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jueves, 12 de septiembre de 2013

"Fue un puñetazo a lo Ruiz-Mateos"

Artículo publicado por Unai Larrea* en el diario Deia el 11/09/2013

Villar y Del Bosque comparten sus anécdotas, enfrentamientos y recuerdos de San Mamés, incluido el famoso incidente del bilbaino con Johan Cruyff, para el documental 'Un siglo y 90 minutos'


Del Bosque y Villar recuerdan tiempos pasados sobre el césped del viejo San Mamés. (U.L.)

22 de enero de 2013. Nieva en toda Castilla y, sin embargo, ahí están Vicente del Bosque y Ángel María Villar, jugándose el tipo en una furgoneta de gama alta de la Federación Española de Fútbol. Lo más prudente hubiera sido darse la vuelta en Somosierra, o incluso en Burgos, donde el temporal arrecia, pero su agenda está tan apretada, y les ofrece tan pocas alternativas, que arrean para no faltar a su cita con San Mamés, muy posiblemente la última. Ambos quieren participar, como sea, en Un siglo y 90 minutos, el documental que pretende rendir tributo al viejo campo del Athletic, un estadio que por aquel entonces seguía en pie, tan rotundo y tan majestuoso que resultaba imposible imaginarlo reducido a un montón de escombros, lo que es hoy en día... La cuestión es que Villar y Del Bosque derrotan a la nieve y se plantan con una amplia sonrisa en la puerta de acceso a los vestuarios de San Mamés. Del Bosque silba y arquea sus cejas, impactado, al contemplar el esqueleto de cemento del nuevo campo del Athletic. El periodista le da las gracias por acudir a la cita en este día de perros. "El placer es mío, de verdad", se presenta, tan sencillo y campechano como aparece en el televisor, el seleccionador campeón del mundo. "¿Sabías que yo de pequeño era del Athletic?", rompe el hielo.

Vicente del Bosque. ¿De verdad que naciste aquí al lado?

Ángel María Villar. Sí, sí. San Mamés es parte de mi niñez. Mi madre, a pocos metros de donde estamos sentados, me dio a luz un 21 de enero de 1950, y desde la ventana de su habitación se veía San Mamés, se veía el césped. Toda mi niñez se ha desarrollado alrededor de este campo. Jugaba al fútbol fuera del campo con mis amigos del barrio.

V. B. ¿Tú entrabas aquí a ver los partidos del Athletic?

Á. M. V. Sobre todo a los entrenamientos. Con diez o doce años, San Mamés era como un juguete para nosotros: entrábamos aquí, corríamos, saltábamos, no en el césped sino en la tribuna... Cuando ya empecé a jugar al fútbol, yo me entrenaba con los juveniles del Athletic. Y yo no podía ir a los entrenamientos de Etxebarri y de Mallona porque estaba en la escuela, en los Escolapios. Y venía a entrenarme aquí a las siete de la tarde. Nos entrenábamos en la tribuna, sobre cemento, con José Luis Garai, que en paz descanse. Y alguna vez José Luis, extralimitándose, nos dejaba entrenar en un rincón del césped, que, por cierto, cuando llovía estaba prohibido, y al día siguiente le llamaban la atención, a ver por qué habíamos entrenado niños en San Mamés. Esta zona es mi barrio, es parte de mi infancia.

V. B. Yo, como muchos chavales de provincia, de Salamanca, aficionados al fútbol, éramos todos del Athletic de Bilbao. Teníamos todos una admiración y un sentimiento a la pureza que tenía el Athletic. ¿Mi primer partido aquí? Fue con la selección castellana entonces, madrileña actual, contra la selección vizcaína en abril de 1969, con 18 años. Perdimos. Para nosotros era un privilegio jugar en este campo. Recuerdo las vallas por fuera, que eran como de cemento, y el campo casi lleno para ver un partido de juveniles. Recuerdo a Zuloaga, Ortuondo, Viteri... Ese es mi primer recuerdo de San Mamés. Luego hemos coincidido.

Á. M. V. ¿Alguna vez nos ganasteis aquí en San Mamés?

V. B. No, no. Perdimos aquí con el Córdoba, como tú bien sabes, 5-0. Nos dieron un repaso... Recuerdo que solo era centro de Txetxu, remate de Uriarte, centro por el otro lado... Nos dieron un repaso.

Á. M. V. ¿Metiste algún gol?

V. B. Sí, con el Castellón. Fue una falta en diagonal, un poquito alejada del área, creo que me marcaba Larrauri, mítico defensa del Athletic, y de cabeza marqué el 1-1.

Á. M. V. ¿Cómo calificarías a San Mamés?

V. B. Un campo que, como local, para todos los que venían era muy difícil. Yo recuerdo el fútbol propio de cada región: antes había el fútbol vasco, el fútbol del Athletic, el fútbol directo, de llegar al área muy rápido, de muchos centros y remates... Ahora yo creo que se ha perdido, el fútbol está más globalizado. ¿El mayor recuerdo de San Mamés? De pasarlo muy mal todos los partidos.

Á. M. V. ¿Veníais a gusto?

V. B. Siempre muy a gusto. Yo siempre he jugado muy cómodo en San Mamés. La admiración que sentíamos por el Athletic era recíproca, había jugadores del Athletic que sentían admiración y respeto por el Real Madrid.

Á. M. V. Hay dos momentos muy especiales en mi vida como jugador del Athletic. El primero es cuando debuté, en 1971, que jugué diez minutos, al final, contra la UD Las Palmas. Mi sueño era jugar en el Athletic y jugar en San Mamés, porque había nacido a diez metros del campo. Toda mi vida ha sido San Mamés. Y, el segundo, la final de la UEFA contra la Juventus de Turín. Allí perdimos 1-0 y aquí ganamos 2-1. Fue un partido intensísimo. Pero tengo también recuerdos maravillosos de cuando empecé a jugar en Primera División, porque había veteranos a los que había visto yo en la infancia: Iribar, Fidel Uriarte, Sáez, Etxeberria, Aranguren, Rojo, Arieta... Ante todo, me transmitieron un gran respeto. Tengo una anécdota del primer viaje que hice con el Athletic de Bilbao, en el tren. Teníamos que ir a Madrid en coche-cama. Llego yo, joven, primera convocatoria, y me pongo en el vagón en el medio. Y entonces me llamó Argoitia, que era capitán en aquel momento, y me dijo: "Chaval, eso es para los veteranos. Chaval, a la rueda".

V. B. A la rueda.

Á. M. V. Y después me han transmitido muchísimas enseñanzas de respeto, de disciplina, de respeto a esta institución, el significado que tiene defender los colores del Athletic, jugadores que llevo en el corazón porque me permitieron aprender muchísimas cosas.

V. B. Cosas que tuviste la posibilidad de transmitir luego.

Á. M. V. Además, yo tenía ciertas inquietudes, que igual mis compañeros no las tenían. Inquietudes de ser el defensor de los derechos del futbolista, de ir a hablar de las primas, de los días de fiesta, de Hacienda... Muchos compañeros me decían que yo no iba a ser entrenador cuando dejara el fútbol, sino que iba a ser dirigente. Acertaron.

V. B. ¿Y tienes algún recuerdo malo de San Mamés? Aparte de cuando te echaron...

Á. M. V. ¿Recuerdo malo? Que le agredí a Johan Cruyff. Sí, es un recuerdo malo porque dejé el Athletic...

V. B. Pero fue un puñetazo a lo Ruiz-Mateos...

Á. M. V. Fue una caricia. Al final del partido, el míster y Ángel Iribar me llamaron la atención, y además bien llamada, porque mi comportamiento no fue el correcto. Además, Iribar me solicitó que fuera a pedir perdón a Johan Cruyff.

V. B. Qué bueno, tío.

A. M. V. Y así lo hice. Yo tenía 24 años, era un crío. Salí de la caseta y me fui a la caseta del visitante. Toqué la puerta, y me abren la puerta el padre de Ángel Mur y Ángel Mur. "Hombre, Ángel, ¿qué?". "Pues vengo a pedir perdón a Johan Cruyff". Todo el mundo se acuerda de esa anécdota.

V. B. Fue una cosa negativa, un hecho que a lo mejor no es muy edificante, pero que lo resolviste de la mejor manera.

Á. M. V. Después fui a Barcelona y pedí perdón. Bueno, como antes me has calificado como futbolista, ¿yo tendría hoy lugar en la selección?

V. B. Pues no lo sé. Comparar tiempos no es fácil, incluso te diría que ahora, con los centrocampistas que tenemos, lo tendrías muy difícil, ¿eh?

Á. M. V. Te iba a contestar yo así a la pregunta.

V. B. Los dos lo tendríamos muy difícil, esa es la realidad. Pero no porque seamos humildes y tal, sino por la realidad. Nosotros ahora no tenemos tres centrocampistas, sino 16, que pueden jugar perfectamente y con un excelente nivel. Por cierto, ¿algún recuerdo de los que te gustaría comentarnos, alguna nostalgia del pasado que dirías: "La señora fulana de tal, que nos limpiaba las camisetas"?

Á. M. V. En mi niñez, había aquí un caserío, que se llamaba caserío San Dios...

V. B. Estabais entre santos: San Mamés, San Dios...

Á. M. V. No, no, el caserío era San Dios, que tuvo una historia al final del siglo XIX, principios del XX, que aparecían fantasmas... En ese caserío, el club daba la ropa de los jugadores a lavar. Yo recuerdo que, a veces, entraba en el caserío y me ponía la camiseta del Athletic. Eran unas camisetas gordísimas, como de lona, de invierno, y me ponía y parecía que llevaba un camisón, cuando tenía 8 o 9 años.

V. B. Si tuvieras que decir un jugador de campo con el que te entendieras bien, y que te gustaría destacar, sin menospreciar a nadie...

Á. M. V. Fidel Uriarte.

V. B. ¡Fidel Uriarte!

Á. M. V. Impresionante. Fidel Uriarte tenía una fuerza extraordinaria, era goleador, jugaba muy bien al fútbol, era izquierdo, que es muy bonito, tenía un salto impresionante, metía muchísimos goles de cabeza, con barro era invencible... Aquí, en San Mamés, cuando jugaba de media punta con el campo mojado... Ufff.

V. B. Y estaba Iribar, un mito. Yo debuté con la selección en Madrid, contra Rumanía, y él era capitán y el personaje más conocido en el fútbol español. Querido en todos los campos. Recuerdo que le vi ya con una cesión que tuvo, en el Basconia.

Á. M. V. Ángel Iribar ha sido, siempre, un ídolo. Adonde ibas, en cualquier lugar de Europa, era el jugador más conocido.

V. B. A la gente le gustaba por su sobriedad, no era palomitero... ¿Y nunca os planteasteis salir del Athletic?

Á. M. V. No, no. Ya sabes que estaba el derecho de retención. Te tenía que vender el equipo, y el Athletic sí que ha vendido jugadores, pero rara vez, excepcionalmente. Y después, cuando se derogó el derecho de retención, pues como somos gente de aquí, y tenemos nuestro arraigo, nuestra cultura y nuestra manera de ser, y el sueño de niño es jugar en el Athletic y jugar en San Mamés... No te llama mucho la atención el ir fuera. Nos sentíamos orgullosos de defender los colores del Athletic.

V. B. ¿Y el nuevo campo se llamará San Mamés?

Á. M. V. Parece ser que sí. Pero aunque no se llamara San Mamés, esto será para mí siempre San Mamés, porque este es el barrio de San Mamés. La estatua de San Mamés está a cien metros de aquí, en La Misericordia, que, por cierto, cuando vengo a Bilbao como presidente de la RFEF y tengo un rato libre, voy a ver la estatua de San Mamés. Es un chico joven, bien parecido, con dos leones o leonas a sus pies. Y voy porque siempre he tenido una gran admiración por esa estatua, desde que soy niño, porque yo los domingos iba a oír misa a La Misericordia.

V. B. Hombre, a mí me costaría mucho entender que no fuera San Mamés. Primero, por lo que tú dices, que es el barrio y la zona de San Mamés. Y, además, porque el Athletic, si lleva unos cuantos nombres consigo, uno es San Mamés. Su identificación más clara es San Mamés, y si es posible, La Catedral.

Á. M. V. Yo recuerdo que, cuando yo era niño y se hablaba de catedral, no sabía de qué se hablaba, hasta que me di cuenta de que La Catedral del fútbol era San Mamés, y lo sigue siendo.

V. B. Con el paso de los años, esa liturgia de San Mamés no se ha perdido, no se ha perdido el querer venir jugar a Bilbao. Yo creo que es de los sitios que al jugador profesional de fútbol le gusta venir.

Á. M. V. Yo diría que es un lugar de solera, un lugar que gusta jugar.

V. B. Siempre ha estado bien el campo, aunque recuerdo en algún tiempo pasado que sí es verdad que se embarraba más el campo...

Á. M. V. Los inviernos son aquí muy duros, y yo recuerdo que la parte de aquí enfrente, la de la General, a la derecha, se embarraba, y yo en el mes de febrero y marzo tenía dolores de pubis, porque cada 15 días tenías que jugar por aquella zona. Para mí, ya digo, esto es mi vida, parte de mi vida. Fuera del campo, jugaba con mis amigos del barrio, que también los recuerdo y algunos han fallecido, y sobre todo a mi familia, que me han hecho mucho bien, mi hermano mayor Antontxu y mi hermano Luis Mari.

* Unai Larrea es periodista y director de Un siglo y 90 minutos, documental que recoge la historia del campo de San Mamés y que DEIA pondrá a la venta el próximo domingo, 15 de septiembre, en formato DVD.

Amistoso: SD Amorebieta - Athletic Club


miércoles, 11 de septiembre de 2013

"La leyenda de 'La Catedral' la han forjado todos los que han pisado San Mamés"

Artículo publicado por Rosana Lakunza en el diario Deia el 11/09/2013

ETB-2 emite hoy 'Un siglo y 90 minutos', un documental que repasa la historia centenaria del viejo San Mamés en el momento en el que las nuevas instalaciones cogen el relevo. El periodista Unai Larrea ha dirigido este trabajo audiovisual que ha sido producido por Baleuko


Unai Larrea, sobre lo que queda de 'La Catedral' y con el nuevo San Mames de telón de fondo. (Pablo Viñas)

Un siglo y 90 minutos habla de historia, de mitos del fútbol, de reencuentros entre jugadores del Athletic y de otros equipos que han pasado por La Catedral. Todos los que han participado en este documental, que el domingo podrán adquirir los lectores de DEIA, han puesto el alma en los encuentros y entrevistas que refleja este trabajo.

Lo que vamos a ver como documental era un proyecto editorial.

La idea original era un libro de reencuentros, sobre todo de leyendas del Athletic y leyendas de otros clubs; pero, casualidades de la vida, el Athletic tenía otro proyecto editorial comprometido anteriormente y reformulamos el proyecto. Entendíamos que la idea era buena y nos parecía una pena que no se hiciera como despedida a San Mamés. La historia del campo la han escrito los jugadores del Athletic pero también los de fuera…

¿Fue fácil cambiar el chip?

Un día di con Edu Barinaga, cabeza visible de la productora Baleuko, y entre los dos fuimos capaces de montar un trabajo audiovisual que ha superado a los reencuentros, que son el corazón del documental, pero hay entrevistas, imágenes de archivo y un punto de ficción y drama. Hay mucho cariño por nuestra parte y mucha emoción por parte de todos los que han participado.

¿Cuántas personas han participado en el documental?

62 personas y solo hay una persona de todas ellas que no habla: Celia, la nieta de Rafa Iriondo. Es la estrella, porque ella lo empieza y ella lo acaba. Esos son los actores principales, pero secundarios hay miles y miles; todos los que aparecen en las gradas. Entendemos que la leyenda en San Mames la han forjado los jugadores y mucha más gente. Todo el que haya pisado una vez San Mamés ha forjado esta leyenda. Tenemos imágenes de San Mamés en 1913 y hasta el último partido.

¿Quiénes han participado en las entrevistas?

Hemos abierto las entrevistas a ese público del que hablábamos antes: socios, aficionados, anónimos, periodistas, fotógrafos, escritores, políticos…

¿El espíritu de 'La Catedral' estará en el nuevo San Mames?

Todos queremos pensar eso, pero no acabamos de creérnoslo. Va a ser un proceso que nos va a costar. Ojalá dentro de dos o tres años podamos decir que ese espíritu lo hemos trasladado al nuevo campo.

La ubicación es la misma.

Eso es importante. El ritual de ir a San Mamés se va a respetar; el que venga de Deusto, vendrá por el puente Euskalduna, la aproximación de Pozas, los que vengan de otros municipios... todos mantendrán el ritual y eso me parece bien. Los bares en los que apuras la última cerveza antes del partido o en los que celebras el final siguen estando al lado.

El lunes, ¿será un día intenso?

Un día muy extraño para todos nosotros. Lo dice Iribar en el documental: "Tenemos un reto muy grande, trasladar toda la leyenda del viejo San Mamés al nuevo". Va a ser difícil y se hará en noches bonitas y en noches tristes.

El viejo San Mamés se despidió envuelto en lágrimas.

La despedida fue durísima. Fue triste la despedida de la Copa, de la Europa League, fue triste el último partido de liga jugado en San Mamés, que se perdió...

Algunas derrotas saben a gloria...

Las grandes derrotas forjan grandes leyendas. El partido más recordado por muchas generaciones de aficionados es la final del 77 contra la Juventus de Turín, se ganó el partido pero se perdió la final. Se tiene como uno de los hitos en la historia de San Mamés, para muchos es el partido más especial.

¿Se acuerda de la primera vez que pisó San Mamés?

Creo que fue en el 79 y tengo dudas de si fue un partido contra el Espanyol o contra el Valencia. Me sorprendió la pendiente de escaleras a la tribuna principal y, sobre todo, cuando ves por la bocana las luces de la tribuna Este y el verde tan especial del campo.

Ha tenido usted la suerte o el privilegio de seguir al Athletic en su vida profesional en DEIA.

Como aficionado o socio lo he seguido muchos años. Como profesional solo uno, el año 2006-2007, en el que el Athletic se salvó en la última jornada contra el Levante en un partido dramático; lo cuenta mejor que nadie Ana Urquijo, presidenta del club en aquellos momentos. Dice que todavía sufre pesadillas cada vez que oye el nombre de Molina, el portero del Levante. El Athletic necesitaba ganar como fuese. Recuerdo la sensación que teníamos al llegar al descanso con un 0-0 y la amenaza del descenso sobre nosotros.

Menudo papelón.

Ana Urquijo dice que estaba temblando, por primera vez una mujer presidenta y que bajara el equipo a segunda... Ese sambenito no se lo iba quitar ella ni sus descendientes.

"La fe cambia de catedral"

Artículo publicado por Unai Larrea* en el diario Deia el 10/09/2013

Andoni Zubizarreta y Jorge Valdano comparten recuerdos, experiencias y anhelos del viejo San Mamés para 'Un siglo y 90 minutos', el documental que rinde tributo al mítico campo


Andoni Zubizarreta y Jorge Valdano dialogan en el antepalco del viejo San Mamés durante la grabación del documental. (Unai Larrea)

Hoy, siete meses después de aquel encuentro en La Catedral, el paso del tiempo se manifiesta más cruel e insobornable que nunca. El presente que durante la charla conjugan Andoni Zubizarreta (Gasteiz, 1961) y Jorge Valdano (Las Parejas, Argentina, 1955), el césped que pisan y las tribunas que los abrigan esta gélida mañana de febrero son ya pasado, pasado reciente, pero parecen prehistoria. Del legendario campo de San Mamés ya nada queda en pie. Ni rastro de su mítico arco, ni de su inmaculado pasto, ni de su infinita general, ni del feroz rugido de su hinchada. El futuro al que apelan Zubizarreta y Valdano, con la absurda pero cierta esperanza de que nunca llegue, está ya entre nosotros, y se manifiesta en forma de un estadio, el nuevo, que se levanta flamante, moderno, invasivo, sobre la zona cero del viejo San Mamés.

Zubizarreta y Valdano se han citado en Bilbao para participar en un documental que pretende legar a las generaciones futuras, al menos, una infinitésima parte de la mística de San Mamés, el único estadio que, hasta ahora, había acogido todas las ediciones del Campeonato de Liga de Primera División. El realizador hace la claqueta y, al instante, brota un chorro de vivencias, recuerdos, anhelos, mitos, leyendas, sonidos, colores, sabores... De pronto, San Mamés, el de siempre, el viejo, el de 1913, el de Pichichi, Belauste, Gorostiza, Zarra, Iriondo, Gainza, Iribar, Rojo, Goikoetxea, Guerrero y Etxeberria, abandona el cementerio de los santuarios y se hace presente, una vez más, entre nosotros. Un último milagro en La Catedral.

Andoni Zubizarreta. No vine a San Mamés hasta los 12 o 13 años, y ni siquiera vi al Athletic. Fue un torneo de verano y me impresionó el Dinamo de Kiev de [Oleg] Blokhine, me pareció una cosa mágica, un deporte que yo no había visto.

Jorge Valdano. Te impresionó más el Dinamo que San Mamés.

A. Z. Seguramente el continente, San Mamés, le dio ese tono mágico, pero me pareció algo único. Me enamoré del fútbol desde ese punto de vista: esto puede ser correr, chutar y parar, pero además es el entorno, el ambiente, la gente, el respeto... Me llamó la atención el respeto del público: el campo lleno en un torneo de verano, cosa hoy inimaginable, 40.000 espectadores, y la liturgia de San Mamés, el respeto al futbolista, la exigencia...

J. V. ¿Tú ya te imaginabas entonces como futbolista?

A. Z. [José Ángel] Iribar suele decir una cosa que refleja muy bien lo que yo sentía: "Nosotros éramos porteros en la imaginación". Yo imaginaba a Iribar volando de palo a palo o sacando la pelota con la punta de los dedos porque lo leía en el periódico y lo oía en la radio... pero me faltaba el dónde, porque yo lo ubicaba en el campo del Aretxabaleta, que está muy bien pero es el campo del Aretxabaleta. Y entonces, ese día que vine, todos esos elementos le dieron liturgia a todo lo que yo soñaba ser. Desde ese día, ya me imaginaba ejecutando una parada o haciendo un saque con la mano... en San Mamés.

J. V. Aquí descubrí el fútbol europeo. Yo jugaba en el Alavés, un fútbol de cabotaje...

A. Z. Allí nos conocimos, sí, en Mendizorrotza.

J. V. Empecé a venir a ver partidos de la Copa de la UEFA. Se comía bien en San Mamés: unos bocadillos así, por ahí alguien te invitaba a comer de una cazuela... Me impresionó. Pero el primer partido que vi aquí no fue europeo. Vino River [Plate] a un torneo de verano. Vi una actuación gloriosa del Beto Alonso, un mito en Argentina. Y me quedó grabada una acción: sacaba Fillol, alto, altísimo, Alonso se apoyaba en la marca y paraba el balón con el exterior del pie, y salía jugando como una bailarina. Y había en la tribuna un preparador físico del Athletic que se ponía de pie y decía: "Miren bien esto, porque no lo van a volver a ver ". Y a mí me daba mucho orgullo, por mi argentinidad. Los demás fueron partidos de la UEFA, con un ambiente impresionante... y me seducía Rojo. Yo venía a ver a Txetxu Rojo. ¿Y tu debut aquí?

A. Z. Con la selección de Euskadi, antes de mi fichaje en el Athletic. Fue un debut maravilloso: en la primera jugada, pisé mal, me rompí un dedo del pie, me metieron gol y, como mi suplente tenía la rodilla rota, tuve que jugar noventa minutos con el dedo roto.

J. V. ¿Cómo terminó aquello?

A. Z. Perdimos 2-0. Había una especie de runrún en Bilbao, y era que el Athletic iba a fichar un portero del Alavés, un guipuzcoano al que nadie conocía. Aquella era mi reválida y, claro, cuando acabó el partido, me iba por el túnel de vestuarios, pensando: "Chaval, no te van a llamar en la vida". Pero al día siguiente, con el pie escayolado, estaba ya en el Athletic.

J. V. ¿Y tu primer partido con el Athletic?

A. Z. Mi primer partido de local fue en Atotxa, porque San Mamés estaba en obras para el Mundial'82, contra el Sevilla. Y el inicio fue... Saca el Sevilla, Pintinho le pega desde el centro del campo y la pelota pasa un palmo por encima del larguero. Y yo pensé. "Esta gente tiene muy malas intenciones en Primera División".

J. V. El profesionalismo no es para mí.

A. Z. Mi primer partido en San Mamés fue contra el Sestao, de Copa, con la grada caída, sin fondo y sin focos. Ganamos 2-0 y sufrimos un montón. Ese fue mi primer partido, en un San Mamés en reconstrucción. Fue el inicio de un Athletic también en reconstrucción y que luego ganaría dos Ligas seguidas. Me recuerdo en el túnel. Vas a salir y, claro, vas a pisar un sitio donde tú has visto jugar al Txopo [Iribar]... "Joder, chaval, que llevas el uno a la espalda", te dices.

J. V. Siempre la sombra del Txopo, ¿no?

A. Z. El Txopo nunca ha sido una sombra. Él me quitó la sensación de que venía a sustituirle.

J. V. Lo humanizaste.

A. Z. Yo tenía la idea de Iribar vestido de negro, y yo creía que ese era el color del portero del Athletic. Y lo primero que me dijo fue: "No. Tú define tu personalidad, cómo quieres que San Mamés te vea. De negro jugaba yo, pero tú define tu color porque la gente te tiene que ver a ti, a Zubizarreta, no a Iribar". Y esa me pareció una lección...

J. V. ¿Y la primera vez que viniste con otra camiseta?

A. Z. Con el Barça. Muy difícil. Yo no quise salir del Athletic, pero fui al Barça, y es una de mis no decisiones de las que no me arrepiento en absoluto. Se me hizo raro ir al vestuario de la derecha. Y cuando vi lo pequeño que era el vestuario visitante, pensé: "Esto no es San Mamés".

J. V. Con el Zaragoza. Marqué un gol, pero luego nos metieron tres... Yo tengo una relación con San Mamés que explica un poco mi vida: vine como espectador; luego como jugador, con el Zaragoza y con el Real Madrid; como entrenador, con el Tenerife y con el Madrid; como hombre de la comunicación, para transmitir partidos; y finalmente como directivo. De alguna manera, San Mamés explica mi paso por España.

A. Z. También recuerdo a Juanito salir aplaudido...

J. V. Era un enemigo que se iba, al que la gente había maltratado durante años, pero el día de su despedida le reconocía su talento y su personalidad, y se fue ovacionado.

A. Z. Yo recuerdo la primera vez que nos enfrentamos como directivos. Acabó el partido y yo me despedí: "Adiós, Jorge, me voy al metro". "¿Vienes en metro al campo?". "Sí". "¡Eso es imposible en Madrid!". Yo cogía el metro en el Casco Viejo, venía hasta aquí y siempre he tenido la sensación de un respeto muy grande. Sí, algún comentario... A la ida casi siempre era: "Aupa, Andoni, hoy ganaremos, ¿no?". Y a la vuelta era: "Joder, Zubi, a ver si hacemos...". Pero nunca he tenido ninguna situación de tensión, ni de presión.

J. V. Eso es muy vasco, ¿no? Yo he venido muchas veces a ver a Bielsa, nos ponemos los dos a caminar por el centro de la ciudad y la gente no es nada invasiva. Lo ve y lo saluda con respeto, pero es como si fuera el entrenador del Albacete.

A. Z. Hay que entender que este es un club de la gente. Este club sin su grada, sin su afición, no es absolutamente nada.

J. V. ¿Cuál es el gran recuerdo que te llevas de San Mamés?

A. Z. El partido contra Inglaterra, el homenaje a Rojo. Cuando llegué al Athletic, el peso del Txopo y de la portería era muy grande. El año anterior había jugado Andoni Cedrún y había una gran discusión sobre quién podía ser su sucesor. Inglaterra aceptó jugar contra el Athletic porque jugaba aquí el Mundial, era su sede, quería ganarse al público... Y ese día Iribar me dijo: "Oye, hoy no nos jugamos nada, así que disfruta: está el campo a reventar, es Inglaterra....". Y jugué un partido maravilloso. Ahí cambió la percepción de San Mamés. "Ostras, este es un muy buen portero".

J. V. Te sentiste jugador de fútbol.

A. Z. Creo que en mi vida he vuelto a jugar un partido como ese, pero también creo que en la vida me han chutado tantas veces. Ese es mi partido, el día en que te duchas con esa sensación de decir: "Este es mi sitio, esto es lo que yo soñaba cuando era chaval". San Mamés tiene ese punto, o a mí siempre me ha parecido, de que aquí pueden pasar cosas mágicas. Aquí, de vez en cuando, los equipos se acaban convirtiendo en mejores.

J. V. Esa resonancia mítica la tiene en toda España. Cualquier jugador que viene por primera vez a San Mamés habla de la experiencia como de un acontecimiento personal.

A. Z. Cesc me decía cuando vino al Barça: "Yo quiero jugar en San Mamés". Fíjate, con el Arsenal él había jugado en grandes campos ingleses... "Ya, ya, pero San Mamés tiene un aire diferente, solo lo he visto en televisión...". Recuerdo que Pep [Guardiola] le tenía un enorme respeto a San Mamés.

J. V. Juanito, cada vez que venía, se reinventaba como futbolista. Como campo, le tenía más respeto a San Mamés que al Nou Camp.

A. Z. El reto, la tensión, hay jugadores que necesitan eso.

J. V. Yo estoy muy contento porque vine a ver los partidos contra el Manchester y contra el Schalke, y me llevo un recuerdo de San Mamés encendido. En esos dos partidos, toda la hinchada del Athletic, pero sobre todo la gente joven que no había vivido experiencias así, de tratar de tú a tú a un equipo alemán o al gran Manchester; entendió que el Athletic todavía tenía derecho a la grandeza, que después de la Ley Bosman había también derecho a la grandeza, que no había por qué no soñar con grandes gestas.

A. Z. Este es un campo que durante muchos años, años muy duros en Euskadi, ha sido un terreno neutral. Sí, ha sido altavoz de algunas cuestiones políticas, pero aquí se ha sido seguidor del Athletic. San Mamés aunaba a todos: mayores, pequeños, clases sociales diferentes, diferentes ideologías políticas... La cosa era ser del Athletic, y eso hacía, creaba sociedad.

J. V. Ese es el gran milagro de este estadio: reflejar una identidad con una fuerza tremenda, una fuerza que se está debilitando en los demás equipos. Aquí, si uno ve un partido hace cien años y ve un partido ahora, en lo esencial no hay modificación. Es la expresión del orgullo de una ciudad a través de 20 o 25 generaciones distintas, y esa es una expresión del fútbol más puro.

A. Z. Recuerdo la bajada por la ría en la gabarra, la ciudad entregada a un equipo. Era una época muy dura. Bilbao, a la que amo, me parecía entonces oscura, negra, dura, con el cierre de Altos Hornos y de los astilleros, con una situación política, los años de plomo, los asesinatos... Y, en medio de aquel desastre, la posibilidad de celebrar algo.

J. V. Yo siempre digo que Bilbao me reconcilia con la clase política, porque esta ciudad se ha transformado en los últimos treinta años hasta el punto de convertirse en una ciudad superatractiva. Hemos pasado de eso, de la sensación de oscuridad y decadencia, a esta belleza de ciudad.

A. Z. El paso del viejo al nuevo San Mamés puede ser la contribución del Athletic a esa transformación.

J. V. Como siempre, el fútbol llega tarde al cambio. Es el último.

A. Z. Cuando me dicen que el año que viene ya no vendremos aquí, y aunque el tránsito va a ser el mismo, y el metro me dejará en la misma parada, creo que tendré la sensación de ir a un sitio diferente. No sé cómo será, pero quiero vivir esa sensación. No quiero ver esa imagen de San Mamés que se derrumba. Apagaré los informativos para no ver cómo cae San Mamés. Pero, bueno, eso El Txopo también me lo enseñó: "El fútbol ahora se ve con tus ojos, no con los míos", me decía. Bueno, pues ahora lo veremos con los ojos del nuevo campo.

J. V. Si los próximos años son de paz, de tranquilidad, de felicidad, pues entonces será más fácil olvidar San Mamés. Si no, el peso de la nostalgia va a ser invencible.

A. Z. Habrá que adaptarse a ese espacio sin uno de los fondos. Ya he explicado que mi inicio fue un poco así, sin fondo, con lo cual, si tiene el mismo efecto prosperidad que el cambio que tuvo en 1982, pues competiremos.

J. V. Se va un símbolo, empieza otro. La religión cambia de iglesia, la fe cambia de catedral.

A. Z. Cambia, pero sigue aquí.

* Unai Larrea es periodista y director de Un siglo y 90 minutos, documental que recoge la historia del campo de San Mamés y que DEIA pondrá a la venta el próximo domingo, 15 de septiembre, en formato DVD.

Los Diez Mandamientos del nuevo campo del Athletic

Fuente: www.blogseitb.com

Bueno, pues ya estamos ahí: el primer partido del Athletic Club en el nuevo San Mamés será el Athletic-Celta de la tercera jornada de la Liga 2013-2014, eso está confirmado, y también sabemos -desde hace días- la fecha y hora del estreno: el 16 de septiembre, el lunes que viene, a las diez de la noche. Sí, es verdad, el mejor de los horarios no es, pero bueno, vamos a centrarnos en lo importante: estamos a punto de vivir un acontecimiento histórico, nada menos que la inauguración de la nueva Catedral. Hay que ir al campo ese día con los deberes hechos, así que es el momento de estudiar a fondo los…

DIEZ MANDAMIENTOS QUE TODO FOROFOGOITIA DEBE CUMPLIR EN EL NUEVO CAMPO DEL ATHLETIC


La “premiere” del nuevo campo será el próximo día 16. Foto: EFE

1. Llamarás al nuevo campo “San Mamés”, no “San Mamés Barria” ni nuevo San Mamés. Esto del nombre parece que no tiene importancia, pero ya se sabe cómo nos cabreamos cada vez que alguien, confiamos en que sin mala intención, llama al Athletic “el Bilbao” en lugar de “el Athletic”. Pues mucho ojo, porque, aunque sea nuevo, el campo se sigue llamando San Mamés. Lo ha aclarado en varias ocasiones la Junta Directiva. Un dato: el nuevo campo del Barakaldo, el de Lasesarre (ya hace unos años que fue inaugurado), es otro ejemplo: tampoco se llama “nuevo Lasesarre”. Así que llamemos a las cosas por su nombre.

2. No confundirás la Tribuna Principal con la Tribuna Este, ni la Tribuna Norte con la Tribuna Sur. A ver si nos aclaramos: si nos situáramos de pie en el lugar en el que antes estaba la Tribuna Principal, la del arco, mirando hacia donde está el nuevo campo, la orientación es esta: frente a nosotros, la Tribuna Norte; a nuestra izquierda, la Tribuna Principal; a la derecha, la Tribuna Este; donde estamos de pie, aún sin construir, la Tribuna Sur. Este mandamiento es fácil, en cuanto vayamos el día 16 (o el 13, al entrenamiento que está programado para esa tarde-noche) nos lo vamos a aprender sin ningún problema.

3. No dirás ni estarás de acuerdo con nadie que diga que “el campo nuevo es bonito, pero le falta el ambiente del antiguo”, o frases por el estilo. Esto hay que tenerlo muy claro: es imposible que un campo nuevo tenga la historia de otro que para cuando la mayoría lo conocimos contaba ya por lo menos con sesenta años de historia. Pero eso no le quita nada al estadio que vamos a estrenar. Al fin y al cabo, conseguir que el ambiente del nuevo campo sea como el que había en el que hemos disfrutado hasta ahora está en nuestra mano, en la de todos los que íbamos al fútbol hasta ahora y vamos a seguir yendo.

4. No harás la ola tampoco en el nuevo campo. Innegociable, la ola no nos ha gustado nunca y seguro que tampoco nos gustará a partir de ahora. Salvo en situaciones muy puntuales (como con los partidos de la Selección Vasca), el antiguo campo jamás fue amigo de animar a los nuestros haciendo la ola, y no tiene ninguna pinta de que esto vaya a cambiar.

5. No harás olés tampoco en el nuevo campo. Lo mismo que la ola, vamos. Ya lo dice el viejo proverbio forofogóitico: en San Mamés, ni olas ni olés.

6. No te encariñarás mucho con tu nueva localidad, siempre y cuando esta sea provisional para la temporada 2013-2014 y mejor que la que has cogido para a partir de la temporada 2014-2015. Sí, sí, esto es duro, pero es así. Pudiera suceder que el día 16 te encuentres sentado –o de pie, si lo prefieres- en una localidad desde la que ves el fútbol mejor que el mismísimo Beñat Etxebarria; pero si tú reamente has elegido uno que aún no está construido (en la Tribuna Sur, o en los extremos de las Tribunas Principal y Este) y que es peor que ese que estás disfrutando, lo mejor es que te vayas haciendo a la idea de que estás ahí solo para unos meses :-) .

7. Echarás de menos el mítico arco de San Mamés, por mucho que en una futura remodelación del nuevo campo se vuelva a poner ese arco y otros cuatro más, si hicieran falta. Esto más que un mandamiento es un hecho: cómo vamos a notar la falta del arco, la de veces que lo habremos visto, admirado y fotografiado en la Catedral. Bueno, habrá que ir a Lezama para verlo.

8. Contarás a tus nietos que el día en el que se inauguró el nuevo campo del Athletic tú estuviste allí. Seamos serios: ¿cuántos de los que estuvieron en el primer partido de la historia del campo antiguo, el 21 de agosto de 1913, van a estar en el Athletic-Celta del 16 de septiembre? Tiene toda la pinta de que nadie… salvo que alguien de por lo menos 105 o 106 años vaya al estreno de la semana que viene… Así que no hay duda, vamos a tener el privilegio de vivir una noche para la historia (que sí, que es lunes y que es a las diez, que ya podía ser sábado a las ocho, por ejemplo, pero está claro que es una noche para la historia, ¿o no?).

9. Subirás a todas las redes sociales en las que tengas presencia un montón de fotos que acrediten que ya has estado en el nuevo campo del Athletic. Un poco en la línea del mandamiento número siete: a muchos de los chavales de ahora les parecerá imposible, pero hubo una época, remota, en la que no había Facebook, ni Twitter, ni Instagram, por no haber no había ni siquiera You Tube, ¡ni Flickr! 1913, año en que se inauguró el antiguo campo, pertenece a esa remota época (que se estima finalizó hacia mediados de la pasada década), así que es el momento de bombardear a fotos a todos nuestros contactos repartidos por el mundo con fotos de nosotros en San Mamés. Qué envidia van a tener.

10. Llevarás siempre contigo al nuevo campo estos Diez Mandamientos, especialmente porque aquí están los horarios del Metro, aquí los de cercanías de Renfe, aquí los de Eusko Tren y aquí los del tranvía y en este enlace los de FEVE. El día del primer partido salimos casi a las doce, pero visto cómo se las gastan los de las televisiones no es descartable que en cualquier otra ocasión salgamos más tarde, así que conviene tener a mano en todo momento los transportes públicos especiales.

Bien, pues este es el Décalogo de obligado cumplimiento para cualquier forofogoitia en nuestra nueva casa. ¡¡A disfrutarla y aupa Athletic!!

martes, 10 de septiembre de 2013

"San Mamés es el sentir de un pueblo"

Artículo publicado por Unai Larrea* en el diario Deia el 09/09/2013

Txetxu Rojo y Johan Cruyff reviven las mil y una batallas que libraron durante la década de los setenta en el viejo San Mamés para 'Un siglo y 90 minutos', el documental que repasa su historia


Txetxu Rojo y Johan Cruyff posan con la maqueta en miniatura del viejo San Mamés. (U.I)

Johan Cruyff esquiva la mano que le tiende Txetxu Rojo y le propina uno de esos abrazos que, por sinceros y rotundos, permiten incluso al testigo menos avezado percatarse de que un vínculo muy estrecho conecta a quienes lo protagonizan: es el fútbol, claro, pero no observado desde su cada vez más marcado perfil mercantilista, sino desde una perspectiva mucho más angulosa. La juventud, el esplendor y la fama de los 70 han mutado hoy en recuerdos, madurez, nostalgia... Llevan años sin verse, pero acabado el abrazo, la conversación brota como si el tiempo no hubiese corrido, aún luciesen los dorsales 14 y 11, y estuviesen a punto de saltar al césped.

Es 30 de mayo y al viejo campo de San Mamés apenas le queda una semana de vida. Un compromiso de última hora impide a Cruyff desplazarse hasta Bilbao, como tenía previsto. Por fortuna, Rojo accede a viajar a Barcelona, consciente del valor añadido, infinito, que su reencuentro con el holandés aportará a Un siglo y 90 minutos, el documental que aspira a perpetuar la mística de La Catedral.

Txetxu Rojo. Empecé a ir a ver al Athletic a San Mamés con 11 o 12 años. Con esas edades ya se te queda grabado lo que es el Athletic, pero no entendías la extensión que tenía en todos los aspectos. Y muy pronto empecé a jugar. Yo antes jugué en el Firestone, con 16 años, y nos tocó jugar a una selección de Bizkaia la Copa allí, en San Mamés, con el Firestone. Y luego ya fiché con 17 años por el Athletic juvenil, y al año siguiente ya jugué en el equipo profesional. Ahí es donde empiezas a ver las cosas de otra forma, aprendiendo, escuchando a los jugadores que son veteranos y que te transmiten una serie de valores... Recuerdo mi primer partido, que fue contra el Atlético de Madrid, y mi salida al campo, porque entonces salíamos por un lateral del campo, y nada más salir los chavales echaban unos balones, y la gente empezaba a aplaudir y a rugir... Recuerdo que, aquel día, lo primero que pensé cuando los chavales me vinieron a tirar el balón fue: 'Joder, que esté yo aquí, cuando hace seis años empecé a venir a verlos...'. Me queda el recuerdo aquel, y luego el de toda la gente, por supuesto, que conocí en los 17 años que estuve de profesional.

Johan Cruyff. De las primeras veces que vine a San Mamés, me sorprendió, y es lo que recuerdo más claramente, la escalera, la escalera de acceso al campo, tan empinada... Y, en segundo lugar, que te encuentras en lo que nosotros, los holandeses, llamamos un campo inglés: que la gente está encima, con esas tribunas tan verticales... Y cuando sales... ostras.

T. R. Sí, incluso a nosotros nos impresionaba... San Mamés transmitía algo a todo el mundo, a todos les gustaba jugar allí...

J. C. Sí, sí, sí...

T. R. Y empiezan a gritar, y te centras en el partido... En cambio, esos campos vacíos no transmiten nada.

J. C. Jugar en un campo lleno da calidad al fútbol. Y si el campo está lleno, y la gente está encima, y la gente canta, y está haciendo ruido...

T. R. Eso lo sientes dentro.

J. C. La presión te hace mejor. Mira a Stoitchkov, él lo tenía. No tiene nada que ver con ser listo o no, es cómo eres por dentro.

T. R. Con corazón.

J. C. Hablando de corazón y de San Mamés... Este es uno de los detalles que tiene el fútbol, y una de las cosas más emocionantes que he vivido. Siendo yo entrenador, el Barça ganó 0-6 en San Mamés, pero yo no me senté ese día en el banquillo, porque yo tenía la operación... Fue justo esa semana que me operaron del corazón, un by pass, angina de pecho creo que se llama esto. Y estaba yo operado en el hospital, y estaba medio atontado... Entonces, y esto me lo ha contado mi mujer porque yo estaba pero no estaba, llega Hristo al hospital, con el que siempre tuve una relación muy buena, muy emocionante. 'No, no, yo quiero hablar un momento con el mister', ha dicho Hristo. Y los médicos: 'No se puede, no, no'. 'Eh, yo tengo que hablar con él'. Tú ya sabes cómo es Hristo...

T. R. Sí, sí, cómo es él (risas).

J. C. Al final, no sé cómo, Hristo llega a mi habitación. De repente, entra. Yo estaba medio tocado, y me dice: Psssstttt, mister. Este domingo hay un partido importante contra el Bilbao, pero tú no te preocupes: Hristo arregla el partido. Eh, no pienses, no te preocupes: Hristo arregla el partido. No te preocupes, eh... No te preocupes ni un minuto. El partido lo va a arreglar el Hristo. Como te digo yo. Vete a dormir y recupérate. Adiós, y se ha ido. ¡Resulta que el chico ha jugado como un angelito, ha marcado cuatro goles y ha arreglado el partido!

T. R. El mejor partido de su vida.

J. C. Creo que ha hecho su mejor partido, porque le ha salido de dentro. Y estas son las cosas tan bonitas de la gente, del esfuerzo, de lo que cada uno es capaz... No es un recuerdo feliz para el Athletic por el resultado, pero es una de esas cosas que te marcan en la vida. Y para mí, en mi relación con Bilbao, es una cosa especial. Una vez más ves la calidad humana. Esas son las cosas más bonitas de la vida, pienso yo.

T. R. Y tú, Johan, el primer partido que jugaste en San Mamés, ¿cómo lo recuerdas?

J. C. Ostras, ves un campo diferente al resto. Ves un clima diferente... Yo lo conocía de la televisión y lo relacionaba con el fútbol inglés. Yo ya había jugado muchos partidos, y ya había ganado tres Copas de Europa... pero ese campo era diferente. Era totalmente diferente. Parecía un campo inglés. Me había pasado varias veces, sobre todo en Inglaterra, ser aplaudido cuando he salido del campo sustituido, lesionado o lo que sea. Y la gente de Bilbao, los vascos en sí, cuando me fui del campo, siempre me han aplaudido, y esto es una grandeza, creo yo, de un pueblo, de la gente, porque son capaces, aunque son de Bilbao y aunque es el contrario, de expresar su admiración o respeto por el futbolista que lo ha hecho bien.

T. R. En San Mamés siempre ha gustado la deportividad y los buenos jugadores.

J. C. Y la calidad futbolística. Muchas veces aprecian la labor que uno hace. Por eso me cae bien el público de San Mamés. Es uno de los detalles que siempre me quedará grabado, de San Mamés, del campo: el aplauso que me dieron cada vez que he salido del campo.

T. R. San Mamés ha sabido diferenciar varios aspectos, sobre todo si hay un gran futbolista que lo demuestra. El público lo demuestra.

[En su primer partido en San Mamés, el 24 de marzo de 1974, Johan Cruyff es agredido por Ángel María Villar, que es expulsado por el árbitro, Soto Montesinos. En este momento, el entrevistador le pide que recuerde aquel episodio].

J. C. Yo jugaba allí, y hacía mis cosas... Yo tenía el balón, imagino que un quiebro, y él [Villar] se cabreaba, o llegaba tarde...

T. R. Sí, fue cerca de los banquillos. Un giro, hiciste un giro para un sitio, para otro...

J. C. Y, de repente, viene Villar y me dio una... Y yo en el suelo, aturdido: ¿Pero qué pasa aquí? Pero, bueno, nosotros después de ese momento, ostras, nos hemos visto cien veces, y Villar siempre me ha dicho: Lo siento, no sé qué me pasaba, perdona, era una reacción que hice acumulando un poco la presión de todo lo que escriben los diarios y todo esto.... No pasa nada. Se ha fallado un día, pero desde ese momento nos llevamos muy bien en todos los sentidos. Y son detalles bonitos de comentar...

T. R. Nos vamos a acordar todos.

J. C. Sí, sí, sí.

T. R. Me acuerdo que Ángel, al entrar al vestuario, nos comentó: Joder, no sé lo que me ha pasado. Porque Villar era un jugador que nunca había hecho nada de eso, ni lo volvería a hacer. Él tampoco se explicaba lo que sucedió: estabais ahí, al tensión del partido y... ¡pomba!

J. C. Durante una hora, yo tuve que soportar ciertas cosas... Pero no hay rencor. En el deporte no hay rencor, porque no hay malicia... No, en serio, siempre me han tratado bien en Bilbao. Allí a la gente le gusta la deportividad, la entrega... Me gusta esta mentalidad, es un poco como el rugby, ¿no? En el campo te pegas castañazos en todas partes, pero después te tomas unas cervezas. Es un poco inglés este espíritu de San Mamés. Y este accidente con Villar... Cuando él fue a jugar a Barcelona, me pidió perdón... y ya está, olvidado.

J. C. Txetxu, ¿cuál fue tu momento más emocionante en San Mamés?

T. R. Tengo dos: cuando debuté, en plena juventud; y el otro cuando me retiré, el día de mi homenaje, que fue contra Inglaterra. Fue justo antes del Mundial de 1982. Inglaterra nunca se había enfrentado a un club, solo contra selecciones, y para mí fue un gran recuerdo. Aquello fue en San Mamés. Quedaban varios partidos para acabar la temporada y yo podría haber seguido algún año más, pero lo dejé. Aquello fue muy emotivo. Se te queda grabado para siempre.

J. C. Eso lo recuerda todo el mundo que estuvo ese día en el campo. No es solo la felicidad de uno, es la felicidad de mucha gente. Se te quedó grabado no solo a ti, sino a mucha gente.

J. C. Fíjate que estamos comentando algo de hace casi 40 años, ¿eh?

T. R. Más de 30 años, sí.

J. C. Es como el año pasado, el Athletic, lo que había conseguido [se refiere Cruyff a las eliminatorias contra el Manchester United, el Schalke 04 y el Sporting de Portugal, y a la disputa de las finales de la Europa League y de la Copa del Rey en la temporada 2011-2012]. Era una cosa fantástica, y eso quedará para las próximas generaciones.

T. R. Son vivencias muy positivas.

J. C. En el fondo, estamos hablando de un campo de tantos años, de tanta memoria que tiene este campo, y es por algo. Es porque este campo es así. Porque si es cualquier otro campo, no estaríamos aquí hablando.

T. R. Ya la próxima semana desaparece, pero hay algo que no desaparecerá nunca, que son estos recuerdos que hemos comentado.

J. C. ¡Ahí está!

T. R. Tanto los positivos como los negativos...

J. C. Este campo es mucho más que un partido. No es un partido que ganes o pierdas, ni siquiera es un jugador que juega bien o mal: este campo es el sentir por dentro que ha tenido todo un pueblo: todo un pueblo. Es lo bonito del fútbol. Hoy, la gente, que paga, dice: "Esos son profesionales, solo piensan en el dinero, son millonarios...". No, no: son emociones, todo son emociones.

T. R. Emociones y sentimiento, sí.

J. C. Y es al final lo que te queda. Después, uno tiene dos duros más que el otro, sí, pero eso es igual. Pero la emoción, lo que conlleva este campo... Ostras, este campo tiene más memoria que todos nosotros juntos.

T. R. A mí me va a dar una tristeza su ausencia, porque ha sido toda mi vida.

J. C. Yo he vivido hace poco esa experiencia con el Ajax, que de un campo pequeñito pasó a un campo muy grande, el Amsterdam Arena, y es un paso peligroso.

T. R. Sí, yo jugué antes de que lo derribarais en el viejo campito del Ajax, y luego ya he estado en el nuevo. Ahora nos toca a nosotros trasladar todos nuestros valores al nuevo campo, que sea una continuidad de San Mamés. Que sea un San Mamés nuevo, pero que sea el mismo de siempre.

J. C. La gente que dirige el club tiene ahora un papel importantísimo. El Ajax, cuando se fue al nuevo estadio, a una casa nueva, a un centro de educación nuevo... Fíjate cómo le ha ido, ¿eh? Para abajo. Lo moderno no es lo más importante, no. Sentimiento y fútbol, esa es la clave, eso era San Mamés. El peor ejemplo que podría utilizar el Athletic es el del Ajax, que fue una cosa fantástica hasta que se fue del viejo campo al nuevo, con muchos directivos, con muchos directores, mucho de esto, lo otro, para allá, muy moderno todo... Y luego nada. Y ahora hemos establecido otra vez las normas. ¿Qué es esto? ¿Un club de fútbol? Vale, pues que lo dirijan los futbolistas. Así de sencillo.

T. R. Esperemos que el nuevo campo transmita las mismas sensaciones.

J. C. Esperamos que sí.

* Unai Larrea es periodista y director de Un siglo y 90 minutos, documental que recoge la historia del campo de San Mamés y que DEIA pondrá a la venta el próximo domingo, 15 de septiembre, en formato DVD.

La estación del AVE, hincha del Athletic de Bilbao

Artículo publicado en diarioinformacion.com el 10/09/2013

Los pasajeros de la línea de alta velocidad entre Alicante y Madrid, sorprendidos por una loseta con el escudo del equipo bilbaino en la terminal


En la base de una de las columnas de la terminal del AVE hay una loseta con el escudo del Athletic. PILAR CORTÉS

Cuenta un chiste que los de Bilbao nacen donde quieren, que para eso son de Bilbao. Pues en Alicante no sólo habrán nacido muchos bilbainos, sino que, ni cortos ni perezosos, los hinchas de los «leones» de San Mamés, se han autoapropiado de la estación del AVE, y no porque ambas capitales estén conectadas por la alta velocidad, algo por lo que suspira el sector turístico de la Costa Blanca, sino porque en el corazón de la nueva terminal de la línea de alta velocidad Alicante-Madrid, alguien ha colocado, con el beneplácito del Ministerio de Fomento, un escudo del Athletic, icono de referencia de los bilbainos, tanto si les gusta como si no les gusta el fútbol.

Y es que muchos de los pasajeros que utilizan desde el pasado junio el AVE no dejan de sorprenderse, día a día, por la aparición en la terminal de una loseta grabada con el escudo del Athletic de Bilbao. Fuentes de Adif apuntaron ayer que anécdotas de este tipo no son infrecuentes, ya que es habitual que en las obras públicas el autor del proyecto deje su sello particular, normalmente el escudo del colegio profesional al que pertenece.

En el caso de Alicante, sin embargo, los autores del proyecto (ingenieros de Caminos, Canales y Puertos cuyo escudo se puede ver en el pavimento del hall principal de la estación), añadieron el escudo del Athletic de Bilbao, con el visto bueno de Fomento.

Lo cierto es que nadie sabía muy bien ayer en la terminal el porqué de la presencia del escudo del club de fútbol en un lugar discreto, y sólo fuentes del colectivo que trabajó en el trazado de la línea entre Alicante y Madrid apuntaron que quizá se debiera la afición de un alto técnico de la empresa adjudicataria por los colores rojiblancos.
De momento, ni el Hércules, ni el Real Madrid se han quejado, ni tampoco el jefe de Obra de Adif, natural de Albacete, a 650 kilómetros de Bilbao.

lunes, 9 de septiembre de 2013

"Somos casi hermanos"

Artículo publicado por Unai Larrea* en el diario Deia el 08/09/2013

Iribar y Dino Zoff evocan para el documental 'Un siglo y 90 minutos' el Athletic-Juventus de 1977


Zoff e Iribar dialogan sobre el césped del Estadio Olímpico de Roma. (Unai Larrea)

Con Iribar a su izquierda y Zoff a su derecha, el periodista no sabe muy bien qué hacer, si formular la primera pregunta o tirar la tablet y correr a rogarles un autógrafo, una foto, un abrazo, algo, lo que sea. Pero la majestuosidad del Estadio Olímpico de Roma, donde Zoff ha concertado la cita, y la meticulosidad del equipo técnico desplazado hasta la capital italiana no invitan a dar rienda suelta a la mitomanía. Toca aplicarse al máximo para que la entrevista esté (si es que es posible) a la altura de los dos colosos que se han reunido esta fría mañana de febrero para honrar la memoria del viejo campo de San Mamés, al que en ese momento aún le quedaban unos pocos meses de vida.

Es 26 de febrero y faltan dos días para que Zoff festeje su 71º cumpleaños, y tres para que Iribar cumpla los 70. No es su única analogía. Uno contempla la imagen de Zoff dando la vuelta de honor al campo de San Mamés embutido en la camiseta negra de Iribar y el parecido resulta sorprendente. Ocurrió en 1977. El Athletic derrotó a la Juventus, 2-1, pero el gol de Bettega y el 1-0 de la ida privaron a los leones de alzar la Copa de la UEFA en el que, para muchos, es el partido cumbre en la historia del ya desaparecido San Mamés. Un campo cuya memoria pretende honrar Un siglo y 90 minutos, el documental que logró unir a dos de los mejores porteros de todos los tiempos.

Dino Zoff. Cuando me dijeron que venía Iribar a Italia, me produjo un gran placer. Porque a nosotros, que tenemos una cierta edad, nos encanta revivir aquellos recuerdos, ya sean más o menos felices.

José Ángel Iribar. Es un placer que nos veamos después de tanto tiempo, solamente esta conversación tiene un valor incalculable. Los porteros tenemos una química, quizás porque nos sentimos muy solos ahí atrás, y nos tenemos que identificar con nuestra soledad y con nuestros problemas.

D. Z. En cuanto empieza el partido estás solo, tienes demasiado tiempo para pensar.

J. Á. I. Más tiempo para pensar que los demás, sí.

D. Z. En mi época, siempre jugaban de portero aquellos que peor jugaban en el campo. Pero en mi caso fueron los chicos mayores los que me colocaron en la portería, porque yo era bueno.

J. Á. I. Yo las pruebas las hice en el Basconia, filial del Athletic, de Segunda División, ya con 18 años. Les parecí "bravo", como decís vosotros los italianos. Hice una buena temporada y me fichó el Athletic. Tenía propuestas del Barcelona, del Valencia, del Atlético de Madrid... pero me decidí por el Athletic porque era mi equipo, el equipo de mi familia, de mi padre, de mis tíos, de todo mi entorno.

D. Z. Mi debut con el primer equipo fue desastroso, porque encajé cinco goles en Florencia. Me dio miedo, pero poco a poco todo fue a mejor. Pero antes de irme al Udinese, jugando aún en mi pueblo, yo trabajaba. Estudié en una escuela profesional la carrera de tornero, un mecánico especializado. Trabajaba y hacía dos o tres entrenamientos a la semana en Udine. Antes de debutar como profesional, yo trabajé en un taller. Fue una escuela de vida. Trabajé porque en mi casa decían: "Si eres bueno, acabarás siendo jugador profesional, pero mientras tanto debes aprender un oficio porque no se puede vivir sin trabajar". Lógicamente, cuando me hice profesional, dejé de trabajar.

J. Á. I. Es un poco mi misma historia, porque yo también cursé mis estudios en la Escuela de Maestría. Hice Mecánica. ¡Yo también iba especializado en el tema de tornero! Era una carrera de cinco años, e hice solo los tres primeros porque entonces fiché por el Basconia. Pero el tema de la familia era el mismo: "Si eres bueno en el fútbol, vas a seguir, pero si no hay que estudiar, hay que tener un oficio".

D. Z. ¡Tenemos la misma vida! Nos parecemos físicamente, tenemos más o menos la misma edad, aunque yo soy algo más viejo, nuestra fecha del cumpleaños es casi, casi la misma... Ja, ja, ja.

J. Á. I. Yo recuerdo que hasta nos confundían un poco... La primera vez que jugamos en el Comunale, siendo los dos capitanes, ¿quién es quién no?

D. Z. Tenemos mucha afinidad en nuestra vida: nuestros comienzos, en la escuela, el trabajo, porteros... Somos como hermanos, somos casi hermanos.

J. Á. I. Podíamos pasar como hermanos.

D. Z. Yo te envidio porque tú has permanecido, y permaneces, muy ligado al Athletic de Bilbao, porque has vivido allí toda tu vida. Yo he sido querido por buena parte de Italia, Juventus, Nápoles, incluso la Lazio como entrenador... pero no tengo una identificación como la tuya por haber pasado toda una vida en un mismo club. Tú te has identificado con el pueblo, con la ciudad. Yo carezco de ese afecto.

J. Á. I. Tú eres más internacional que yo.

D. Z. Más nacional, ja, ja.

J. Á. I. Yo me retiré antes, en el 80, con 37 años y con muchos problemas en la espalda. Perdí mucha flexibilidad. Querían que continuara, pero dije que no, porque estaba sufriendo y me iba a desprestigiar a mí mismo.

D. Z. Yo tenía 41 años y estaba todavía bien, pero... Fue el año después del Mundial. Teníamos una gran ilusión por ganar la final de la Copa de Europa de Atenas, Hamburgo-Juventus. Era la Juventus más grande de siempre, con Platini, Boniek... Perdimos 1-0.

J. Á. I. Eso fue duro. Las finales, cuando se pierden, te dejan un poso.

D. Z. La final del 77, ja, ja.

J. Á. I. La famosa final del 77, en San Mamés. Para mí, para nosotros, San Mamés, si ha acogido algo importante, ha sido esa final. Posiblemente, la gente, todo el estamento del Athletic, considera ese partido como el más importante que se ha jugado allí en cien años de historia.

D. Z. El partido de Turín fue muy equilibrado. El gol nos sabía a poco, porque ir a Bilbao, con un público muy caliente y un público muy cercano, nos preocupaba mucho. Los momentos previos al partido, fuera del estadio, fueron un poco extraños por cuestiones políticas, pero en el campo el público estuvo correctísimo, muy gentil con mi mujer, con todos los italianos... pero muy caliente. El partido fue un infierno para mí. Los últimos 20 minutos, y los últimos 10 minutos especialmente, con el público que gritaba tras de mí, el Athletic que nos acorraló en nuestro área, esos balones que llegaban de todos lados... Verdaderamente, fue el momento más caliente de mi carrera, el momento de mayor preocupación. No había pasado tanto miedo antes. No veíamos el modo de llevar a casa un resultado que deseábamos tanto, porque el Athletic estaba fuerte y nos creó mil dificultades. Cuando acabó el partido, yo me sentí feliz por el resultado, pero yo, de un modo particular, como portero, porque había logrado salir de un infierno. San Mamés es un recuerdo muy presente para mí: los aficionados detrás, todos allí en el área, yo allí aterrorizado... Pero estas no son cosas que se dicen porque hablamos para un documental, ni porque seamos colegas. Realmente he pasado un cuarto de hora, diez minutos, que recordaré toda la vida.

J. Á. I. Yo tengo el recuerdo de los previos del partido. Estábamos realmente preocupados por que no nos hicierais gol. El entrenador pensaba que no podíamos atacar de una manera desordenada porque el gol nos perjudicaba mucho. Pero se nos trastocaron todos nuestros planes porque Bettega nos marcó pronto, de cabeza. Era un gran goleador Bettega, sobre todo jugando desde la banda tenía una diagonal muy buena, y era un gran rematador, muy fuerte físicamente. Y ahí tuvimos que cambiar nuestra mentalidad, y yo creo que ahí empezamos a soltar un poco nuestros nervios, esa contracción que teníamos en ese momento, y empezamos a dominar el partido. Cuando conseguimos empatar a uno nos animamos mucho, y conseguimos el 2-1 a falta de diez minutos, y el final fue... Yo era un mero espectador, estaba animando a la gente, al equipo... El ambiente era increíble, cómo nos animó la afición al equipo, de una manera increíble... Tú, no sé, pero creo que te tienes que acordar de los momentos finales.

D. Z. No esperábamos sufrir así. Fue el público el que aportó al Athletic esa energía que nos puso en dificultades. Los últimos minutos fueron terribles. San Mamés dio a su equipo la energía. Por suerte, fuimos capaces de aguantar el 2-1 que nos dio la Copa. Acabado el partido, todos nosotros estábamos felices, pero el nuestro no fue un gran fútbol, es lo que realmente recuerdo. Ni siquiera soñábamos con hacer un gol a los siete minutos. La verdad es que fuimos algo afortunados. Mientras en Turín el partido fue bastante tranquilo, aquí vosotros quizás merecisteis algo más. Pero el fútbol es así, el gol de Bettega pesó mucho, condicionó la final.

J. Á. I. En Bilbao se recuerda mucho al árbitro, a Linemayer, el austriaco que pitó aquel partido. En el segundo tiempo hubo un gol que nos anularon que podía haber sido clave.

D. Z. Yo no lo tengo tan claro, pero tampoco quiero tenerlo, ja, ja. Acabó así y ya está. Honestamente, no recuerdo. Creo que el árbitro estuvo extraordinario, ja, ja. Al final del partido nosotros estábamos contentísimos. Habíamos logrado la primera Copa internacional de la Juventus. Aunque el Athletic se sumió en el abatimiento, se comportó muy deportivamente. Cambiamos todas las camisetas, dimos la vuelta al campo...

J. Á. I. Para mí fue un honor que dieras la vuelta al campo con mi camiseta.

D. Z. El público fue extraordinario, pero también vosotros fuisteis extraordinarios. Perder una final en casa es muy duro. Y sin embargo dimos la vuelta al campo, cambiamos las camisetas... Fue importante para el deporte, para el fútbol.

J. Á. I. Yo recuerdo un detalle. Una semana después de esa final, recibí una carta de una persona italiana, sería de la Juventus. Era una carta personal, para mí, felicitándonos por nuestro comportamiento. Me llamó la atención. No la conservo, pero recuerdo ese detalle, la percepción que tuvo la gente de Turín.

D. Z. Te lo estoy diciendo todo el rato, pero es así: fue un comportamiento verdaderamente deportivo, de gran hospitalidad. Esa carta, sin duda, la recibisteis porque merecíais esa felicitación. Son cosas bellas para el deporte. Espero que se repita, aunque es difícil que se repita.

J. Á. I. No desde luego en aquel campo. Yo tengo una sensación, ahora que van a derribar el campo, muy triste, muy dura. No quiero pensar demasiado en ese derribo. Sé que va a haber un campo nuevo, que se va a incrustar en lo que es el vetusto y viejo San Mamés... pero cada vez que me hablan de ese derribo me entra un poco de nostalgia y tristeza. Son muchos años allí. El día que ocurra eso, va a ser un día muy duro para mí.

D. Z. Yo te entiendo porque ha sido tu casa durante muchos años. Aunque la casa nueva sea muy bella, tú recordarás la vieja, la casa de tu juventud. En nosotros, que tenemos una edad, los recuerdos de la juventud están muy presentes. Además, una casa vivida con tanta intensidad, que ha acogido el mejor fútbol de la época, yo creo que verdaderamente es para sentirse triste. Por mucho que el mundo tenga que seguir adelante, y que el nuevo estadio sea muy bello, está la tradición, y es normal que sientas esa tristeza. Incluso yo la voy a sentir un poco, porque ha sido allí donde he conseguido mi primer trofeo internacional, en San Mamés, y no va a existir más.

J. Á. I. Nosotros tenemos un reto grande ahora: trasladar todo ese espíritu tan bravo, como decís vosotros, al nuevo campo. Va a ser un estadio más grande y más cómodo, pero tenemos que trabajar para que, dentro de un tiempo, tenga también ese sabor del viejo campo.

D. Z. Que sepáis transportar esa tradición a vuestros hijos.

J. Á. I. Yo entiendo que necesitábamos hacer un campo nuevo. Necesitábamos más localidades, porque nosotros tenemos problemas de entradas al tener muchos socios. Es un paso necesario, pero a la vez...

D. Z. Nosotros, que tenemos una edad, tenemos esos recuerdos, pero el mundo avanza y habrá que trasladar el espíritu del viejo San Mamés al nuevo estadio.

J. Á. I. Cuando juguemos la próxima final en el nuevo San Mamés, espero verte. Estás invitado cuando quieras visitarnos, a alguna final o algún partido que te apetezca, para que pruebes el nuevo estadio.

D. Z. Está bien. Si la salud se mantiene, allí iré.

* Unai Larrea es periodista y director de Un siglo y 90 minutos, documental que recoge la historia del campo de San Mamés y que DEIA pondrá a la venta el próximo domingo, 15 de septiembre, en formato DVD.

sábado, 7 de septiembre de 2013

Perdónales, San Mamés

(Artículo publicado por Jon Uriarte en el diario El Correo el 07/09/13)


Hay gente para quien 100 años no es nada. Valen más unos puntos de 'share' y un subidón en el 'rating'

"Yo estuve allí". Esa será la frase que muchos dirán cuando se hable de la inauguración de San Mamés. Del nuevo, que en el fondo, al menos un cachito, es el de siempre. Porque habrán vivido lo que vivieron sus antepasados hace un siglo. Y eso es algo que cualquiera valoraría. Pero hay gente para quien 100 años no es nada. Valen más unos puntos de 'share' y un subidón en el 'rating'. Por eso, muchos, al ser preguntados por ese día, que ya nunca volverá, dirán "yo no estuve allí". Y lo soltarán con la rabia que provoca sufrir tamaña falta de sensibilidad. Llegados a este punto he de advertir dos cosas. Hace tiempo que dejé de creer en el ratoncito Pérez y sí, soy uno de los afectados, que no podrá acudir. Lo digo para que quede claro. Pero aún así, más allá de la subjetividad, hay datos y una experiencia en los medios, incluida la televisión, que me permiten asegurar algunas cosas sin ruborizarme. Por eso, desde ahora, pido a San Mamés que les perdone. Me refiero a los que han decidido que el primer partido en la historia de nuestro nuevo campo tenga lugar un lunes de septiembre a las diez de la noche.

Perdónales San Mamés, porque no entienden que estás siendo construido sobre los restos de ti mismo. Buscando que el tiempo, el Athletic y la afición vuelvan a convertirte en leyenda. Por eso, en vez de retransmitir otro encuentro, te han elegido. No son tontos. Salvo Real Madrid y Barcelona, somos de los equipos que generan más interés y audiencia. Pero tampoco a estas alturas de la temporada un Athletic-Celta va a provocar que la gente se quede clavada ante la tele. Argumentan que como no estamos en Champions ni en Europa League, nos toca jugar el lunes. De hecho, nos vamos a chupar tres lunes de fútbol nocturno en un mes. Nada que decir del resto. Pero el primero... Ruego a los prácticos que lo razonan todo, que eviten recordarnos que esto es un negocio, que la tele tiene derecho a hacerlo y que para eso pagan. Sepan estos videntes de lo evidente que le hacen eso al Madrid o al Barca y tienen que emigrar a otro país.

Perdónales San Mamés, porque no entienden que nos indigne la decisión. ¡Pero si vamos a dar el partido porque es un gran acontecimiento! Traducido: que debemos estar agradecidos ante tal deferencia, trato y gesto. Perfecto. Entonces no entiendo el poco hueco que ocupó en televisión el adiós al viejo San Mamés. Y en Cuatro, Telecinco y TVE ni tan mal. Porque lo de Antena 3 es para hacérselo mirar. Ni un segundo. Nada. Manu Sánchez prefería dedicar los minutos a hablar de si Mourinho tenía tos. Lo de Iribar y los capitanes saltando al campo, la gente emocionada y el arco entre fuegos artificiales le importó lo mismo que un partido de petanca en un hogar de jubilados. Y no es la primera vez que esta cadena nos obvia. Qué diría si viviera el padre de Matías Prats, al ver que ese equipo, que no era el suyo pero sí de su amigo Zarra, es ninguneado de esa manera. Porque no pedimos imposibles. Ni siquiera más eco. El justo y necesario para un hecho como que se cierre el único campo en el que se han jugado todas las temporadas de la Liga Española. Esa que llaman 'de las estrellas' y con razón. Porque solo hay un puñado. Y están en dos equipos. El resto somos asteroides. De hecho, no tenemos ni nombre. Me gustaría conocer a la brillante mente culpable de que se anunciara este partido en Cuatro como 'Bilbao-Celta'. Por abrazarle, más que nada.

Perdónales San Mamés a los de la LFP, por ceder ante los deseos de la tele. Porque de haber puesto el partido el sábado o el domingo, hubiese sido una fiesta. Con oportunidad para que las peñas puedan desplazarse, los socios que viven fuera acercarse y, sobre todo, los niños y niñas asistir en un horario más humano. No olvidemos que son los futuros clientes de este negocio que llaman fútbol. Pero explica tú eso a los cortoplacistas directivos de la Liga y de la tele. Hasta el viernes hubiese sido mejor opción. Menos 'rating', pero tampoco muy diferente.

Y sobre todo, perdónanos San Mamés. La culpa es nuestra. No es que hayamos vendido el alma al diablo. Eso puede tener hasta su gracia. Lo peor es que no era nuestra. Sino de las generaciones que vendrán. Nos pagaron cifras indecentes y ahora toca quitarse la ropa y poner la cama. Aunque esté sin terminar y falte un lado. Ya se que eso no te importa. Tú lo aguantas todo. Sabes que somos imperfectos. Por eso no te enfadaste cuando te giramos 180 grados. Ni cuando te derribamos. Ni cuando renaces ahora y te falta un pedazo. Porque sabes que es el precio de la modernidad. Pero que tu bautizo sea en lunes y entre tinieblas es como para negarnos la entrada a todos. No lo merecemos. Hemos colaborado en la transformación de un deporte que daba espectáculo, en un espectáculo que utiliza el deporte. Ya todo vale. Ahora es el fútbol. Espera que sigan con el resto. Este año la Nochevieja pasa del 31 martes al 30 lunes. Así perfecto. Partido de fútbol y luego uvas y campanadas. Pedazo de audiencia. Por cierto, me encanta el fútbol. Pero yo los lunes, a las 11 como muy tarde, apago la tele y me voy a la cama.Si es que te quitan hasta la afición. Por eso, perdónales San Mamés, porque yo no les voy a perdonar jamás.