triunfó con los leones del desierto Libio y sueña con leones chinos. Así es Clemente
Clemente en estado puro. Recién llegado de Libia. Un país dividido por una guerra civil que no es sino el síntoma de una crisis mundial y al que en 2014 condujo a la conquista de su primer título: el Campeonato Africano de Naciones. Pero el fútbol se desarrolla en una amnesia permanente y hace unos días que la federación Libia y el técnico vizcaino partieron peras. “Ahora me dedico a descansar un poco, ver fútbol, quedar con los amigos, comer con ellos, jugar al golf, ir al monte, pasear. Pero no pienso jubilarme de los banquillos. De eso te jubilan cuando no te llaman”, explica.
Valora algún proyecto en China o los emiratos árabes. “Aquí es difícil que cuenten conmigo. No soy un técnico de caché bajo. Y los grandes piensan en otro estilo de entrenador. Hay chicos jóvenes”, apunta. Acumula más de medio millar de partidos dirigidos en primera división. Ha pasado por el vestuario del Atlético de Madrid, Tenerife, Real Sociedad, Betis, Sporting de Gijón, Murcia y Espanyol, sin contar sus tres etapas en el Athletic. A este prolífico currículum es preciso sumar al Olympique de Marsella y las selecciones de España, Serbia, Camerún y Libia. Casi nada.
Buen cocinero
Por eso se maneja bien entre pucheros. “Me gusta cocinar. Son un montón de años viajando solo. Cuando trabajamos fuera, yo me encargo de la cocina y los compañeros de mi equipo técnico recogen la mesa y lo demás. Además, me gusta mucho la vida de txoko”, confiesa.
Desde que empezó a viajar, el fútbol ha evolucionado mucho. “Radicalmente, son once contra once y hay que meter el balón en la portería. Lo demás ha cambiado todo. La competición no se parece en nada a cuando yo debuté”, dice un Javier Clemente que vistió como jugador rojiblanco entre 1968 y 1969, aunque no se despidió del pantalón corto hasta 1975, cinco años y otras tantas operaciones después de que una desafortunada lesión le impidiera seguir gambeteando en la media punta del Athletic.
Inmediatamente se puso al mando de un vestuario, el del Arenas. Pasó por los del Basconia y el Bilbao Athletic, hasta que en 1981 sustituyó a Iñaki Sáez al frente del primer equipo. “El Athletic de ahora solo es similar a aquél cuando va perdiendo en casa; cuando juega con prisas y prioriza la pelea, la fuerza y la velocidad al toque”, señala un Clemente que advierte que no es una locura que el histórico club de Bilbao descienda a segunda. “Se puede bajar, sí. Hay que andar con cuidado. Es necesario desarrollar un tipo de juego propio, diferente al del resto, en el que seamos los mejores”, sugiere. El público de San Mamés, aunque “menos agresivo”, le sigue pareciendo “fantástico”.
El arco de San Mamés
Con San Mamés Berria se muestra menos cariñoso que con la afición. “El estadio es muy bonito, una chulada. Más moderno que el viejo, más seguro, con más puertas. Pero en el antiguo yo no me mojé nunca. Y mi localidad es más incómoda que la de antes. Otra cosa que no entiendo es lo de quitar el arco. Es un símbolo, todo el mundo del fútbol reconocía San Mamés por el arco. Formaba parte de la identidad del club y lo eliminan”.
Clemente permanece fiel a sí mismo. Con su propio arco, ajeno a lo políticamente correcto. Dice lo que piensa. No hay espacio en su campo de juego para lo políticamente correcto. Nada de diplomacia vaticana. Contra lo que se podía sospechar de un defensor de los clubs de cantera como él, defiende que “es bueno para el fútbol que surjan grandes estrellas globales como Cristiano o Messi. Pero que firmen contratos de cien millones o que ganen quince millones al año es una monstruosidad. Algo desorbitado”.
En la foto de su perfil de WhatsApp aparece rodeado por sus nietas y nietos. Un abuelo satisfecho. “He logrado mis objetivos profesionales: mi ilusión era jugar en el Athletic y lo conseguí; quise ser su entrenador y lo logré; quise hacerle campeón y salió la gabarra”.
Un abuelo que mantiene la mirada traviesa del chaval de Barakaldo que sale a la plaza con la pelota bajo el brazo. Y ahora sueña con China.
“El tiki-taka puede acabar con el Athletic”
Javier Clemente está convencido de que los leones deben desarrollar su propio estilo de fútbol. No solo para poder optar a títulos, sino para mantenerse en primera división. “El Athletic está tendiendo al tiki-taka; a Amorrortu le gusta eso, a Bielsa le trajeron para eso y Valverde practica eso”, expone.
“Y el tiki-taka puede matar al Athletic. Por ese camino no tenemos mucho porvenir. Hay otros clubs que hacen esa propuesta y que pueden elegir los mejores entre millones de jugadores de todo el mundo. Nosotros, no. En el tiki-taka siempre serán mejores otros. En cambio, con nuestro fútbol, incluso se podría hacer frente a esos equipos poderosos y ganar”, pronostica el ex seleccionador. Olvidando el tiki-taka y apostando por “la velocidad, la agresividad, el choque”.
Para Clemente, la clave del Athletic “es la cantera de Bizkaia. Hace unos años no había un solo futbolista de Bizkaia en el primer equipo. Ahora están saliendo algunos. Eso es importante. Pero ojo con el tiki-taka, que nos puede llevar a segunda”, advierte ‘El Rubio de Barakaldo’.
A sus 66 años, Javier Clemente conserva cara de adolescente travieso. De chaval zurdo y rubio capaz de esconderle las tizas de la pizarra a un Hermano de la Salle, de aquellos del Colegio El Carmen de Barakaldo. Quien dice a un Hermano de La Salle, dice al presidente de la federación de fútbol de Serbia o Camerún. Acaba de dejar de ser seleccionador de Libia y piensa en nuevas aventuras futbolísticas que le lleven de África a Oriente. Hizo campeones a los leones del Athletic, se puso al mando de los leones indomables de Camerún, triunfó con los leones del desierto Libio y sueña con leones chinos. Así es Clemente
Clemente en estado puro. Recién llegado de Libia. Un país dividido por una guerra civil que no es sino el síntoma de una crisis mundial y al que en 2014 condujo a la conquista de su primer título: el Campeonato Africano de Naciones. Pero el fútbol se desarrolla en una amnesia permanente y hace unos días que la federación Libia y el técnico vizcaino partieron peras. “Ahora me dedico a descansar un poco, ver fútbol, quedar con los amigos, comer con ellos, jugar al golf, ir al monte, pasear. Pero no pienso jubilarme de los banquillos. De eso te jubilan cuando no te llaman”, explica.
Valora algún proyecto en China o los emiratos árabes. “Aquí es difícil que cuenten conmigo. No soy un técnico de caché bajo. Y los grandes piensan en otro estilo de entrenador. Hay chicos jóvenes”, apunta. Acumula más de medio millar de partidos dirigidos en primera división. Ha pasado por el vestuario del Atlético de Madrid, Tenerife, Real Sociedad, Betis, Sporting de Gijón, Murcia y Espanyol, sin contar sus tres etapas en el Athletic. A este prolífico currículum es preciso sumar al Olympique de Marsella y las selecciones de España, Serbia, Camerún y Libia. Casi nada.
Buen cocinero
Por eso se maneja bien entre pucheros. “Me gusta cocinar. Son un montón de años viajando solo. Cuando trabajamos fuera, yo me encargo de la cocina y los compañeros de mi equipo técnico recogen la mesa y lo demás. Además, me gusta mucho la vida de txoko”, confiesa.
Desde que empezó a viajar, el fútbol ha evolucionado mucho. “Radicalmente, son once contra once y hay que meter el balón en la portería. Lo demás ha cambiado todo. La competición no se parece en nada a cuando yo debuté”, dice un Javier Clemente que vistió como jugador rojiblanco entre 1968 y 1969, aunque no se despidió del pantalón corto hasta 1975, cinco años y otras tantas operaciones después de que una desafortunada lesión le impidiera seguir gambeteando en la media punta del Athletic.
Inmediatamente se puso al mando de un vestuario, el del Arenas. Pasó por los del Basconia y el Bilbao Athletic, hasta que en 1981 sustituyó a Iñaki Sáez al frente del primer equipo. “El Athletic de ahora solo es similar a aquél cuando va perdiendo en casa; cuando juega con prisas y prioriza la pelea, la fuerza y la velocidad al toque”, señala un Clemente que advierte que no es una locura que el histórico club de Bilbao descienda a segunda. “Se puede bajar, sí. Hay que andar con cuidado. Es necesario desarrollar un tipo de juego propio, diferente al del resto, en el que seamos los mejores”, sugiere. El público de San Mamés, aunque “menos agresivo”, le sigue pareciendo “fantástico”.
El arco de San Mamés
Con San Mamés Berria se muestra menos cariñoso que con la afición. “El estadio es muy bonito, una chulada. Más moderno que el viejo, más seguro, con más puertas. Pero en el antiguo yo no me mojé nunca. Y mi localidad es más incómoda que la de antes. Otra cosa que no entiendo es lo de quitar el arco. Es un símbolo, todo el mundo del fútbol reconocía San Mamés por el arco. Formaba parte de la identidad del club y lo eliminan”.
Clemente permanece fiel a sí mismo. Con su propio arco, ajeno a lo políticamente correcto. Dice lo que piensa. No hay espacio en su campo de juego para lo políticamente correcto. Nada de diplomacia vaticana. Contra lo que se podía sospechar de un defensor de los clubs de cantera como él, defiende que “es bueno para el fútbol que surjan grandes estrellas globales como Cristiano o Messi. Pero que firmen contratos de cien millones o que ganen quince millones al año es una monstruosidad. Algo desorbitado”.
En la foto de su perfil de WhatsApp aparece rodeado por sus nietas y nietos. Un abuelo satisfecho. “He logrado mis objetivos profesionales: mi ilusión era jugar en el Athletic y lo conseguí; quise ser su entrenador y lo logré; quise hacerle campeón y salió la gabarra”.
Un abuelo que mantiene la mirada traviesa del chaval de Barakaldo que sale a la plaza con la pelota bajo el brazo. Y ahora sueña con China.
“El tiki-taka puede acabar con el Athletic”
Javier Clemente está convencido de que los leones deben desarrollar su propio estilo de fútbol. No solo para poder optar a títulos, sino para mantenerse en primera división. “El Athletic está tendiendo al tiki-taka; a Amorrortu le gusta eso, a Bielsa le trajeron para eso y Valverde practica eso”, expone.
“Y el tiki-taka puede matar al Athletic. Por ese camino no tenemos mucho porvenir. Hay otros clubs que hacen esa propuesta y que pueden elegir los mejores entre millones de jugadores de todo el mundo. Nosotros, no. En el tiki-taka siempre serán mejores otros. En cambio, con nuestro fútbol, incluso se podría hacer frente a esos equipos poderosos y ganar”, pronostica el ex seleccionador. Olvidando el tiki-taka y apostando por “la velocidad, la agresividad, el choque”.
Para Clemente, la clave del Athletic “es la cantera de Bizkaia. Hace unos años no había un solo futbolista de Bizkaia en el primer equipo. Ahora están saliendo algunos. Eso es importante. Pero ojo con el tiki-taka, que nos puede llevar a segunda”, advierte ‘El Rubio de Barakaldo’.
domingo, 6 de noviembre de 2016
Sin palabras
Artículo publicado por Jon Rivas en el blog "El aldeano número 12" el 04/11/2016
Fidel Uriarte no se acuerda de que hace 49 años le marcó cinco goles al Betis. La bruma se ha instalado en su memoria, casi no tiene recuerdos. Uno de los grandes en la historia del Athletic transita por un camino sin retorno. Pero los seguidores del Athletic sí se acuerdan de él, del gran Fidel. Como recordarán dentro de 49 años al gran Aduriz, el futbolista que les deja sin palabras, que agota los adjetivos del diccionario a la hora de calificar su aportación a un club que sigue siendo especial hasta en esto. Dentro de unos meses cumplirá 36 años y aunque por sus goles no parecen caer las hojas del calendario, la referencia a su edad es obligada porque hace aún más increíble su hazaña del jueves por la noche. Cuando Julen Lopetegui enunció la lista de jugadores convocados para los partidos que jugará España contra Macedonia e Inglaterra, no tuvo más remedio que pronunciar el nombre de Aduriz. El seleccionador argumentó que ya estaba incluido en la relación antes de los cinco goles frente al Genk, y posiblemente sea verdad. Pero si no lo fuera, no le quedaba otro remedio que escribir su nombre a lápiz en el folio que iba a leer ante los periodistas. Hubiera tenido difícil explicación cualquier otra decisión.
Tal vez pensó Aduriz, después de la Eurocopa, que su momento había pasado, pero los goles son la evidencia de que no es así. El delantero del Athletic sigue batiendo marcas en cada jornada y sus números no engañan. Sólo los del documento nacional de identidad. En un club tan apegado a sus tradiciones y sus mitos, Aduriz se está convirtiendo también en leyenda, como Pichichi, o Bata, o Gorostiza, o Zarra, o Gainza, o Fidel Uriarte, aunque el delantero de Sestao no lo recuerde.
Aduriz ha sido durante toda su carrera, un ejemplo de perseverancia. En el Antiguoko, cuando era cadete, menudo y tímido, tenía que pelear por el puesto. El equipo donostiarra estaba sobrado de calidad. Cuando dio el salto al Aurrera de Vitoria era el jugador más joven de la plantilla, pero se hizo un hueco en el equipo y en la categoría. Deslumbró a los técnicos del Athletic, que le habían fichado para cederlo al conjunto alavés, cuando fue la estrella frente al Bilbao Athletic en Lezama; en el filial rojiblanco también fue titular hasta llamar la atención de Heynckes, que le hizo debutar en el primer equipo, pero con el cambio de ciclo, y ante la tesitura de una nueva cesión, decidió volar solo. En Burgos, territorio inhóspito, enseguida le calaron y se enamoraron de sus goles. La afición burgalesa le convirtió en su nuevo ídolo y para Kresic, que controlaba lo que pasaba en El Plantío mientras entrenaba al Valladolid, era su objeto de deseo.
Cuando llegó a Pucela, los periodistas le recriminaron su camiseta sin mangas de la presentación, pero con su primer hat-trick en Segunda División comenzaron a adorarlo. Y entonces apareció el Athletic, del que Aduriz nunca se había olvidado. Cruzó los dedos para que su sueño se cumpliera y se cumplió. Eran tiempos complicados en San Mamés, con el equipo en caída libre, Urzaiz con un pie en el estribo y Llorente demasiado tierno como para afrontar la situación. Cuando las cosas se calmaron, el equipo se asentó y las arcas se vaciaron, Aduriz se convirtió en moneda de cambio. Y parecía definitivo. Pasó por Mallorca y Valencia, con un comportamiento ejemplar y un saco de goles. Y después el milagro, su regreso a Bilbao de donde nunca se quiso ir, y ese crecimiento exponencial, temporada a temporada, mientras la carrera de los futbolistas de su generación declina. Por eso deja sin palabras Aduriz.
Pero no hay que olvidarlo. Tarde o temprano decidirá dejar el Athletic. Entonces se extenderá el vértigo por su ausencia, y la de sus goles. Habrá que apelar desde ahora a la tranquilidad. Llorente se fue del Athletic y dejó un hueco que Aduriz tapó enseguida; el de Urzaiz lo rellenó Llorente. Y así llegamos hasta el último pichichi, Carlos, o a Fidel Uriarte, olvidado por su memoria pero no por el Athletic; y remontándonos más llegamos al primer pichichi, precisamente Pichichi. Siempre hay relevo. Por mucho que Aduriz nos deje sin palabras y pensemos que debería ser eterno.
Fidel Uriarte no se acuerda de que hace 49 años le marcó cinco goles al Betis. La bruma se ha instalado en su memoria, casi no tiene recuerdos. Uno de los grandes en la historia del Athletic transita por un camino sin retorno. Pero los seguidores del Athletic sí se acuerdan de él, del gran Fidel. Como recordarán dentro de 49 años al gran Aduriz, el futbolista que les deja sin palabras, que agota los adjetivos del diccionario a la hora de calificar su aportación a un club que sigue siendo especial hasta en esto. Dentro de unos meses cumplirá 36 años y aunque por sus goles no parecen caer las hojas del calendario, la referencia a su edad es obligada porque hace aún más increíble su hazaña del jueves por la noche. Cuando Julen Lopetegui enunció la lista de jugadores convocados para los partidos que jugará España contra Macedonia e Inglaterra, no tuvo más remedio que pronunciar el nombre de Aduriz. El seleccionador argumentó que ya estaba incluido en la relación antes de los cinco goles frente al Genk, y posiblemente sea verdad. Pero si no lo fuera, no le quedaba otro remedio que escribir su nombre a lápiz en el folio que iba a leer ante los periodistas. Hubiera tenido difícil explicación cualquier otra decisión.
Tal vez pensó Aduriz, después de la Eurocopa, que su momento había pasado, pero los goles son la evidencia de que no es así. El delantero del Athletic sigue batiendo marcas en cada jornada y sus números no engañan. Sólo los del documento nacional de identidad. En un club tan apegado a sus tradiciones y sus mitos, Aduriz se está convirtiendo también en leyenda, como Pichichi, o Bata, o Gorostiza, o Zarra, o Gainza, o Fidel Uriarte, aunque el delantero de Sestao no lo recuerde.
Aduriz ha sido durante toda su carrera, un ejemplo de perseverancia. En el Antiguoko, cuando era cadete, menudo y tímido, tenía que pelear por el puesto. El equipo donostiarra estaba sobrado de calidad. Cuando dio el salto al Aurrera de Vitoria era el jugador más joven de la plantilla, pero se hizo un hueco en el equipo y en la categoría. Deslumbró a los técnicos del Athletic, que le habían fichado para cederlo al conjunto alavés, cuando fue la estrella frente al Bilbao Athletic en Lezama; en el filial rojiblanco también fue titular hasta llamar la atención de Heynckes, que le hizo debutar en el primer equipo, pero con el cambio de ciclo, y ante la tesitura de una nueva cesión, decidió volar solo. En Burgos, territorio inhóspito, enseguida le calaron y se enamoraron de sus goles. La afición burgalesa le convirtió en su nuevo ídolo y para Kresic, que controlaba lo que pasaba en El Plantío mientras entrenaba al Valladolid, era su objeto de deseo.
Cuando llegó a Pucela, los periodistas le recriminaron su camiseta sin mangas de la presentación, pero con su primer hat-trick en Segunda División comenzaron a adorarlo. Y entonces apareció el Athletic, del que Aduriz nunca se había olvidado. Cruzó los dedos para que su sueño se cumpliera y se cumplió. Eran tiempos complicados en San Mamés, con el equipo en caída libre, Urzaiz con un pie en el estribo y Llorente demasiado tierno como para afrontar la situación. Cuando las cosas se calmaron, el equipo se asentó y las arcas se vaciaron, Aduriz se convirtió en moneda de cambio. Y parecía definitivo. Pasó por Mallorca y Valencia, con un comportamiento ejemplar y un saco de goles. Y después el milagro, su regreso a Bilbao de donde nunca se quiso ir, y ese crecimiento exponencial, temporada a temporada, mientras la carrera de los futbolistas de su generación declina. Por eso deja sin palabras Aduriz.
Pero no hay que olvidarlo. Tarde o temprano decidirá dejar el Athletic. Entonces se extenderá el vértigo por su ausencia, y la de sus goles. Habrá que apelar desde ahora a la tranquilidad. Llorente se fue del Athletic y dejó un hueco que Aduriz tapó enseguida; el de Urzaiz lo rellenó Llorente. Y así llegamos hasta el último pichichi, Carlos, o a Fidel Uriarte, olvidado por su memoria pero no por el Athletic; y remontándonos más llegamos al primer pichichi, precisamente Pichichi. Siempre hay relevo. Por mucho que Aduriz nos deje sin palabras y pensemos que debería ser eterno.
En el cuerpo de Peter Pan
Artículo publicado por C. Ortuzar en el diario Deia el 05/11/2016
Una preparación metódica e integral velan por el organismo de Aduriz, un delantero sin edad
Peter Pan nunca quiso crecer. Aduriz, tampoco. Formidable el donostiarra, inagotable su fútbol cuando otros caminan hacia el ocaso. La puesta de sol no sombrea el impacto del delantero, más fiable que nunca. “Llegados a este punto, con Aduriz se trata de retrasar el envejecimiento físico y muscular mediante la combinación de distintas actuaciones”, establecen las voces de Aritz Altadill y Aritz Arberas, preparadores físicos de deportistas de élite, cuando se les cuestiona sobre las claves del rendimiento de Aritz Aduriz, un delantero infinito, capaz de derribar la historia y escribir su propia leyenda en rojo y blanco. En el éxito del donostiarra confluyen, según los expertos, numerosos factores que han logrado ralentizar el desgaste propio de la edad, la oxidación del andamiaje, para que Aduriz luzca su versión más fotogénica.
“Además de disponer de un físico genéticamente privilegiado, el resto tiene que ver con su aportación. Su rendimiento tiene que ver con la determinación de la que es capaz de cuidarse a todos los niveles. Se trata de una combinación de nutrición, fortalecimiento, propiocepción, descanso...”, argumenta Altadill, uno de los responsables de Zentrum. “Hay que ser muy profesional para poder dar ese rendimiento porque el deporte de élite quema mucho. No solo hablamos del aspecto físico sino también del psicológico o motivacional. Muchos deportistas no soportan ese estrés de competir continuamente. Seguro que Aduriz maneja muy bien ese estrés que a más de uno le ha agotado a la hora de competir. Mantener la motivación es vital”, dice Aritz Arberas.
Tanto a la gestión psicológica como a la táctica -el aprendizaje y la experiencia sobre el campo hacen que sea mucho más eficaz, decisivo y sutil en el juego-, se le debe añadir una respuesta física extraordinaria que le mantiene en la cúspide. “Tendrá una gestión de las cargas muy controlada y supervisada. Eso conlleva la economización de esfuerzos para ser eficaz cuando toca. Es fundamental”, añade Arberas. Retrasar el reloj biológico se antoja prioritario para sostener un rendimiento fabuloso. “Hay que tener en cuenta que a partir de los 32-34 años el nivel de las hormonas anabólicas (testosterona y hormona del crecimiento) desciende lo que conlleva la pérdida de fuerza y explosividad. Es el envejecimiento natural del cuerpo. A partir de la treintena cuesta más recuperar y es cuando se aprecia una pérdida de explosividad y fuerza en el deportista”, destaca Arberas. Para limitar la pérdida de exuberancia física, los expertos coinciden en que se debe programar “trabajo de fuerza y potencia pero con las cargas muy bien definidas y adaptadas. En eso, cada uno es un mundo, pero es imprescindible para mantener una respuesta adecuada a las exigencias”. Además de ralentizar ese desgaste, en Aduriz el trabajo de propiocepción, diseñado para la prevención de lesiones, es básico. “Cualquier lesión resulta más dañina a estas edades, por lo que conviene anticiparse y prevenir mediante ejercicios de propiocepción”. El resto lo pone Aduriz, en el cuerpo de Peter Pan, delantero centro.
Una preparación metódica e integral velan por el organismo de Aduriz, un delantero sin edad
Peter Pan nunca quiso crecer. Aduriz, tampoco. Formidable el donostiarra, inagotable su fútbol cuando otros caminan hacia el ocaso. La puesta de sol no sombrea el impacto del delantero, más fiable que nunca. “Llegados a este punto, con Aduriz se trata de retrasar el envejecimiento físico y muscular mediante la combinación de distintas actuaciones”, establecen las voces de Aritz Altadill y Aritz Arberas, preparadores físicos de deportistas de élite, cuando se les cuestiona sobre las claves del rendimiento de Aritz Aduriz, un delantero infinito, capaz de derribar la historia y escribir su propia leyenda en rojo y blanco. En el éxito del donostiarra confluyen, según los expertos, numerosos factores que han logrado ralentizar el desgaste propio de la edad, la oxidación del andamiaje, para que Aduriz luzca su versión más fotogénica.
“Además de disponer de un físico genéticamente privilegiado, el resto tiene que ver con su aportación. Su rendimiento tiene que ver con la determinación de la que es capaz de cuidarse a todos los niveles. Se trata de una combinación de nutrición, fortalecimiento, propiocepción, descanso...”, argumenta Altadill, uno de los responsables de Zentrum. “Hay que ser muy profesional para poder dar ese rendimiento porque el deporte de élite quema mucho. No solo hablamos del aspecto físico sino también del psicológico o motivacional. Muchos deportistas no soportan ese estrés de competir continuamente. Seguro que Aduriz maneja muy bien ese estrés que a más de uno le ha agotado a la hora de competir. Mantener la motivación es vital”, dice Aritz Arberas.
Tanto a la gestión psicológica como a la táctica -el aprendizaje y la experiencia sobre el campo hacen que sea mucho más eficaz, decisivo y sutil en el juego-, se le debe añadir una respuesta física extraordinaria que le mantiene en la cúspide. “Tendrá una gestión de las cargas muy controlada y supervisada. Eso conlleva la economización de esfuerzos para ser eficaz cuando toca. Es fundamental”, añade Arberas. Retrasar el reloj biológico se antoja prioritario para sostener un rendimiento fabuloso. “Hay que tener en cuenta que a partir de los 32-34 años el nivel de las hormonas anabólicas (testosterona y hormona del crecimiento) desciende lo que conlleva la pérdida de fuerza y explosividad. Es el envejecimiento natural del cuerpo. A partir de la treintena cuesta más recuperar y es cuando se aprecia una pérdida de explosividad y fuerza en el deportista”, destaca Arberas. Para limitar la pérdida de exuberancia física, los expertos coinciden en que se debe programar “trabajo de fuerza y potencia pero con las cargas muy bien definidas y adaptadas. En eso, cada uno es un mundo, pero es imprescindible para mantener una respuesta adecuada a las exigencias”. Además de ralentizar ese desgaste, en Aduriz el trabajo de propiocepción, diseñado para la prevención de lesiones, es básico. “Cualquier lesión resulta más dañina a estas edades, por lo que conviene anticiparse y prevenir mediante ejercicios de propiocepción”. El resto lo pone Aduriz, en el cuerpo de Peter Pan, delantero centro.
viernes, 4 de noviembre de 2016
Los goles del Athletic Club by Jon Loidi
Fuente: Jon Loidi Begoña @JLadventures
Uefa Europa League: Athletic Club - Genk (1-0, 2-0,
3-1, 4-2, 5-3 Aduriz)
Uefa Europa League: Athletic Club - Genk (1-0, 2-0,
3-1, 4-2, 5-3 Aduriz)
Athletic 5-Genk 3. 5mentarios
Viñeta publicada por Asier y Javier en el blog del diario Deia "Athletic Risas Club" el 04/11/2016
Aduriz ha hecho historia haciendo 5 dianas en su noche más mágica y rescató al Athletic de la Europa League, porque de haber perdido hubiese quedado eliminado. Siempre humilde y ejemplar el gran Aritz.. ¡qué gran lujo de persona y de jugador! Como decía Einstein “dar ejemplo no es la principal manera de influir en los demás; es la única manera”. Eskerrik asko, “Zorro”.
Aduriz ha hecho historia haciendo 5 dianas en su noche más mágica y rescató al Athletic de la Europa League, porque de haber perdido hubiese quedado eliminado. Siempre humilde y ejemplar el gran Aritz.. ¡qué gran lujo de persona y de jugador! Como decía Einstein “dar ejemplo no es la principal manera de influir en los demás; es la única manera”. Eskerrik asko, “Zorro”.
miércoles, 2 de noviembre de 2016
Póster oficial temporada 2016 - 17
Para todo aquel que quiera descargarlo solo tiene que seguir el siguiente enlace que le llevará a la página oficial del Athletic Club:
**ENLACE**
Fuente: www.athletic-club.net
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Fuente: www.athletic-club.net
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