Artículo publicado por Jon Agiriano en el diario El Correo el 18/12/2013
El 18 de mayo de 1947 San Mamés vivió uno de los más grandes partidos de su historia, el inolvidable 12-1 al Celta en la Copa con 8 goles de Gainza
A lo largo de la década de los cuarenta, el Athletic ganó cuatro Copas y una Liga. Fue un buen botín, sin duda, pero claramente inferior al que podría haber correspondido, por su calidad y potencia de juego, a aquel equipo histórico. Si el palmarés de los rojiblancos en aquellos años de postguerra no fue más granado ello se debió a una doble cuestión de desequilibrio y mentalidad. Por un lado, los pupilos de Urquizu eran defensivamente un bloque endeble, sin grandes estrellas. Estas se concentraban en la delantera, en torno a una serie de figuras legendarias que acostumbraban a esmerarse a conciencia delante de su público y no tanto lejos de él. Hablamos, pues, de un Athletic irregular, una especie de ogro ciclotimico al que su hinchada le exigía muchísimo y al que sus rivales tenían un respeto enorme. Sabían que, cuando tenía su día, aquel equipo se convertía en una fuerza arrasadora, capaz de cualquier cosa. Pues bien, esto es justo lo que sucedió el 18 de mayo de 1947.
El Celta visitó San Mamés para el partido de ida de los cuartos de final de la Copa. Eran un buen equipo los gallegos, dirigidos por un mito como Ricardo Zamora. De hecho, venian de eliminar en octavos al Valencia, el reciente campeón de Liga. El Athletic era favorito en la eliminatoria, pero nadie se atrevía a lanzar las campanas al vuelo. Como escribió un cronista de la época, "ni el más calenturiento secuaz" del Athletic podía imaginar una victoria de su equipo "por más de dos o tres goles de ventaja". Sin enbargo, sucedió lo imposible. Veámoslo como un fenómeno climatológico. Todos los astros se alinearon del modo preciso y único, los vientos confluyeron en el lugar indicado y la presión atmosférica se detuvo en los milibares exactos. En San Mamés nadie lo sabía, pero todo estaba preparado para la tormenta perfecta.
El Athletic salió arrollando y no dejó de hacerlo durante los noventa minutos. Manu Barrenechea cogió la manija con la autoridad de un capitán de barco. El plenciano iba a jugar ese día quizá el mejor partido de su carrera. En torno a él, la delantera rojiblanca no tardó nada en desplegarse con vértigo e inteligencia. Zamora había cometido un grave error táctico, producto de su miedo a Panizo, que estaba en un magnifíco estado de forma y venía de marcar seis goles al Levante en octavos de final. 'El Divino', que solía tener muchos 'ataques de entrenador', movió las piezas de su once y ordenó una doble vigilancia al de Simondrogas. Y aquello fue un desastre. Más que nada porque permitió jugar todo el partido con espacios, un poco a su aire, a Gainza. La imprudencia fue gravisima, como abrir la jaula de un león hambriento. 'Piru' estaba suelto e Iraragorri, veterano de mil batallas, no dejo de buscarle. Más de un aficionado rojiblanco comenzó a olerse la escabechina.
El pobre Mesa
La crónica del partido es el relato de una avalancha de goles. Todo comenzó a los 9 minutos, cuando Gainza recibió un gran pase de Barrenechea y batió a Simón. El guardameta del Celta iniciaba así su particular 'via crucis', con sus doces pasos, sus doce estaciones, en dirección al interior de la portería. Nunca olvidaria aquel partido, aunque fue de largo el mejor de su equipo y le libró de una goleada todavía más sangrante. A los 11 minutos, Zarra hizo el 2-0 de cabeza tras un golpe franco de Nando. A los 25, Iriondo haría el 3-0 de tiro cruzado y a los 42, Gainza firmaría el 4-0. Lejos de relajarse por la ventaja lograda, tras el descanso el Athletic se lanzó a degüello. Iriondo hizo el 5-0 a los 50 minutos y 'Piru' firmó otros dos en un pispás. Su marcador se llamaba Mesa y, según la crónica del partido que publicó este periódico, para ese momento, ya con 7-0, el hombre "estaba desriñonado y loco".
Mejor ni pensar cómo acabó el lateral vigués y, en general, toda la defensa del Celta. Porque la avalancha continuó. Panizo hizo el 8-0 de penalti, Pahiño marcó el gol del honor en el minuto 67 tras recoger el rechace de un disparo de Retamar que había pegado en el larguero, y luego llegó la gran traca final. El encargado de prenderla fue el 'gamo de Dublín' -el sobrenombre se lo pondrían a Gainza dos años después tras una exhibición portentosa en Dalymount Park con la selección- que marcaría cuatro goles más entre el 71 y el 78. Los tres últimos llegaron en tres minutos fulgurantes, entre el 76 y el 78. Lo nunca visto. Hay que imaginar el regocijo de las gradas, donde comenzaron a aflorar las discusiones sobre la cifra exacta de goles. Y es que el marcador se había quedado sin números y el 12 hubo que escribirlo malamente con tiza y no se veia bien.
Kolosal, con K
El partido terminó sin más quebrantos en la portería del Celta gracias a un par de buenas intervenciones de Simón. El arbitro Azón Roma pitó el final y San Mamés dedicó una ovación atronadora a sus jugadores, que habían logrado repetir la goleada histórica de 1931 al Barcelona, y otra muy sentida a los futbolistas del Celta, que habían aguantado el chaparrón con un 'fair play' exquisito, sin un mal gesto de rabia o desesperación. J. de la Maza no se olvidó de ponderar la actitud del equipo visitante en las páginas de El Correo. "Bien, muy bien, caballerosos deportistas del Celta. Vaya en vuestro honor un hurra estrepitoso de la afición futbolistica bilbaína, que lógicamente entusiasmada por el triunfo de los suyos, tuvo para vuestra ejemplar conducta calurosisimos elogios. Los que merecíais", escribió.
No hace falta decir que el cronista bilbaíno, que curiosamente no citó a Gainza entre los jugadores que más le gustaron del pardio pese a sus ocho goles sino a Barrenechea e Iraragorri, no escatimó los elogios al equipo de Urquizu. "Respecto a la actuación del equipo blanquirrojo se pueden emplear cuantos adjetivos encomiásticos se deseen. Y siempre en superlativo. ¿Superior? Pues superior. ¿Enorme? Pues enorme. ¿Kolosal? Pues kolosal, con k y todo".
La goleada provocó todo tipo de reacciones. Juanito Urquizu era un ondarrés modesto, sencillo, y parco en palabras que no sacaba pecho ni a punta de pistola. Estaba contento tras el partido, sin duda, pero apenas lo demostró. Aqyuella tarde, además dos amigos le esperaban para ir juntos a Ondarroa y tenia algo de prisa. El caso es que sus declaraciones no pudieron ser más frias y telegráficas.
- Buen partido.
- Buen primer tiempo, sobre todo.
- ¿Qué táctica había ordenado?
- La de ganar, si se podía.
Mundo se consuela
El que tenía ganas de hablar era Edmundo Suárez de Trabanco, Mundo, el gran jugador del Valencia, que estaba ya de vacaciones y había vuelto a casa, a Barakaldo. El delantero ché tenia buenos amigos en el Athletic -de hecho, él había fichado por el club bilbaíno antes de que la Guerra Civil le condujera al frente de Levante y acabara jugando en el Valencia-, y no quiso perderse el partido ante el Celta. Abrumado por la exhibición que acababa de presenciar, Mundo se reía de aquellos que, antes del partido, se quejaban del mal estado de forma del equipo de Urquizu. "Siempre igual, siempre llorando. Que si el equipo estaba mal, que si no tiene juego. ¡No sé qué queréis! ¡De buena nos hemos librado!", suspiraba, recordando que, de haber eliminado al Celta en octavos, hubiera sido al Valencia al que le hubiera tocado enfrentarse al Athletic.
La prensa se volcó con los rojiblancos. En su columna 'Murmullos', Monchín recordaba la cantidad de telegramas de felicitación que estaban llegando a la sede del club y bromeaba al respecto sacando a colación uno de sus personajes preferidos. "El presidente del 'Tontómetro', Don Valentín Canín Isoso, ausente en viaje de estudios, ha enviado al club el siguiente mensaje: Protesto indignado ante derroche insólito de materia tan rara como es el gol. Con once hubiera bastado. Que se repita y que yo lo vea. Stop".
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ALINEACIONES
* Athletic Club: Lezama, Fernández, Oceja, Celaya, Nando, Barrenechea, Iriondo, Panizo, Zarra, Iraragorri y Gainza.
* Celta: Simón, Mesa, Salas, Yayo, Leonardo, Alonso, Retamar, Muruaga, Hermida, Pahiño y Roig.
* Goles: 1-0 Gainza (m. 09), 2-0 Zarra (m. 12), 3-0 Iriondo (m. 25), 4-0 Gainza (m. 40), 5-0 Iriondo (m. 50), 6-0 Gainza (m. 53), 7-0 Gainza (m. 54), 8-0 Panizo (m. 65), 8-1 Pahiño (m. 67), 9-1 Gainza (m. 71), 10-1 Gainza (m. 76), 11-1 Gainza (m. 77), 12-1 Gainza (m. 78).
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jueves, 16 de enero de 2014
martes, 14 de enero de 2014
El tercer hombre
(Artículo publicado por K-Toño Frade (hijo), en el libro "Susedidos botxeros y bilbainos selebres y txirenes")
Después del extraordinario triunfo de nuestro querido Athletic Club, consiguiendo el subcampeonato de Liga, y tras completar el emotivo homenaje popular y el paseo en camión, a la vieja usanza, entre una multitud enfervorizada, no puedo por menos que traer a este rincón botxero el recuerdo de aquellos viajes a Madrid a ver "nuestra" final de Copa y posterior recibimiento triunfal tras la casi segura victoria de nuestro club. Viajes y preparativos que nunca se borrarán de la memoria de mi niñez.
Cuántas veces he ido con mi ama a despedir a aita a la Estación de Abando. Qué nerviosismo. Allí se presentaba mi padre, con su traje y camisa blanca recién planchada, y una corbata rojiblanca que aún conservo, con los resultados escritos en tinta china, de las finales a las que había acudido. En su txapela "azul Bilbao" colocaba la banderita que hicieron famosa sus típicos "forofogoitias" y con la tortilla de patata dispuesta sobre un lecho de pimientos verdes fritos en una redonda hogaza envuelta en una inmaculada servilleta blanca anudada en lo alto, allá emprendía el viaje con el resto de la "Peña botxera", mientras el tren se alejaba hacia otra final más y la cabeza y la mano de mi aita se empequeñecían a punto de ser engullidas por el humo de la "Santa Fé" y por el oscuro puente de Cantalojas.
En todos estos eventos tiene que haber un organizador. El organizador de aquellos tiempos, en que apenas había agencias de viajes (así, de memoria, me acuerdo de Wagon-Lits Cook, en Hurtado de Amézaga), tenía que ser un valiente, que arriesgaba su tiempo y su dinero, aparte de poseer un enorme corazón rojiblanco. Y sólo podía haber una persona que reunía estas características: "El Tercer Hombre", que por su sobrenombre se le conocía a Don Mario Jiménez Egizabal. Bajo su reluciente calva bullían ideas a mogollón. Una de las que convirtió en realidad, aunque ya hubiera precedentes, fue la de organizar trenes a la final de Copa. Para organizar estos trenes, y para sus correspondientes campañas publicitarias, el bueno de Don Mario adoptó tan enigmático nombre de la película de Orson Welles, y como era un txirene de tomo y lomo, y más popular que la flauta de Jodra, con ese nombre pasó a la posteridad.
¡Tren a la final!, en cuanto aparecía el anuncio en la prensa o en E.A.J.28 Radio Bilbao, el Botxo es estremecía hasta su más apartado rincón. Miles de hinchas corrían a sacar los billetes, con entrada adjunta, y el comentario sobre la excursión era monotemático en todos los corralitos de la Villa, e igual que una epidemia iba contagiando a todos los bilbainos, y el que no estaba apuntado, corría como alma rojiblanca que lleva el diablo, a inscribirse. Todos los familiares acompañaban a la estación a los padres y hermanos. Todos iban y venían buscando su número de tren. El espectáculo, grandioso. Los balcones de las casas de Hurtado de Amézaga y García Salazar se habían engalanado de rojiblanco.
El viaje era un auténtico festival. Don Mario cuidaba, a ritmo de bilbainadas hasta el último detalle. Nadie sabía cómo se las arreglaba, pero conseguía de numerosas firmas comerciales txapelas rojiblancas de plástico, gorros, caramelos, chocolatinas, pajaritas o cornetas y otros muchos regalos. Cada tren poseía su servicio médico. Y es que estaba en todo.
Como se solía regresar con la "Copa", los recibimientos a aquellos trenes y posteriormente al equipo, eran apoteosicos. La tradición de los recibimientos en Bilbao venía de lejos. Recibir en triunfo al "Chiquito de Abando", al Orfeón Bilbaino o al Athletic Club, era ya historia en la Villa. El mismo Mario Jiménez, el gran Mario Ugarte y el inolvidable Txomin Barullo, fueron las almas de aquellos eventos. Pero eso lo contaremos en otro tiempo. Hoy acabaremos con un grito unánime, ¡Aupa el Athletic!
(Artículo originariamente publicado en 1998 en el periodico 'Bilbao')
-------------
Información sobre el autor:
K-Toño Frade, hijo
Juan Antonio Frade Villar, "K-Toño Hijo" nace en Indautxu en 1945. Es hijo de Juan Antonio Frade "K-Toño" (Bilbao 1914 - 1992) conocido pintor, cartelista, dibujante y periodista.
Cursa los estudios de Primaria y Bachiller en el Colegio Francés y el Instituto Miguel de Unamuno, y posee el título de Deliniante Proyectista de Arquitectura.
Desde los dieciseis años alterna su trabajo en estudios de arquitectura, donde se especializa en perspectivas de edificios con sus dibujos humorísticos en diversas revistas.
Como cartelista ha ganado varios primeros premios y ha realizado los carteles de varios congresos de Peñas del Athletic Club. Destaca como ilustrador y caricaturista. En el mundo de la publicidad es conocido por el diseño de cátalogos e infinidad de logotipos.
Trabajó como deliniante durante los siete años que duró el Plan General de Ordenación Urbanística de Bilbao. Al finalizar éste, se dedica profesionalmente a la pintura, especializándose en temas costumbristas vascos y marítimos. Como escritor de temas locales y costumbristas bilbainos, colaboró en el periódico "Bilbao" (1993-2007).
Ha sido nombrado "Bilbaino del año" por el Alcalde de la Villa en la "Aste Nagusia 2007".
Después del extraordinario triunfo de nuestro querido Athletic Club, consiguiendo el subcampeonato de Liga, y tras completar el emotivo homenaje popular y el paseo en camión, a la vieja usanza, entre una multitud enfervorizada, no puedo por menos que traer a este rincón botxero el recuerdo de aquellos viajes a Madrid a ver "nuestra" final de Copa y posterior recibimiento triunfal tras la casi segura victoria de nuestro club. Viajes y preparativos que nunca se borrarán de la memoria de mi niñez.
Cuántas veces he ido con mi ama a despedir a aita a la Estación de Abando. Qué nerviosismo. Allí se presentaba mi padre, con su traje y camisa blanca recién planchada, y una corbata rojiblanca que aún conservo, con los resultados escritos en tinta china, de las finales a las que había acudido. En su txapela "azul Bilbao" colocaba la banderita que hicieron famosa sus típicos "forofogoitias" y con la tortilla de patata dispuesta sobre un lecho de pimientos verdes fritos en una redonda hogaza envuelta en una inmaculada servilleta blanca anudada en lo alto, allá emprendía el viaje con el resto de la "Peña botxera", mientras el tren se alejaba hacia otra final más y la cabeza y la mano de mi aita se empequeñecían a punto de ser engullidas por el humo de la "Santa Fé" y por el oscuro puente de Cantalojas.
En todos estos eventos tiene que haber un organizador. El organizador de aquellos tiempos, en que apenas había agencias de viajes (así, de memoria, me acuerdo de Wagon-Lits Cook, en Hurtado de Amézaga), tenía que ser un valiente, que arriesgaba su tiempo y su dinero, aparte de poseer un enorme corazón rojiblanco. Y sólo podía haber una persona que reunía estas características: "El Tercer Hombre", que por su sobrenombre se le conocía a Don Mario Jiménez Egizabal. Bajo su reluciente calva bullían ideas a mogollón. Una de las que convirtió en realidad, aunque ya hubiera precedentes, fue la de organizar trenes a la final de Copa. Para organizar estos trenes, y para sus correspondientes campañas publicitarias, el bueno de Don Mario adoptó tan enigmático nombre de la película de Orson Welles, y como era un txirene de tomo y lomo, y más popular que la flauta de Jodra, con ese nombre pasó a la posteridad.
¡Tren a la final!, en cuanto aparecía el anuncio en la prensa o en E.A.J.28 Radio Bilbao, el Botxo es estremecía hasta su más apartado rincón. Miles de hinchas corrían a sacar los billetes, con entrada adjunta, y el comentario sobre la excursión era monotemático en todos los corralitos de la Villa, e igual que una epidemia iba contagiando a todos los bilbainos, y el que no estaba apuntado, corría como alma rojiblanca que lleva el diablo, a inscribirse. Todos los familiares acompañaban a la estación a los padres y hermanos. Todos iban y venían buscando su número de tren. El espectáculo, grandioso. Los balcones de las casas de Hurtado de Amézaga y García Salazar se habían engalanado de rojiblanco.
El viaje era un auténtico festival. Don Mario cuidaba, a ritmo de bilbainadas hasta el último detalle. Nadie sabía cómo se las arreglaba, pero conseguía de numerosas firmas comerciales txapelas rojiblancas de plástico, gorros, caramelos, chocolatinas, pajaritas o cornetas y otros muchos regalos. Cada tren poseía su servicio médico. Y es que estaba en todo.
Como se solía regresar con la "Copa", los recibimientos a aquellos trenes y posteriormente al equipo, eran apoteosicos. La tradición de los recibimientos en Bilbao venía de lejos. Recibir en triunfo al "Chiquito de Abando", al Orfeón Bilbaino o al Athletic Club, era ya historia en la Villa. El mismo Mario Jiménez, el gran Mario Ugarte y el inolvidable Txomin Barullo, fueron las almas de aquellos eventos. Pero eso lo contaremos en otro tiempo. Hoy acabaremos con un grito unánime, ¡Aupa el Athletic!
(Artículo originariamente publicado en 1998 en el periodico 'Bilbao')
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Información sobre el autor:
K-Toño Frade, hijo
Juan Antonio Frade Villar, "K-Toño Hijo" nace en Indautxu en 1945. Es hijo de Juan Antonio Frade "K-Toño" (Bilbao 1914 - 1992) conocido pintor, cartelista, dibujante y periodista.
Cursa los estudios de Primaria y Bachiller en el Colegio Francés y el Instituto Miguel de Unamuno, y posee el título de Deliniante Proyectista de Arquitectura.
Desde los dieciseis años alterna su trabajo en estudios de arquitectura, donde se especializa en perspectivas de edificios con sus dibujos humorísticos en diversas revistas.
Como cartelista ha ganado varios primeros premios y ha realizado los carteles de varios congresos de Peñas del Athletic Club. Destaca como ilustrador y caricaturista. En el mundo de la publicidad es conocido por el diseño de cátalogos e infinidad de logotipos.
Trabajó como deliniante durante los siete años que duró el Plan General de Ordenación Urbanística de Bilbao. Al finalizar éste, se dedica profesionalmente a la pintura, especializándose en temas costumbristas vascos y marítimos. Como escritor de temas locales y costumbristas bilbainos, colaboró en el periódico "Bilbao" (1993-2007).
Ha sido nombrado "Bilbaino del año" por el Alcalde de la Villa en la "Aste Nagusia 2007".
lunes, 13 de enero de 2014
Conexión Vintage: Athletic Club de Bilbao
Rescate de la memoria visual del deporte, gracias al archivo de Televisión Española. Documental emitido en TDP sobre el Athletic Club.
Conexión Vintage: Athletic Club de Bilbao por zurigorri
Conexión Vintage: Athletic Club de Bilbao por zurigorri
domingo, 12 de enero de 2014
jueves, 9 de enero de 2014
Alineaciones Historicas: Final Copa 2009
Estadio: Mestalla
Fecha: 13/05/2009
Alineaciones:
Athletic Club: 1 (Toquero) Amorebieta, Ocio, Javi Martínez, Toquero (Ion Vélez), Llorente, Yeste, Iraizoz, Orbaiz (Etxeberria), David López (Susaeta), Iraola, Koikili
F. C. Barcelona: 4 ( Yaya Toure, Messi, Bojan, Xavi) Pinto, Piqué, Puyol, Xavi (Pedro), Eto'o, Messi, Bojan (Hieb), Keita, Dani Alves, Yaya Toure (Sylvinho), Sergio B.
martes, 7 de enero de 2014
domingo, 5 de enero de 2014
sábado, 4 de enero de 2014
Iribar: "Sabíamos que nos jugábamos mucho"
Artículo publicado por Arkaitz Aramendia en el diario Deia el 04/01/2014
Los recuerdos de José Ángel Iribar, así como los de Zamora y Satrustegi, presentes también en el emotivo derbi de la reivindicación de la ikurriña en diciembre de 1976, rescatan un pasaje inolvidable
Han pasado 37 años desde que la ikurriña renovó sus castigadas energías en Atotxa, hogar de la Real Sociedad en un tiempo que pertenece ya a un carismático pasado. Mañana, de hecho, se habrán cumplido 37 años y un mes exacto desde que los corazones de innumerables vascos y vascas se encogieron como consecuencia de una iniciativa que se convirtió en símbolo de la lucha por la libertad.
El fútbol, capaz de generar todo tipo de emociones y sensaciones, se convirtió en la excusa perfecta para dar vuelo a un acto tan audaz como peligroso. Ninguno de los involucrados sabía a ciencia cierta en qué depararía tamaña reivindicación pública, pero el paso al frente resultó unánime en los vestuarios de Real y Athletic, hermanados entonces por un objetivo común: defender más allá del ámbito privado la libertad de posar con una ikurriña cuya legalidad, a pesar de la reciente muerte de Francisco Franco, aún no se había establecido. El acto, inolvidable por su fondo y forma, tuvo lugar en la tarde del 5 de diciembre de 1976, en los minutos previos a un derbi en el que la Real se impuso con un contundente 5-0 al Athletic.
Pero aquel partido no estaba destinado a pasar a los anales de la historia por lo que sucediese durante los noventa minutos de juego, sino por lo acontecido durante la salida de los jugadores al terreno de juego. Fue entonces, presos de un temor contrarrestado por la ilusión de reivindicar y defender el sentimiento por lo propio, cuando los jugadores de uno y otro equipo escoltaron a José Ángel Iribar e Inaxio Kortabarria, capitanes y portadores de una ikurriña deseosa de ver la luz. "Fue un momento muy emocionante", recuerda El Txopo, instantes antes de añadir que "yo, personalmente, lo viví con una mezcla de sensaciones porque no sabíamos en qué podría deparar aquello, pero queríamos hacerlo y por fortuna todo salió bien. Me quedo también con que en cuanto nos lo propusieron, los jugadores del Athletic lo aprobamos por unanimidad".
El impulsor del plan
Y es que la idea de desafiar el ingrato orden establecido alcanzó al vestuario rojiblanco después de que hiciese lo propio con el de la Real, equipo en el que militaba el impulsor de la reivindicación: Josean de la Hoz Uranga. Fue él, txuri-urdin entre 1972 y 1978, pero fuera de la convocatoria para aquel histórico derbi, quien dio vida a una idea que se gestó gracias a la colaboración de su hermana, que aceptó ser la encargada de coser en secreto la ikurriña.
De la Hoz cuidó con mimo su propósito antes de ponerlo en conocimiento de Iribar y Kortabarria en Atotxa, lugar hasta el que transportó, oculta en el interior de su coche, una ikurriña que no vio la Policía Nacional en el control al que fue sometido en mitad de la A-8. "Me tocó parar y registraron el coche de arriba abajo, pero no la encontraron. Nosotros también éramos el pueblo y teníamos que hacer algo para reivindicar los derechos del pueblo vasco", manifestaba De la Hoz en una entrevista concedida a Noticias de Gipuzkoa en 2010.
Iribar, cuyos recuerdos jamás le abandonarán, confiesa que para Kortabarria y él supuso "una gran responsabilidad" dar la puntilla deseada al plan de De la Hoz, pues "sabíamos que nos jugábamos mucho y acabó siendo un día memorable para todos nosotros". Además, el propio Iribar reconoce que se le pusieron "los pelos de punta" durante la salida al terreno de juego, experimentando una serie de emociones "que nunca olvidaré".
Los realistas Jesús María Zamora y Satrustegi, goleadores en aquel derbi, también recuerdan con emoción todo lo acontecido en los minutos previos al comienzo del partido. "Yo estaba en la mili en aquella época y tuve ese miedo de no saber bien en lo que me podía estar metiendo, pero al igual que el resto de mis compañeros, también voté a favor de la iniciativa", confiesa Zamora, mientras que Satrustegi, autor de dos de los cinco goles que la Real endosó entonces al Athletic, subraya que fue un día "grandioso".
"Yo siempre salía el último al campo, pero ese día no quise quedarme tan atrás y no salí en primera posición porque ese lugar correspondía a los capitanes, así que logré alcanzar la tercera posición en la fila. Fue muy emocionante la salida al campo, porque todos queríamos poner nuestro granito de arena, aun sabiendo que podíamos ir esposados a la cárcel", añade con síntomas de emoción el propio Satrustegi, a quien no se le ha olvidado cómo Gaztelu, homenajeado por la Real antes del envite, rompió a llorar al término del partido por las profundas emociones que se vivieron en Atotxa.
Un símbolo fructífero
No en vano, la exhibición de la ikurriña bajo la protección de Iribar y Kortabarria se convirtió en un símbolo de lucha y reivindicación que perdurará en la memoria de quienes lo presenciaron in situ, así como de quienes sin estar presentes, han visto, escuchado o leído acerca de lo sucedido aquel 5 de diciembre.
Una época en la que se estaban dando los primeros pasos para derrocar el régimen franquista y en la que los jugadores de Real y Athletic, unidos, optaron por arriesgar su condición de futbolistas, valiéndose de la relevancia social de un deporte tan seguido como el fútbol. "Tampoco sabíamos cómo iba a responder el público, pero el apoyo que recibimos fue grandísimo y con la perspectiva que da el paso del tiempo creo que sirvió para adelantar todo el proceso", señala Iribar. Una percepción que es secundada por Zamora y Satrustegi, quien recuerda aquel día como "uno de los más grandes que viví como futbolista profesional".
Diez días después de la disputa de aquel derbi, la Ley para la Reforma Política fue aprobada en referéndum, entrando en vigor el 4 de enero de 1977. Y el 19 del mismo mes, solo unos días después de la reivindicación llevada a cabo en Atotxa, llegó la ansiada legalización de la ikurriña, liberada así de su triste cautiverio.
Los recuerdos de José Ángel Iribar, así como los de Zamora y Satrustegi, presentes también en el emotivo derbi de la reivindicación de la ikurriña en diciembre de 1976, rescatan un pasaje inolvidable
Han pasado 37 años desde que la ikurriña renovó sus castigadas energías en Atotxa, hogar de la Real Sociedad en un tiempo que pertenece ya a un carismático pasado. Mañana, de hecho, se habrán cumplido 37 años y un mes exacto desde que los corazones de innumerables vascos y vascas se encogieron como consecuencia de una iniciativa que se convirtió en símbolo de la lucha por la libertad.
El fútbol, capaz de generar todo tipo de emociones y sensaciones, se convirtió en la excusa perfecta para dar vuelo a un acto tan audaz como peligroso. Ninguno de los involucrados sabía a ciencia cierta en qué depararía tamaña reivindicación pública, pero el paso al frente resultó unánime en los vestuarios de Real y Athletic, hermanados entonces por un objetivo común: defender más allá del ámbito privado la libertad de posar con una ikurriña cuya legalidad, a pesar de la reciente muerte de Francisco Franco, aún no se había establecido. El acto, inolvidable por su fondo y forma, tuvo lugar en la tarde del 5 de diciembre de 1976, en los minutos previos a un derbi en el que la Real se impuso con un contundente 5-0 al Athletic.
Pero aquel partido no estaba destinado a pasar a los anales de la historia por lo que sucediese durante los noventa minutos de juego, sino por lo acontecido durante la salida de los jugadores al terreno de juego. Fue entonces, presos de un temor contrarrestado por la ilusión de reivindicar y defender el sentimiento por lo propio, cuando los jugadores de uno y otro equipo escoltaron a José Ángel Iribar e Inaxio Kortabarria, capitanes y portadores de una ikurriña deseosa de ver la luz. "Fue un momento muy emocionante", recuerda El Txopo, instantes antes de añadir que "yo, personalmente, lo viví con una mezcla de sensaciones porque no sabíamos en qué podría deparar aquello, pero queríamos hacerlo y por fortuna todo salió bien. Me quedo también con que en cuanto nos lo propusieron, los jugadores del Athletic lo aprobamos por unanimidad".
El impulsor del plan
Y es que la idea de desafiar el ingrato orden establecido alcanzó al vestuario rojiblanco después de que hiciese lo propio con el de la Real, equipo en el que militaba el impulsor de la reivindicación: Josean de la Hoz Uranga. Fue él, txuri-urdin entre 1972 y 1978, pero fuera de la convocatoria para aquel histórico derbi, quien dio vida a una idea que se gestó gracias a la colaboración de su hermana, que aceptó ser la encargada de coser en secreto la ikurriña.
De la Hoz cuidó con mimo su propósito antes de ponerlo en conocimiento de Iribar y Kortabarria en Atotxa, lugar hasta el que transportó, oculta en el interior de su coche, una ikurriña que no vio la Policía Nacional en el control al que fue sometido en mitad de la A-8. "Me tocó parar y registraron el coche de arriba abajo, pero no la encontraron. Nosotros también éramos el pueblo y teníamos que hacer algo para reivindicar los derechos del pueblo vasco", manifestaba De la Hoz en una entrevista concedida a Noticias de Gipuzkoa en 2010.
Iribar, cuyos recuerdos jamás le abandonarán, confiesa que para Kortabarria y él supuso "una gran responsabilidad" dar la puntilla deseada al plan de De la Hoz, pues "sabíamos que nos jugábamos mucho y acabó siendo un día memorable para todos nosotros". Además, el propio Iribar reconoce que se le pusieron "los pelos de punta" durante la salida al terreno de juego, experimentando una serie de emociones "que nunca olvidaré".
Los realistas Jesús María Zamora y Satrustegi, goleadores en aquel derbi, también recuerdan con emoción todo lo acontecido en los minutos previos al comienzo del partido. "Yo estaba en la mili en aquella época y tuve ese miedo de no saber bien en lo que me podía estar metiendo, pero al igual que el resto de mis compañeros, también voté a favor de la iniciativa", confiesa Zamora, mientras que Satrustegi, autor de dos de los cinco goles que la Real endosó entonces al Athletic, subraya que fue un día "grandioso".
"Yo siempre salía el último al campo, pero ese día no quise quedarme tan atrás y no salí en primera posición porque ese lugar correspondía a los capitanes, así que logré alcanzar la tercera posición en la fila. Fue muy emocionante la salida al campo, porque todos queríamos poner nuestro granito de arena, aun sabiendo que podíamos ir esposados a la cárcel", añade con síntomas de emoción el propio Satrustegi, a quien no se le ha olvidado cómo Gaztelu, homenajeado por la Real antes del envite, rompió a llorar al término del partido por las profundas emociones que se vivieron en Atotxa.
Un símbolo fructífero
No en vano, la exhibición de la ikurriña bajo la protección de Iribar y Kortabarria se convirtió en un símbolo de lucha y reivindicación que perdurará en la memoria de quienes lo presenciaron in situ, así como de quienes sin estar presentes, han visto, escuchado o leído acerca de lo sucedido aquel 5 de diciembre.
Una época en la que se estaban dando los primeros pasos para derrocar el régimen franquista y en la que los jugadores de Real y Athletic, unidos, optaron por arriesgar su condición de futbolistas, valiéndose de la relevancia social de un deporte tan seguido como el fútbol. "Tampoco sabíamos cómo iba a responder el público, pero el apoyo que recibimos fue grandísimo y con la perspectiva que da el paso del tiempo creo que sirvió para adelantar todo el proceso", señala Iribar. Una percepción que es secundada por Zamora y Satrustegi, quien recuerda aquel día como "uno de los más grandes que viví como futbolista profesional".
Diez días después de la disputa de aquel derbi, la Ley para la Reforma Política fue aprobada en referéndum, entrando en vigor el 4 de enero de 1977. Y el 19 del mismo mes, solo unos días después de la reivindicación llevada a cabo en Atotxa, llegó la ansiada legalización de la ikurriña, liberada así de su triste cautiverio.
jueves, 2 de enero de 2014
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