Translate
martes, 7 de marzo de 2023
domingo, 5 de marzo de 2023
jueves, 2 de marzo de 2023
José Ángel Iribar, estrella pese al palmarés
Artículo publicado por José L. Artetxe en el diario Deia el 01/03/2023
Iribar, la última vez que se vistió de corto,
en la despedida del viejo San Mamés. (Foto: PABLO VIÑAS)
Ser la persona que más veces ha defendido los colores del Athletic Club, habiendo jugado en una época de calendarios bastante más cortos que los actuales, constituye el gran logro deportivo de José Ángel Iribar. Junto a su excepcional calidad como portero, no existe mejor indicativo para dimensionar su figura y entender el aura que le ha distinguido desde su debut hasta el día de hoy. Desde luego, el mito no se construyó a partir del palmarés que adorna su hoja de servicios, que cabría catalogar de conciso. Ello responde a que la mayor parte de su carrera coincidió con una época de transición en el equipo y tampoco es que la fortuna estuviese de su lado.
Iribar militó en las plantillas que hicieron de puente entre el equipo de la década de los cincuenta, conocido como “los once aldeanos”, y el que en los ochenta a las órdenes de Javier Clemente conquistó los últimos trofeos que entraron en el Museo de San Mamés. Así se explica que el número de subcampeonatos que acumuló supere holgadamente al de los títulos. Estos son solo dos, correspondientes a las ediciones de la Copa de 1969 y 1973. Por el camino se escurrieron tres copas más, así como una Liga y una Copa de la UEFA. Reveses que ni cuestionaron su valoración profesional ni mermaron su fama.
Lo cierto es que desde muy joven gozó de un estatus de estrella, pese a que tal consideración en absoluto sea extrapolable a la actualidad. Y no es preciso descender al terreno económico para comprender el abismo existente. Sin duda, haberse proclamado campeón de Europa con España recién cumplidos los 21 años despejó cualquier posible recelo en torno a la calidad de un portero sin contraste en la élite. Apenas sumaba una treintena de titularidades desde que tomó el testigo al gran Carmelo Cedrún; sin embargo, el seleccionador Pepe Villalonga, militar de profesión y con pasado exitoso en el Madrid y en el Atlético de Madrid, apostó por el novato Iribar y acertó de pleno. Rodeado de un grupo experimentado y de calidad que no sufrió derrota alguna en los ocho partidos disputados, el chaval no desentonó en el escaparate continental.
Fue el arranque de una dilatada carrera internacional, constreñida a su vez por una agenda sin apenas contenido, por lo que Iribar básicamente se dedicó a exhibir en la portería del Athletic sus extraordinarias cualidades. Un protagonismo que a menudo se reveló vital para sostener al conjunto que, en el marco de la final de Copa de 1966, se vio desbordado por la alineación más brillante de siempre en el Zaragoza. Hay quien sitúa en aquella inapelable derrota el nacimiento de la leyenda. Los aficionados saltaron al césped entusiasmados por la actuación del portero, le pasearon en hombros, como si el resultado no importase, y se escuchó por vez primera la tonadilla que le acompañó hasta su retirada y más.
No pudo resarcirse un año después, frente al Valencia, pero a la tercera (1969) fue la vencida, a costa del Elche, con un once que se recitaba de carrerilla: Iribar, Sáez, Etxeberria, Aranguren, Igartua, Larrauri, Argoitia, Uriarte, Arieta II, Clemente y Rojo I. Seguido el Athletic acarició el título de liga, ganado por el Atlético de Madrid con el margen mínimo. En 1973, Iribar pudo celebrar su segunda Copa (2-0, al Castellón). El punto final a su palmarés.
El duelo contra la Juve
No obstante, es obligado detenerse en la temporada 76-77, según Iribar la mejor que recuerda. De la etapa antigua solo quedaban Txetxu Rojo y él. Dirigidos por Koldo Agirre, ofrecieron un fútbol muy dinámico, ofensivo, gustoso para el espectador, con la aportación de piezas como Txurruka o Irureta, exponentes de la operación retorno que incluyó a Zabalza, Tirapu, Lasa y otros. Aquel Athletic hizo tercero en la liga y fue salpicando de éxitos el camino en la Copa y en la UEFA. En ambos torneos escaló hasta la final.
A doble partido la europea y frente a la Juventus, un calco de la selección azzurra. Cayó el Athletic por el valor doble del gol a domicilio en caso de empate: 1-0 en el Comunale de Turín; 2-1 en San Mamés. Cruel, aunque no más que el desenlace unas semanas después de la cita cumbre con el Betis: los rojiblancos no rentabilizaron dos ventajas en los 120 minutos y la tanda de penaltis se interrumpió en el octavo turno, tras el lanzamiento de Iribar, detenido por Esnaola.
Hasta aquí algunos de los hitos de una trayectoria marcada por la regularidad en la excelencia. Son 18 campañas, casi testimoniales la primera y la última, la del novato y la de un veterano al que el cuerpo le dijo que era suficiente. Por medio, también una grave enfermedad que mantuvo en vilo a la calle y un sinfín de anécdotas que fueron tejiendo la memoria de la afición. Por desgracia, no abundan los testimonios gráficos; pocas y de mala calidad son las imágenes grabadas. Peajes de un tiempo donde el papel y las ondas concentraban la atención del aficionado.
A su retirada, Iribar fue homenajeado en San Mamés. Quiso que el conjunto invitado fuese la Real Sociedad y destinó la taquilla a una serie de iniciativas de fomento del euskara. La cita pudo evocar el 5 de diciembre de 1976, cuando en el viejo Atocha los capitanes Kortabarria e Iribar portaron hasta el centro del campo una ikurriña, símbolo prohibido. El Txopo está convencido de que el impacto de aquella emocionante iniciativa aceleró la legalización de la enseña vasca.
En adelante, Iribar se dedicó a entrenar en categorías inferiores, ascendió al filial y llegó al primer equipo; asimismo dirigió durante años a la selección y sobre todo se volcó para que los porteros del club dejasen de ser autodidactas, como él a lo largo de su carrera. Quienes le sucedieron disfrutaron del mejor maestro posible.
La dilatada carrera de Iribar, que hoy cumple 80 años, en un Athletic que estuvo peleado con la gloria nunca limitó su proyección como uno de los mejores porteros del mundo
Iribar, la última vez que se vistió de corto,en la despedida del viejo San Mamés. (Foto: PABLO VIÑAS)
Iribar, la esencia del Athletic
Artículo publicado por Josemi Benítez en el diario El Correo el 01/03/2023
José Ángel Iribar Kortajarena, el guardameta del Athletic durante 18 temporadas, nació en Zarautz un primero de marzo de 1943. El mismo día en que 21 años antes había fallecido Pichichi, el otro gran mito rojiblanco.
El Chopo era un portero sobrio, al que no le gustaban las exhibiciones. Siempre estaba en el sitio justo para atrapar el balón, pero cuando era necesario llegar a lugares imposibles, aparecía el 'ángel volador, como lo apodó la prensa inglesa tras aquella eliminación al Liverpool.
Resumen Copa 22/23 Semifinales (Ida): CA Osasuna - Athletic Club
Fuente: Canal YouTube Athletic Club
martes, 28 de febrero de 2023
José Ángel Iribar, la leyenda viste de negro
Artículo publicado por Jon Mujika en el diario Deia el 28/02/2023
Llegó en tren hasta la estación de Atxuri con su nombre ya revoloteando por los mentideros del fútbol. Y en aquel primer paseo, bordeando la ría, todo le parecía oscuro y sucio hasta que, ¡zas!, a la vuelta de la esquina, se quedó boquiabierto con la contemplación del rascacielos de Bailén y el Teatro Arriaga. Esa esquina le produjo el primer asombro de los miles que sintió en Bilbao. Décadas después, el rascacielos le sigue pareciendo algo insólito. Fue un asombro de su juventud.
El caserío Makatza –donde la posesión de un balón era todo un privilegio...–, ubicado en la plaza del pueblo de Zarautz, era el escenario. Allí había nacido, el 1 de marzo de 1943, el joven José Ángel. Era, ya para entonces, la casa solariega de los Iribar.
Nació el día del Ángel de la Guardia, lo que hizo que le llamasen así. El nombre previsto era el de su abuelo, José Benito. “Menos mal”, dijo alguna vez. “Aunque a mi abuelo le quería mucho, de verdad. Jajaja”.
Hubo un día en el que mientras el joven José Ángel acarreaba hierba junto a su aita llegó Salvador Etxabe, un futbolista del pueblo que había fichado por los de San Mamés pero que jugaba cedido en el Basconia –por entonces en Segunda–, y que fue a verles. Los verdinegros buscaban portero. José Angel tenía 18 años. Su padre le miró y, como el propio Iribar ha recordado más de una vez, “me dijo que dejara las bobadas y siguiera descargando hierba”. Y es que era el único hijo varón del caserío. Ya había probado con la Real Sociedad, pero desestimaron su contratación. “En aquel momento me vi más tornero que nunca”, ha comentado El Txopo en alguna ocasión. La verdad es que había construido ya una pieza y el maestro tornero le había sentenciado: “Mira a ver si puedes hacerte portero”, le dijo. El padre era tradicionalista y la madre nacionalista y toda la familia, en casa, era eskaldun. Un día aita le puso ante el director de La Salle para inscribirle. Le advirtieron de que había problemas por lo de cantar en euskera y contestó: “Ya lo sé, por eso traigo a mi hijo y quiero que esté aquí, sé que quieren echarte”, le respondió. Ya el euskera aparecía en el horizonte. Las cartas a la novia, la radio y el uso cotidiano le enriquecieron la lengua.
Aquel fue el escenario, en el mes de julio de 1961, en el que se vivió un cónclave en la familia. En la reunión en la que se decidió que José Ángel podría fichar por el Basconia hubo fuego cruzado. Las mujeres de la saga se oponían porque José Ángel era el primogénito,encargado de seguir adelante con las tareas del caserío. Su aita también estaba en contra. Tenía a favor a su ama y a sus hermanas. Al final ganó el fútbol y el joven Iribar viajó por primera vez a Bizkaia, meses después de que la Real le hiciera una prueba y descartara su fichaje. Días después se vivió la escena del rascacielos.
Hizo una prueba con el Basconia lesionado. No estuvo bien pero a Piru Gainza le gustó. Luego, Etxabe, que había sido portero del Basconia, le vio atrapar un balón elevado con los brazos estirados y dijo: “¡Parece un chopo!”. Y ahí nació el apodo de leyenda.
Ya es Iribar, y llega a la selección española, con la histórica final ante la URSS. De aquel partido se llevó el título, la camiseta de Yashin –no se atrevió a pedirla y lo hizo en su nombre un campañero, Paquito, y años después visitaría su tumba en Moscú...– y una prima para comprarse el Simca 1000 con el que se fue de viaje de novios a la isla de La Toja, allá en Galicia. Allí le conocían puesto que había parado al Ourense... ¡cuatro penaltis!
Ocurrió el 30 de junio de 1966, cuando el Athletic disputó en el Bernabéu la final de la Copa ante el Zaragoza de los cinco magníficos. Santos, Villa, Lapetra, Marcelino y Canario y el Athletic sin tres de sus defensas titulares: Orue, Etxeberria y Txutxi Aranguren. Tanto paró pese al 2-0 de la derrota que la afición del Athletic empezó a cantarle el “Iribar, Iribar, Iribar es cojonudo. Como Iribar, no hay ninguno”. Dicen que la canción había nacido en los Sanfermines anteriores, con El Viti. ¿Música? A El Txopo le gustaba Extraños en la noche, de Frank Sinatra. Se había aficionado al cantante y a la canción en el Mundial de 1966. Fito ha declarado alguna vez que le gustaría componer una canción a Iribar. En aquella época los porteros todavía no usaban guantes. Iribar empezó a usarlos con agua. Se obsesionó con unos que había visto a Gordon Banks, verdes y muy ajustados. Y no paró hasta comprarlos.
La Nochevieja de 1972 el Athletic perdió 3-1 contra el Burgos. El de Zarautz no se encontraba bien. El 21 de enero jugó contra el Málaga y ¡zas!, cayó enfermo. Los médicos del Athletic le visitan a su domicilio. Termina en una ambulancia rumbo al hospital de Basurto. El diagnóstico, fiebres tifoideas, las mismas que habían matado a Rafael Moreno Pichichi, curiosamente un 1 de marzo. Bilbao realizó rogativas y procesiones a la amatxu de Begoña, algo que también propugnaron los jesuitas. Bilbao temblaba.
La ikurriña. Su primer contacto público con ella no fue en Atotxa. Jugó la Pequeña Copa del Mundo en Venezuela y allí les esperaban con una ikurriña (en el grupo se encontraba Iñaki Anasagasti...) pese a que estaban vigilados por la policía secreta. Les digeron que no visitasen las Euskal Etxea pero Iribar se saltó la prohibición. Había un pariente de su mujer por allí y se tiró un tiempo contando sus historias.
La otra, la célebre, la confeccionó la hermana de Uranga, un jugador de la Real. Se la ofrecieron una hora y media antes del partido. Lo consultaron y vieron que había cierta sensibilidad. Ese día se hacía un homenaje a Gaztelu. Uranga, que estaba lesionado, la cogió y se puso en la grada. Cuando aparecieron, saltó, se la dio y salieron los capitanes con ella. Hubo una reacción de la gente impresionante. Poco tiempo después se legalizó la ikurriña.
Paso por la política
José Ángel Iribar, profeta en su tierra y fuera
En 1978 formó parte de la mesa nacional de Herri Batasuna cuando le ofrecieron llevar el deporte dentro de Cultura. Iba a colegios con Santi Brouard para que los niños no se acercaran a la droga e hicieran deporte. El GAL asesinó a Santi e Iribar acabó marchándose de la política, que tanto le había tocado el corazón con el fusilamiento de Txiki (era paisano de Zarautz...) y Otaegui.
A su partido homenaje acudió la Real de forma altruista. Con lo recaudado hizo un diccionario de euskera, castellano y francés sobre términos deportivos, porque no había nada al respecto. Como sobró algo de dinero, se hicieron también tres ikuskas, cortometrajes de veinte minutos, de fútbol, remo y montaña. Una empresa de alimentos no le salió como quería y hoy es imagen viva del Athletic, leyenda pura y un hombre querido.
José Ángel Iribar pudo llamarse José Benito, estuvo en un tris de ser tornero, se fue de viaje de novios en un Simca 1000 que se pagó con la prima de la Eurocopa del 64 y con el dinero de su homenaje editó un diccionario en euskera
sábado, 25 de febrero de 2023
José Ángel Iribar: “Quizás no seamos los mejores del mundo, pero somos únicos”
Entrevista publicada por José L. Artetxe / J. M. Martínez en el diario Deia el 25/02/2023
Recibe a DEIA en las instalaciones de Lezama, a donde acude por las mañanas casi a diario, y bromea ante el hecho de verse tan solicitado. Asegura que las felicitaciones se le acumulan desde hace varias semanas. Se apresura a agradecer la atención, si bien en su fuero interno estima excesivo semejante tratamiento. De ahí que en la conversación insista en que tantos y tantos compañeros con los que compartió vivencias en el seno del club merecerían igualmente que sus aniversarios fuesen tenidos en cuenta. Se refiere sobre todo a aquellos de más edad o a los de la siguiente generación, que es la suya propia.
El tiempo pasa para todos, aunque Iribar (Zarautz, 1 de marzo de 1943) hace gala de buena memoria y mejores reflejos. Se expresa con su tono característico, no necesita elevar la voz para manifestar lo que piensa; en ocasiones, comedido él, prefiere no contestar exactamente aquello que se le pregunta. Da igual, interesa lo que quiera decir. Y se permite una leve sonrisa cuando se alude a todo lo que calla después de una vida entera en las entrañas del Athletic.
Pregunta: Antes de nada, además de atareado ¿qué tal está?
Respuesta: Bien. Un poco fastidiado con la cadera, pero bien. No me voy a quejar.
P: Bastante liado con tantas solicitudes de entrevista.
R: Bueno, pocas cosas nuevas tengo para contar. Pero puedo decirte que me acuerdo mucho de los compañeros con los que estuve jugando muchos años, algunos de los cuales también han cumplido años recientemente. Por ejemplo, Argoitia, el mes pasado. Me vienen a la cabeza tantos y tantos con los que he compartido una gran parte de mi vida, a los que quiero mucho.
P: ¿Qué siente cuando mira hacia atrás desde su atalaya?
R: Que he tenido una vida muy completa. Con la agenda llena y creo que esto ha sido positivo para mí. No sé cómo lo verán los demás, pero es así como yo lo veo cuando miro hacia atrás. Aparte del fútbol, he tenido la oportunidad de mantener muchas relaciones con la gente, con el aficionado, con la calle.
P: A lo largo de toda su vida ha estado expuesto a la opinión pública. Pero su personalidad se corresponde a la de alguien reservado.
R: Sí, es verdad que no he sido de palabra fácil, diría que he sido alguien discreto. Al menos siempre he intentado ser así, aunque haya estado, por decirlo de alguna manera, en el escaparate. He tratado de aparecer ante la gente tal como soy, sin intentar aparentar nada.
P: Deportista es el término con el que le gusta definirse. O le gustaba, al menos.
R: “He tenido una vida muy completa, con la agenda llena y esto ha sido positivo para mí, así lo veo cuando miro hacia atrás”
Y sigo pensando que soy un deportista, que he sido un deportista por encima de todo. Toda la vida, desde que era pequeño, un chaval, me gustaba jugar y probé muchos deportes diferentes. La pelota, atletismo, fútbol, también me gustaba el ajedrez. Aprendí de mi padre a ser deportista, como él me enseñó: cumpliendo las reglas, siendo limpio, honesto. Nunca he sido tramposo. En este país, en general, se era así, noble. Habría alguno que no, pero aquí y ahora no vamos a nombrar a nadie; pero, ya digo, lo normal era ser honesto, ir de frente. Yo lo aprendí en casa, me inculcaron unos valores que me han servido hasta el día de hoy.
P: A menudo ha dejado constancia de que su padre fue una figura clave para usted.
R: Era muy grande. Me vio jugar en el Athletic, que era su sueño porque fue hincha del Athletic, pero se fue enseguida, murió joven. Fue una pena, lo sentí mucho.
P: Detrás de esa figura pública de Iribar hay mucho más.
R: He estado muy a gusto con lo que me ha tocado vivir relacionado con el Athletic y el fútbol, pero esto no quiere decir que no me preocupe lo que pasa alrededor, nunca he dejado de estar pendiente de la evolución de nuestra sociedad, de la juventud… Todo ha cambiado mucho en este tiempo y además para mal, diría.
P: De momento, el Athletic ahí está, en su sitio, como si el tiempo no le pasase factura.
R: Que el Athletic siga adelante es un motivo para estar contentos. En mi opinión es un mérito de la gente porque el Athletic es eso, la gente. Mira, la educación que recibí en mi familia es la misma que luego conocí cuando entré en el Athletic. Hablo de la forma de ser de aquellos jugadores, no solo en el desempeño de su profesión, sino por la vida que llevaban. Mi idea cuando estaba jugando en el Athletic era ser alguien ejemplar. Teníamos un doble objetivo, ganar partidos y ser una referencia para la gente con nuestra forma de actuar. Ser un ejemplo para la sociedad, que esta pudiese estar orgullosa.
P: En aquellos tiempos se palparía una mayor cercanía en el plano social, lo que ayudaba a que llegasen más fácil a la gente, de forma más directa, sin intermediarios.
R: El primer pensamiento que teníamos después de ganar, sobre todo cuando jugábamos fuera, era para imaginar cómo estaría de satisfecha la gente. Entonces el fútbol no llegaba tan fácil como ahora con la televisión, que te da todos los partidos. Yo viví una época en que la gente se reunía a escuchar la radio, en casa o en el bar, para seguir al Athletic. En esas circunstancias, el hecho de ganar te llenaba, te emocionabas porque sabías la repercusión que tenía en la calle. Ahora, en cambio, casi sabes de antemano el resultado y es que todo va tan rápido.
P: Se le nota poco partidario de tanta velocidad.
R: Todo va demasiado rápido para cosa buena. Creo que cada vez es más conveniente hacer una pausa en cualquier faceta del día a día. La pausa también es importante durante el juego. Una pausa antes de hacer algo, ser analítico antes de tomar la decisión.
P: Entre sus cualidades como portero se destacaba la colocación, no necesitaba adornarse con saltos para parar los remates, y el saque con la mano. Dos virtudes muy conectadas a la lectura del juego.
R: De la capacidad para interpretar o leer el juego es de donde nace todo. A nivel personal no sabes de dónde viene esa capacidad, solo es algo que te sale. Te sale de forma natural. Y tiene el sentido de dar ventaja a tu equipo, de que la jugada salga bien, porque nunca hay que olvidar que el fútbol es algo colectivo. Salir de tu campo y hacerlo bien es muy importante, no puede hacerse de cualquiera manera.
P: En la actualidad a los porteros se les prepara para que sean quienes inician el juego utilizando los pies.
R: Es más fácil con la mano, eres más preciso para conectar con el compañero desmarcado e iniciar el ataque. Siempre he pensado que el portero es el primer atacante del equipo y hacerlo con la mano daba ventaja, aportaba más velocidad al juego.
P: Athletic al margen, ¿ve mucho fútbol? ¿Qué le llama la atención?
R: En el fútbol que conocí no se trabajaba lo táctico tanto como hoy, eso daba mayor margen para la improvisación. No estaba todo tan atado como ahora, tan calculado, tan medido. En el último Mundial, claro que había muy buenos jugadores, pero partidos bonitos para decir, unos pocos. Hasta en la final hubo que esperar casi hasta muy avanzado el partido para asistir a un fútbol vistoso. Es como si todo estuviese preparado, previsto; hacer una oportunidad o un gol cuesta mucho.
P: Vamos, que si hay que elegir se queda con lo de antes.
R: “Nuestros objetivos eran ganar partidos y ser una referencia para la gente, un ejemplo para que la sociedad estuviese orgullosa”
Como espectador prefiero el de antes. Ya sé que no se puede volver a aquello por muchísimas razones. Por ejemplo, ya no vas a encontrar campos pesados por el barro ni campos secos donde el balón botaba una barbaridad. Cada campo tenía su particularidad. Hoy todos son iguales, estoy hablando de la hierba. El fútbol de ahora ha dado la oportunidad de ver a gente como Messi y otros grandes, pero hay que ver la dureza en las entradas que había antes. Eso lo sufrían todos los delanteros. Esto ha cambiado mucho con tanta cámara que enseña cada detalle de lo que pasa. Hoy, donde se ve algo original es en los últimos metros, pero muchos equipos intentan salir de su campo tocando, haciendo todos lo mismo o parecido, pases y más pases horizontales hasta que le dan el balón al que marca la diferencia. Este fútbol me resulta un tanto monótono. Es muy distinto al de antes.
P: Se acordará de la que armó Heynckes al enterarse de que el Athletic no tenía nada previsto para celebrar que Iribar cumplía medio siglo.
R: Entonces cumplíamos años igual que ahora, pero Heynckes era de otra cultura. Los alemanes parecen muy serios, pero en algunos aspectos cuidaban mucho el detalle. Esto de los cumpleaños, por ejemplo. En el Bayern Múnich miman mucho a los veteranos, de hecho los que están en los puestos dirigentes son exjugadores. Sí, no se me había olvidado que Heynckes hizo algunas declaraciones por este tema.
P: Esta vez no ha pasado desapercibido, más bien todo lo contrario.
R: No sabes cómo salir de esto. Si te digo la verdad, llevó casi un mes recibiendo felicitaciones y tengo que dar las gracias a todos. Por mi parte, como te he dicho antes, me acuerdo de tantos que han cumplido los 80 años. Me acuerdo de Manolo Etura, de Uribe, Carmelo, López, Latorre, tanta gente… Urkijo y tantos compañeros que he querido mucho. Unos cuantos con 80 cumplidos hace ya un tiempo. Quisiera felicitarles a todos ellos. Antes nos veíamos más, es gente de categoría, modélica. Por cierto, me viene a la cabeza una anécdota porque todavía sigue sin estar claro quién marcó el gol número mil del Athletic: Latorre o Urkijo. Ni ellos lo tenían claro. Esto era algo que tenía archivado Manolo Morán. Lo apuntaba todo, a mano, con una caligrafía preciosa.
P: ¿Quiere decir algo más antes de cerrar la entrevista?
R: Sí, me gustaría que pusieras una cosa. Quizás no seamos los mejores del mundo, pero somos únicos por nuestra filosofía. Y esta es una razón para que estemos orgullosos de que el club haga 125 años. Creo que el nuestro es un modelo a considerar en el fútbol profesional.
Días ajetreados para José Ángel Iribar en vísperas de su 80 cumpleaños. Atiende con excelente talante cada cita con la prensa, en línea con el saber estar que siempre le ha distinguido.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)







