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viernes, 6 de agosto de 2010

José Ángel Iribar

Cualquiera que bucee en la Historia del Athletic verá que la figura del Txopo es alargada, densa, exitosa. En efecto. José Ángel Iribar Kortajarena (Zarautz 1943) tenía 19 años cuando fichó por el equipo que entonces ubicaba sus oficinas en la calle Bertendona. El Baskonia de Basauri recibió un millón de pesetas por el traspaso, hoy en día poca cosa, pero en 1962 sí constituía una suma importante en el fútbol.

Comenzaba de ese modo su vinculación deportiva con el Club de los "Leones" de San Mamés, la que como jugador profesional en activo se prolongaría hasta concluir la temporada 1979-80. Tras de sí ha dejado una huella imborrable como portero y una lista de hazañas que aún muchos recuerdan. Todo ha quedado plasmado en escritos e imágenes de una época inolvidable. Es sin duda, el portero al que todos los jóvenes guardametas que pasan por Lezama admiran y desean superar.


Originario de Zarautz comenzó a jugar al fútbol en la playa y se le bautizó con el mote de "El Txopo", por su estilo bajo palos y su inconfundible figura.

Curiosamente cuando jugaba en el Zarautz juvenil, los "ojeadores" de la Real Sociedad acudieron a verle. Era una oportunidad única para Iribar de dar un gran paso en su carrera, pero al bueno de "El Txopo" le pudo la presión. Jugó muy nervioso y la Real, afortunadamente para los aficionados del Athlétic desestimó su fichaje y él, descorazonado, recordó después que "en aquel momento, me ví más tornero que nunca", puesto que tenía la sensación de haber dejado pasar el gran tren de su vida. Algo que como todos sabemos no fue así.

Tras su paso por el Zarautz ingresó en las filas del Baskonia donde no tardo en llamar la atención de varios equipos de Primera División. El legendario Gaínza se había hecho con sus derechos y tanto Valencia como Zaragoza estaban interesados en hacerse con sus servicios, pero su padre le aconsejó que firmara por el Athlétic. El conjunto vasco pagó por él un millón de pesetas en 1962. ¡Una cifra récord para la época!

Parada de José Ángel Iribar entrenando en Lezama

Llegó al Athlétic con la difícil misión de sustituir al querido y legendario Carmelo Cedrún, pero en su primera oportunidad "El Txopo" dejó constancia de que la cantera vasca es la mejor cantera de guardametas y puso el listón muy alto, a la altura de los míticos guardametas de la historia del fútbol. Su debut con la zamarra del Athlétic se produjo el 23 de Septiembre de 1962 en Málaga. Su primer partido en San Mamés fue el 30 de Septiembre del mismo año contra el Elche.

Aparte del histórico triunfo con España en 1964 al ganar la Eurocopa, en la historia de toda leyenda del deporte siempre hay una fecha clave. Titular indiscutible en su club y en la selección. La actuación memorable que abre las puertas de la inmortalidad para Iribar fue el 29 de mayo de 1966. Aquella tarde la historia cambió, el Athletic se jugaba el título de Copa ante el Real Zaragoza en el Santiago Bernabéu. El conjunto vasco llegaba a la cita diezmado por las lesiones, lo que obligó al técnico "Piru" Gainza a improvisar un once inédito. Enfrente, estaba el Zaragoza y todo apuntaba a que vapulearían a los leones, pero la lógica no contó con el factor Iribar. Los Maños se pasaron los 90 minutos bombardeando la portería defendida por el de Zarautz. El público del Bernabéu presenció un recital de paradas de lo más variado. Iribar volaba entre los tres palos convirtiéndose en un muro casi infranqueable. El Zaragoza se llevó el título al imponerse a su rival por 2-0, pero mientras los maños daban la vuelta con el trofeo... ¡Iribar salía a hombros del estadio madrileño! y fue aquí donde acuño el famoso canto de: ¡Iribar, Iribar es cojonudo, como Iribar no hay ninguno!

Iribar se caracterizaba por emplear una indumentaria muy peculiar de color negro, en honor a su ídolo la legendaria "Araña negra" Yashine, maravilloso portero Ruso. Por su semblanza que siempre transmitía serenidad, su imponente altura, grandes habilidades y peculiar vestimenta Iribar rapidamente se convirtió en un ícono de las masas dentro y fuera de Euskadi.

En la temporada 1969-1970 se convirtió en el portero menos goleado de la Liga española y recibió el Trofeo Zamora al recibir tan solo 19 goles en 29 partidos disputados. En su carrera guarda un lugar de privilegio tres momentos con la camiseta del Athlétic, las 2 Copas conquistadas, en 1969, ante el Elche, y la otra en 1973, cuando el Athlétic se impuso al Castellón. El tercer momento es el de la temporada 1976-1977, cuando el Athlétic realizó un extraordinario torneo en Copa UEFA, perdiendo la final ante la Juventus de Turín. En esa misma temporada el Athlétic llegó también a la final de Copa, en la que cayó ante el Betis en la tanda de penaltis donde Iribar y Esnaola se batieron en un duelo épico que termino perdiendo "El Txopo" en muerte súbita. Por estas fechas Iribar llegaba a su partido 49 jugando con la Selección Española todo un récord en su tiempo, superando a la leyenda de Zamora.

Iribar siempre permaneció fiel al Athletic y tiene la increible marca de vestir la camisa zurigorri en 614 partidos oficiales. ¡Récord que parece inalcanzable hoy en día!

Otra fecha histórica para el guardameta Gipuzkuano fue el 5 de Diciembre de 1976. El Athletic visitaba a la Real Sociedad y los capitanes de ambos equipos, Iribar y Kortabarria respectivamente, salieron al campo de Atotxa sosteniendo la Ikurriña aún ilegalizada por el Franquismo. Probablemente, el derby mas emotivo del que se tenga memoria para el pueblo de Euskal Herria.

A finales de la década de los 70´s cuando la Euskal Selekzioa volvió a la actividad futbolística con jugadores como Villar, Dani, Rojo, Zamora, Satrustegi, Kortabarria, Alexanco, Escalza y Arkonada el capitán del equipo no era nada más y nadie menos que el "Txopo".

Con el paso de los años, Iribar fue el primero que se daba cuenta del peso que debería soportar su próximo sustituto, fuese quien fuese. Por lo que "El Txopo" prefirió pasar su última temporada en activo como suplente. Helmut Senekowistch, técnico de los leones, aseguró que "Iribar es el mejor portero que tengo en la plantilla", pero "el Txopo" había decidido prestarle su último servicio al Athletic como jugador, preparando su sucesión.

Iribar en el homenaje que tuvo lugar en San Mamés
Después de su retirada, pasó a engrosar el cuerpo técnico del club vizcaíno. Ascendió el Athletic B a Segunda A y se hizo cargo del primer equipo en la temporada 1986-1987 (la temporada que se tuvo que jugar el play-off del descenso). Iribar desde el banquillo demostró, como ya había hecho sobre el césped, sus conocimientos, su calidad humana y su amor por los colores del Athletic. Hoy en día es el entrenador de la Euskal Selekzioa y representante diplómatico del Athletic en cualquier evento en el que le requira el club.

Fue internacional con la Selección de fútbol de España en 49 ocasiones. Su debut como internacional fue el 8 de abril de 1964 en el partido Irlanda 0-2 España. Su último partido internacional fue el 24 de abril de 1976 contra Alemania Federal, con el resultado de 1-1. Fue el portero titular en la Eurocopa de 1964, donde España se coronó campeona.

Con la Selección española disputó la Copa Mundial de Fútbol de Inglaterra de 1966 jugando tres partidos contra Argentina, Suiza y Alemania Federal.


Informe Robinson: José Ángel Iribar




TRAYECTORIA y PALMARES

Athletic Club - 1963 - 1980 (Jugador)

Categorías inferiores del Athletic Club de Bilbao (Entrenador) 1980 - 1982
Bilbao Athletic - (Entrenador) 1982 - 1986
Athletic Club - (Entrenador) 1986 - 1987
Selección de fútbol de Euskadi - (Seleccionador) 1999 - actualidad

Internacionales: 1 Eurocopa 1964.

Nacionales: 2 Copas del Rey (Como jugador, Athletic 1969 y 1973)
Subcampeón de la Copa de la UEFA (Como jugador, Athletic temporada 76-77).

Individuales: 1 Trofeo Zamora (Athletic Club, temporada 69-70).

(Fuente: futbol-tactico.es y Crónica del Athletic de Bilbao 1994 - 1995)

viernes, 4 de junio de 2010

Ser del Athletic

Artículo publicado en el número 7 de la revista Athletic Club
(Octubre 2006)

Ramón García, presentador de tv

No recuerdo qué día empecé a ser del Athletic. Para un niño de Bilbao es como respirar. Viene de serie. Nacer y ser, es todo uno. Para quienes vivimos fuera se nos lena la boca al decir que somos peregrinos de San Mamés

Ramón García, Athletictzale de pro
Lo cierto es que mis visitas a la Catedral fueron escasas en mis primeros años de vida. Las discotecas de mis padres en Sodupe ocupaban mis sábados y domingos. Mientras los leones metían goles a pares en la portería de la Misericordia yo veía nacer parejas a ritmo de 'funky'. Eso sí, hasta los que se achuchaban en 'lo oscuro' interrumpían sus exploraciones para escuchar la última hora rojiblanca. Ramontxu era el encargado de comunicar, micrófono en mano, los goles en tiempo real. Quién me iba a decir que ése sería, con los años, mi oficio. Me he pasado la vida comunicando. Contando cosas. Y creo que no se me da mal.

Pero, con todo, soy incapaz de explicar qué es ser del Athletic. Es algo visceral. Quizá por eso somos únicos. Cada vez que hay una temporada mala surgen voces que piden un cambio de filosofía. Toda opinión es digna de respeto y de estudio. Pero lo único que nos queda es nuestro rasgo singular. Elegir un camino significa renunciar a otros. Y a veces, por buscar el éxito del vecino, acabas cayendo en la mediocridad. Ser uno más no va con nuestro espíritu. Otros tendrán más copas en sus vitrinas, pero las nuestras saben a gloria.

Ver un partido del Atheltic a cientos de kilómetros de distancia es una experiencia que recomiendo. Se sufre. No lo puedo negar. Pero uno puede disfrutar escuchando a los comentaristas de la tele o a los seguidores de otros clubes. Les impresionamos. El campo, la filosofía y sobre todo, nuestra afición. La pasada temporada entró a formar parte de la historia del Club. Por lo que padecimos, pero también por lo que demostramos. Jamás una afición había protagonizado una unidad y compromiso iguales. Seguidores del Atlético de Madrid me confesaban que ellos no supieron hacerlo aquel año negro en que bajaron a Segunda.

En casa somos socios mi mujer, mi hija y yo. Acudo a La Catedral siempre que puedo. Menos de lo que quisiera. Pero me complace saber que la pareja más guapa de Bilbao disfruta de mis localidades. Mis padres. Para ellos la cita es un motivo de fiesta.

Esperemos que este año, en la segunda vuelta, haya más cohetes y serpentinas que petardos. Ser del Athletic es creer en un equipo que no sólo mida la grandeza por los títulos. Que, de manera cíclica, ofrezca unos años buenos tras un tiempo (filosofía obliga) en barbecho. Un equipo que venza menos, pero gane más. Como dice un amigo mío, el Athletic es el único equipo que nos recuerda que el fútbol, alguna vez, fue romántico.

jueves, 3 de junio de 2010

Athletic-Real, la rivalidad histórica

(Artículo publicado por Manuel Montero en el diario El Correo, 10 de junio de 2001)

Las tensiones futbolísticas entre bilbaínos y donostiarras tienen décadas de antigüedad. La pugna entre ambos equipos desembocó en hostilidad abierta con los graves incidentes de 1918

"Atentado en Atocha. Los jugadores bilbaínos son bárbaramente agredidos. Un niño gravísimo de una pedrada. Se había consiguido el empate a dos 'goals' y el Athletic tenía arrollada a la Real". Fue en febrero de 1918 y lo sucedido resultó crucial en el enconamiento de la rivalidad futbolística bilbaíno-donostiarra.

Nunca se habían producido incidentes tan graves. Bastan retazos de la crónica bilbaína del partido. "En manada (los donostiarras) cayeron todos sobre Belauste; alrededor de él centenares de personas le golpeaban sin cesar. Y los bárbaros agresores se lanzaban con sus bastones sobre todo jugador bilbaíno que encontraban". "Aquello fue espantoso". "La sangre de ese niño donostiarra caerá siempre sobre los bárbaros agresores del equipo bilbaíno". "Ni la directiva ni los jugadores realistas dieron ninguna satisfacción a los bilbaínos. Que no se olvide".

Real Sociedad-Athletic Club, derby en Atotxa 1977
Resulta sorprendente. Veinticinco años antes el fútbol era desconocido y en 1918 suscitaba ya pasiones desaforadas. La irrupción del deporte fue un componente básico en los cambios de comienzos del siglo XX.

Identificación y deporte

En la naciente sociedad de masas arraigó con fuerza el deporte como espectáculo. El fútbol se convirtió en elemento de identificación local. Hacia 1890 en Bilbao había movilizaciones -varios miles de personas- para recibir a la Coral, cuando triunfaba en algún certamen musical. En 1910 era ya el Athletic el que provocaba tales conmociones.

El fútbol canalizó -o agudizó- las rivalidades locales. Las tensiones fubolísticas entre bilbaínos y donostiarras estallaban ya en 1909. El "Ciclista de San Sebastián" se había proclamado campeón de España y, después, se concertaron dos partidos "amistosos" entre el Athletic y el equipo guipuzcoano. En lamiako el resultado fue contundente: 8-0; y en bilbao estalló la satisfacción, por lo de golear al campeón. En el partido de vuelta el Athletic volvió a ganar, 0-3. Hubo ya problemas, porque, ante la indignación bilbaína -hilaban muy fino-, el público donostiarra protestó un "'penalty'" que consideró injusto.

El 6 de junio se repitió el "amistoso". Ganaron los guipuzcoanos y la prensa bilbaína estuvo quisquillosa. Algún cronista se indignó porque los donostiarras practicaban el "censurable sistema" de dejar en fuera de juego -"'offside'"- a los delanteros bilbaínos, táctica que les pareció prueba irrefutable de las malas artes donostiarras. En Bilbao había mal perder.

En 1913 se inauguró San Mamés y tres años después, en el nuevo estadio, estalló la rivalidad entre Athletic y Real Sociedad. Es difícil averiguar qué sucedió, pues la pasión cegaba a los cronistas. Según la prensa bilbaína el público fue muy correcto, pese a que la real, para evitar incidentes, había pedido que no hubiese gente tras las porterías.

En San Sebastián la versión era totalmente diferente: "Nunca hubiéramos creído -relataba un periódico donostiarra, algo faltón- que en el pecho bilbaíno residieran gérmenes tan bajos como los exteriorizados en San Mamés. Ni hubiéramos pensado que cual borregos cumplieran las sandeces ruines y venenosas que unos cuantos zulús les han expuesto". Por si fuera poco, acababa hablando de "el lodazal denominado por campo de San Mamés".

Empatados

Así las cosas, no ha de extrañar lo que ocurrió unas semanas después, en marzo de 1916. Terminó el campeonato regional con el Athletic y la Real empatados. Tenía que jugarse un partido para dilucidar el título. Se armó un lío de cuidado. La Real propuso jugar en Logroño, como sitio neutral. El Athletic se opuso, alegando que aquel campo no reunía condiciones. Propuso dos partidos, en Bilbao y San Sebastián.

La Real no aceptó. El Athletic se mantuvo en sus trece, argumentando que si jugaban en Logroño irían cientos de aficionados de ambos equipos y los incidentes serían seguros. Se reclámó la intervención del Gobernador Civil, "ya que no se podían encontrar en Vizcaya y en Guipúzcoa un campo neutral para evitar un día de luto".

La Federación Norte eligió, por sorteo, el campo de Irún. El Gobernador Civil de Guipúzcoa prohibió que el partido se celebrase en esa provincia, pues no podía garantizar el orden. La Federación Norte decidió que el partido se jugase en Jolaseta. El Comité Nacional ordenó que no se celebrase. La Federación Norte mantuvo su decisión. La Real no compareció y el Athletic fue proclamado campeón.

Apaleamientos

Por fin, las hostilidades entre el Athletic y la Real estallaron en 1918, en los gravísimos incidentes de Atocha. La violencia se apoderó del campo de fútbol, hubo heridos, apaleamiento de jugadores bilbaínos y pedradas a mansalva. Estaba en juego quién sería el campeón del Norte, que tendría derecho a jugar la Copa.

Siguieron infinidad de reuniones para dilucidar lo sucedido. La Federación Norte, siempre proclive al Athletic, inhabilitó por un año el campo de Atocha. El Comité Nacional, como solía ser frecuente, intervino a favor de la Real. Decidió separar Vizcaya y Guipúzcoa en cuestiones de fútbol, proclamando un campeón por cada provincia.

El Athletic se sintió insultado y se retiró de la Copa. Y, de esta forma, la rivalidad deportiva había desembocado en un franco enfrentamiento, capaz de provocar tensiones, tumultos y violencias. Eran otros tiempos.

Juegan al fútbol

Artículo publicado en el número 17 de la revista Athletic Club
(Junio 2008)

Forges, dibujante

Por mucho que nos empeñemos en disquisiciones teórico-filosóficas, sólo hay una forma Athletic de jugar al fútbol. Y, añado: parece que desde Fernando Daucik (Carmelo, Orue, Garay, Canito, Mauri, Maguregui, Arteche, Markaida, Arieta, Merodio y Gainza ¿recuerdan?) sólo ha habido un entrenador que lo ha descubierto: Caparrós. No conozco de nada a este caballero del banquillo, me parece, pero indudablemente, cuando se le ve deambular en su 'zona banquillar', con su gesto profesoral, es incomprensible que no lo entiendan; si es la sencillez más elemental: JUGAR AL FÚTBOL.

Viñeta de Forges con motivo de la final de Copa de 2009
Tan simple y tan complicado. Los sucesivos entrenadores del Athletic, todos, o casi todos, desconocen algo tan elemental: el Athletic, (el 'Bilbao' de los sevillanos, madrileños, catalanes, murcianos, extremeños, asturianos, valencianos, etc.) JUEGA AL FÚTBOL.

Por eso se llenan los estadios cuando el Athletic (el 'Bilbao') aparece. Es decir; en los ancestrales íberos peninsulares está escrito ese gen-reflejo 'mental':

Los de la 'cueva' de Lezama JUEGAN al fútbol.

Por eso me duele mucho que gente a la que quiero y respeto, como Clemente, al que además conozco y admiro, no haya reparado en algo tan simple y sencillo: el patadón y p'alante no es del Athletic, En absoluto. Eso no es fútbol.

Cuando la gente de un campo, San Mamés, es capaz de aplaudir un gol del madridista Raúl, que coloca al equipo, a su Athletic, en posición de descenso a 2ª (creo que fue en la temporada de 2006/2007), hay algo que no 'cuadra' en los cutres parámetros del fútbol europeo de hoy.

Caparrós lo sabe, estoy seguro. Que gane el Athletic está bien, muy bien, pero no importa perder si se ha JUGADO AL FÚTBOL.

No lo olvidemos, así los dioses del balompié estarán siempre de nuestro lado, no sólo por San Mamés, que chufla lo suyo en el Olimpo futbolístico, sino porque cuando un equipo JUEGA AL FÚTBOL los dioses son capaces hasta de montar, de urdir, un penalti donde no lo hay. Y Caparrós lo sabe.

Es decir: NI TOCAR A CAPARRÓS, no sé si queda claro; dejémosle un par de años...

O más ¿por qué no?

Zarra hubiera dicho esto, estoy seguro.

Y como final: abrazos fuertes a todos los del Athletic (es decir, los del 'Bilbao', para los mesetarios y aledaños, ya digo), os envía Forges.

martes, 1 de junio de 2010

Piru Gainza, El Gamo de Dublín (III y fin)

Una larga carrera

Es indudable que la trayectoria de Gainza simboliza como nadie la devoción a unos colores. Sus demostraciones de fidelidad al Athletic quedaron patentes al rechazar en los primeros años 50 una magnífica oferta que le hizo llegar el Bangu brasileño. Ya en 1957, el Club de los "leones" le pidió que retrasara su retirada del fútbol activo ante la alarmante ausencia de un sustituto de cierta garantía. Nadie quería ver huérfano de calidad el número 11 rojiblanco.

Capitán indiscutible del Athletic y del equipo español, Piru era agasajado y admirado allá por donde iba. En los prolegómenos de un partido internacional disputado en 1953 ante Suecia y en San Mamés, se le impuso la Medalla de Oro al Mérito Deportivo, siempre en atención a su brillante historial.

Bien rebasada la treintena, el de Basauri seguía en forma. Al paso de los años irían llegando más títulos a las vitrinas del Athletic. Se ganó la Liga 1955-56, sacando sólo un punto de ventaja al F.C. Barcelona, pero hasta diez al Real Madrid. Retirados ya Lezama, Iriondo, Panizo, Bertol, Zarra, Bala Negra, etc., Piru seguía al frente de la nave rojiblanca al controlar con destreza el timón.

El Athletic volvía a ser temible con nuevos jugadores de la talla de Carmelo, Artetxe, Arieta I, Garay, Azkarate, Mauri, Maguregui, etc., y con el checo Daucik dirigiendo al equipo. Eran los hombres encargados de ganar 2-0, contra todo pronóstico, al Real Madrid en el estadio Santiago Bernabéu durante la vibrante Final de la Copa de 1958.

Los blancos ya tenían nacionalizados a Rial, Santamaría y Di Stéfano (pues en la Copa no podían jugar extranjeros), y el Real Madrid se presentaba exhibiendo su vitola de campeón de Liga y de la Copa de Europa.

Se decía en la capital de España que "el mejor equipo del mundo" no iba a dar opción a "once aldeanos". Pero he aquí que el Athletic rompió con todos los pronósticos en un memorable partido. Los rojiblancos ganaron a base de furia y corazón a los altivos "merengues", con goles de Eneko Arieta y Mauri en el primer tiempo.

Piru, el gran capitán hasta su adiós definitivo a la práctica del fútbol, fue el encargado de recoger la Copa de manos de Francisco Franco ante los estupefactos seguidores del Real Madrid, considerado el equipo del régimen autoritario que entonces mandaba. Para la posteridad ha quedado esa fotografía en que está elevado por sus compañeros y con el trofeo en alto.

Piru con la Copa de 1958

Su etapa de entrenador

Agustín Gainza pudo seguir como jugador una temporada más. En junio de 1959 la Junta Directiva del Athletic le comunicaba la baja definitiva por expiración de contrato. Aún se sentía con fuerzas y moral para continuar un par de años más, pero luego comprendió que el relevo generacional ya era necesario, totalmente inevitable cuando acababa de cumplir 37 años.

Todavia jugador en activo, Piru había recibido el 1 de mayo de 1958 un merecido homenaje por parte de la afición de San mamés. Se hizo venir para la ocasión al West Bromwich Albion, un equipo de primera fila al contar con varios internacionales en sus filas.

Haciendo un balance de sus actuaciones en el Campeonato Nacional de Liga, hay que señalizar que Agustín Gainza participó en un total de 381 encuentros oficiales de ese torneo de la regularidad. Hasta ahora sólo está superado por Iribar, Etxeberria, Rojo I, Orue y Larrazabal.

Siendo el fútbol su pasión, Piru no podía vivir al margen de su equipo de toda la vida. Volvió como entrenador, en la temporada 1965-66. De entrada, daría gradualmente oportunidades a los juveniles, "cachorros" que como Txetxu Rojo, Lavín o Javier Clemente venían empujando al formar una nueva camada. En esa temporada el técnico de Basauri presentó en San Mamés y ante el Real Madrid, una innovación que a Miguel Muñoz, el entrenador blanco, el enfadó muchisimo: la manguera para regar el campo.

Piru Gainza también ejerció como entrenador del Athletic
El Athletic resurgía poco a poco de sus cenizas al afrontar un drástico cambio generacional por década, pero en la Copa se topó en el partido más decisivo el último, con el potente Real Zaragoza de los denominados "cinco magníficos". La derrota llegó clara, a pesar que Iribar hizo un extraordinario partido bajo los palos. La siguiente final se perdió también, ahora contra el Valencia. Esas derrotas de 1966 y 1967, respectivamente, dejaron abierto el camino a un triste récord en la historia del Athletic, con ni más ni menos que diez años sin ganar un título.

La temporada 1968-69 puso a los rojiblancos incluso al borde del precipicio en la competición liguera, sobre todo al perder 5-1 en Valencia y entrar de lleno en puestos de descenso. Piru se vió obligado a dejar su puesto de entrenador a un antiguo "león" y compañero de mejores tiempos, Rafa Iriondo; y éste a su vez, daría paso pronto a un manager británico llamado Ronnie Allen.

El alma de Lezama

La labor desarrollada por Agustín Gainza como ojeador dio un espectacular fruto con la contratación de un portero nacido en Zarauz, alguien que era capaz de sacar con la mano a 40 metros e iniciar el rápido contraataque. Se trataba de José Angel Iribar, quien fichó por el Baskonia de Basauri por expresa recomendación de Gainza.
Después, todo iría rodado para el Athletic al hacerse con los servicios de un guardameta que fue el héroe de la eliminación del Atlético de Madrid en la Copa, jugando en un modesto equipo de la Segunda División.

Piru Gainza fue la mano derecha de Javi Clemente cuando éste último se hizo cargo del banquillo rojiblanco (Piru y Clemente celebrando el Título de Liga de 1983)
Con la llegada de los años 70, Piru seguiría vinculado al Club de sus éxitos como jugador al desarrollar una incansable labor de ojeador de nuevas figuras. La inauguración de las instalaciones de Lezama facilitó este trabajo de "criba", descubriendo pronto un chaval con magnífica técnica: Manolo Sarabia. Así, hasta su jubilación, Gainza se convirtió en el alma de Lezama.

Basauri tributó un emocionado homenaje póstumo al mítico extremo izquierdo fallecido, victima de un infarto, el 6 de enero de 1995. El acto se desarrolló en dos días: 3 y 4 de junio, dentro del Memorial Cote Gainza, bajo la organización del Club Deportivo Basauri-Bea. Se quiso premiar con carácter extraordinario al mejor jugador de la historia de Basauri y a una de las leyendas del Athletic Club.

(Fuente: Crónica del Athletic de Bilbao 1994 - 1995)

viernes, 28 de mayo de 2010

Piru Gainza, El Gamo de Dublín (II)

Doblete en 1943

Superados los problemas físicos derivados de su grave lesión, Piru afrontó con renovados bríos la temporada 1942-43, la que sería ya definitiva para su consagración como figura del fútbol. El Athletic se proclamó campeón de Liga con cierta autoridad, sacando tres puntos de ventaja al Sevilla y cuatro al F.C. Barcelona.

El equipo de San Mamés ganó 26 encuentros, empató cuatro y perdió seis. Hubo sonoras goleadas, tal como el 8-1 al Oviedo en La Catedral, o el 5-2 al Barça y el 5-0 al Sevilla. Por contra, en la Final copera sólo se doblegó por 1-0 al R. Madrid. Aparte de ese historico doblete, Piru Gainza vivió la alegría de seis Copas más en 1944, 45, 50, 55, 56 y 58, hasta totalizar así siete en su brillante palmarés, todo un récord personal.

Piru Gainza, el Gamo de Dublín
De su faceta como goleador en el torneo de la regularidad hay que valorar sus 119 tantos, lo que le coloca en el quinto lugar dentro de la tabla de los mejores del Athletic de toda la historia, sólo por detras de Zarra, Dani, Arieta y Panizo. Aparte de la Liga, que disputó en diecinueve ocasiones, cabe resaltar lo de los ocho goles en un partido, dentro de la eliminatoria copera de 1947, que le endosó al Celta de Vigo en una memorable tarde de mayo, el día 18.

La final de Copa contra el Valencia (1945) en el viejo estadio de Montjuich (Barcelona) guarda una curiosa anecdota. Vascos y Levantinos estaban empatados a dos tantos a falta sólo de tres minutos para oír el pitido final del tiempo reglamentario. De repente, Piru fue capaz de poner al alcance de Iriondo un increíble balón, lo que, al menos en apariencia, parecia un prodigioso pase.

Era la jugada decisiva que otorgaba al Athletic su tercer título copero consecutivo en el primer lustro de los años 40. Aunque todo el mundo se quedó literalmente boquiabierto por esa exhibición de técnica, por semejante visión de juego, el propio basauritarra confesaría más tarde, en un rasgo de sinceridad que le honra, que todo fue producto de la suerte. Piru no se cortó al admitir que su objetivo era ese día chutar a puerta, y, por contra, le salió una involuntaria cesión a un compañero muy bien colocado.

"El Gamo de Dublín"

Como era de esperar, Piru iba para internacional absoluto. Sería seleccionado por un gran deportista barakaldés: Jacinto Quincoces (ex jugador del Alavés y del Real Madrid, campeón de Liga y Copa con este último equipo), que ya había vestido en 25 ocasiones la camiseta nacional como jugador.

Piru Gainza con la zamarra de la selección española
Para el partido contra Portugal, amistoso, en el recién estrenado Estadio Nacional de Lisboa (11 de marzo de 1945), también fueron llamados del Athletic tres jugadores más: Zarra, Panizo e Iriondo, aunque sólo el primero acompañó en esta ocasión a Piru. Casualmente, el de Mungia y el de Basauri coincidieron en su condición de debutantes, formando a partir de ese día una explosiva pareja en el combiando estatal.

Agustín Gainza era el mejor relevo posible del legendario Bala Roja, y entregaría el simbólico testigo al tercero de los más grandes extremos zurdos que ha visto el Estado Español: Francisco Gento, cuando el cántabro ya estaba en las filas del Real Madrid. Piru jugó en 33 de las 36 ocasiones posibles en la selección española, desde 1945 a 1955, con el Mundial de Brasil como uno de los recuerdos más gratos.

Para la posteridad ha quedado el 2 de marzo de 1947 como el mejor partido internacional del basauritarra que ahora nos ocupa, y éso que los anfitriones ganaron por 3-2 este choque de carácter amistoso. Tanto irlandeses como españoles hablaron de la calidad mostrada por el chico de Basauri, convertido en auténtico líder del combiando hispano. Así las cosas, un cronista lo bautizó como "El Gamo de Dublín", y en verdad que no pudo ofrecer a sus lectores un apelativo más certero. Era la coletilla que le acompañaría de por vida.

(Fuente: Crónica del Athletic de Bilbao 1994 - 1995)

martes, 25 de mayo de 2010

Piru Gainza, El Gamo de Dublín (I)

Agustín Gainza Bikandi nació en la localidad vizcaina de Basauri (barrio de Pozokoetxe), el 28 de mayo de 1922. Fue el segundo de cinco hermanos. Dos de sus hermanos hicieron sus pinitos en el mundo del fútbol, es mas, su hermano Miguel perteneció al Athletic durante ocho temporadas.

Piru Gainza
Resulta curioso recordar ahora que Agustín sentía mucha más inclinación hacia la pelota vasca que por el balompié. Bajo la influencia de su hermano mayor, Miguel, comenzó a dar patadas al balón, aunque, todo hay que decirlo, sin demasiado entusiasmo. Así las cosas, se iniciaría incluso como guardameta, y de ahí precisamente surgió el apodo por el que será conocido de por vida. Es que Piru era en realidad el portero titular del Baskonia, y el jovencito Agustín heredó ese nombre gracias a sus espectaculares paradas cuando estaba en el equipo San Fausto, con el que jugó su primer partido oficial en 1937.

Por aquella época, el Athletic se encontraba realmente en cuadro como consecuencia de la Guerra Civil, con la mitad de la plantilla exiliada en el extranjero (por haber participado en la selección de Euskadi) y la otra parte movilizada por el régimen del general Franco. Se buscó una salida de urgencia para rehacer en lo posible las diezmadas filas rojiblancas, y para ello nada mejor que montar un torneo para encontrar nuevos jugadores. Agustín Gainza acudiría en las filas de otro equipo de Basauri: el Porrón, pero se desanimó bastante al caer con sus compañeros en la primera eliminatoria.

Lo cierto es que el fútbol seguía sin divertirle aún lo suficiente, y su padre, empleado de la Basconia, consiguió su entrada en la fábrica donde prestaba sus servicios, aunque la dureza de ese trabajo apenas dejaba tiempo libre para la práctica deportiva. No obstante, su hermano Miguel, que conocía las cualidades del nuevo extremo basauritarra, le animaba de forma constante a no desfallecer en la idea de dedicar un día toda la actividad al balompíe y a fe que no se equivocó.

Suplente de Gorostiza

Luego de varios intentos por parte del primer club del fúbol vizcaino, "Piru" Gainza se decidiria por los colores rojiblancos. Con sólo 17 años acabó firmando un contrato de aficionado con el Bilbao A.C., entonces filial del Athletic, sobre todo con la promesa de que se iba a gestionar el traslado de su hermano Miguel al Botxo, pues éste cumplía con sus obligaciones militare en Valencia. Poco tiempo después, Piru ya tenía entre sus manos un nuevo acuerdo escrito, ahora como profesional, lo que le permitió el salto al primer equipo.

El camino hacia el éxito se le antojaba dificilísimo, casi imposible, pues empezó como suplente de uno de sus ídolos: Guillermo Gorostiza, Bala Roja, un sobrenombre que venía otorgado al poseedor de una prodigiosa rapidez por la banda izquierda. Por si ello fuera poco, hacía gala de una escalofriante potencia de tiro.

Piru Gainza recogiendo un titulo como capitan rojiblanco
Indudablenente, un jugador de la categoría de Bala Roja cerraba el paso a cualquier figura en ciernes. No obstante, la diosa fortuna se alió con Piru Gainza al marcharse el de Santurtzi al Valencia, quedando así vacante le puesto dejado por quien fue máximo goleador en dos temporadas: 1929-30 y 1930-31, con 20 y 12 goles, respectivamente, en competiciones con menos equipos que ahora.

De esa forma, la campaña liguera 1940-41 dejó abiertas de par en par las puertas del éxito al aspirante de 18 años. Con su hermano Miguel ya asentado en la primera plantilla rojiblanca, el basauritarra llamado a las mayores glorias futbolisticas adquiriría muy pronto en propiedad el puesto de extremo izquierdo.

El resurgir del Athletic

El debut de Piru Gainza con los "leones" se produjo en el campo del Hércules (Alicante), donde se perdió 1-0. Su presentación oficial en San Mamés resultó un fiasco, al recibir del Athletic de Aviación un severo correctivo. Nada hacía presagiar entonces una carrera de triunfos en el joven jugador basauritarra.

Encima, la suerte le volvió la espalda en el partido de vuelta jugado en el estadio de Vallecas contra el mismo equipo madrileño. Es que ese Día de Reyes de 1941 una durísima entrada de Mesa le fracturó la pierna izquierda. Resultado de esa acción antirreglamentaria: seis meses de convalecencia. A pesar de esta desgracia, el Athletic quedaría segundo en la Liga, justo detrás de su doble verdugo: el Athletic de Aviación, hoy Atlético de Madrid.

El capítulo más amargo en la vida de un deportista son las lesiones, y Piru, obviamente, no sería ajeno a ellas. Sufrió percances físicos de diversa consideración a lo largo de su dilatada carrera futbolística en la élite, pero sólo dos de ellas serían importantes. Una ya la hemos reseñado, y la otra, llegaría en 1947 por culpa de un defensa del Vasco de Gama en el Trofeo Teresa Herrera (La Coruña), que terminó con rotura del maléolo.

Los aficionados de "La Catedral" se armaron de paciencia para comprobar lo que podían dar de sí las nuevas incorporaciones de "leones", sobre todo con la amargura que supuso el séptimo puesto alcanzado en la Liga 1941-42. Pero se estaba formando un poderoso equipo con la llegada de los Panizo, Iriondo, Lezama, Nando, Zarra, Bilbao, etc.

Este último, mucho más recordado por el apelativo de Bala Negra, se convirtió en el auténtico comodín de una delantera de lujo, al ser capaz de jugar en los dos extremos y, llegado el caso, hasta de interior. Piru le cerró el paso a la titularidad en la banda izquierda, pues el de Basauri era un superclase, un intocable para el entrenador si no mediaban lesiones.

(Fuente: Crónica del Athletic de Bilbao 1994 - 1995)

jueves, 20 de mayo de 2010

Venancio, la polivalencia del "cañon rojiblanco"

Venancio Pérez García nació en la localidad vizcaina de Sestao el 22 de abril de 1921. Sufrió una dura infancia, ya que su padre falleció cuando solamente contaba con seis años de edad.

Venancio
Este sestaotarra, de la mejor cantera del Athletic de todos los tiempos, ingresó en la fábrica Earle para buscarse un porvenir. En su año de actividad profesional se llegó a cortar la primera falange de su dedo indice, en la mano derecha.

Estamos ante un deportista atípico en sus comienzos. Cuando hizo su período de mili en Vitoria toda su experiencia anterior se podía resumir así: unos cuantos partidillos de amigos en las calles, utilizando alpargatas en lugar de las botas reglamentarias.

Un buen día, para tener derecho al doble rancho y ser rebajado de los sevicios más molestos, Venancio, ni corto ni perezoso, se apuntó a la convocatoria de deportistas voluntarios. De ese modo coincidió con Martín, el mismo que llegaría a ser un fenomenal delantero centro en el F.C. Barcelona, y con el que se enfrentó en más de una ocasión en su época de "león".

Así las cosas, fue el servicio militar quien catapultó al de Sestao hacia el balompié, provocando lo que algunos expertos han definido como una explosión tardía. Pudo fichar por el Erandio en cuanto quedó libre de obligaciones castrenses, en 1944, a los 23 años de edad. Sus progresos eran ya tan meteóricos que por fuerza debía llamr la atención del Athletic Club. Estaba recuperando a marchas forzadas el tiempo perdido para la práctica del llamado deporte rey.

Dotado de una notable polivalencia, Venancio era capaz de jugar en cualquier puesto, excepción hecha del portero, sobre un terreno de juego. Si el entrenador le ponía de interior, le daba exactamente igual actuar en la banda derecha o en la izquierda.

En algunos partidos llegaría a ocupar la posición de delantero centro. Al final de su carrera futbolística hasta actuó de defensa central, por decisión de Fernando Daucik.

Su cesión al Barakaldo resultó de lo más polémica, ciertamente mayor de lo que se podía esperar. La afición de "La Catedral" se encontraba dividida con el sestaotarra que ahora nos ocupa. Estaba el sector que habia sabido apreciar sus goles, y luego el que solía expresar su enojo a base de gritos por los fallos de quien había alcanzado algo tarde la categoría de "león".

Tras un partido contra el Alcoyano, Venancio se reafirmó en la idea de que estaba capacitando para jugar junto a los "Cuatro Mosqueteros", como él mismo solía llamar a Iriondo, Zarra, Panizo y "Piru" Gainza. Así entró a formar parte de la gran historia rojiblanca y de la mítica delantera.

Foto de los Cinco Fantasticos, Venancio es el segundo por la izquierda
Durante sus años de permanencia al Club de los "leones" de San Mamés ganaría cuatro copas en total (las de 1945, 50, 55 y 56) y una liga (1956), el año de su retirada del fútbol activo. A lo largo de este tiempo participó en 167 partidos de liga, en 37 de copa y en 45 encuentros de carácter amistoso.

Su debut con la selección absoluta estatal tuvo lugar en Dublín. Siempre a las órdenes de Pedro Escartín, coincidió en el combinado hispano con hombres de la calidad del azulgrana Kubala.

Señalemos que su consagración como jugador de élite había surgido como un cohete, en el transcurso de la temporada 1948-49. Fue cuando ya definitivamente pasó del Barakaldo al Athletic de jugar en segunda división a primera como "león" y pronto a la internacionalidad absoluta.

Siempre supo compaginar la prática deportiva con su trabajo en Altos Hornos de Vizcaya. Con toda lógica, una vez retirado dedicaría sus energías laborales al negocio del hierro a tenor de la experiencia adquirida en la siderurgia.

Su último contacto con el Club sería ya como miembro de la Junta Directiva en la etapa del presidente Oraá.

Falleció el 28 de noviembre de 1994, en San Sebastián, víctima de una dolorosa enfermedad. Cientos de personas se darían obligada cita al día siguiente en la iglesia parroquial de Las Mercedes del barrio de Las Arenas (Getxo), donde vivía. Zarra, Iriondo y Gainza, los entonces tres supervivientes de la legendaria delantera, mostraron en publico su dolor, una profunda consternación, por el compañero deportivo desaparecido, por el amigo en suma. El Athletic estuvo muy bien representado en las honras fúnebres, con su presidente a la cabeza, José Mª Arrate, los miembros de la Junta Directiva, varios ex-mandatarios rojiblancos, jugadores en activo y diversos miembros del cuerpo técnico.

(Fuente: Crónica del Athletic de Bilbao 1994 - 1995)

miércoles, 19 de mayo de 2010

San Mamés o el santo que da nombre a "La Catedral" del fútbol

El Athletic fijó en 1913 la ubicación de su definitivo campo, tras los titubeantes inicios en dos recintos muy alejados de Bilbao, en Lamiako (Leioa) y en Jolaseta (Getxo), ahora en un terreno colindante con la Santa Casa de Misericordia. En el momento de buscar un nombre, nada pareció más apropiado que el del santo que se venera en la capilla de esa bilbainísima institución benéfica. Así San mamés ha pasado a la historia como "La Catedral" del fútbol, siendo el estadio más antiguo de la Primera División.

A modo de cuento de hadas, debemos conocer la hermosa leyenda que rodea la vida de San Mamés para descubrir su vinculación con el león; pues éste de ha convertido en símbolo de la garra que desde hace más de un siglo ponen los jugadores rojiblancos. La existencia de ese chaval y la de sus padres está envuelta de magia y milagros.

Hemos utilizado como fuentes el boletín quincenal interior de la Santa Casa de Misericordia de Bilbao: "San Mamés" (publicación que un bilbaino de adopción, llamado Emilio Trascasa, conserva intacta como un autentico tesoro) y tres libros fundamentales, a saber: Histoire de Saint Mammés, patron de la Cathedrale de Lagres, de Tomás Bailly; junto a dos obras del mismo titulo: Vida de San Mamés, que firman Miguel Moreno y fray José Moreno.

San Mamés martir
Teodoto y Rufina, un matrimonio joven, rico y piadoso, que vivía en Gangria de Galacia, esperaba con ilusión el nacimiento de su primogénito. El edicto del año 257 de nuestra era del emperador Valeriano prohibía los actos de culto de los cristianos. Los gálatas pasaban por ser de indomable carácter, y a pesar de estar sometidos a los romanos desde siglos atrás, todavía conservaban con altivez su idioma y sus tradiciones.

Así que este inquebantable matrimoni, terco es su fe, fue conducido, encadenado, a Cesárea y sepultado en una infecta mazmorra. Al poco tiempo muere Teodoto y, más tarde, fallece también Rufina al dar a luz a su hijo Mamés.

Por aquel entonces, un ángel desciende del cielo a la rica mansión de una matrona caritativa llamada Amia y le manda adopte al recién nacido como legado celestial. Cuando Mamés cumple 13 años muere su madre adoptiva y el rico chaval no duda en repartir su fortuna entre los pobres de Cesárea. Mamés se dedica luego al pastoreo y a la oración. Unas veces en el desierto y otras en la campiña solitaria, transcurren en paz dos años de su vida.

Más tarde, fue el propio emperador Aureliano quien, a latigazos, trató de arrancar del jovencito la renuncia a Jesucristo; pero el mismo Dios hizo que las piedras lanzadas contra Mamés se retornaran violentas contra sus enemigos. Además, las llamas del fuego destinado al piadoso muchacho se volvieron fatídicas para sus carceleros. La tradición asegura que cuando iba a ser arrojado al fondo del mar, sujeta al cuello una enorme piedra, un ángel del cielo lo trasladó al monte Argeo.

A últimos de agosto del año 275, los soldados dan con el retiro de Mamés en el Argeo. Después, mientras explica los Evangelios, las fieras salvajes van saliendo sigilosa y mansamente de las madrigueras, rodeando incluso a los soldados romanos. Interviene Mamés y les garantiza que nada malo ocurrirá si le dejan libre, y promete presentarse en breve ante Alejandro, el prefecto de Capodocia.

Pero Alejandro dispuso que lo quemaran vivo. Menos mal que el Señor acudió de nuevo en su ayuda al salvarle de las llamas. Se asegura que más tarde un fiero león saltó a la arena del circo de Cesárea con gesto arrogante y señales carniceras, pero terminaría acercándose dócilmente a Mamés ante la incredulidad general, doblándose en inequívoca señal de sumisión y cariño.

Entonces el prefecto, ciego de furor, ordeno a uno de sus soldados que abriera en canal con un tridente el cuerpo del tierno adolescente, proporcionandole así la corona del martirio.

Su fiesta se conmemora en el Martirologio Romano el 17 de agosto, pero en muchos lugares sus fieles devotos honran su memoria el día 7 del mismo mes. En realidad, en esos casos usan los distintos nombres de Mamante, Mamas, Mamete, Mamed y Mamiñe.

El magnífico relicario que hoy se guarda en la capilla de San Mamés de la Santa Casa de la Misericordia de Bilbao (obsequio de la Diputación de Zaragoza) encierra un trozo del cráneo del mártir.

(Fuente: Crónica del Athletic de Bilbao 1994 - 1995)

miércoles, 12 de mayo de 2010

"Yo grité más fuerte..."

Artículo publicado en el número 25 de la revista Athletic Club
(Marzo 2010)

Julían López, humorista

"¿Por qué eres del Athletic si eres de Cuenca?. Ésta es la pregunta que más me hace la gente cuando les hablo de mis inclinaciones futbolísticas. Los que la formulan pueden ser conocidos, internautas, nuevos compañeros, periodistas... pero a todos les une lo mismo: no saben de fútbol. Y no conocen lo que es ser 'futbolero'"

Julían López, actor de Muchachada Nui y Athletictzale confeso
A quien sí lo es, no le extraña que, aun habiendo nacido en El Provencio (Cuenca), seas forofo del Athletic Club de Bilbao.

Desde niño, mi padre me inculcó los valores y la tradición futbolística de nuestro equipo. Con él, hizo lo propio mi abuelo. En mi familia hay bastantes rojiblancos, algunos atléticos, eso sí. Así que cuando mi papá me compró la equipación siendo niño, yo me la ponía tan orgulloso y mis amigos de la infancia, amantes del fútbol, lo veían tan normal. Lo que decía antes: futboleros.

Luego vino Julen Guerrero, que afianzó mi devoción por este gran club. En esa época, sin internet y en mi pueblo, me las ingeniaba para interceptar con mi transistor emisoras como Radio Euskadi, para escuchar los partidos y las noticias. Entonces, San Mamés me parecía un mundo lejano, algo que jamás conocería. Ahora desde Madrid, gracias a la red, me emociono con comentaristas como Guillermo Estecha o Jose Iragorri. Y por fin he podido ver partidos en La Catedral y, lo que es más importante para mí, me he llavado a mis padres.

También he de decir que apenas recuerdo los últimos títulos. Por eso, la final de Copa de Valencia la viví como algo excepcional en mi vida. Por primera vez, y con uso de razón (o eso creo...), iba a ver a mi Athletic disputar un título.

"¡Un título!", les decía a algunos de mis mejores amigos, madridistas y barcelonistas. Amigos a los que me ha costado hacerles ver que si ellos tienen en la retina el gol de Zidane en la final de la Champions, yo tengo el de Ziganda al Newcastle. Si tienen el de Belletti en París, yo tengo el de Joseba haciéndonos subcampeones de Liga. Si tienen el de Mijatovic a la Juve, yo tengo el de Toquero en Mestalla y sus minutos de gloria...

¿Y sabéis qué? Creo que yo los grité más fuerte...
¡Aupa Athletic!